Mons. Olivera | De Enrique Shaw, podemos encontrar un corazón que entendió y vivió el amor de Jesús y el amor a sus hermanos, así lo afirmaba el Delegado Episcopal para la Causa de los Santos CEA y Obispo Castrense de Argentina al hablar sobre la vida del Siervo de Dios. Fue en el marco del Conversatorio, sobre la vida de Enrique Shaw organizado por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE), Sede Rafaela, recordando que el pasado 6 de agosto participaba del mismo Mons. Santiago Olivera, a raíz de que nuestro país se encuentra atravesando la pandemia por COVID-19, la exposición se desarrolló virtualmente desde las plataformas de redes sociales.
A continuación, compartimos la transcripción de la exposición brindada por Mons. Santiago Olivera:
Para mí, es una alegría integrar este panel junto a la hija y nieta de Enrique Shaw. Un agradecimiento especial a ACDE Rafaela por hacer posible esta realidad.
Desde la CEA (Conferencia Episcopal Argentina) me han confiado la Delegación para la Causa de los Santos, este es el tercer período que integro la misma, habiendo hecho un paréntesis entre las dos primeras etapas. La Delegación de la Causa de los Santos, tiene como objetivo ayudar y promocionar la oración por la Santificación del pueblo argentino y la glorificación de los Siervos de Dios y también acompañar a los procesos y todo lo que implica el camino de la Beatificación y Canonización.
Gracias a Dios, mientras fui Obispo de la Diócesis de Cruz del Eje, tuve la gracia de acompañar el proceso de Beatificación y Canonización del Santo Cura Brochero. Y en el trabajo, en el seguimiento de los milagros, además, del estudio de su vida, pude comprobar, que José Gabriel del Rosario Brochero, fue un héroe argentino, un patriota, un hombre que se puso la Patria en los hombros en esos tiempos.
Como Obispo Castrense de Argentina, tuve la gracia de acompañar el proceso de un supuesto milagro, el que se encuentra en estudio en Roma atribuido a la intercesión del Siervo de Dios, Enrique Shaw. Y pude constatar, además, y esto Dios quiera que la Iglesia lo confirme pronto, sin adelantarme a ese juicio de la Iglesia, que además de un Santo, Enrique Shaw es un genio, es un ciudadano ejemplar.
Los Santos se adelantan a los tiempos, y es a mí entender un providencial ejemplo de empresario de economía social y solidaria para los tiempos de hoy, creo aún más en este tiempo de pandemia. Tanto su hija (Sara Shaw de Critto), como su nieta (Sara Critto Shaw de Eiras) hablaran mucho mejor que yo sobre Enrique, puesto que tienen la experiencia en la sangre y compartirán muchas más cosas.
Les confieso que me gustaría escucharlas directamente a ellas, pero me animo a compartir brevemente algunos pensamientos que puedan suscitar interés para conocer más esta figura excepcional argentina. Cuando asumí como Obispo Castrense de Argentina, Obispo para las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, al terminar mi Homilía, aquel 30 de junio de 2017, dije, ‹‹me da mucha alegría y consuelo, saber que está entre nosotros la vida de Enrique Shaw.
El ingresó a la Escuela Naval a los 14 años, dándonos como Oficial de Marina un extraordinario testimonio de fe, y dio su vida preparando la vida eterna, dejando que Dios actué en él. Por eso pedimos confiados, (decía en aquella Homilía), por su Canonización››[i].
Y Dios me regaló la gracia de que el 25 de abril de 2019, tomé juramento a los integrantes del Tribunal Eclesiástico del presunto milagro que ya está en Roma. Cuando el Santo Padre se encontró en Roma, con una de las nietas de Enrique Shaw, le dijo, ‹‹Enrique, un gran empresario y un gran hombre de Dios, vas a ver que muy pronto será Santo››.
Sin duda, para gloria de Dios esperamos finalmente el juicio de la Iglesia rezando y haciendo rezar por esta intención. Es verdad que la figura de Enrique hoy tiene una fuerza testimonial importantísima como laico, como padre de familia y como empresario.
Pero, también pasó por las Fuerzas Armadas, y allí, dejó ya en sus tiempos juveniles, ejemplos admirables y recogió de aquella querida institución valores para su vida. Doy gracias a Dios como Obispo Castrense de Argentina y deseo vivamente que el ejemplo de Enrique avive la fe del pueblo que se me ha encomendado.
Es muy importante testimoniar su espiritualidad laical y su compromiso con la empresa. Quiero rescatar en el Siervo de Dios su profunda humanidad, tan necesario y urgente para el hoy de nuestra historia. Como empresario, se ocupaba y preocupaba de los obreros, de la forma más amiga y respetuosa, podríamos decir de sus obreros y sus familias.
El Siervo de Dios se solidarizaba con sus hermanos empleados, dicha solidaridad parte de la certeza de los tiempos, y el trabajo mancomunado para que la vida sea más humana para todos. En el año 2015 Valentina Alazraki, entrevisto para Televisa (TV mexicana), al Santo Padre Francisco, allí, el Papa se refirió sobre Enrique Shaw.
En aquel momento, el Santo Padre señalaba, ‹‹Yo conocí gente rica y estoy llevando adelante acá la causa de beatificación de un empresario rico argentino, Enrique Shaw que era rico, pero era santo. O sea, una persona puede tener dinero. Dios se lo da para que lo administre bien. Y este hombre lo administraba bien. No con paternalismo, sino haciendo crecer a aquellos que necesitaban de su ayuda››[ii].
Luego en el 2016, en el Vaticano, en la conferencia internacional organizada por UNIAPAC Unión Internación Cristiana de dirigentes de Empresas y por el Consejo Pontificio de Justicia y Paz, bajo el lema, “Los líderes de negocios como agentes de inclusión social y económica», el Santo Padre también se refirió al Siervo de Dios. Allí, nos decía, ‹‹UNIAPAC y ACDE evocan en mí el recuerdo del empresario argentino Enrique Shaw, uno de sus fundadores, cuya causa de beatificación pude promover cuando era Arzobispo de Buenos Aires. Les recomiendo que sigan su ejemplo y, para los católicos, acudan a su intercesión para ser buenos empresarios››[iii].
Cuando leo la vida de Enrique Shaw, como así también la vida de los Santos, siempre siento en mi interior una gran paz del corazón, pues son testimonios que, al entrar en ellos, nos proporcionan una experiencia de paz y alegría. Son hombres que amaron a Dios con toda su fuerza, pero amaron al prójimo con todas sus energías.
Esto, a nosotros que queremos amar a Dios y que lo amamos, nos llena de gozo que un hombre que nos precedió haya amado así, con todas sus fuerzas a quien nosotros amamos. Leer la vida de alguien de quién plasmó el Evangelio, me llena de gozo, y sin duda anima a intentar con la gracia de Dios ese mismo camino.
Todo esto, renueva la esperanza de saber que hoy quizás no salgan en las tapas de los diarios, pero que hay muchos testigos silencios y de buena voluntad, deseosos de transitar este el camino de la santidad. Enrique tuvo siempre el compromiso de vivir la vida del Evangelio, aun cuando le podría traer problema.
Como dice el Santo Padre Francisco, en la exhortación Gaudete Et Exdultate, «Sobre el llamado a la santidad en el mundo actual», ‹‹cada vez que por cumplir por nuestro deber de estado, encontramos incomprensión (refería Enrique a esta Bienaventuranza, señalando a la Bienaventuranza de los felices), los que tienen hambre y sed de justicia, no solo nos animan a cumplir con nuestro deber, sino a hacerlo con alegría, encontrando fuerzas en una intensa vida Eucarística››[iv].
Son conmovedoras las sentidas palabras de pésame de Luis Arregui, Vicepresidente de la Asociación de hombres de la Acción Católica. En el año 1962 decía, ‹‹esta pérdida que para nosotros ha sido un dolor grandísimo, nos ha dejado un ejemplo de virtudes cristianas. De auténtico ejemplo para el prójimo que será por mucho tiempo senda, que nos ha de conducir por el camino de la perfección y de la comprensión de todos los hermanos que comparten nuestra vida.
No será fácil olvidar a Enrique, porque es sin duda ejemplo certero del cristiano de hoy, del dirigente sobrio y eficiente, el padre celoso por el porvenir de sus hijos, el esposo bueno y comprensivo. Creemos firmemente, que, por su santidad de vida, por su caridad ejemplar, por su generosidad sin límites, por su fe vivida y por su confianza nunca desmentida en nuestro Señor y nuestra Madre, el Dios todo poderoso y Juez benévolo le ha de tener en su gloria y que desde allí ha de seguir velando por sus seres queridos y por sus obras bien amadas››.
A veces tenemos una idea de que la santidad o los santos son como inmaculados, o con un rostro muy particular. Sin embargo, no podemos perder de vista, la valoración de la Santidad desde lo ordinario y de lo cotidiano, lo que Papa Francisco llamaría, «los santos de la puerta de al lado».
La vida en santidad comenzó en Enrique a tomar cuerpo desde su adolescencia, ya era un santo en potencia desde que comenzó a estudiar en la Armada Argentina y fue coherente hasta su muerte, y ciertamente una muerte ejemplar. Tenía clara conciencia de que el empresariado es una vocación cristiana a la santidad y en ella se juega la vida eterna.
Muchas de las enseñanzas del Papa Francisco, en la referida Exhortación Apostólica, la vemos patente en la vida de Enrique Shaw. No se conformó con una vida mediocre o aguada, sino que vivió con generosidad su vocación laical. Como dice también Francisco en Gaudette Et Exsultate, en el número 79, ‹‹debemos buscar la justicia con hambre y sed››[v], en ello, Enrique ha sido un adelantado, como todos los santos.
Siempre, expreso que la vida de santidad del Cura Brochero fue entendida muchos años después del Concilio, porque él fue un adelantado y quizás incomprendido en su tiempo. Podríamos decir que el Padre Brochero vivió el Concilio Vaticano 50 años antes de su existencia.
De Enrique, podemos encontrar un corazón que entendió y vivió el amor de Jesús y el amor a sus hermanos. Un corazón que pudo mirar como Jesús, podríamos decir que como deseaba San Juan XXIII, que, con solo vivir, predique el Evangelio, así fue Enrique Shaw.
Al fundar la ACDE (Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas), el Siervo de Dios tenía el deseo de que los empresarios, reconocieran y actuaran por la propia doctrina social de la Iglesia en bien de sus empleados y para que los mismos empresarios propagasen la fe en Jesucristo. En referencia a su personalidad, tengo una estampa que aquí me está mirando, es su rostro sereno, su alegría, me da mucho gusto rezar en esta estampa del Siervo de Dios y ver su rostro como iluminado por su sonrisa.
Me impactó el testimonio de una de sus hijas, cuando decía que esa sonrisa era meritoria ya que no poseyó ejemplo de ello en su vida, era alegre, iluminado y aumentado sin duda por su fe, por saberse hijo de Dios. Al leer algún de sus escritos, refiere Elsa (su hija), se dio cuenta, cuanto su padre luchó tenazmente para ser alegre, para poner buena cara.
La alegría acompaña siempre al discípulo, en el tiempo pascual se nos recuerda muchas veces esto, es clave vivir así con la certeza de que Dios es Padre y que nos ama. Que su Hijo nos amó y además, murió y resucitó para salvarnos, la alegría será siempre signo que hemos entendido de la vida pascual, el amor que Dios nos tiene, esto es clave para la vida espiritual.
Esto es un signo destacable para todo tiempo, pero en el hoy, donde hay dificultad o tristeza, donde encontramos angustia, la alegría siempre es certeza de triunfo. Un cristiano puede vivir la mencionada certeza del triunfo de Jesús aún en el aparente fracaso.
Una frase breve del Cardenal Newman, «La Iglesia parece siempre estar muriendo, pero triunfa frente a todos los cálculos humanos. La suya es una historia de caídas aterradoras y de recuperaciones extrañas y victoriosa, en fin, la regla de la providencia de Dios es que hemos de triunfar a través del fracaso.»
Creo que estas expresiones, nos vienen bien tenerlas presentes y pueden ser útiles en algún momento de nuestras vidas. Enrique fue un laico, un hombre ordinario, pero que vivió extraordinariamente bien su vida familiar y empresarial.
Traigo sencillos testimonios extraprocesales de su familia (Enrique Shaw), a la mañana, mientras se afeitaba y se vestía, mantenía largas conversaciones con su hijo mayor. También, jugaba con sus hijos, y la casa se alborotaba cuando se sentía su silbido clásico, al entrar todos iban corriendo para recibirlo y dejaba sus preocupaciones y cansancio para ocuparse de ellos.
A cierta edad, cuenta otro de sus hijos, nos llevaba de a uno, a lo hondo del mar con él, y todos esperábamos el día que nos llevara por primera vez a la segunda rompiente, para volver a pedirle nuevamente repetir la aventura. Jugaba con nosotros, nos divertíamos con él, era muy cariños y afectuoso, se sacrificaba, de eso me di cuenta cuando fui más grande, para hacernos pasar agradables ratos, él, quería que cuando estemos en casa, estemos contentos.
Lo mencionado en este tiempo, es importante y actual, muchas veces el veía con claridad la verdad y el bien, y eso, le daba seguridad al momento de dar su opinión. Pero, también era abierto a otros puntos de vista, dando el espacio a entender la opinión de otros, esto sin duda es importante y actual, puesto que nuestra sociedad debe fortalecer la cultura del encuentro, que se sustenta en el dialogo en el respecto y en un pensamiento plural.
Se trata de un gran aporte de la espiritualidad de Enrique para nuestro tiempo y nos proporciona una clara respuesta del por qué la Iglesia, nos propone vidas singulares como faros, como luz, caminos posibles de la santidad. Otro testimonio, en el caso de su hija Sara, subrayó, que su padre era muy sencillo y espontaneo, que después de su muerte tomó conciencia que sus virtudes eran más que las habituales de un buen cristiano.
Agregó, que le parece justo señalarlo y destacarlo, y manifiesta que, es difícil sintetizar las virtudes cristianas que he podido observar en él, creo que practicaba muchas virtudes más allá de lo ordinario, hacía extraordinariamente bien lo ordinario y esto es la espiritualidad de Santa Teresita. Pero, volvamos a la alegría que señalan muchos testigos de Enrique, fruto de su esperanza en Dios, sobresalía la alegría, una alegría interior, típica del cristiano que vive auténticamente su fe.
También su hija decía, siempre su vida estuvo inspirada en San Francisco de Sales, una sonrisa suave, era una expresión típica suya. La introducción a la vida devota de San Francisco de Sales, hace reflexionar sobre la propia vocación y el Siervo de Dios, pudo conjugar su vida de piedad con su vocación laical.
Era una fe firme, notable, demoledora y a la vez un defensor de la fe, se habla también de una fe sin altibajos, llegando a vivir totalmente abocado a la práctica de la fe católica, sin obligar a otros a vivir esa misma fe, pero con la misma integridad suya. Estoy absolutamente convencido, que nosotros que tenemos que ser testigos de la fe, que lógicamente la vida de Enrique es un claro testimonio para jugarnos así.
Recordando la carta de Santiago, ‹‹muéstrame tu fe sin obras, que yo por mis obras te mostraré la fe››, esto pudo manifestarse también en la propia muerte de Enrique. También se resalta que la presencia de Enrique transmitía algo especial, llamaba la atención.
Lo mejor se nos pueden decir a nosotros, es que nuestra presencia llamé la atención, como algo de Dios, que hablé de Él. Nuestros sentimientos, dice San Pablo, deben ser sentimientos de Jesús, por lo tanto, nuestro corazón, nuestra mirada, nuestra comprensión, nuestro perdón, nuestro respeto hacia los otros, deben ser extremadamente grandiosos, porque así lo hacía Jesús, porque tenemos que amar como Jesús.
Esto, lo pudimos ver en Enrique, a este hombre de Dios, una gran confianza en el Señor y así se relacionaba con los demás. Su espiritualidad se manifestaba siempre cuando participaba de la misa, cuando rezaba el Rosario, pero aún en sus tareas laborales.
Son muchos los testimonios que se refieren en la empresa sobre la vida de Enrique, quien buscaba siempre defender a los obreros, tenía muy claro el sentido social de la empresa. San Pablo VI decía, ‹‹la Eucaristía nos mueve al amor social››, esta frase la tenía muy clara el Siervo de Dios. Tenía muy claro que la Eucaristía ayudaba a los demás, la Eucaristía permio la vida de Enrique y se plasmó en línea formativa en los líderes de empresa.
Vivía y enseñaba, que el empresario tenía un deber propio de perfeccionamiento, que se realizaba en darle a los demás, un deber de servicio abierto a las necesidades de los otros, a semejanza de Jesús Eucarístico. La empresa debe ser analógicamente sacramentalizable, se refería a la promoción humana, de dignificación humana personal.
‹‹La Eucaristía nos hace hermanos››, manifiesta en un texto escrito Enrique Shaw, en «La Eucaristía y la Vida Empresaria». Sabiendo superar las barreras artificiales, individuales y colectivas que superan al dirigente de empresa, el personal con la con la devoción Eucarística, porque Cristo por la comunión nos une fusionándonos misteriosamente en nosotros.
Entendemos porque en su libro de cabecera y el que leerá a lo largo de su vida, fueron los Evangelios, esa Palabra de Dios que intentaba hacerla vida, esa lectura y a la vez oración de los Evangelios que los ponía en práctica. El Cardenal Mejía resalta la adhesión constante de Enrique al magisterio de la Iglesia y de la doctrina social y su misión en ACDE, que fue en buena parte obra suya.
Carlos Custer, reconocido dirigente sindical, quien ocupo entre otros cargos, ser miembro del Consejo Pontificio Justicia y Paz y es, ex Embajador ante la Santa Sede, refirió, ‹‹Enrique Shaw, fue también ferviente defensor del dialogo social, propuso y concreto los contactos y reuniones con representantes dirigentes sindicales››.
Otro testigo nos ilustraba, consideraba la función social de la empresa, es decir conciliar armónicamente la promoción humana del personal y mayor éxito empresarial. El Cardenal Mejía, en julio del 2000 pronunció una conferencia en ACDE, sobre el trabajo que realizó estudiando el conjunto de escritos del Siervo de Dios, publicados e inéditos.
Al respecto, finalizó con la siguiente frase, ‹‹es una pregunta que hago al aire, a mano alzada como quien dice. Por qué nos inclinamos sobre sus escritos y sobre sus fuentes, por qué se torna inspirador su pensamiento y ejemplar su vida, edificamente su testimonio de fe hasta el final.
Acaso, porque creemos que estamos frente a una persona cuya existencia, condice plenamente con lo que la Iglesia considera de santidad canonizable. Cada uno, puede responder leyendo su vida, yo no tengo dudas, porque Enrique, siempre cumplió con la justicia social, con sus empleados, con sus obreros aplicando la justicia social de la Iglesia››.
Los testigos también nos narran, que cuando en la empresa Cristalerías Rigolleau, hubo problemas económicos, el Siervo de Dios daba trabajos alternativos para no despedir a nadie. Enrique vivió lo que la Iglesia muchos años después va a decir, la creatividad de la caridad.
Esta iniciativa es significativa, ayudando a los empleados de su empresa, con ayudas de necesidades ordinarias, como prestamos organizados como, caja de empleados. Juan Cabo, quien fuera el primero postulador de la Causa de Enrique Shaw, dice, ‹‹en sus decisiones como empresario, se jugaba su reputación, porque todo se trataba de mantener los puestos de trabajo››.
Pero su compromiso, no culminaba con los obreros, nos cuenta una testigo, quien afirma que la necesidad de los demás quemaba en el corazón de Enrique. Afirmando, me acuerdo patente, ver un linyera aparecerse en estas columnas que tiene la empresa de cristalería con todos sus bártulos, lo recuerdo, porque no era común ver un hombre en esas condiciones.
El Sr. Shaw llegó con el coche y al rato apareció con el portero, le habló a este hombre y luego lo trasladó a un lugar que patrocinaba el propio Siervo de Dios. El, por su nivel social, podría haber pedido que otro lo haga, e incluso pagar para que se lo llevaran, pero los hechos no terminaron allí.
Al tiempo, mientras Enrique Shaw estaba en una reunión de Directorio, le avisan que estaba nuevamente el linyera, entonces interrumpió la sesión y atendió al hombre y lo volvió a llevar al lugar de asilo. Al ver esto, su secretaria, le preguntó a Enrique por qué lo hacía, y él le respondió, ‹‹puede ser Jesús que está dando vueltas por la tierra y además es mi hermano››.
La verdad es que, cada vez que leo este testimonio, no puedo de no emocionarme y quedarme un rato en silencio. En sus reflexiones, sobre la situación en el año 1959, Shaw nos brinda una maravillosa enseñanza sobre las valoraciones que se deben hacer ante los despidos de los trabajadores.
Que gracia sería que hoy lo tengamos bien presente, dice en relación al trabajo y a la desocupación, ‹‹el trabajo del hombre es una realidad querida por Dios y santificada por Cristo, la desocupación por ello es un mal moral antes que un mal económico, sus consecuencias han de ser cuidadosamente ponderadas antes de efectuar despido y mismo suspensiones.
Mal moral y no simple hecho económico, como lo pretenden ciertas teorías que no dudarían en proponerlas en algunas ocasiones como una solución fácil o útil y aún, bienhechoras para una recuperación económica. No debemos aceptar jamás este materialismo que sacrifica a la persona humana al dinero››, Enrique quería a sus obreros y veía en ellos sus hermanos, les hablaba con claridad, mutuamente se necesitaban.
Enrique nos sigue conmoviendo con su adhesión con los más pobres, también nos habla de un gran espíritu de fe. Entendió que lo verdaderamente importante es, lo que Dios mira y conoce, no, lo que es conocido por los hombres.
Su paso por la Armada es otro ejemplo de ejercicio de las virtudes cristianas, su experiencia en la Escuela Naval nos ha dejado un comportamiento prudente como dicen los testigos. Estando acostumbrado a la cadena de mandos, Enrique, lo tuvo presente luego en su vida posterior, puso como comandante en Jefe a Dios y a la Virgen.
En el último encuentro de ACDE, el pasado 7 de julio, el Sr. Presidente, el Dr. Alberto Fernández dijo, en su alocución compartida en el cierre recordó al Siervo de Dios y dijo, «deben aprovechar la enseñanza y que dio vida a la institución, es la de hacer un capitalismo que integre a la sociedad, no que la divida.
Un capitalismo que distribuya mejor el ingreso entre los que invierten, arriesgan y ganan, y deben ganar los que trabajan y ponen su esfuerza cotidianamente»[vi]. Por todo lo aquí compartido, tengo que hacer propio el común sentir de muchas personas que han conocido al Siervo de Dios personalmente o que lo han descubierto a través de sus obras, me refiero al anhelo sincero para que la Iglesia lo proponga como un modelo de santidad.
La figura de Shaw, es reconocida por muchos, hace muy poco en el Diario La Nación, hemos leído de Sergio Berenstein, «El reclamo del presidente Alberto Fernández de revisar el capitalismo, en particular a los efectos de dar mayor importancia a los aspectos distributivos e incluso a algunos principios éticos, se dio en el muy apropiado ámbito de ACDE, una organización fundada por otro Shaw, Enrique, uno de los líderes intelectualmente más formados, comprometidos y sensibles de nuestra dirigencia empresarial»[vii].
Con la situación social de hoy, ante el derrumbe de la economía a nivel mundial, agudizada por cierto por esta tormenta furiosa e inesperada que dice el Papa Francisco, al referirse a la pandemia. Es providencial, tener hacer conocer y vivenciar esta figura, que nos recuerda la convicción de saber pensar la empresa y el mundo del trabajo en relación con los obreros y buscar la dignidad y crecimiento para todos.-
[i] Mons. Olivera | Quiero ser puente del encuentro
[ii] Entrevista del Papa Francisco a Televisa en segundo aniversario de su pontificado
[iii] DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES EN UNA CONFERENCIA
DE LA UNIÓN INTERNACIONAL DE EMPRESARIOS CATÓLICOS (UNIAPAC)
[iv] EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
GAUDETE ET EXSULTATE
[v] Ídem iv
[vi] Discurso del Presidente Fernández





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