PAPA LEÓN XIV | Vivamos sin concesiones, libres de malas ambiciones e intereses injustos, anteponiendo ante todo el Reino de Dios y su justicia, así lo pidió el Santo Padre al compartir su mensaje antes de recitar la oración mariana del Ángelus. Antes del mediodía de hoy, Su Santidad León XIV se presentaba en la ventana del Estudio Apostólico Vaticano, reuniéndose en con los fieles y peregrinos presentes en Plaza San Pedro.
Es su primera actividad luego de haber recibido el alta médica tras haber sido operado el último martes 13 de octubre. El Papa nos decía, “el Evangelio proclamado en la liturgia de hoy (Mt 22,15-21) nos presenta una de las enseñanzas más famosas de Jesús: «¡Devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios!» (cf. v. 21)”.
Agregando, continuó, “el evangelista Mateo describe una situación hostil hacia Jesús: los fariseos se pusieron de acuerdo para ver cómo Jesús caía en una trampa con alguna de sus afirmaciones (cf. v. 15) y deciden enviar a algunas personas a interrogarlo sobre un tema polémico: «¿Es lícito o no pagar el tributo al César?» (v. 17). La respuesta del Maestro es astuta, porque lo mantiene fuera de la trampa y desenmascara la hipocresía de quienes quieren hacerlo caer”.
Completando, el Santo Padre dijo, “en Jesús contemplamos a un Dios que no teme a la historia, sino que, por el contrario, viene a vivir en ella. Su Reino no elimina los cargos ni las responsabilidades humanas. Sin embargo, nos pide que vivamos sin concesiones, libres de malas ambiciones e intereses injustos, anteponiendo ante todo el Reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33)”.
Finalmente, el Pontífice señaló, “queridos hermanos, este es precisamente el perfil de quien “devuelve al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”: ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para hacer el bien. Oremos al Señor para que nos ayude a ser así. Y confiémonos a la intercesión de la Virgen María”.
A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Su Santidad León XIV:
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
El Evangelio proclamado en la liturgia de hoy (Mt 22,15-21) nos presenta una de las enseñanzas más famosas de Jesús: «¡Devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios!» (cf. v. 21). Por eso es importante situarla en el contexto en el que fue pronunciada originalmente.
El evangelista Mateo describe una situación hostil hacia Jesús: los fariseos se pusieron de acuerdo para ver cómo Jesús caía en una trampa con alguna de sus afirmaciones (cf. v. 15) y deciden enviar a algunas personas a interrogarlo sobre un tema polémico: «¿Es lícito o no pagar el tributo al César?» (v. 17). La respuesta del Maestro es astuta, porque lo mantiene fuera de la trampa y desenmascara la hipocresía de quienes quieren hacerlo caer. Les pide la moneda del tributo, es decir, un denario. Ellos se la dan, y Jesús dice: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le responden: «Del César». Entonces afirma: «¡Devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios!» (vv. 17-21).
En Jesús contemplamos a un Dios que no teme a la historia, sino que, por el contrario, viene a vivir en ella. Su Reino no elimina los cargos ni las responsabilidades humanas. Sin embargo, nos pide que vivamos sin concesiones, libres de malas ambiciones e intereses injustos, anteponiendo ante todo el Reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33). En este sentido, llama la atención el elogio que esas mismas personas le dirigen a Jesús, aunque movidas por malas intenciones: «Maestro, sabemos que eres sincero, que enseñas con fidelidad el camino de Dios y no te dejas influir por nadie, porque no te fijas en la apariencia de la gente» (v. 16).
Queridos hermanos, este es precisamente el perfil de quien “devuelve al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”: ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para hacer el bien. Oremos al Señor para que nos ayude a ser así. Y confiémonos a la intercesión de la Virgen María.
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Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy se celebra la centésima Jornada Mundial de las Misiones. ¡Pensemos en cuánta historia misionera ha habido en estos cien años! Oremos para que la Iglesia sea siempre fiel al mandato del Señor resucitado: «Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Noticia a toda criatura» (Mc 16,15).
Deseo agradecer a todos los que en estos días han orado por mí. Realmente he sentido su apoyo, ¡gracias!
Expreso mi especial agradecimiento a los médicos, enfermeros y a todo el personal del Policlínico «Gemelli».
Esta experiencia me ha hecho sentir de manera especial la cercanía con quienes atraviesan la enfermedad y una condición de dolencia.
Una vez superada esta delicada etapa, como saben, ahora retomaré gradualmente mis actividades, siempre con la ayuda de Dios y de sus oraciones.
Gracias de nuevo y que tengan un buen domingo.





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