MONS. OLIVERA | Brochero quedó en el corazón de nuestra Patria, vivo, cercano, él nos trae a Jesús y nos invita a profundizar nuestra amistad con el Señor

26 enero, 2026

MONS. OLIVERA | Brochero quedó en el corazón de nuestra Patria, vivo, cercano, él nos trae a Jesús y nos invita a profundizar nuestra amistad con el Señor,así lo expresaba el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales al compartir su Homilía en el 112° aniversario de la Pascua de Brochero. Celebrada en la Capilla San José Gabriel del Rosario Brochero, en el predio “De la Providencia”, Villa Cura Brochero, Valle de Traslasierra Córdoba.

Presidió la Santa Misa, el Obispo, Mons. Santiago Olivera, concelebraron los Capellanes Castrenses, Padre Diego Pereyra, Padre Julio Monje, y el Presbítero Hugo Agüero (Diócesis de Cruz del Eje). Participaron, Nicolás Flores Violino, el hoy joven sanado en el año 2000 por la oración de sus padres pidiendo la intercesión de Brochero a Dios por su vida, quién estuvo acompañado su madre Sandra Violino de Flores y abuela Nora de Violino, también participaron fieles y peregrinos presentes en Traslasierra, Córdoba.

Mons. Santiago, en su Homilía, a la luz de la Palabra, decía, “el Señor nos pide como mandato y no como opción, rezar por las vocaciones, una preocupación compadecida por Jesús. «Rueguen al dueño del campo y vayan a anunciar el Evangelio», esto es lo que vivió el Padre Brochero, toda su pasión, fue una pasión sacerdotal, siendo su misión el desarrollo de su pueblo y lograr una vida digna para sus fieles.

Pero fundamentalmente su trabajo era para que los hombres y mujeres se encuentren con Jesús a través de los ejercicios espirituales. Brochero era un sacerdote con olor a oveja por su cercanía, pero sin duda por su olor a Dios.

El pueblo intuyó su cercanía a Dios su pasión de traer a Jesucristo, esa es la fama de santidad, allí había un hombre de Dios. Esto es la fama de santidad, justamente el reconocerlo como un hombre muy cerca de Dios y que llevaba a los hombres y mujeres de su tiempo al encuentro con el Señor”.

Continuando, el Obispo dijo, “me pareció oportuno volver a citar las palabras del Padre Acevedo, palabras que fueron también parte de mi Homilía al cumplirse los 100 años de la muerte de Brochero en el año 2014”.  El Padre Acevedo, fue quien sucedió en el curato al Padre Brochero.   

Seguidamente, Mons. Olivera subrayó, “en estos 112 años de la Pascua de Brochero me parece lindo poder repasar aquel mensaje del Padre Acevedo, quien dijo: «No vengo, señores, a derramar estériles lágrimas sobre esta tumba que se abre y los despojos ya fríos de un hombre…vengo más bien a endulzar las amarguras de vuestras penas y volver fructuoso vuestro llanto con el recuerdo de su actuación brillante en medio de nosotros. No hay poder ni grandeza sobre la tierra, Señores, que con el tiempo y los años no caiga y desaparezca del escenario de la vida…todo se esfuma, se deshace y se pierde por el impulso de la muerte, no haciendo distinción de las personas, de las dignidades ni de los años. Aquel anciano y venerable sacerdote, a quien hasta ayer llamábamos el Cura Brochero, ha muerto, sí, pero vive todavía aquel soldado de Cristo que cayó confesando su fe en medio del dolor y sufrimiento que minaron su existencia.

Es   justo llorarle, porque dice el Espíritu Santo “llora sobre el difunto, porque se apagó la luz de su vida”, y porque hay motivos, como dice el Eclesiástico, para llorar la desaparición de un varón justo de entre nosotros. Él ha muerto para el mundo, para el pobre, para su familia que es todo este pueblo. Ha muerto y su muerte nos descubre la vanidad de las cosas mundanas y nos alecciona sobre el desprecio de las grandezas y dignidades de la vida.

Hoy han de llorar su muerte los atribulados y los pobres singularmente, porque en vida pudo decir, como Jacob: “Era el padre de los pobres”. A él acudían encontrando el pronto alivio de sus necesidades y penas.  Es justo que lloréis vosotros pobres, la pérdida de vuestro padre, y que vosotros – los que habéis visto sus virtudes_ imitéis su misericordia. El Cura que fue por espacio de 39 años de este pedazo de suelo ha muerto, y aunque palpamos la realidad, nos parece todavía un sueño. Es que el ilustre difunto vive todavía. Conocidas son las obras de caridad, religiosidad y magnanimidad con que favoreció la moral, la cultura y el progreso de esta región.

Esta casa que va a guardar sus despojos es testigo mudo pero elocuente de su actividad, energías y sacrificios, de su celo y anhelos por la regeneración moral e intelectual de los que fueron sus feligreses.

Es justo, por esto, Señores, que aquí, donde el hombre aprende a ser hombre, aquí donde fraguada la conciencia de las escorias del vicio, donde la mente y el corazón de la niñez aprende a conocer y a amar a Dios, que aquí donde la plegaria se eleva santificada al cielo, que aquí donde se aquieta y descansa la conciencia de sus hijos, descanse también el cuerpo yerto, como para reclamar a las generaciones de mañana el tributo de la oración y el reconocimiento de sus méritos.

Termino, Señores, derramando una lágrima y haciendo surgir una esperanza ante el recuerdo de sus virtudes. Lloremos, pero sea nuestro llanto y nuestro dolor mezclado con la esperanza, y despidiéndonos de sus despojos con un “requiescat in pace”, “que descanse en paz”».

Completando, Mons. Olivera compartió, “Brochero está vivo, lo sentimos cerca. Es impresionante que a 112 años de su partida respiremos hoy su presencia.

Brochero era un hombre de fe porque vivió el Evangelio, el Evangelio siempre es eterno, siempre es presente, «porque aquel que crea en mí, aunque muera vivirá». Brochero supo pispear que quedaría en el corazón de los serranos, pero hoy podemos señalar que también quedó en el corazón de nuestra Patria, vivo, cercano, él nos trae a Jesús y nos invita a profundizar nuestra amistad con el Señor”.

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