MONS. OLIVERA | El Espíritu Santo ilumina, fortalece con sus dones, nos ayuda a vivir con coherencia evangélica y a ser Testigos valientes del Evangelio de Jesús, así lo expresó el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad, Mons. Santiago Olivera al compartir su Homilía en la Escuela de Suboficiales de GNA, Cabo Raúl Remberto Cuello, en la ciudad de Jesús María, Córdoba. En la mañana del 5 de septiembre, el Obispo, llegaba acompañado por el Capellán Mayor de la GNA, Padre Jorge Massut, siendo recibidos por el Capellán Castrense, Padre Guillermo Conti y autoridades de la Escuela de Suboficiales de GNA.
Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago, concelebraron el Capellán Mayor de la GNA, Padre Massut y el Capellán, Padre Conti, participaron, Autoridades de la Unidad Académica de GNA, efectivos de la Fuerza, Aspirantes y familiares. Durante la celebración, el Obispo Castrense bautizó a 13 Aspirantes de GNA, confirió el Sacramento de Confirmación a 71 Aspirantes de GNA y a 35 niños y niñas hijos del personal de la Fuerza Federal de Seguridad.
En su Homilía, Mons. Olivera nos decía, “un judío importante que se llamaba Nicodemo le preguntó a Jesús: ¿cómo puede un hombre nacer cuando ya es de viejo?
Porque los que creían, se bautizaban y abrazaban la fe, se hablaban de una nueva existencia, de nuevos criterios, ya no eran paganos ya no eran no creyentes. Para vivir para siempre, hay que vivir según los evangelios, según los mandamientos, según la enseñanza de Jesús y, por tanto, aquel que sea bautizado era una nueva creatura”.
Continuando, el Obispo agregó, “decíamos en la oración primera, la oración Colecta, «que Tu promesa se cumpla en nosotros». Y para que podamos ser ante el mundo testigos, esto es, que seamos cristianos valientes del Evangelio de Jesús no estamos solos, hemos escuchado que el Señor manda a él Paráclito.
Paráclito es el Espíritu, el Espíritu de la verdad, el Espíritu del amor, es el Espíritu que nos consuela, que nos defiende, que nos fortalece y que nos trae el Espíritu Santo que viene y nos trae ayuda para que seamos cristianos en serio. El Espíritu Santo que nos ayuda, nos da todo lo que necesitamos para vivir auténticamente en cristiano, el Señor no nos deja huérfanos, el Señor nos acompaña hasta el fin de los tiempos”.
Seguidamente, Mons. Santiago señalaba, “el Señor se entrega también como alimento. La Eucaristía es este sacramento de la fe, porque es un poco de pan y un poco de vino que en cada Misa consagramos y al hacerlo, decimos: Tomen y coman, esto es mi Cuerpo; Tomen y beban, esta es mi Sangre… ésta es nuestra fe.
Los ojos nos engañan, parecen un poco de pan y un poco de vino, pero sin embargo es el verdadero Cuerpo y Sangre de Jesús. Yo soy el pan de la vida -dice Jesús-, presencia real de Jesús, por eso los Sagrarios nos recuerdan esa presencia real de Jesús, el alimento de la Eucaristía es el alimento de los peregrinos, que nos hace cada vez más cristianos”.
Finamente, el Obispo dijo, “(…) el Señor toma como a sus hijos a los que se bautizan, los llama a una nueva existencia, a nuevos criterios, no los del mundo, sino para vivir los criterios del Evangelio. El Espíritu Santo ilumina, el Espíritu Santo fortalece con sus dones, el Espíritu Santo nos ayuda a vivir justamente con coherencia evangélica y a ser Testigos valientes del Evangelio de Jesús”.-
























0 comentarios