MONS. OLIVERA | La Cruz es el monumento al amor, no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos, así lo explicaba el Obispo Castrense y para las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir la Homilía en la Celebración de la Cruz, en este Viernes Santo. En la tarde del 3 de abril, en la Parroquia Ntra. Sra. de Luján Castrense en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mons. Santiago Olivera presidía la conmemoración de la Celebración de la Cruz.
Concelebraron, el Rector del Seminario Diocesano, Padre Daniel Díaz Ramos, los Capellanes Mayores de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, de la PSA, Padre Rubén Bonacina, el Administrador Parroquial, Padre Darío Verón, los Capellanes, Padre José Luis Toya, Padre Luis Villafañe. Participaron los Diáconos, Carlos Paz, Gustavo Varela, Lucas Garcilazo, Seminaristas Castrenses y fieles.
Mons. Santiago, decía en la Homilía, “en este viernes Santo, como casi siempre la realidad de Israel, de Jerusalén nos sorprende, cómo un lugar de religiones monoteístas están en tantos conflictos que impresiona, en lugar de la paz, sin embargo, hoy vemos, es un lugar de guerra, de enfrentamiento, de falta de entendimiento. Nosotros vamos a rezar especialmente por Jerusalén y por la paz; sin duda también por Irán, Ucrania, Rusia y tantos lugares en guerra, pero particularmente también por este lugar donde el Señor entregó la vida (…)”.
Continuando, Mons. Olivera agregaba, “todos los viernes santos también tenemos la posibilidad de recordar la Palabra de nuestra fe. Jesucristo verdadero Dios, nacido de la Virgen (…), recordamos el dialogo de la Virgen con el ángel y la disponibilidad de María que respondió, «que se cumpla en mí tu Palabra», que se cumpla el proyecto de Dios en su vida.
Es importante tener en cuenta que en nombre de todos nosotros y de todos los hombres llamados a gozar de la presencia de Dios a contemplarlo cara a cara, a vivir para siempre, a vivir en el Paraíso, por la desobediencia de Adán y Eva, por querer ser como Dios, perdimos ese regalo, ese beneficio. Pero tanto Amó Dios al mundo que envió su Hijo para salvarnos”.
Completando, el Obispo señalaba, “podríamos entonces, en este día Santo renovar la certeza de un Dios que nos amó en su Hijo Jesús sin límite y siempre, un Dios que nos amó en su Hijo Jesús hasta el extremo. Este camino de la Cruz que Jesús tomó en nuestro nombre, que, sin tener culpa de nada, sin embargo, cargó sobre Sí los pecados de la humanidad; este viernes santo es, el viernes para contemplar ese amor sin límite del Señor”.
Finalmente, Mons. Olivera compartió la oración: “Tu cirineo”
Tu cirineo
Señor Jesús,
hoy no quiero quedarme mirando…quiero acercarme.
Tu cruz pesa.
Se nota en tus pasos.
Se siente en tu cuerpo herido…
y en tu silencio.
Y algo dentro de mí
ya no puede seguir de lejos.
Déjame ser tu cirineo.
No porque sea fuerte,
no porque tenga respuestas…
sino porque te amo.
Porque al verte así
comprendo cuánto has amado.
Cada caída tuya
me habla de mis caídas.
Cada herida tuya
me recuerda mis resistencias.
Cada paso tuyo
cargando la cruz…
es un “sí” que me sostiene.
Señor,
¿cómo agradecer tanto amor?
¿Cómo responder a este derroche
que no calcula,
que no se detiene,
que no se guarda nada?
Solo quiero acercarme…
poner mi hombro junto al tuyo,
aunque sea débil,
aunque sea torpe…
y caminar contigo.
Déjame cargar contigo
lo que a Ti te duele:
el sufrimiento del mundo,
las heridas de los que amo,
mis propias cruces que tantas veces rechazo.
No quiero huir.
Quiero aprender de Ti
HOMILÍA.-

























CELEBRACIÓN.-





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