MONS. OLIVERA | Pidamos a la Virgen que nos renueve el ardor por el rezo del Santo Rosario por la conversión del mundo, que nos avive el deseo de la oración personal y comunitaria

13 mayo, 2026

MONS. OLIVERA | Pidamos a la Virgen que nos renueve el ardor por el rezo del Santo Rosario por la conversión del mundo, que nos avive el deseo de la oración personal y comunitaria, así lo pidió el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir la Homilía durante la celebración Eucarística, en la Basílica de Ntra. Sra. de Luján. A media mañana, 168 Sacerdotes Capellanes llegados de todo el país junto a nuestro Obispo, Mons. Santiago Olivera quienes se encuentran participando del 34° del Clero Castrense, partieron desde la Casa de Retiros, El Cenáculo La Montonera, en la ciudad de Pilar, partieron en peregrinación, rumbo al Santuario de Luján.

A las 11 horas, del miércoles 13 de mayo, día de la Fiesta de Ntra. Sra. del Rosario de Fátima, inició la Santa Misa presidida por Mons. Santiago Olivera y concelebrada por Capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad. El Obispo decía en su Homilía, “es una alegría que podamos venir como peregrinos en el marco de nuestro 34º Encuentro de Clero Castrense, podríamos decir como esta epifanía o manifestación de nuestra realidad eclesial que, durante el año, es presencia a lo largo y ancho del país y aún fuera de nuestra Patria, en la realidad de las misiones de paz o el servicio desplegado en el rompehielos ARA Alte. Irízar y la Fragata ARA Libertad.

Es muy lindo, muy significativo, que por lo menos una vez al año, todos podamos encontrarnos y seguir creando vínculos fraternos en esta misión común que tenemos y que la Iglesia nos confía, para anunciar a Jesucristo. Para estar en medio de nuestro pueblo confiado, anunciando la alegría de ser discípulos de Jesús, para que nuestros fieles conozcan y sigan cada vez más y mejor a Jesucristo y abracen de verdad la fe”.

Profundizando, el Obispo agregó, “en esta vocación y profesión, sin duda, que supone tantas cosas y que la Iglesia justamente pensó la importancia de la vida sacerdotal y ministerial en medio de estos hombres y mujeres que cuidan, que protegen nuestra gente, nuestro pueblo, que asumen no solo cuidar nuestras fronteras, sino también nuestra Patria toda y a cada uno de nosotros. Transitando el año preparatorio para el Jubileo del año que viene, de los 70 años como Iglesia Castrense, en este año de la “Caridad”, ponemos en esta Basílica de Luján nuestra vida Diocesana, la vida de todos los que han pasado antes que nosotros, particularmente y sin duda rezamos en esta Eucaristía por los recientes Capellanes fallecidos, por el Padre Diego Segundo, el Padre Eduardo Fischer y el Padre Gustavo de Majo, pedimos por los tres y damos gracias también por el servicio que han prestado a nuestra Diócesis y también en el caso de las Diócesis territoriales”.

Seguidamente, Mons. Olivera señaló, “la lectura de los “Hecho de los Apóstoles” nos da una clave muy linda, es decir, después de la resurrección, van del Monte de los Olivos a Jerusalén y nos narra que están los apóstoles reunidos, íntimamente unidos.  Y María, está presente y cercana, María de quien hoy decía el Papa León XIV, “es el ícono del misterio”. María una mujer como nosotros, sencilla, pero que dispone de su vida al servicio de Dios y para el servicio de sus hermanos y Ella con la humildad canta justamente esto que repetíamos en el Salmo responsorial «el Señor hizo en mí maravillas, glorifica a Dios». Cada vez que venimos a Luján, cada vez que peregrinamos a la casa de la Madre, de algún modo también con Ella decimos, gloria al Señor porque hizo en Ella maravillas”.

En otro párrafo, el Obispo señalaba, además, “María no solo escuchó la Palabra de Dios y se adhirió a ella, sino que encarnó esa Palabra, encarnó la Palabra de Dios. La Palabra se hizo carne en el sí generoso de María, la Virgen, está presente y cercana.

Y hemos escuchado en el Evangelio, como una vez más la realidad de que Jesús la deja a María como nuestra Madre en nombre de Juan y a María le dice: «ahí está tu hijo», a todos nosotros, esa realidad maternal la Virgen lo va cumpliendo a lo largo y ancho de la historia y en todas las generaciones que la proclamamos feliz.

María se hace color de nuestras razas, se hace historia en nuestros países y las distintas advocaciones, se hace presente en circunstancias difíciles o adversas, de alegría o de dificultades y tristezas. María está presente, María está con nosotros, María nos acompaña y esto sin duda nos llena siempre de confianza”.

Completando, Mons. Santiago dijo, “no puedo dejar de mencionar que, en este día, un 13 de mayo celebramos también y recordamos a la Virgen del Rosario de Fátima, aquella primera aparición en Cova da Iria, Portugal, en 1917 a tres sencillos pastorcitos, no a hombres grandes importantes, no a políticos, no a reyes, no eclesiásticos.

María se presentó ante tres sencillos pastorcitos en estas repetidas apariciones de los días 13 de cada mes, hasta octubre, que se nos invita a la oración. Que se nos invita a la conversión que en un momento histórico estuvo tan unido a la conversión de Rusia y al peligro del comunismo que se extiende, pero que sin duda nos invita a rezar siempre por la conversión”.

Finalmente, Mons. Olivera decía, “pidamos a la Virgen de Luján, pidamos también a María, nuestra Madre, en esta Advocación de Fátima, que nos renueve el ardor por el rezo del Santo Rosario, por la conversión del mundo. Que nos renueve y avive siempre el deseo de la oración personal y comunitaria en la intimidad, en la fraternidad. Que renovemos la certeza que María que está y que permanece y que nos acompañe y estas palabras a Juan Diego, «no soy acaso tu Madre», que resuene mucho en nuestro corazón, en nuestra Patria, en nuestros hermanos y en cada uno de nosotros”.-

Homilía.-

CELEBRACIÓN.-

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