MONS. OLIVERA | Este es el tiempo durante el cual debemos ir sacando de nuestra vida todo lo que nos aleja de Dios, y mirar aquello que nos acerca a Dios, así lo señalaba el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir su Homilía durante la Santa Misa de Miércoles de Ceniza. Celebrada en la Iglesia Catedral Castrense Stella Maris, en la mañana de esta jornada, el Obispo nos decía, “el tiempo de cuaresma es como un largo retiro dejándonos transformar por la Gracia de Dios”.
Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad, concelebraron, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Canciller, Padre Carlos Terceiro Mouiño, el Rector del Seminario Diocesano, Padre Daniel Díaz Ramos, los Capellanes Mayores de, Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, de GNA, Padre Jorge Massut, de PNA, Padre Diego Tibaldo, de la PSA, Padre Rubén Bonacina y Capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, participaron los Diáconos, Carlos Paz, Gustavo Varela y Lucas Garcilazo y fieles castrenses.
Mons. Santiago, no decía en la Homilía, «la Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu». Estas son las palabras de nuestro Santo Pedre León quien nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en nuestra vida. Y nos explica él mismo, que hacerlo hará que nuestra fe recobre su impulso.
Da pena ver que, en nuestro hoy, en nuestra cultura más de una vez se quita del centro a Dios, se vive como si no existiera y el Evangelio no pocas veces es recibido o leído sin que entre de verdad en el corazón de cada uno. Hoy debe resonar con fuerza nuevamente que “debemos convertirnos” estos es poner nuestro corazón y nuestros pensamientos bajo la mirada de Jesús, seguir sus pasos, y además debe resonar la verdad que “somos tierra, polvo y al polvo volveremos”, esto es saber de nuestra finitud, de nuestro límite, este es el tiempo propicio: “Ojalá hoy escuchemos todos la voz del Señor””
Continuando, agregaba el Obispo, “este tiempo nuevo nos invita también a preguntarnos de qué tenemos que abstenernos, el Papa nos ilumina e invita a una forma “de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias”.
Profundizando, Mons. Olivera señalaba, “buen ejercicio para todos. Ninguno estamos excluidos o exentos de esta maravillosa invitación de vivir la Caridad, para nosotros providencial ya que estamos transitando este último año de nuestro trienio hacia los 70 años de existencia como Iglesia particular al servicio y cuidados de nuestros fieles castrenses, esto es al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, nuestro presidente, a los Ministerios de Defensa y Seguridad sus ministros y a cada uno de las Fuerzas Armadas y Federales de Seguridad de nuestra Patria.
Les recomiendo leer, pero más, rezar el mensaje del Papa para esta Cuaresma. Para nosotros es un doble desafío porque nos invita a transitar este tiempo en dimensión comunitaria, nos invita a hacer de esta cuaresma un camino juntos, en la distancia, a lo largo y ancho del país, en las soledades de nuestras Capellanías y en las distancias de nuestras familias a nosotros confiadas, hombres y mujeres de las fuerzas de nuestra comunidad diocesana castrense, hacer un camino de comunión, sintiéndonos cerca y hermanos”.
Finalmente, Mons. Santiago compartió, “debemos hacer ayuno de tantas cosas: de la lengua, de internet, del celular, de tantas cosas que nos esclavizan o que nos atan. Todos nosotros debemos saber ¿qué tenemos que ayunar en este tiempo, de qué tenemos que privarnos para priorizar a Dios. Este es el tiempo durante el cual debemos ir sacando de nuestra vida todo lo que nos aleja de Dios, y mirar aquello que nos acerca a Dios. Este es el tiempo como para ir al desierto, como para ir al encuentro personal con el Señor. El tiempo de cuaresma es como un largo retiro dejándonos transformar por la Gracia de Dios”.
HOMILÍA.-















A continuación, compartimos en forma completa la Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad:

“La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección”.
Estas son las palabras de nuestro Santo Pedre León quien nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en nuestra vida. Y nos explica él mismo, que hacerlo hará que nuestra fe recobre su impulso.
Da pena ver que, en nuestro hoy, en nuestra cultura más de una vez se quita del centro a Dios, se vive como si no existiera y el Evangelio no pocas veces es recibido o leído sin que entre de verdad en el corazón de cada uno. Hoy debe resonar con fuerza nuevamente que “debemos convertirnos” estos es poner nuestro corazón y nuestros pensamientos bajo la mirada de Jesús, seguir sus pasos, y además debe resonar la verdad que “somos tierra, polvo y al polvo volveremos”, esto es saber de nuestra finitud, de nuestro límite, este es el tiempo propicio: “Ojalá hoy escuchemos todos la voz del Señor”
El Papa León desea que la escucha tenga un lugar destacado en este nuevo y original tiempo que comenzamos ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.
Nos comparte el Papa que “la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad…” Escucha, que si es sincera y verdaderamente atenta, transforma nuestra vida, nuestras costumbres y nuestras actitudes.
Continua el Santo Padre: “Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos». El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios». Palabras de Benedicto XVI. En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que «sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana». (Palabras de San Pablo VI)
Este tiempo nuevo nos invita también a preguntarnos de qué tenemos que abstenernos, el Papa nos ilumina e invita a una forma “de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.
Buen ejercicio para todos. Ninguno estamos excluidos o exentos de esta maravillosa invitación de vivir la Caridad, para nosotros providencial ya que estamos transitando este último año de nuestro trienio hacia los 70 años de existencia como Iglesia particular al servicio y cuidados de nuestros fieles castrenses, esto es al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, nuestro presidente, a los Ministerios de Defensa y Seguridad sus ministros y a cada uno de las Fuerzas Armadas y Federales de Seguridad de nuestra Patria.
Les recomiendo leer, pero más, rezar el mensaje del Papa para esta Cuaresma. Para nosotros es un doble desafío porque nos invita a transitar este tiempo en dimensión comunitaria, nos invita a hacer de esta cuaresma un camino juntos, en la distancia, a lo largo y ancho del país, en las soledades de nuestras Capellanías y en las distancias de nuestras familias a nosotros confiadas, hombres y mujeres de las fuerzas de nuestra comunidad diocesana castrense, hacer un camino de comunión, sintiéndonos cerca y hermanos. Nos invita el Papa a “realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.”
Pidamos al Siervo de Dios Argentino del Valle Larrabure que supo de encuentro, de perdón y reconciliación nos fortalezca para ser testigos valientes del amor como el Papa León nos compartió:
“Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.”
Sabemos que el Evangelio es exigente y es para valientes confiados. Palabra que acabamos de escuchar. No es fácil ser generosos y que tu mano izquierda no sepa lo que da tú derecha; no es fácil ser generoso y que el otro no se entere. ¡Que Dios de verdad lo conozca! ¡Que hagamos el ayuno que debemos hacer!
Hoy Miércoles de Cenizas, es un día de ayuno y abstinencia. Nosotros nos privamos de la carne, nos privamos de más comida. Debemos hacer ayuno de tantas cosas: de la lengua, de internet, del celular, de tantas cosas que nos esclavizan o que nos atan. Todos nosotros debemos saber ¿qué tenemos que ayunar en este tiempo, de qué tenemos que privarnos para priorizar a Dios. Este es el tiempo durante el cual debemos ir sacando de nuestra vida todo lo que nos aleja de Dios, y mirar aquello que nos acerca a Dios. Este es el tiempo como para ir al desierto, como para ir al encuentro personal con el Señor. El tiempo de cuaresma es como un largo retiro dejándonos transformar por la Gracia de Dios.
Damos gracias porque nos permite un nuevo tiempo litúrgico, en este día de cenizas que nos recuerda “nuestro ser peregrino”. La verdad no es instalarnos aquí. La verdad es la plenitud del cielo. Vivamos este nuevo tiempo con los pies en la realidad y con los ojos y corazón mirando hacia nuestra Patria definitiva. La muerte y resurrección de Jesús nos hablan de ello.
Que María, nuestra Madre y Maestra, la del Sí generoso y de vida sencilla y oculta nos estimule a vivir siempre “lo que Jesús, su Hijo Amado, nos diga”
Que así sea.
CELEBRACIÓN.-





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