MONS. OLIVERA | El Siervo de Dios Larrabure supo de dolor y angustia, supo de perdón y de amor, inmerso en la oscuridad del dolor, la luz del perdón lo inundó

28 noviembre, 2025

MONS. OLIVERA | El Siervo de Dios Larrabure supo de dolor y angustia, supo de perdón y de amor, inmerso en la oscuridad del dolor, la luz del perdón lo inundó, así lo señalaba el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir la Homilía en la Santa Misa de Clausura de la Causa Diocesana del Siervo de Dios, Coronel Post mortem, Argentino del Valle Larrabure. Fue en la mañana del jueves 27 de noviembre, en la Iglesia Catedral Castrense, Stella Maris, ubicada en el barrio de Retiro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, concelebraron, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Canciller, Padre Carlos Terceiro Mueiro, el Postulador de la Causa Diocesana y Capellán Mayor de PSA, Padre Rubén Bonacina, el Juez de la Causa, Padre Roberto Forte, los Notarios de la Causa, Padre Diego Pereyra y Padre Agustín Cañamero, el Rector de la Iglesia Catedral, Padre Hernán Vigna, el Rector del Seminario Diocesano, los Capellanes Mayores de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, de la Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, de GNA, Padre Jorge Massut, de PNA, Padre Diego Tibaldo y Capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad. Participaron, el Sr. Ministro de Defensa, Dr. Luis Petri, la Sra. Jefe de Gabinete del Ministerio de Defensa, Dra. Soledad Carrasco, la Sra. Presidente del Directorio del Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas (IOSFA) Contadora Pública Betina Surballe, el Sr. Director Nacional de Culto Católico, Agustín Caulo, el Sr. Arturo Larrabure y esposa y familiares de ellos, efectivos de Fuerza Aérea, Armada Argentina, retirados de las Fuerzas, fieles castrense e invitados.

El Obispo, luego de saludar a las autoridades y presentes, decía en la Homilía, “hoy la Iglesia recuerda la devoción a la advocación de la Virgen de la Medalla Milagrosa, hemos elegido justamente este día poniendo bajo el manto de María la Milagrosa todo este proceso que culmina y continuará. Verdaderamente hoy es un día importante para la historia de nuestra Diócesis que da por terminado este proceso querido y valorado acerca de la vida del Siervo de Dios Argentino del Valle Larrabure. Un poco más de tres años en que empezamos a transitar los caminos para reconocer que la vida de un hombre del Ejército Argentino, puede iluminar y ser huella para tantos hermanos de nuestra Patria”.

Continuando, Mons. Santiago recordó, “el Beato Cardenal Eduardo Pironio escribió acerca de la década del 70, unas reflexiones que llamó »Meditaciones para tiempos difíciles«; fueron los años que le tocó vivir a nuestro Siervo de Dios, como esposo y padre de familia y como militar. Sin miradas ideológicas o parciales, el Cardenal Pironio describe aquella época: »Los hombres se matan entre hermanos. Abundan los secuestros y las muertes, los odios, la persecución y la violencia. Todo esto engendra miedo y desconfianza, angustia, tristeza y pesimismo…«

Esto vivió el Siervo de Dios, sufrió el secuestro, la tortura, la separación de su familia y de su servicio ordinario a la Patria, y supo con varonil coraje no claudicar a propuestas que sólo lo beneficiaban a él, “salvándose a si mismo”. Fueron tiempos que supo desear y hacer realidad su deseo de “morir como el quebracho que no entrega su figura de árbol rudo sin exigir el esfuerzo de hachero en prolongadas transpiraciones… Quiso morir de pie, invocando a Dios en su familia y a la Patria en su Ejército”

Continuando, agregó el Obispo, “la lectura del libro de los Macabeos que hemos escuchado, nos muestra a un anciano escriba que prefiere morir antes de quebrantar la ley. Se le ofrece fingir que la quebranta comiendo carne de cerdo, para librarse de la muerte, pero él se niega a hacerlo porque considera que sería un mal ejemplo para los jóvenes y traicionaría su fe. Ante esa propuesta respondió Eleazar: “¡Envíenme al sepulcro! No es digno de mí andar fingiendo. (…)”

No le ofrecían a Larrabure comer carne de cerdo como a Eleazar, pero sus carceleros lo invitaban a dejar sus ideales:

“-En la cárcel del pueblo usted permanece porque el Ejército al que usted pertenece, lo ha abandonado.

-No estoy abandonado, le respondió, estoy acompañado por la fe infinita de Dios y por el amor de mis seres queridos, amigos y mi Ejército, que no me abandonará jamás, porque en él se forjó mi carácter, porque en él perfeccioné mi intelecto y porque en él aprendí muy joven a aceptar y saber esperar la muerte con templanza …

-Usted mayor tiene una evidente inestabilidad emocional y habiéndolo abandonado su Ejército, usted puede logar su libertad.

– ¿Logar mi libertad, a cambio de qué?

-Mayor, usted es especialista en armas y explosivos. Acepte trabajar como asesor para las fábricas de nuestra organización y será libre.

-Por ese precio no, las armas no están para matarnos entre nosotros, entre hermanos, prosiguió: ¡Oh, muerte apetecida, te espero fiel a mi Patria y a mi Ejército!”

En otro párrafo, Mons. Olivera, “las Palabras del Señor que hemos escuchado en el Evangelio, son sin duda la clave, el centro de la Buena Noticia, el amor a todos y aún a los que más nos cuestan o hacen sufrir, es signo que hemos asumido el exigente camino del Evangelio. Asumir las exigencias del Amor sin límite y hasta el extremo, parece que va en contra de la lógica humana de responder al mal con el mal, pero sabemos que Jesús nos invita a romper esa aparente lógica y a vivir el Amor aún a los enemigos. Sólo allí tendremos mérito, no sólo si amamos a los que nos aman”.

Finalmente, Mons. Santiago citando a Su Santidad León XIV, decía, “(…) el Papa continúa compartiéndonos, “…cuando la luz del perdón logra filtrarse entre las grietas más profundas del corazón, comprendemos que nunca es inútil. Aunque el otro no lo acoja, aunque parezca vano, el perdón libera a quien lo ofrece: disuelve el resentimiento, devuelve la paz…” Sin duda que estas palabras del Santo Padre nos evocan la figura del Siervo de Dios Argentino del Valle.

Él supo de dolor y angustia, supo de perdón y de amor. Supo el Coronel, que inmerso en la oscuridad de ese dolor, la luz lo inundó.  Compartió el coronel Larrabure a su familia, »mi palabra es breve, sencilla y humilde, se trata de perdón…«”

Al concluir la celebración se conformaba en el Altar de la Iglesia Catedral Castrense, Stella Maris el Tribunal Diocesano de la Causa del Siervo de Dios Argentino del Valle Larrabure, donde fueron presentados al Sr. Obispo el original y las dos copias que reúnen la instrucción de la causa. Luego de la presentación y jura del de Mons. Santiago Olivera, del Postulador de la Causa, Padre Rubén Bonaciona, del Juez del Tribunal, Padre Roberto Forte, del Promotor de Justicia, Padre Francisco Terceiro Muiño y los Notarios, Padre Diego Pereyra y Padre Agustín Cañamero, Mons. Olivera procedió al cierre y lacrado de los documentos que serán remitidos a la Santa Sede, al Dicasterio para la Causa de los Santos, finalmente, se procedió a la firma del libro de Honor de la Diócesis, concluyendo la ceremonia.-

A continuación, compartimos en forma completa la Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad:

Misa de Cierre del Proceso Diocesano

Siervo de Dios Argentino del Valle Larrabure

27 de noviembre de 2025

Día de la Nuestra Señora Virgen María de la Medalla Milagros

Lecturas 2 Macabeos 6, 18-31

Salmo 22

Evangelio Lucas 6, 27-36

Gracias por la presencia de cada uno, Sr. Ministro de Defensa, Dr. Luis, Patri, la Dra. Jefe de Gabinete de Defensa, Soledad Carrasco, la Directora, Cdra. Betina Surballe, la familia Larrabure, al Secretario de Culto Católico, Agustín Caulo, autoridades de las Fuerzas Armadas, Agustín, todos los miembros de nuestra Iglesia Particular y amigos. En este día tan importante, podríamos decir para nuestro país, para nuestra Iglesia y sin lugar a dudas particularmente para nuestro Obispado Castrense de Argentina.

Hoy la Iglesia recuerda la devoción a la advocación de la Virgen de la Medalla Milagrosa, hemos elegido justamente este día poniendo bajo el manto de María la Milagrosa todo este proceso que culmina y continuará.

Verdaderamente hoy es un día importante para la historia de nuestra Diócesis que da por terminado este proceso querido y valorado acerca de la vida del Siervo de Dios Argentino del Valle Larrabure. Un poco más de tres años en que empezamos a transitar los caminos para reconocer que la vida de un hombre del Ejército Argentino, puede iluminar y ser huella para tantos hermanos de nuestra Patria. En tiempos difíciles y oscuros pudo ser luz, animando a vivir con convicción y fidelidad a la palabra dada de entregar la vida, si fuera necesario.

El Beato Cardenal Eduardo Pironio escribió acerca de la década del 70, unas reflexiones que llamó “Meditaciones para tiempos difíciles”; fueron los años que le tocó vivir a nuestro Siervo de Dios, como esposo y padre de familia y como militar.

Sin miradas ideológicas o parciales, el Cardenal Pironio describe aquella época: “Los hombres se matan entre hermanos. Abundan los secuestros y las muertes, los odios, la persecución y la violencia. Todo esto engendra miedo y desconfianza, angustia, tristeza y pesimismo…”

Esto vivió el Siervo de Dios,  sufrió el secuestro, la tortura, la separación de su familia y de su servicio ordinario a la Patria, y supo con varonil coraje no claudicar a propuestas que sólo lo beneficiaban a él, “salvándose a si mismo”. Fueron tiempos que supo desear y hacer realidad su deseo de “morir como el quebracho que no entrega su figura de árbol rudo sin exigir el esfuerzo de hachero en prolongadas transpiraciones… Quiso morir de pie, invocando a Dios en su familia y a la Patria en su Ejército”

Su vida breve fue muy fecunda. Argentino del Valle Larrabure, la entregó cada día, pero vivió su paso, su Pascua un 19 de agosto de 1975. Su vida es un ejemplo de fe, de perdón, de valentía. Amó a Dios y su Patria en situaciones adversas y bien difíciles. Su actitud es hoy referente para amar al modo de Jesús, que ama siempre y a todos, amando a los enemigos, prueba más cabal de haber abrazado el Evangelio aún en los mandatos más duros y desafiantes.

La lectura del libro de los Macabeos que hemos escuchado, nos muestra a un anciano escriba que prefiere morir antes de quebrantar la ley. Se le ofrece fingir que la quebranta comiendo carne de cerdo, para librarse de la muerte, pero él se niega a hacerlo porque considera que sería un mal ejemplo para los jóvenes y traicionaría su fe. Ante esa propuesta respondió Eleazar: “¡Envíenme al sepulcro! No es digno de mí andar fingiendo. Muchos jóvenes van a creer que Eleazar, a los noventa años, se ha pasado a las costumbres paganas y si miento por un poco de vida que me quedase van a extraviar con mi mal ejemplo…” Hemos escuchado que dijo a punto de morir bajo los golpes: “Bien sabe el Señor, que posee la santa sabiduría, que pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y lo sufro con gusto en mi alma por respeto a Él.”

No le ofrecían a Larrabure comer carne de cerdo como a Eleazar, pero sus carceleros lo invitaban a dejar sus ideales:

“-En la cárcel del pueblo usted permanece porque el Ejército al que usted pertenece, lo ha abandonado.

-No estoy abandonado, le respondió, estoy acompañado por la fe infinita de Dios y por el amor de mis seres queridos, amigos y mi Ejército, que no me abandonará jamás, porque en él se forjó mi carácter, porque en él perfeccioné mi intelecto y porque en él aprendí muy joven a aceptar y saber esperar la muerte con templanza …

-Usted mayor tiene una evidente inestabilidad emocional y habiéndolo abandonado su Ejército, usted puede logar su libertad.

– ¿Logar mi libertad, a cambio de qué?

-Mayor, usted es especialista en armas y explosivos. Acepte trabajar como asesor para las fábricas de nuestra organización y será libre.

-Por ese precio no, las armas no están para matarnos entre nosotros, entre hermanos, prosiguió: ¡Oh, muerte apetecida, te espero fiel a mi Patria y a mi Ejército!”

Las Palabras del Señor que hemos escuchado en el Evangelio, son sin duda la clave, el centro de la Buena Noticia, el amor a todos y aún a los que más nos cuestan o hacen sufrir, es signo que hemos asumido el exigente camino del Evangelio. Asumir las exigencias del Amor sin límite y hasta el extremo, parece que va en contra de la lógica humana de responder al mal con el mal, pero sabemos que Jesús nos invita a romper esa aparente lógica y a vivir el Amor aún a los enemigos. Sólo allí tendremos mérito, no sólo si amamos a los que nos aman.

El Santo Padre León XIV en la Audiencia Pública del 20 de agosto reflexionó sobre el arte del perdón. “Perdonar no es negar el mal, sino impedir que genere más mal. No es decir, -comparte el Santo Padre- que no haya pasado nada, sino hacer todo lo posible para que no sea el rencor el que decida el futuro”. Para el Santo Padre el perdón “es una forma de amar hasta el final, sin detenciones ante el rechazo ni la traición. El perdón no es debilidad, por el contrario, es fortaleza. El verdadero perdón no espera el arrepentimiento, sino que se ofrece primero, como un don gratuito, incluso antes de ser acogido. El amor de Jesús no niega la verdad del dolor, pero no permite que el mal sea la última palabra.

Entre otras extraordinarias y profundas reflexiones el Papa continúa compartiéndonos, “…cuando la luz del perdón logra filtrarse entre las grietas más profundas del corazón, comprendemos que nunca es inútil. Aunque el otro no lo acoja, aunque parezca vano, el perdón libera a quien lo ofrece: disuelve el resentimiento, devuelve la paz…” Sin duda que estas palabras del Santo Padre nos evocan la figura del Siervo de Dios Argentino del Valle.

Él supo de dolor y angustia, supo de perdón y de amor. Supo el Coronel, que inmerso en la oscuridad de ese dolor, la luz lo inundó.  Compartió el coronel Larrabure a su familia, “mi palabra es breve, sencilla y humilde, se trata de perdón…”

Que María, la Virgen del Valle, su Patrona, y en la advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa -que hoy celebramos su memoria-, nos ilumine a todos para, a la luz del Siervo de Dios y siguiendo sus huellas seamos capaces de decir siempre Sí al plan de Dios sobre nuestras vidas, siendo testigos, mártires del perdón, del amor y de la reconciliación.

Ponemos bajo su mirada y manto, todo este proceso que hoy culmina y que continuará su estudio en la Santa Sede.

Invito particularmente a todos, a que recemos confiados por esta intención.

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