MONS. OLIVERA | María esta siempre al pie de nuestra vida porque también somos sus hijos, así lo expresaba el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir su Homilía en la celebración de la Fiesta Patronal de nuestra República Argentina, nuestra Diócesis y de la GNA (Gendarmería Nacional Argentina), Ntra. Sra. de Luján. Fue en la noche del 8 de mayo en la Parroquia Ntra. Sra. de Luján Castrense, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, concelebraron, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, los Capellanes Mayores de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, de GNA, Padre Jorge Massut, de PNA, Padre Diego Tibaldo, de PSA, Padre Rubén Bonacina, el Rector del Seminario Diocesano, Padre Daniel Díaz Ramos, el Administrador Parroquial, Capellán Darío Verón, los Capellanes, Padre Rubén Gutiérrez, el Padre Alberto Pita y el Padre Emilio Gracelli. Participaron, los Diáconos, Carlos Paz, Antonio Shugt y Lucas Garcilazo, Seminaristas Castrenses, fieles castrense y la Banda Tambor de Tacuarí quien interpretó el Himno Nacional Argentino antes de finalizar la celebración Eucarística.
Mons. Santiago decía en la Homilía, “en toda nuestra Patria hoy celebramos a la Patrona, Nuestra Señora de Luján, también de nuestra Diócesis, el Obispado Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad. Esta comunidad Parroquial también celebra a nuestra Madre, así como la GNA (Gendarmería Nacional Argentina) y la Policía Federal Argentina.
Es una alegría poder poner nuestra mirada y más que la mirada, el corazón de la figura de la Virgen, María, Ella, la mujer fiel. Pensaba en este texto de los “Hechos de los Apóstoles”, cómo después de la resurrección, cuando Jesús sube al cielo, dice, «los discípulos van- lo que conocemos por el cenáculo- íntimamente unidos en oración»”.
Continuando, agregaba, “la oración que es sin duda fruto del creer, porque creemos, rezamos. Una buena pregunta es ver, cómo está nuestra oración, (…). La oración es ese encuentro de hijos confiados con el Dios de la misericordia que nos reveló Jesús. «Los discípulos estaban íntimamente unidos en oración», pero este texto de los “Hechos de los Apóstoles” nos relata algo muy significativo y consolador también, María en medio de ellos”.
Seguidamente, el Obispo señalaba, “es muy lindo pensar que la Virgen María en ese corazón seguramente desgarrado por la muerte de su Hijo, pero también con el gozo de ese rostro seguramente gozoso por ser una mujer creyente, sabía que la cruz, eso que estaba ahí de pie en la cruz no era la última palabra, aunque humanamente se manifestaba o se representaba como un fracaso. Sin embargo, la muerte ha sido vencida con la resurrección de Jesús”.
Profundizando, Mons. Santiago compartía, “y hoy podemos decir que celebrar a la Virgen de Luján, este acontecimiento que vamos transitando hacia los 400 años en el 2030. Recordemos que el año 1630, con ese suceso milagroso de la imagen de la Virgen que quiso quedarse, que se interpretó como una acción de la Providencia, quiso quedarse María a orillas del río Luján.
Y esto que recibió en la cruz María de su hijo Jesús, diciéndole a Juan, «he ahí tu Madre», y a María «mujer, he ahí tu hijo». La Virgen a quien recibimos en nuestra casa, Ella misma, ha querido quedarse, ha querido permanecer en medio de su pueblo a lo largo de todos estos años, las distintas advocaciones que yo repito tanto son justamente esta vocación recibida de la Virgen, vocación que es, llamada, fue llamada a ser la Madre de todos.
Esta vocación María la perpetuó haciéndose rostro moreno, haciéndose parte de su pueblo, queriéndose quedar en medio de su pueblo, en la historia, en los acontecimientos”.
En otro párrafo, el Obispo decía, “Ella está siempre al pie de nuestra vida porque también somos sus hijos, María quiso permanecer y quiso quedarse. Los que amamos y seguimos a Jesús no podemos no amar y seguir a la Virgen, a su Madre fiel, a la llena de Gracia, a la bendita entre todas las mujeres, sabiéndola muy cerca nuestro, íntimamente unida a la Nación, la Virgen presente. En los momentos de la cruz, de enfermedad, de dolor, María está íntimamente unida a nosotros, está al pie de nuestras cruces”.
Finalmente, Mons. Olivera pidió, “que María susurre siempre en nuestros oídos aquello que es clave, porque Ella vivió la voluntad del Padre, «hagan lo que Él les diga». Como comunidad, como país, como Diócesis tenemos la llamada para replantearnos todos, si hacemos lo que Jesús nos dice.
¿Cuánto mejor estaría nuestra Patria? ¿Cuánto mejor estarían nuestras comunidades? ¿Cuánto mejor estaría nuestro Obispado, nuestra Diócesis, nuestras familias, si de verdad escuchamos, vemos, contemplamos y hacemos lo que nos dice el Hijo de María, Jesucristo, el Señor de la historia?”-
HOMILÍA.-























CELEBRACIÓN.-





0 comentarios