MONS. OLIVERA | Convertirnos es justamente, volver nuestros pasos al Evangelio, esto por lo cual Dios se hizo carne

28 septiembre, 2026

MONS. OLIVERA | Convertirnos es justamente, volver nuestros pasos al Evangelio, esto por lo cual Dios se hizo carne, así lo señaló el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir la Homilía, en la Santa Misa en el cierre de la Semana de Puertas Abiertas del Seminario Diocesano. Fue en la mañana del domingo 27 de septiembre, donde luego de haber recorrido las exposiciones propuestas por los Seminaristas donde dieron a conocer detalles de la historia de nuestro Obispado Castrense, sobre la vida de los Santos Patronos, San Juan de Capistrano y Santo Cura Brochero los presentes asistieron a la celebración Eucarística, al concluir los presentes compartieron el almuerzo.

Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, concelebraron el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Rector del Seminario, Padre Daniel Díaz Ramos, los Capellanes Mayores de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Madrna, de la Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, de GNA, Padre Jorge Massut, el Rector de la Catedral Castrense Stella Maris, Padre Hernán Vigna y el Capellán, Roberto Folonier. Participaron los Diáconos, Carlos Paz y Lucas Garzilazo, Seminaristas, fieles castrenses y amigos.

Mons. Santiago decía en la Homilía, “el Obispado castrense y para las Fuerzas Federales de Seguridad es un Obispado personal, es decir, no tenemos un territorio fijo, aunque sin duda tenemos los pies en un lugar determinado. Pero la nuestra, es una Diócesis que tiene esta particularidad, estar a lo largo y ancho del país y más allá de sus fronteras, en las misiones de Paz en Chipre, acompañando la navegación en la Fragata ARA Libertad, en el rompehielos ARA Alte. Irízar y también donde hay un militar, un integrante de las Fuerzas Federales de Seguridad, todos ello es parte de nuestro Obispado”.  

Seguidamente, el Obispo dijo, “Fulton Sheen, recientemente beatificado, en vida, mientras se encontraba rezando mucho por la conversión de una mujer, sintió ruidos, unos pasos y detrás de él, estaba la mujer quien le pidió la conversión. Esta mañana, mientras celebraba Misa, una religiosa, a la luz de lo ocurrido con Fulton Sheen me dice, «yo me ofrezco a rezar todos los días el Santo Rosario de 2 a 3 de la tarde, pidiendo por el aumento de las vocaciones, de la vida sacerdotal y consagrada».

Son gracias que Dios sin duda da por insistencia a aquellos que rezan, entonces aquí, desde estas «Puertas Abiertas del Seminario», rezamos para que el Señor suscite respuestas generosas en los jóvenes. Porque Dios siempre sigue llamando, siempre hay vocaciones, pero rezamos, para que existan respuestas generosas para seguirlo”.

Continuando, Mons. Olivera, compartió, “el texto del Evangelio que acabamos de escuchar ilumina algo que nosotros en cada Padre nuestro decimos un poco rápido, un poco a la ligera. Sin embargo, es medula en nuestra relación con Dios, cuando decimos: «Padre», vamos confiados al encuentro con nuestro Padre Dios en nuestra certeza de ser hijos. Le decimos: «Venga a nosotros tu Reino…»; y sabemos que el Reino de Jesús es el Reino de la Generosidad, el Reino de la Justicia, el Reino de la Verdad, el Reino del amor sin límites.

También expresamos: «que se haga tu Voluntad en la tierra como en el cielo», esto es el deseo que, de verdad, la Voluntad del Padre sea una realidad en cada una de nuestras vidas. Recordemos que, en el miércoles de cenizas, se nos imponen las cenizas en nuestras cabezas y una de las frases que se repiten es, «conviértete y cree en el Evangelio»”.

Profundizando, Mons. Santiago nos decía, “tenemos que pedirle siempre al Señor la conversión, la conversión es dejar que nuestra inteligencia y nuestro corazón vivan más en comunión y según el querer de Dios. Convertirnos es justamente, volver nuestros pasos al Evangelio, esto por lo cual Dios se hizo carne. Dios se encarnó, porque nos amó tanto, envió a su Hijo para salvarnos, desandando la desobediencia de Adán y Eva, entonces, tenemos que pedirle esta gracia”.

Seguidamente, Mons. Olivera señaló, “en el texto del Evangelio, Jesús nos comparte este relato, donde un padre invita a sus hijos a trabajar, uno dice que sí, pero no va y el otro dice que no, pero que después se arrepiente y va. Y no puedo dejar de pensar en el Evangelio donde María y sus parientes algunas traducciones dicen: «lo buscaban» y pregunta: «quiénes son mi Madre y mis hermanos?».

Mi Madre y mis hermanos son aquellos que escuchan, que cumplen la voluntad de Dios. Éstos son, no son aquellos que solo dicen Señor, Señor los que entraran en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de Dios”.

Finalmente, el Obispo señaló, “Que nuestro sí sean nuestras obras, nuestras prácticas, nuestros gestos, nuestras actitudes. Que el Señor nos encuentre como aquel hijo, que unificado va pero que dice si y si dijo que no, y después va, tengamos la capacidad de pedir perdón. Porque nos sabemos frágiles, nos sabemos pecadores, pero sabemos más de la misericordia, del abrazo, del perdón, de la espera de nuestro buen Jesús, que es reflejo del amor de Dios”.-

Homilía.-

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