MONS. OLIVERA | Hoy queremos dedicar este templo, consagrarlo como espacio sagrado, pero reconociendo que “todo es tuyo Señor, que todo es obra de tus manos”

28 marzo, 2026

MONS. OLIVERA | Hoy queremos dedicar este templo, consagrarlo como espacio sagrado, pero reconociendo que “todo es tuyo Señor, que todo es obra de tus manos”, así lo expresó el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir su Homilía en la celebración de la Santa Misa con Rito de Consagración de la Capilla del Seminario Diocesano. En la mañana del 28 de marzo, Mons. Santiago Olivera quien también conmemoraba el noveno aniversario en que el Santo Padre Francisco lo nombrara Obispo Castrense de la República Argentina Consagró el Templo a los Santos San Juan de Capistrano (Patrono universal de los Capellanes) y a San José Gabriel del Rosario Brochero (Patrono del Clero Argentino).

Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, concelebraron Mons. Daniele Liessi Encargado de Negocios a.i. (ad interim) de la Nunciatura Apostólica en Argentina, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Canciller, Padre Carlos Terceiro Muiño, el Rector del Seminario, Padre Daniel Díaz Ramos, los Capellanes Mayores de Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, de Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, de Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, de GNA, Padre Jorge Massut, de PNA, Padre Diego Tibaldo, de PSA, Padre Rubén Bonaciona, el Promotor Vocacional zona centro del Seminario Diocesano, Padre Diego Pereyra, Capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad. Participaron, Diáconos, Carlos Paz, Antonio Shugt, Lucas Garcilazo, Gustavo Varela, el Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Vicealmirante Marcelo Alejandro Dalle Nogare, el Jefe de Estado Mayor General del Ejército, General de División Oscar Santiago Zarich, el Subjefe de Estado Mayor General de la Armada, Contraalmirante I.M. Fernando Daniel Terribile, el Subjefe de Estado Mayor General de la Fuerza Aérea, Brigadier Marcelo José Monetto, el Director General de Salud del Ejército Argentino, General de Brigada Pablo Guillermo Plaza, el Director ESCUSUPER GNA “Grl. Br. D Manuel María Calderón”, Comandante Mayor Eduardo Juan Kailer, el Presidente SMSV (Sociedad Militar Seguro y Vida), General de Brigada Daniel Manuel Reimundes, el SMSV Sr. Santiago Cerioni, el Brigadier General (R) Xavier Julián Isaac, Seminaristas Castrenses y fieles.

El Obispo decía en la Homilía, “para la Iglesia castrense, sin lugar a dudas, hoy es motivo de gran alegría poder consagrar y dedicar este templo a nuestros santos patronos y protectores: San Juan de Capistrano, patrono del clero castrense universal, y el Santo Cura Brochero, patrono del clero de la República Argentina, de nuestra patria, y también de nuestro seminario”. Agregando, señaló, “también la Providencia, así se nos dio, quiso que en un día como hoy, hace nueve años, se publicara el nombramiento que el Santo Padre Francisco realizó para acompañar a los hombres y mujeres, sus familias y sus realidades dentro del ámbito militar y de las Fuerzas Federales de Seguridad.

Allí, se me confió la misión de acompañar su vida espiritual; horizonte que nunca debe ser olvidado. Es una profesión, pero también es vocación permanente, las 24 horas del día: servir y cuidar nuestras fronteras, nuestra tierra, de nuestra gente, de nuestra patria”.

Continuando, Mons. Olivera nos compartía, “nos llena de alegría, como decía entonces, y particularmente a mí, estar hoy consagrando este templo antiguo y nuevo. Antiguo, porque su historia comenzó en 1905; y nuevo, porque hoy vuelve a cobrar vida. Su estilo gótico, finalizado hacia 1930, se debe al impulso de una comunidad de hermanas de la Caridad que servían aquí, en el hospital militar que entonces funcionaba en este lugar y por eso la ubicación de esta Iglesia da al frente, -hoy tenemos un paredón-, pero era el centro del Hospital Militar.

Hace más de 27 años, el Ejército realizó un comodato con nuestra Iglesia castrense, recibiendo este lugar como seminario y centro sacerdotal. La Iglesia se encontraba deteriorada, y restaurarla y bendecirla era un anhelo para nosotros y algunos de ustedes, con admirable generosidad, hicieron posible que pudiéramos embellecerla, porque sabemos que la belleza nos acerca a Dios”.

En otro párrafo, Mons. Santiago, compartía, “hoy queremos dedicar este templo, consagrarlo como espacio sagrado, pero reconociendo que “todo es tuyo, Señor, que todo es obra de tus manos”, realmente queremos dedicarlo con un deseo sincero, profundo y constante para poder expresar esta verdad: “Todo lo hemos recibido de tus manos, todo es don, todo es gratitud.”

Los signos en el rito de esta celebración —las cruces, el altar, las reliquias— nos hablan de realidades más hondas y profundas, como decíamos antes: Las cruces que están en las paredes de esta Iglesia, el altar, las reliquias que son las de nuestros santos patronos, Brochero, Capistrano, pero fundamentalmente la separación de un modo permanente, consagrando este espacio, porque, si bien sabemos que Dios no necesita un lugar que lo contenga, nosotros sí necesitamos espacios santos, la Presencia del Señor en la Eucaristía, en el Sagrario; una Presencia en este ámbito sagrado que hoy solemnemente bendecimos”.

Completando, el Obispo agregó, “este será un lugar encuentro con Dios, de oración, de formación y de crecimiento espiritual. Aquí los seminaristas celebrarán, celebrarán los misterios junto con los formadores, rezarán, profundizarán la Palabra de Dios, avivarán muchos deseos santos para seguir las huellas de Jesús, para dejarse configurar con Jesús, para ser verdaderamente otros Cristos, para ser verdaderamente Pastores según el corazón de Jesús. Los seminaristas tendrán esta oportunidad cada día para renovar la fe y avivar la devoción de la certeza de la Presencia de Dios en medio nuestro. El Señor está presente aquí”.

Finalmente, Mons. Santiago dijo, “(…) sabemos que al Señor no se lo puede encontrar en unas paredes, pero sí necesitamos lugares santos que nos hablen del misterio, que nos inviten a la comunión, que nos inviten a la conversión, en los que La Palabra pueda ser escuchada, rumiada y penetre en nuestro corazón, en los que la Celebración Eucarística sea signo de una comunión verdadera, íntima con Jesús, porque comulgar con Jesús en cada Eucaristía, supone antes, comunión con Su Palabra, con Su enseñanza, con Su vida. Por eso, con mucho gozo, como vengo diciendo, bendecimos estas paredes, bendecimos este altar, lo iluminamos de un modo particular porque Cristo es la luz del mundo”.

Seguidamente, el Obispo iniciaba el Rito de Consagración del Altar de la Capilla, cruces y también la imagen del Santo Cura Brochero y de Ntra. Sra. de Luján, Patrona de la República Argentina de nuestra Diócesis y de GNA. Luego de compartir la bendición el Obispo junto a los Sacerdotes Capellanes en procesión se dirigieron hasta el Atrio de la Capilla donde descubrió y bendijo la placa recordatoria de la Consagración del Templo.

En la misma se lee:

AD PERPETVAM REI MEMORIAM

Siendo Sumo Pontífice Su Santidad Papa León XIV, Encargado de Negocios de la Nunciatura Apostólica, Mons. Daniel Liessi, Presidente de la Nación Argentina el Excmo. Dr. Javier Gerardo Milei, Vicepresidente de la Nación, Dra. Victoria Villarruel, Ministro de Defensa el Tte. Gral. Carlos Presti, Sra. Ministro de Seguridad Nacional, Mag. Alejandra Monteoliva y con la presencia de las máximas autoridades militares y policiales de Estado Mayor Conjunto, Estados Mayores Generales de las Fuerzas Armadas y Jefes de Fuerzas Federales de Seguridad, Sr. Vicario General Castrense, Capellanes Mayores, Rector del Seminario, Capellanes Castrenses, Religiosas, Seminaristas, benefactores e invitados especiales; Excmo. Sr. Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad, Mons. Santiago Olivera, dedicó en Solemne Pontifical este Templo y Altar que conforman la Capilla del Seminario Diocesano Castrense San Juan de Capistrano y Santo Cura Brochero.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los veintiocho días del mes de marzo del año del Señor dos mil veintiséis.-

HOMILÍA.-

A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad:

Consagración del Templo y el Altar

Seminario castrense San Juan de Capistrano y Santo Cura Brochero

-28 de Marzo 2026 –

Para la Iglesia castrense, sin lugar a dudas, hoy es motivo de gran alegría poder consagrar y dedicar este templo a nuestros santos patronos y protectores: San Juan de Capistrano, patrono del clero castrense universal, y el Santo Cura Brochero, patrono del clero de la República Argentina, de nuestra patria, y también de nuestro seminario. Es una gran alegría dedicarlo a estos dos misioneros del Evangelio que, apasionados por él, en distintos tiempos y geografías, se dejaron encontrar por Jesús.

Ese encuentro les transformó la vida y los convirtió en apóstoles del Evangelio de la paz, de la dignidad y del amor fraterno.

También la Providencia, así se nos dio, quiso que en un día como hoy, hace nueve años, se publicara el nombramiento que el Santo Padre Francisco realizó para acompañar a los hombres y mujeres, sus familias y sus realidades dentro del ámbito militar y de las Fuerzas Federales de Seguridad.

Allí, se me confió la misión de acompañar su vida espiritual; horizonte que nunca debe ser olvidado. Es una profesión, pero también es vocación permanente, las 24 horas del día: servir y cuidar nuestras fronteras, nuestra tierra, de nuestra gente, de nuestra patria”. Hay muchos modelos de hombres que han sido ejemplo de fidelidad hasta el final, como el Siervo de Dios, Argentino del Valle Larrabure, que prefirió dar la vida antes que enfrentarnos y matarnos entre hermanos.

Nos llena de alegría, como decía entonces, y particularmente a mí, estar hoy consagrando este templo antiguo y nuevo. Antiguo, porque su historia comenzó en 1905; y nuevo, porque hoy vuelve a cobrar vida. Su estilo gótico, finalizado hacia 1930, se debe al impulso de una comunidad de hermanas de la Caridad que servían aquí, en el hospital militar que entonces funcionaba en este lugar y por eso la ubicación de esta Iglesia da al frente, -hoy tenemos un paredón-, pero era el centro del Hospital Militar.

Damos gracias al Señor porque continuamos las huellas, la obra y tarea de quienes nos precedieron y queremos ser agradecidos a ellas y a los militares de entonces.

Hace más de 27 años, el Ejército realizó un comodato con nuestra Iglesia castrense, recibiendo este lugar como seminario y centro sacerdotal. La Iglesia se encontraba deteriorada, y restaurarla y bendecirla era un anhelo para nosotros y algunos de ustedes, con admirable generosidad, hicieron posible que pudiéramos embellecerla, porque sabemos que la belleza nos acerca a Dios. Es uno de los trascendentales, junto con la unidad, la verdad y la bondad, que nos permiten aproximarnos y acercarnos a realidades invisibles. La belleza concretamente nos permite acceder a una realidad más profunda y significativa. Deseamos que quienes aquí recen, especialmente nuestros seminaristas, crezcan en el deseo de querer acercarse a una mayor intimidad con Jesús.

En este sentido, el Santo Padre León XIV, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el Domingo del Buen Pastor, nos recuerda que la vocación es ante todo “un camino de belleza” que, cuando se recorre, hace que la vida sea verdaderamente hermosa. Pero esta belleza no se percibe solamente con los ojos del cuerpo, sino que exige una mirada interior, cultivada en la oración y en el silencio. Por eso afirma que el rasgo propio de los santos, además de la bondad, es una belleza espiritual que resplandece en quienes viven en Cristo. Y nos enseña también que la vocación nunca es una imposición ni un esquema prefijado, sino un verdadero proyecto de amor y de felicidad que Dios regala a cada uno.

Este acercamiento a la belleza de Dios, del que nos habla el Santo Padre también, nos invitará, a acercarnos a una vida más armoniosa y a una realidad y unidad de la vida, con el sentido hondo de la entrega que vamos haciendo, que vamos transitando, que vamos profundizando en el tiempo de la formación.

Hoy queremos dedicar este templo, consagrarlo como espacio sagrado, pero reconociendo que “todo es tuyo, Señor, que todo es obra de tus manos”, realmente queremos dedicarlo con un deseo sincero, profundo y constante para poder expresar esta verdad: “Todo lo hemos recibido de tus manos, todo es don, todo es gratitud.”

Lo ofrecemos al Dios de la vida, lo dedicamos al Señor, pero para que también nosotros, seamos configurados en nuestro propio templo, Sagrarios vivientes, templos vivos justamente porque acogemos al Dios del amor en nuestras vidas. Abrazamos la fe cumpliendo los mandamientos de Jesús; estamos dispuestos, queremos estarlo siempre, a ser Sagrarios vivientes de la Trinidad. Que este espacio sagrado nos ayude a fortalecer, por lo tanto, nuestra vida y nuestro corazón para que también ella esté dedicada y consagrada al Señor.

Los signos en el rito de esta celebración —las cruces, el altar, las reliquias— nos hablan de realidades más hondas y profundas, como decíamos antes: Las cruces que están en las paredes de esta Iglesia, el altar, las reliquias que son las de nuestros santos patronos, Brochero, Capistrano, pero fundamentalmente la separación de un modo permanente, consagrando este espacio, porque, si bien sabemos que Dios no necesita un lugar que lo contenga, nosotros sí necesitamos espacios santos, la Presencia del Señor en la Eucaristía, en el Sagrario; una Presencia en este ámbito sagrado que hoy solemnemente bendecimos.

Este será un lugar encuentro con Dios, de oración, de formación y de crecimiento espiritual. Aquí los seminaristas celebrarán, celebrarán los misterios junto con los formadores, rezarán, profundizarán la Palabra de Dios, avivarán muchos deseos santos para seguir las huellas de Jesús, para dejarse configurar con Jesús, para ser verdaderamente otros Cristos, para ser verdaderamente Pastores según el corazón de Jesús. Los seminaristas tendrán esta oportunidad cada día para renovar la fe y avivar la devoción de la certeza de la Presencia de Dios en medio nuestro. El Señor está presente aquí.

Hemos escuchado en el Evangelio el relato de Zaqueo. Él fue inquieto, buscó a Jesús, buscaba distinguirlo quería verlo; fue creativo para lograr ese fin y Jesús pudo mirarlo, con esa mirada que siempre transforma; Jesús lo vio y lo invitó a bajar; esa mirada -que como digo- lo transformó, se llenó de gozo y le llegó a Zaqueo la salvación.

Venir a rezar aquí, es venir al encuentro con Dios, venir a este lugar santo, a esta belleza que nos acerca a Dios, también es el compromiso de dejarnos mirar por Jesús para dejarnos transformar, dejarnos interpelar, por esta invitación de estar más cerca Suyo, porque “la salvación hoy ha llegado a esta casa…”

El Apóstol Pablo, como hemos escuchado, nos invita a tomar conciencia que las paredes de un Templo material son signos de otro Templo más importante y valioso que somos cada uno de nosotros. Como les decía, somos templos del Espíritu Santo y el Espíritu de Dios habita en nosotros, si realmente vivimos sus mandatos, si los acogemos, si descubrimos su amor y con amor le respondemos. Somos por vocación, Sagrarios, lugar santo donde Dios habita.

Como dijimos antes, sabemos que al Señor no se lo puede encontrar en unas paredes, pero sí necesitamos lugares santos que nos hablen del misterio, que nos inviten a la comunión, que nos inviten a la conversión, en los que La Palabra pueda ser escuchada, rumiada y penetre en nuestro corazón, en los que la Celebración Eucarística sea signo de una comunión verdadera, íntima con Jesús, porque comulgar con Jesús en cada Eucaristía, supone antes, comunión con Su Palabra, con Su enseñanza, con Su vida.

Por eso, con mucho gozo, como vengo diciendo, bendecimos estas paredes, bendecimos este altar, lo iluminamos de un modo particular porque Cristo es la luz del mundo.

Honraremos y ungiremos al Altar, Presencia de Cristo, donde renovaremos el sacrificio Redentor de un modo incruento.

Celebraremos en cada Eucaristía a Cristo que actualiza esa sangre suya que nos dio hasta el extremo. Presencia de Cristo en el Altar que nos invita también a nosotros a Ser altar; se nos invita a ofrecer nuestra propia vida, siendo altar, ofrecemos nuestro sacrificio de la vida para entregarnos a los demás y continuar así el camino que el Señor nos invita a transitar.

Que María de Luján, patrona de nuestra Patria, patrona de nuestro Obispado, patrona de cada uno de nosotros nos ayude de verdad a hacer lo que Ella nos invita, a “hacer lo que Jesús nos dice”, que podamos vivir y responder como Ella al plan de Dios en nuestra vida para decirle al Señor “Hágase en mí según tu Palabra”, “que se cumpla en mí lo que has dicho”.

CELEBRACIÓN.-

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