MONS. OLIVERA | Seremos juzgados en el amor, en el modo en cómo amamos

29 marzo, 2024

MONS. OLIVERA | Seremos juzgados en el amor, en el modo en cómo amamos, así lo señaló el Obispo Castrense de Argentina al compartir su Homilía durante la celebración de la Santa Misa en el Jueves Santo. Celebrada en la Parroquia Ntra. Sra. de Luján Castrense, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mons. Santiago Olivera presidió en el inicio del Triduo Pascual la celebración de la Cena del Señor, concelebraron Capellanes Castrense de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, participaron fieles castrenses.

En la Homilía, Mons. Santiago decía, “es una alegría que podamos celebrar esta Misa que conocemos como la «Cena del Señor» junto a tantos sacerdotes, al Párroco, Mons. Alberto Pita, a Capellanes de las distintas Fuerzas de nuestra Diócesis. Continuando, señaló, “en la primera Lectura del Éxodo que hemos escuchado, vimos como la sangre que se puso sobre los dinteles, este es un signo, imagen de lo que iba a ser la sangre de Jesús, esa sangre que los salvaba y los rescataba de la segura muerte, pero el Señor que pasa, el Señor que Salva.

Y escuchábamos en este este texto <<yo soy el Señor>>, podríamos decir que en esta Lectura nosotros tenemos que renovar que «el Señor, es el Señor», y poder entonces dedicar nuestro tiempo a la oración. Y damos gracias aquí en la Parroquia, donde muchos jóvenes que hacen la Pascua joven, nos dan testimonio de que «el Señor, es el Señor», quienes pudiendo hacer otras tantas cosas estos días distintos, donde terminó la Cuaresma y durante la Semana Mayor, donde comienza el Triduo, lo central de la muerte y resurrección de Jesús manifestamos todos viniendo a la Iglesia que «el Señor es, el Señor» y nuestro venir, nuestra participación también es un signo de la gratitud del Dios que obró maravillas en nuestra vida”.

En otro párrafo, el Obispo, recordó, “rezábamos en el Salmo, <<con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo>>; esto en verdad lo expresamos con la vida y también en nuestro corazón tiene que recordar esto, con qué pagaré al Señor lo que me ha hecho. En el Libro del Éxodo, como hemos escuchado, <<lo celebraran a lo largo de las generaciones>>, la alianza, un Dios que es nuestro Dios y nosotros que somos su Pueblo.

Esa alianza que lo sabemos se actualiza, se conmemora y se hace una nueva ya no con animales sacrificados, ya no con corderos sino con el mismo Señor que se hace ofrenda, que se hace cordero para nuestra salvación y redención. <<Tomen y coman este es mi Cuerpo, ésta es mi Sangre>>, esto es lo que nosotros los cristianos en cada Eucaristía renovamos y que es bueno hacer presente una vez al año, de un modo más solemne que esta celebración, actualiza nuestra clave de la redención que Cristo nos ofreció, ya no con el sacrificio de la Cruz, pero este sacrificio incruento, en el cual Jesús se entrega como alimento, como comida para cada uno de nosotros”.  

Mons. Olivera también reflexionaba diciendo, “qué maravilloso es ver este texto de Juan y este relato de la última cena la cual Jesús la hace con amigos. En este contexto de los Apóstoles, sus discípulos, en la Primer Lectura veíamos que <<lo hacían en familia>>; la fe que se transmite en la familia y que debemos recuperar como el lenguaje en donde aprendemos nuestras primeras palabras de ella, también de nuestras familias que podamos seguir transmitiendo la fe, que podamos seguir enseñando como la lengua materna de nuestra fe que nos caracteriza.

Jesús siempre entrega su vida por todos, amando siempre aún por aquel que lo iba a entregar y lo sabía, Jesús los amó. Y en este pasaje del Evangelio de Juan también descubrimos una clave en la enseñanza de Jesús, que es cambiando la mentalidad de su tiempo porque los esclavos, los paganos, las mujeres lavaban los pies del que llegaba, del peregrino, signo de acogida, de hospitalidad”. 

Entonces, subrayó el Obispo, “(…) Jesús cambió todo, Él es el servidor, Él es el esclavo y no solo lo realiza, sino que dice claramente: << ¡Ven esto, yo que soy el Maestro! Les he mostrado esto para enseñarles; hagan ustedes lo mismo>>. Desde ese día nuestra fe cristiana nos va a interpelar para ser auténticos servidores, para ser auténticos lavadores de pies, esto es para tener siempre un corazón que acoge, que recibe, que es hospitalario, que no cierra puertas ni ventanas, que siempre da la posibilidad del cambio y de un corazón que se convierta y se transforma porque así obró Jesús”.

Avanzando, Mons. Santiago decía en la Homilía, “los sacerdotes estamos llamados, justamente nuestra gran misión es anunciar, predicar, confesar, ungir, pero nuestra misión es hacer la Eucaristía, la Eucaristía hace a la Iglesia. Estamos llamados para ser presente este gran misterio, que a todos nos sorprende fieles y también fieles sacerdotes nos sorprende a la vez que nos renueva que podamos decir en nombre de Jesús <<tomen y coman esto es mi Cuerpo>>.

El sacerdote es tomado de los hombres, como todos, pero revestidos de la gracia que nos hace otros Cristos, una representación de Jesús, pero no porque este ausente, sino porque se hace presente en la fragilidad de los pobres, nosotros humanos pero que llevamos un tesoro en vasija de barro. Y unido al sacerdocio, como decíamos, está la Eucaristía, fuimos hechos para hacerla presente, este gran don que es el viatico, que es el alimento, que nos preparamos para recibirla siempre, porque la Eucaristía es el pan de la vida que nos prepara como viatico hacia el cielo, el que nos hace fuertes alimentados, el que nos hace cada vez más parecidos a Jesús cuando nos alimentamos de Él”.  

Completando, en final el Obispo compartió, “pidamos al Señor entonces, que, en este Jueves Santo, en este Jueves Sacerdotal, en este Jueves de la Eucaristía, avive, renueve en todos nosotros -todos sabemos a quienes debemos amar más y mejor-, que podamos mirar al cielo y pedirle al Señor que nos ayude a amar como Él, porque así ama Jesús. Seremos juzgados en el amor, en el modo en cómo amamos, por eso pedimos el perdón en la medida que estoy dispuesto a perdonar, por eso queremos vivir como Jesús dijo, aprendan, hagan, esta actitud, este servicio de acogida, de hospitalidad; que nadie encuentre cuando nos vea una puerta cerrada, que siempre encuentren corazones que han encarnado el Evangelio”.-

Homilía.-

Celebración.-

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