MONS. OLIVERA | Damos gracias a Dios y ponemos en las manos de María, la Virgen fiel, Stella Maris, esta nueva etapa de tu vida que manifiesta tu sacerdocio para siempre en favor de los hermanos, así lo expresó el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir su Homilía en la Santa Misa de Ordenación Sacerdotal del Diácono, Gustavo Varela. Fue en la mañana del sábado 13 de junio, solemnidad del Inmaculado Corazón de María y día de San Antonio, en la Iglesia Catedral Castrense, Stella Maris, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
Presidió la Eucaristía con Rito de Ordenación Presbiteral, Mons. Santiago Olivera, concelebraron, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, los Capellanes Mayores, del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, de la Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, de GNA, Padre Jorge Massut, de PNA, Padre Diego Tibaldo, el Rector del Seminario, Padre Daniel Díaz Ramos, el Rector de la Iglesia Catedral, Padre Hernán Vigna, Sacerdotes Capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad. Participaron, los Diáconos Carlos Paz, Antonio Shugt, autoridades de la Armada Argentina, familiares del Diácono Varela y fieles castrenses.
Mons. Santiago decía en la Homilía, “es una alegría muy grande reunirnos en este sábado, para la Ordenación sacerdotal bajo la mirada del Inmaculado Corazón de María, nuestra Madre, que acompañó fielmente en todo a su Hijo. Ayer celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón. El Papa Pio XII consideró oportuno que, al día siguiente, la Iglesia honrara al Inmaculado Corazón de María: la Virgen que guardaba todo en su corazón y que contemplaba los pasos de su Hijo -que eran los pasos de Dios- por su vida y por su historia”.
Continuando, agregó el Obispo, “en ese mayo de 1944, consideró que esta celebración, sería importante -decía el Papa- para pedir por la Paz en el mundo, por la libertad de la expresión religiosa, y también para pedir por el amor a la pureza y por la práctica de las virtudes. Podríamos todos, renovar hoy, en esta Memoria obligatoria que celebramos a la Virgen estos mismos sentimientos: pedir la paz que deseamos para el mundo entero en una sociedad que se desangra por la guerra y en la cual, sabemos, todos perdemos, nadie, aunque haya un ganador, todos perdemos (…); también es momento para agradecer la gracia de poder expresar con libertad, en un mundo secularizado, nuestra propia fe, nuestra creencia más honda, desear ardientemente aún con nuestros límites, miserias y pecados, crecer en el amor a la pureza y también, el compromiso de vivir intensamente las prácticas de las virtudes cristianas, como respuesta al don de la fe”.
En otro párrafo, Mons. Olivera, señalaba, “ciertamente es un motivo inmenso para dar gracias a Dios. Podemos hacer propias las palabras del profeta Isaías, que “nuestra alma desborda de alegría”; tanto Gustavo, como todos nosotros, experimentamos hoy esa alegría profunda, por esta concreción, por esta respuesta a Dios de un hermano nuestro, al llamado que ha sentido hace unos años para configurarse con Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia. Damos gracias a Dios justamente, porque nos sigue manifestando su amor de Padre y su fidelidad, enviándonos nuevos ministros para el servicio de esta Iglesia”.
Profundizando, el Obispo compartía, “damos gracias a Dios entonces, por este acontecimiento que particularmente a mí, me llena de gozo: Porque es, el poder “extender” mi ministerio episcopal al servicio de mi pueblo, con nuevos ministros que son tomados entre los hombres y marcados con el Carácter presbiteral que los constituye como Cristo-Cabeza”.
Seguidamente, Mons. Santiago dijo, “en la Oración Colecta, la oración sacerdotal, al principio, decíamos: “que toda tu vida sea para la Gloria de Dios en Jesucristo”. Este niño Jesús, este joven Jesús que está con los doctores del Templo dice:” ¿Por qué me buscan, no saben acaso que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”. Para esto Gustavo, has sido llamado. Para esto, un día emprendiste el camino de formación, un proceso de formación que no termina porque seguimos a lo largo de toda nuestra vida formándonos, (…)”.
El Obispo entonces, expresó, “damos gracias a Dios y ponemos en las manos de María, la Virgen fiel, Stella Maris, esta nueva etapa de tu vida, que manifiesta tu sacerdocio para siempre en favor de los hermanos. Pedimos también, que, bajo el amparo de nuestros Santos Patronos, San Juan de Capistrano, Patrono universal de los Capellanes, el Santo Cura Brochero, Patrono del clero en la Argentina, animen siempre tu ministerio”.
Finalmente, Mons. Olivera pidió, “que María, Madre de los sacerdotes, te enseñe Gustavo a custodiar cada día el don recibido; y que, sostenido por la gracia de Dios, puedas renovar siempre con alegría y fidelidad aquello que elegiste como tu lema sacerdotal «Aquí estoy, envíame», para gloria de Dios y salvación de los hermanos”.-












































HOMILÍA.-
A continuación, compartimos en forma completa la Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad:

Homilía de la Ordenación Sacerdotal de Gustavo Varela
Monseñor Santiago Olivera
13 de junio de 2026 – Catedral Stella Maris
Gracias a cada uno de ustedes que están compartiendo esta Eucaristía, Sacerdotes, Diáconos, Vida consagrada, pueblo de Dios, pueblo fiel, pueblo que se nos ha confiado, gracias también a los amigos presentes y a quienes nos siguen por los medios de comunicación. Antes de compartir la Homilía propiamente dicha, quisiera dar gracias a Dios por la presencia de las autoridades presentes de la Armada Argentina.
También quisiera destacar que con la ordenación sacerdotal de Gustavo (personal civil de la Armada), es el cuarto sacerdote que surge de la Fuerza, sin olvidarnos de que me acompañan dos Diáconos, Carlos y Antonio que pertenecen también a la Armada Argentina. Y también, decir que el próximo Beato argentino (Enrique Shaw) también perteneció a la misma Armada Argentina, por lo tanto, es todo un signo, tenemos que ser muy agradecidos.
Quisiera comentarles sobre algo que ampliaré en la Homilía, una feliz coincidencia, la fecha de la ordenación de Gustavo la habíamos pensado casi para fin de junio, el día 20, pero al otro día coincidía con el día del padre y resultaría difícil para mucho su participación. En tal sentido, cambiamos para esta fecha, 13 de junio, día del Inmaculado Corazón de María, día de San Antonio y cuando se lo comenté a Gustavo, me compartió que un 13 de junio habían elegido con quien fue su esposa para ponerse de novios, así que me pareció realmente Providencial, un regalo en esta vocación nueva que recibe sin duda.
Es una alegría muy grande reunirnos en este sábado, para la Ordenación sacerdotal bajo la mirada del Inmaculado Corazón de María, nuestra Madre, que acompañó fielmente en todo a su Hijo.
Ayer celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón.
El Papa Pio XII consideró oportuno que, al día siguiente, la Iglesia honrara al Inmaculado Corazón de María: la Virgen que guardaba todo en su corazón y que contemplaba los pasos de su Hijo -que eran los pasos de Dios- por su vida y por su historia.
En ese mayo de 1944, consideró que esta celebración, sería importante -decía el Papa- para pedir por la Paz en el mundo, por la libertad de la expresión religiosa, y también para pedir por el amor a la pureza y por la práctica de las virtudes.
Podríamos todos, renovar hoy, en esta Memoria obligatoria que celebramos a la Virgen estos mismos sentimientos: pedir la paz que deseamos para el mundo entero en una sociedad que se desangra por la guerra y en la cual sabemos todos perdemos que nadie, aunque haya un ganador, todos perdemos en este tiempo, como decía el Papa Francisco se está llevando adelante la tercera guerra mundial en pedazos; también es momento para agradecer la gracia de poder expresar con libertad, en un mundo secularizado, nuestra propia fe, nuestra creencia más honda, desear ardientemente aún con nuestros límites, miserias y pecados, crecer en el amor a la pureza y también, el compromiso de vivir intensamente las prácticas de las virtudes cristianas, como respuesta al don de la fe.
Y en este día del Inmaculado Corazón de María tenemos además el gozo de Ordenar a un hermano nuestro para el Sacerdocio, hermano que hemos escuchado con la presentación del Padre Daniel, Rector del Seminario: elegimos a este hermano nuestro. Es importante que cale hondo el “elegimos”, «no son ustedes los que me eligieron-dijo el Señor- sino Yo el que los elegí a ustedes».
Ciertamente es un motivo inmenso para dar gracias a Dios. Podemos hacer propias las palabras del profeta Isaías, que “nuestra alma desborda de alegría”; tanto Gustavo, como todos nosotros, experimentamos hoy esa alegría profunda, por esta concreción, por esta respuesta a Dios de un hermano nuestro, al llamado que ha sentido hace unos años para configurarse con Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia.
Damos gracias a Dios justamente, porque nos sigue manifestando su amor de Padre y su fidelidad, enviándonos nuevos ministros para el servicio de esta Iglesia.
Damos gracias a Dios por la respuesta generosa de Gustavo, sin duda una particular y singular vocación. Como les compartí al inicio, vivió con gozo su vocación al matrimonio y la formación de su familia, junto a Patricia, su esposa (fallecida), y a quien hoy recordamos con alegría y gratitud, y junto a sus hijos y a todo su camino, -primero al diaconado, para luego transitar el camino hacia el sacerdocio.
Esta fecha, 13 de junio, tiene además un significado muy especial, Providencial para Gustavo y para toda la familia, todo es Providencial, ya que un día como hoy, él y Patricia, iniciaban un camino hacia el matrimonio, y hoy, muchos años después, Gustavo comienza su camino propiamente sacerdotal.
Damos gracias a Dios entonces, por este acontecimiento que particularmente a mí, me llena de gozo: Porque es, el poder “extender” mi ministerio episcopal al servicio de mi pueblo, con nuevos ministros que son tomados entre los hombres y marcados con el Carácter presbiteral que los constituye como Cristo-Cabeza.
Estamos participando de un misterio grande que nos trasciende; en una realidad que nos invita a vivirlo de un modo mucho más hondo de lo que vemos físicamente. La luz de la fe ilumina esto que estamos celebrando, porque Gustavo, va a salir como entró, con su casulla como novedad exterior, sin embargo, el carácter que se imprime en su corazón y en su vida, lo hará para siempre sacerdote de Cristo. No sólo por envío del mismo Señor, sino que este envío se hará “presencia” el mismo Señor por la ordenación sacerdotal. Ya no ejercerá el Sacerdocio común, recibido por todos en el Bautismo, sino el sacerdocio ministerial y jerárquico que lo hace otro Cristo: verdad que debemos renovar, que debemos contemplar, que debemos hacer presente los que somos sacerdotes. Sabemos, en el camino sacerdotal de Gustavo, y él nos va a recordar y decir cuando perdone los pecados: “Yo te absuelvo…” ¡Quién, sino Dios, tiene el poder de perdonar los pecados!
Yo creo que a todos “nos conmueve” cuando tomamos conciencia de esta realidad: el sacramento de la Reconciliación que debe ser el sacramento por excelencia del Buen Pastor que acoge a los hermanos heridos y necesitados del perdón; que recibe a tantos hombres y mujeres que, reconociendo el amor de Dios, experimentan y sienten su debilidad y fragilidad y deben encontrar en el sacerdote, el corazón del Padre Bueno que abraza, perdona, comprende, restaura, incorpora. “Yo te absuelvo…” Gustavo no dirás: “Te absuelvo en nombre de Jesús”. Sólo esta realidad debe “calar hondo” tu vida espiritual.
Pero también dirás en cada Eucaristía: “Tomen y coman porque esto es mi cuerpo”, este es el Cuerpo de Jesús. No dirás: “Este es el cuerpo de Jesús”. No dirás: “Esta es la sangre de Jesús que se derrama por ustedes”. Dirás: “Esta es mi sangre que se derrama por ustedes”. Por excelencia el sacerdote es el que vive la vida en Clave Eucarística, esta verdad envuelve toda nuestra vida que se entrega y derrama su sangre y su vida al servicio de su pueblo, por el bien de su pueblo que se nos confía. Este Misterio que nunca vamos a comprender demasiado, sólo es más comprendido, desde una fuerte intimidad con Jesús. No es casual que en el rito de la Ordenación esté muy presente la Oración como parte fundamental, como parte esencial del Ministerio que hoy recibís y que nosotros, sacerdotes, obispos tenemos. La Oración no es un “agregado” a nuestra vida: es condición necesaria de nuestra misión, para el bien de los hermanos. Este es el Pastor bueno, dice la Liturgia, el que ora por sus hermanos, oración que nos hace descubrir la total adhesión y docilidad a la voluntad de Dios; oración que tiene su máxima expresión en el Rito de la Ordenación cuando veremos a Gustavo postrado manifestando la grandeza de Dios y también a la vez, manifestando su disponibilidad para cumplir el proyecto de Jesús, el camino del Espíritu en tu vida.
Oración que ayuda a confrontar tu vida Gustavo con el Evangelio. Oración que también hace posible que este Evangelio que hemos escuchado sea una realidad en tu vida.
La Liturgia nos presentó este relato del Evangelio de Lucas que nos narra como la Virgen y José buscaban angustiados a Jesús. La Virgen que, como decía antes, tiene todo en su corazón de Madre. Contempla, y saborea y se adhiere por ese silencio contemplativo, al Proyecto de Dios. Pero Jesús responde algo que también, nosotros los consagrados deberíamos responder con verdad.
En la Oración Colecta, la oración sacerdotal, al principio, decíamos: “que toda tu vida sea para la Gloria de Dios en Jesucristo”. Este niño Jesús, este joven Jesús que está con los doctores del Templo dice:” ¿Por qué me buscan, no saben acaso que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”. Para esto Gustavo, has sido llamado. Para esto, un día emprendiste el camino de formación, un proceso de formación que no termina porque seguimos a lo largo de toda nuestra vida formándonos, deseando hacer siempre lo que debemos hacer para que nuestro corazón sea un corazón sacerdotal, para que nuestro corazón sea dócil al Proyecto de Dios, para que nuestro corazón tenga los mismos sentimientos de Jesús. Por eso iniciaste un camino. Seguramente entendiste cuando el Señor tocó tu corazón, que debías ocuparte de las cosas de tu Padre. Pero no vamos al Padre si no es por el Hijo y hoy el Hijo confirma y consolida, toma este misterio de tu vida, para hacerte otro Cristo.
Esencialmente Gustavo será transformado. Deberá poner en práctica en cada circunstancia de su vida este Sacerdocio que recibe: en cada misión que la Iglesia le confíe, en cada encuentro con los hermanos, en cada predicación, en cada celebración de los Sacramentos: todo su ser deberá ponerse existencialmente en obra, el sacerdocio que hoy recibe de un modo esencial y real, lo recibe por la transmisión del Espíritu Santo. El mismo Espíritu Santo que hace posible que en cada Consagración nosotros tengamos el misterio en nuestras manos de hacer posible que el pan y el vino se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Jesús. ¡Presencia Real! Y esto creemos y esto celebramos. Este mismo Espíritu Santo, el Espíritu de Pentecostés. El mismo Espíritu Santo que conduce a la Iglesia, el mismo Espíritu Santo que hoy transformará en ofrenda la vida del Diácono Gustavo y lo hará otro Cristo al servicio de los hermanos. El mismo Espíritu que en el Bautismo de cada uno de nosotros, también nos constituyó en sacerdotes para ofrendar nuestra vida como culto agradable a Dios.
Gustavo se integra con el Diaconado y ahora con el Presbiterado a esta Iglesia diocesana particular, personal y artesanal. Iglesia samaritana, misionera e itinerante, que está caminando hacia el Jubileo de 70 años de existencia y esta unidad y pertenencia no es un vínculo jurídico simplemente, sino un vínculo de fraternidad y unidad a una historia común y particular. Iglesia particular castrense que deberás amar casa día. Porque el amor a la Iglesia Universal solo se concreta sólo en el amor a la Iglesia Diocesana. Presencia real de la Iglesia en cada Iglesia diocesana.
Damos gracias a Dios y ponemos en las manos de María, la Virgen fiel, Stella Maris, esta nueva etapa de tu vida, que manifiesta tu sacerdocio para siempre en favor de los hermanos.
Y antes de terminar, quisiera dejarte, Gustavo, junto con todos nuestros sacerdotes, una última reflexión tomada del reciente mensaje del Santo Padre León XIV para la Jornada Mundial por la Santificación Sacerdotal. Pienso que estas palabras resumen lo que hoy hemos celebrado y lo que la Iglesia espera de nuestro ministerio:
“Queridos sacerdotes, renueven cada día su “aquí estoy” ante el Corazón traspasado de Cristo. Entréguense totalmente a Él, para que puedan amar a su pueblo con el mismo amor con el que Él lo ama. Y recuerden con alegría, como le gustaba repetir al santo Cura de Ars, que «el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús». Este amor es prenda y garantía de que nada de nosotros se perderá, si todo lo nuestro lo entregamos y ofrecemos. Les encomiendo a todos y a cada uno a la Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella, que conservó en su corazón el misterio del Hijo, nos enseñe a conservar y a hacer latir en nosotros el Corazón de Cristo, Salvador del mundo”.
Pedimos también, que, bajo el amparo de nuestros Santos Patronos, San Juan de Capistrano, Patrono universal de los Capellanes, el Santo Cura Brochero, Patrono del clero en la Argentina, animen siempre tu ministerio.
Que estas palabras del Santo Padre encuentren eco permanente en tu corazón. Que María, Madre de los sacerdotes, te enseñe Gustavo a custodiar cada día el don recibido; y que, sostenido por la gracia de Dios, puedas renovar siempre con alegría y fidelidad aquello que elegiste como tu lema sacerdotal «Aquí estoy, envíame», para gloria de Dios y salvación de los hermanos. Que así, sea.
CELEBRACIÓN.-





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