MONS. OLIVERA | Sean parte de ese pueblo que mira la Cruz y descubre en ella que es la Cruz que nos redimió, es la Cruz de un amor sin límite, de un amor hasta el extremo

29 noviembre, 2025

MONS. OLIVERA | Sean parte de ese pueblo que mira la Cruz y descubre en ella que es la Cruz que nos redimió, es la Cruz de un amor sin límite, de un amor hasta el extremo, así lo pidió el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir la Homilía en la Solemnidad de Cristo Rey del Universo, el domingo 23 de noviembre, en la Parroquia Ntra. Sra. de Luján Castrense, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en cuya celebración Mons. Santiago Olivera Admitió a las Sagradas Órdenes a los Seminaristas Castrenses, Aarón Cabrera y José Romero.

Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, concelebraron el Rector del Seminario Diocesano, Padre Daniel Díaz Ramos, el Rector de la Catedral Castrense, Stella Maris, Padre Hernán Vigna, los Capellanes Mayores, de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, de la Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, de GNA, Padre Jorge Massut, el Administrador Parroquial Padre Darío Verón y Capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad. Participaron Diáconos, Seminaristas y fieles Castrenses.

Mons. Santiago compartía en su Homilía, “estamos concluyendo el año litúrgico que conocemos como Tiempo Ordinario, la Providencia ha querido que lo hagamos con la Admisión de dos candidatos que la Iglesia confirma en esta celebración. En el año 1925, el Papa Pio XI instauró la solemnidad de Cristo Rey en tiempos de las secuelas de la primera guerra mundial, una época de mucho secularismo, mucho laicismo.

Luego el Papa Pablo VI, con la reforma litúrgica, ha trasladado esta fiesta -que antes se celebraba el último domingo de octubre- al último domingo del tiempo ordinario ya que el próximo iniciaremos el tiempo del Adviento; el tiempo de la espera, es el tiempo que debe avivar entre nosotros, no un recuerdo del pasado, sino una actualización de un presente, de un Dios, el Emmanuel, que está siempre con nosotros”.

Continuando, el Obispo agregó, “el Evangelio, la Palabra de Dios, como siempre, nos presenta realidades que nunca se agotan; cuando meditaba este texto me impresionaba, al detenerme en el principio del mismo, cuando dice, «después que Jesús fue crucificado, el pueblo permanecía allí y miraba». ¡Qué lindo que …el pueblo miraba…!, y esta acción nos invita a nosotros, a que cada vez que miramos al crucificado, cada vez que miramos la Cruz de Jesús, lo que debe permanecer en nuestra vida es justamente el amor grande hasta el extremo de Dios que quiso salvarnos.

El Señor, Él mismo dice, «mi reino no es de este mundo», pero es el reino de la justicia, de la amistad, de la plenitud. Es el Reino que nosotros pedimos en cada Padre nuestro, «venga a nosotros Tu Reino».   

Siempre deberíamos preguntarnos, cuando hablamos, cuando obramos, cuando Dios nos da la Gracia de que existimos, si nuestra vida, nuestro pensamiento y acciones preparan, anuncian, hacen presente el Reino de Dios, y si tenemos el valor para alcanzar el Reino de Jesús”.

Mons. Olivera señalaba, además, “hoy tenemos la alegría de admitir a dos jóvenes de nuestro Seminario; y en estos días pensaba sobre la Admisión, que es un momento muy importante en la vida de un Seminarista, porque es la Iglesia que te confirma esta vocación y nos hace seguir madurando y caminando como a todos los seminaristas del mundo, para dejarse seguir configurando con Jesús, para tener el corazón según el corazón de Jesús Buen Pastor.

Son admitidos para seguir discerniendo, para seguir caminando según el querer de la Iglesia, para una Iglesia Castrense que está al servicio de los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas Federales de Seguridad. No son dos seminaristas más, no son dos seminaristas mejores, son dos seminaristas distintos a todos los seminaristas del mundo que no sean castrenses”.

Profundizando, decía el Obispo, “un Seminarista Castrense tiene que ir discerniendo este sentimiento de ofrecer la vida en la soledad humana podríamos decir, pero en la soledad habitada, porque es de Dios y con Dios el fundamento. El Papa Francisco nos decía a los Obispos y Capellanes, al mundo castrense en el Jubileo de las Fuerzas Armadas, Policías y Fuerzas de Seguridad, “tienen que ser presencia de Jesús…”.

También el Papa León XIV les hablaba a los seminaristas este año, invitándolos a pensar, que en este camino de discernimiento, que es dejarse configurar según el corazón de Jesús, “tienen que ser los seminarios, las escuelas de los corazones, corazones para amar como Jesús, para ser Padre, hermano y amigo, para ser cercanos a los fieles que se nos confían”.

Completando, Mons. Santiago compartió, “damos gracias a Dios que dos hermanos nuestros, de nuestro Seminario, hacen esta admisión, -no solo que la Iglesia reconoce-, sino que ellos mismos dan el paso hacia adelante queriendo seguir para configurarse con Jesús el Buen Pastor. ¡Qué lindo es que podamos acompañarlos en este camino!, pero ustedes deben aprovechar a que el discernimiento, el diálogo con quienes los forman, el diálogo con el Obispo, debe ser un camino para seguir creciendo y configurándose con Jesús y poder decir con verdad como decía el Apóstol Pablo, «no soy yo quien vive sino Cristo que vive en mí». 

Esto es, lo que la Iglesia espera, Pastores según el corazón de Jesús, en medio de nuestro pueblo- decía Francisco- ayudarles a encontrar a Jesús. Escucharlos, sostenerlos, alentarlos pero que vean y se acerquen a Jesús, en definitiva, para que sean parte de ese pueblo que mira la Cruz y descubre en ella que es la Cruz que nos redimió, es la Cruz de un amor sin límite, de un amor hasta el extremo”.

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