Primer día de Novena a San Juan de Capistrano
+ En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Invocación al Espíritu Santo:
Ven Espíritu Santo y danos a gustar este tiempo de oración, danos silencio y serenidad para saber que este tiempo es para rezar, solo rezar. Rezar para amar más y servir mejor. Amén
Presentación
La alegría de celebrar el día del patrono de los Capellanes Castrenses estará presidida por un tiempo de preparación- común a la práctica de nuestra fe cristiana- como es, celebrar el Tiempo de la Novena.
Toda Novena es un tiempo de GRACIA especial, dónde el corazón se dispone desde la piedad y la devoción a elevar una súplica confiada a Dios, con la certeza de la fe en recibir ese DON o GRACIA, sostenidos por la enseñanza del Maestro: “Pidan y se les dará” De los diversos orígenes que tiene este acto de piedad- la novena- podemos destacar dos:
· Los nueve días de espera- en oración- por parte de los discípulos en compañía de la Virgen María- a la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés (Hech 1, 14) .
· Los nueve meses que la Virgen María llevó en su vientre a Jesús.
Destacamos estos dos acontecimientos, porque creemos que San Juan de Capistrano- como todos los santos- fue un hombre del “Espíritu”, es decir que se dejó poseer el corazón por Él para dejarse guiar por Él. Será una petición común al rezar esta novena que, cada sacerdote capellán, seamos- cada día más- un hombre del “Espíritu”, existencialmente hablando, ya que- sin dudas-lo somos sacramentalmente al estar consagrado, no solo por el Bautismo sino por sacramento del Orden que hemos recibido.
Ser “del Espíritu” tiene como fin, responder al llamado de Dios de ser presencia del que está Presente: Jesús, el Pastor bueno, fruto bendito del vientre de la Virgen. Aquí el porqué del otro acontecimiento. Pediremos, como otra GRACIA común, que los sacerdotes capellanes seamos “los pastores que el Pueblo de Dios a ellos confiados, necesitan” y, para ello, crezca también nuestra devoción mariana.
Esto que pedimos, lo vivió con santa radicalidad, nuestro querido patrono: San Juan de Capistrano.
Sea esta Novena, un precioso tiempo de Gracia y sea este pequeño aporte, una ayuda para la oración en común como Iglesia diocesana castrense.
San Juan de Capistrano y Nuestra Madre, bajo la querida advocación de Ntra. Sra. de Luján nos siguen cuidando.
Pastoral Vocacional Castrense
Novena a San Juan de Capistrano
+ En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Invocación al Espíritu Santo:
Ven Espíritu Santo y danos a gustar este tiempo de oración, danos silencio y serenidad para saber que este tiempo es para rezar, solo rezar. Rezar para amar más y servir mejor. Amén
Primer día
Intención del día:
Pedimos, en este día, por los sacerdotes capellanes en nuestro Ejército Argentino:
Los que están, actualmente
Los que han pasado por ahí
Los que han fallecidos
Texto de la Palabra: Mt. 5, 13- 16
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo. Palabra del Señor
(Silencio)
Eco del Evangelio en la vida de San Juan:
Lo extraordinario de la predicación de Juan de Capistrano, es su universalidad europea. En veinte años misiona por Alemania, Austria, Hungría, Polonia, Moravia y hasta por Saboya, Borgoña y Flandes. Ésta fue su lenta pero fundamental cooperación al mantenimiento de la unidad católica europea en el siglo XV.
Actualizando su ejemplo: Papa Francisco- Mons. Santiago
Fuimos ungidos, como predicó el Papa en la Misa Crismal del 2014, con el óleo de la alegría. Fuimos ungidos, continúa Francisco, pero no “untuosos”: “Una alegría que nos unge (no que nos unta y nos vuelve untuosos, suntuosos y presuntuosos), es una alegría incorruptible y es una alegría misionera que irradia y atrae a todos”. Para que sea una verdadera alegría, tiene que comenzar al revés: por los más lejanos.
Rezamos un misterio del Rosario junto a la jaculatoria: “Manda Padre, muchos y santos obreros a Tu mies. Conserva y santifica a los que estamos”
Oración final: Señor, que hiciste de San Juan de Capistrano, un celoso predicador “en salida”, te pedimos nos concedas ese mismo celo por anunciar con alegría la belleza del Evangelio a cada hombre y mujer de este tiempo, y asiste la misión de los sacerdotes. Por Cristo nuestro Señor. Amén
+ En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén





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