PAPA LEÓN XIV | Si Dios se ha hecho uno de nosotros, cada criatura humana es un reflejo suyo, esto nos llama a reconocer en cada persona su dignidad inviolable y a ejercitarnos en el amor mutuo los unos hacia los otros, así lo señaló el Santo Padre al compartir su mensaje antes de recitar la oración mariana del Ángelus. Antes del mediodía de hoy (hora de Roma), Su Santidad León XIV se presentaba en la ventana del Estudio Apostólico Vaticano, desde donde se reunía con fieles y peregrinos presentes en Plaza San Pedro.
El Papa dijo, “en este segundo domingo después de la Navidad del Señor, deseo ante todo renovar mis mejores deseos para todos ustedes. Pasado mañana, con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, concluiremos el Jubileo de la esperanza, y precisamente el Misterio de la Navidad, en el que estamos inmersos, nos recuerda que el fundamento de nuestra esperanza es la encarnación de Dios”.
Continuando, el Santo Padre agregó, “la venida de Jesús en la debilidad de la carne humana, si por un lado reaviva en nosotros la esperanza, por otro nos entrega un doble compromiso, uno hacia Dios y otro hacia el hombre. Hacia Dios, porque si Él se hizo carne, si eligió nuestra fragilidad humana como su morada, entonces siempre estamos llamados a repensar a Dios a partir de la carne de Jesús y no de una doctrina abstracta”.
En otro párrafo, el Pontífice completaba diciendo, “si Dios se ha hecho uno de nosotros, cada criatura humana es un reflejo suyo, lleva en sí su imagen, guarda una chispa de su luz; y esto nos llama a reconocer en cada persona su dignidad inviolable y a ejercitarnos en el amor mutuo los unos hacia los otros. (…) que la solidaridad se convierta en el criterio de las relaciones humanas, por la justicia y la paz, por el cuidado de los más frágiles y la defensa de los débiles. Dios se ha hecho carne, por lo que no hay culto auténtico a Dios sin el cuidado de la carne humana”.
A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Su Santidad León XIV:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buen domingo!
En este segundo domingo después de la Navidad del Señor, deseo ante todo renovar mis mejores deseos para todos ustedes. Pasado mañana, con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, concluiremos el Jubileo de la esperanza, y precisamente el Misterio de la Navidad, en el que estamos inmersos, nos recuerda que el fundamento de nuestra esperanza es la encarnación de Dios. El Prólogo de Juan, que la liturgia nos propone también hoy, nos lo recuerda: «El Verbo se hizo carne y vino a habitar entre nosotros» (Jn 1,14). La esperanza cristiana, de hecho, no se basa en previsiones optimistas o cálculos humanos, sino en la elección de Dios de compartir nuestro camino, para que nunca estemos solos en la travesía de la vida. Esta es la obra de Dios: en Jesús se hizo uno de nosotros, eligió estar con nosotros, quiso ser para siempre el Dios-con-nosotros.
La venida de Jesús en la debilidad de la carne humana, si por un lado reaviva en nosotros la esperanza, por otro nos entrega un doble compromiso, uno hacia Dios y otro hacia el hombre.
Hacia Dios, porque si Él se hizo carne, si eligió nuestra fragilidad humana como su morada, entonces siempre estamos llamados a repensar a Dios a partir de la carne de Jesús y no de una doctrina abstracta. Por eso, debemos verificar siempre nuestra espiritualidad y las formas en que expresamos la fe, para que estén verdaderamente encarnadas, es decir, capaces de pensar, rezar y anunciar al Dios que viene a nuestro encuentro en Jesús: no un Dios lejano que habita en un cielo perfecto sobre nosotros, sino un Dios cercano que habita en nuestra frágil tierra, se hace presente en el rostro de los hermanos, se revela en las situaciones cotidianas.
Hacia el hombre, nuestro compromiso debe ser igualmente coherente. Si Dios se ha hecho uno de nosotros, cada criatura humana es un reflejo suyo, lleva en sí su imagen, guarda una chispa de su luz; y esto nos llama a reconocer en cada persona su dignidad inviolable y a ejercitarnos en el amor mutuo los unos hacia los otros. Así, la encarnación nos pide también un compromiso concreto por la promoción de la fraternidad y la comunión, para que la solidaridad se convierta en el criterio de las relaciones humanas, por la justicia y la paz, por el cuidado de los más frágiles y la defensa de los débiles. Dios se ha hecho carne, por lo que no hay culto auténtico a Dios sin el cuidado de la carne humana.
Hermanos y hermanas, que la alegría de la Navidad nos anime a continuar nuestro camino, mientras pedimos a la Virgen María que nos haga cada vez más dispuestos a servir a Dios y al prójimo.
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Después del Ángelus
¡Queridos hermanos y hermanas!
Deseo expresar nuevamente mi cercanía a quienes están afligidos por la tragedia ocurrida en Crans-Montana, Suiza. Aseguro mi oración por los jóvenes fallecidos, por los heridos y por sus familiares.
Sigo con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela. El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer sobre cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica. Por eso rezo y os invito a rezar, confiando nuestra oración a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles.
Saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países, en particular a los procedentes de Eslovaquia y Zagreb, a los ministrantes de la Catedral de Gozo en Malta y a la comunidad del Seminario diocesano de Fréjus-Toulon, en Francia.
Saludo al grupo del Oratorio de Pugliano en Ercolano, a las familias y a los agentes pastorales de Postomia y Porcellengo, a los fieles de San Antonio Abad, Torano Nuovo y Collepasso; así como a los profesores del Instituto Rocco-Cinquegrana de Sant’Arpino, a los scouts de la provincia de Módena y Roccella Jonica, a los confirmandos de Ula Tirso y Neoneli y a los de Trescore Balneario.
Queridos hermanos, sigamos teniendo fe en el Dios de la paz: recemos y seamos solidarios con los pueblos que sufren a causa de las guerras. ¡Les deseo a todos un buen domingo!





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