MONS. OLIVERA | Larrabure nos dejó la fecundidad de su dolor, su martirio no se cerró sobre sí mismo: se hizo semilla, así lo señalaba el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al referirse al Siervo de Dios en la presentación del Libro, Larrabure, Voces del Reencuentro del del General de Brigada R José Luis Figueroa integrante de la Asociación de Amigos del «Siervo de Dios», Cnl. Argentino del Valle Larrabure (AASDCAVL) y con prólogo de Mons. Santiago Olivera. El libro fue presentado en la tarde del 22 de septiembre en el Auditorio «Dr. Raúl Alfonsín” del Anexo A de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Asistieron a la presentación, el Sr. Arturo Larrabure, la Sra. Silvia Ibarzábal, el Dr. Javier Vigo Leguizamón, el Senador Nacional por CABA, Agustín Monteverde, Diputado por Tucumán, Federico Pelli, la Diputada por Jujuy, Barbara Andreussi, el Secretario Parlamentario del Senado Dr. Carlos Manfroni. También estuvieron presentes, el Exjefe del Estado Mayor Conjunto Tte. Gral. (R) Bari del Valle Sosa, Expresidente de la Cámara de Casación Penal, Eduardo Riggi, el exfiscal Claudio Palacin, los Capellanes Mayores del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellano, de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, de la Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro y demás invitados.
En el prólogo, Mons. Olivera comparte respecto del libro, “las palabras del General José Luis Figueroa nos recuerdan siempre que la figura de Larrabure, al mirar su pasado, su historia, nos impulsa a mirar hacia adelante y a construir una verdadera nación fraterna y justa; una patria donde haya lugar para todos (…). Quisiera remarcar algo fundamental: este libro no es solamente una historia del pasado. Es una invitación a tomar envión para el futuro; no para reabrir heridas, sino para que desde ese dolor de los desencuentros y de aquellos tiempos marcados por el odio, podamos convertirnos cada uno de nosotros en puentes hacia el reencuentro”[1].
Profundizando, el Obispo escribió, “la palabra «puente» es sin duda muy significativa. Estamos llamados a ser puentes. Los cristianos, los creyentes y en definitiva, todos los hombres y mujeres de buena voluntad, estamos llamados a ser puentes que permitan el encuentro, superar las grietas y las zanjas que nos separan”[2].
Durante la presentación del libro, Mons. Santiago a la luz del Evangelio de Jn 12, 24 «Les aseguro que, si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto», decía a los presentes, “Argentino del Valle Larrabure nos dejó la fecundidad de su dolor. Su martirio no se cerró sobre sí mismo: se hizo semilla. Desde esa cárcel llamada «del pueblo» escribió a los suyos: «Tengo fe en Dios y en la Patria. Pase lo que pase, manténganse unidos y con la frente alta».”
Continuando, agregó el Obispo, “este libro es una riqueza por los testimonios que reúne, a la luz de la vida de un hombre, de un militar que supo dar la vida por la paz y que supo también de límites: «la libertad a precio de más muerte, no». Desde esa cárcel llamada «del pueblo», le escribió a sus hijos: «Aun suceda lo peor, no deben odiar a nadie y devolver la bofetada poniendo la otra mejilla». Larrabure eligió el silencio y el perdón antes que sumar una gota más de sangre a la que ya corría.
Hoy, con su causa de beatificación ya en fase romana, celebramos también este libro como un servicio a la memoria y a la verdad. Gracias a la Asociación de Amigos del Siervo de Dios y a todos los que hacen posible que su voz siga hablando”.
Mons. Olivera, recordó, “una de las novedades de la enseñanza de Jesús dice: «Si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen?» Esa capacidad de amor no hace acepción de personas, porque el anhelo de Jesús es que amemos a su estilo, al estilo de Dios: sin límite, hasta el extremo. Porque Dios ama a todos, ama siempre y ama primero”.
Seguidamente, Mons. Santiago afirmaba, “por eso la vida cristiana, la vida evangélica, es profunda, exigente y posible. Es lo que nos da la plena libertad, lo que nos sana profundamente. Argentino del Valle Larrabure fue uno de esos hombres que se dejó conducir por la fuerza del Espíritu, convirtiéndose en un testimonio de amor al enemigo, e inculcando este mismo modo de amar a sus seres queridos, familiares y amigos, como ya lo hemos recordado”.
Completando, el Obispo dijo, “reunir estos testimonios de este Siervo de Dios nos llena de alegría; también nos presenta el dolor, pero también nos presenta la esperanza y la certeza de que el Evangelio puede ser vivido en plenitud. No quiero dejar de agradecer al General José Luis Figueroa, por ser puente, por ser instrumento de caminos de encuentro. Estas Voces para el Reencuentro son, creo, el camino: no dejarnos cegar ni ensordecer por la ideología frente a la verdad, como tantas veces nos lo advirtieron el Papa Francisco y el Papa León XIV. No queremos ser ciegos ni sordos: queremos vivir el Evangelio”.
Finalmente, en el prólogo, Mons. Santiago expresa sobre el autor, “José Luis ha sabido plasmar este deseo del Papa Francisco y el anhelo de tantos argentinos de buena voluntad. Estas voces para el encuentro son, quizás, un humilde grano de arena; pero los grandes caminos comienzan siempre con pequeños pasos dados en dirección correcta.
A la luz del testimonio del Siervo de Dios Argentino del Valle Larrabure, hombre de fe, servidor de la patria y testigo de sus convicciones hasta las últimas consecuencias, somos invitados a recorrer esos caminos desde nuestra propia realidad. Allí donde cada uno se encuentre, en su familia, en su trabajo, en su comunidad o en su ámbito de servicio, puede convertirse en artesano del encuentro”[3].




[1] Prólogo, Libro Larrabure, Voces del Reencuentro
[2] Ídem 1
[3] Ídem 1





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