MONS. OLIVERA | Mi deseo es, «que toda boca proclame Jesucristo es el Señor», ser puente, instrumento para que la mirada la tengamos en Jesús, así lo expresó el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir la Homilía durante la Santa Misa en acción de gracias en el 42 aniversario de su ordenación sacerdotal. Fue en la mañana de hoy, 18 de septiembre, en la Iglesia Catedral Castrense, Stella Maris en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, recordamos y damos gracias por un día como hoy, pero de 1984 Mons. Santiago, era ordenado Sacerdote por Monseñor Laguna en la Catedral de Morón.
Presidió la celebración Eucarística, Mons. Santiago Olivera, concelebraron, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Canciller, Padre Carlos Terceiro Muiño, el Capellán Mayor de la Armada, Padre Francisco Rostom Maderna, el Capellán Mayor de FAA, Padre César Tauro, el Capellán Mayor de la GNA, Padre Jorge Massut, el Rector del Seminario Diocesano, Padre Daniel Díaz Ramos, el Rector de la Catedral Castrense, Padre Hernán Vigna y el Capellán Luis Villafañe. Participaron los Diáconos, Carlos Paz, Lucas Garcilazo, seminaristas y fieles castrenses.
El Obispo compartía en la Homilía, “quiero compartirles desde el corazón, la reflexión, que justamente por motivo de mis 42 años de sacerdocio, ya desde el comienzo en la oración Colecta, la primera oración, nos ubica en lo que estamos celebrando, el sacerdocio eterno de Jesús, al cual fui asociado sin mérito mío. Este misterio que el Santo Cura de Ars tenía tan claro en su vida, «me postré consciente de mi nada y me levanté sacerdote para siempre»”.
Seguidamente, decía Mons. Santiago, “el apóstol Pablo, gran apóstol, evangelizador, que providencialmente el Evangelio de hoy nos muestra, justamente, Jesús recorriendo la ciudad, anunciando, predicando la buena noticia, la razón de ser de nuestro ministerio, predicar la buena noticia. Sabemos que hay posibilidad de conversión, de retomar y de acercarnos al camino de Jesús y seguir sus enseñanzas, nos toma toda nuestra vida.
Cuando me ordené sacerdote, también elegíamos un lema, y mi lema sacerdotal está en la parte final de la Lectura que hemos escuchado del apóstol Pablo. En el se lee: «que toda boca proclame que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios su Padre».
Este fue mi deseo pastoral, mi deseo sacerdotal, en todo este tiempo, que cuando he sido ordenado Obispo no se borra, sino que se plenifica ese lema sacerdotal, «que toda boca proclame Jesucristo es el Señor». Esta es la clave justamente, ser puente, instrumento para que la mirada la tengamos en Jesús”.
Más adelante, señalaba el Obispo, “dice el Evangelio, «lo acompañaban los doce apóstoles y también mujeres» que sin duda habían sido agraciadas a recibir dones de Jesús que se han convertido y lo seguían. ¿Qué sería de la Iglesia, qué seríamos de nosotros también sin la ayuda, sin la virtud, sin el rostro, sin el corazón femenino que nos acompaña en nuestra vida?
Escuchamos, «eran cerca de cinco mil hombres sin contar mujeres y niños». Jesús asocia a las mujeres, suma a las mujeres, tenemos un cabal ejemplo extraordinario, María que es asociada al redentor, el Salvador y la propia vocación, el propio llamado, María la perfecta discípula. La tenemos a María con ese rostro femenino que es el rostro de nuestras mujeres que saben ver con ternura lo que falta, como María en Caná. Que tal como María que estuvo al pie de la cruz de su Hijo, tantas mujeres acompañan y están de pie, frente a dificultades, de sus familias, hijos, enfermedades, como el rostro femenino de la mujer”.
Finalmente, Mons. Olivera compartió, “damos gracias al Señor entonces por este camino recorrido, damos gracias por el don de la mujer y la Iglesia, por todo lo que eso implica y renovamos esto que el Señor hizo recorriendo ciudades, pueblos, esto es anunciar en los corazones de nuestro tiempo la buena noticia buena. Buena noticia es anunciar que Dios nos ama, buena noticia es vivir de acuerdo a los principios del Evangelio, la buena noticia es dejarnos transformar de tal manera que mis criterios, mis actitudes, mis sentimientos sean profundamente evangélicos.
Esto es, que predicando el Evangelio en primer lugar sea en nuestra propia vida, como decía el futuro Beato Enrique Shaw, «la mejor manera de predicar el Evangelio es que, pidamos al Señor muchas gracias. Finalmente, agradezco a Mons. Justo Laguna, quién hoy cumpliría 72 años de su ordenación sacerdotal, el fue quien me ordenó Diácono, Sacerdote y Obispo. Como recordé en palabras del Santo Cura de Ars, Mons. Laguna es sacerdote para siempre, así que agradecemos su sacerdocio, también él que fue elegido y hoy se cumplen 72 años de sacerdocio para siempre, el eterno sacerdocio de Jesús, rezamos por él.”.-









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