MONS. OLIVERA | Pidamos al Señor que, en este día santo, que nos ayude y nos aumente la fe, así lo expresó el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir la Homilía en la celebración del Jueves Santo. Celebrado en la noche del 2 de abril, en la Parroquia Ntra. Sra. de Luján Castrense, Mons. Santiago presidía el inicio del Triduo Pascual con la Celebración de la Cena del Señor.
Concelebraron, el Rector del Seminario Diocesano, Padre Daniel Díaz Ramos, los Capellanes Mayores de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, de la PSA, Padre Rubén Bonacina, el Administrador Parroquial, Padre Darío Verón, los Capellanes, Padre José Luis Toya, Padre Luis Villafañe. Participaron los Diáconos, Carlos Paz, Gustavo Varela, Lucas Garcilazo, Seminaristas Castrenses y fieles.
Mons. Santiago, decía en la Homilía, “es una alegría que podamos celebrar esta Eucaristía, la Misa que conocemos como “La Cena del Señor” (…). Celebrar en un clima de familia en este inicio del Triduo Pascual, que nos pone la contemplación de los misterios grandes; cuando digo misterio, lo digo también, porque nos podemos aproximar al misterio, pero siempre tendrá ese claro oscuro que, supone la fe. Cada Eucaristía al terminar la Consagración se dicen dos posibilidades, «este es el sacramento de nuestra fe» o «este es el misterio de nuestra fe»”.
Seguidamente, el Obispo señalaba, “cuando escuchamos la Primera Lectura, -y la guía bien decía, que-, la Eucaristía o los signos que hoy estamos celebrando tienen su fundamento en el Antiguo Testamento, habiendo descubierto y vivido el pueblo judío la liberación de la esclavitud. El pueblo judío ha celebrado en estos días el Pésaj, justamente la liberación de la esclavitud y han descubierto justamente el amor de Dios que los ha rescatado, que los ha liberado y los celebran en un clima de familia.
Y terminaba el Libro del Éxodo, «este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo por una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua»”.
Completando, Mons. Olivera dijo, “y esto estamos actualizando, esto nosotros estamos también renovando, es la antigua alianza de un Dios que ama a su pueblo, pero sabemos que Jesús con su muerte, con su vida, con su encarnación, con su muerte y obviamente con su resurrección, nos actualizó la alianza que conocemos como Nueva Alianza. Un Dios que es fiel y ama siempre”.
En otro párrafo, el Obispo agregaba, “desde el inicio de la encarnación sabemos que tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo para salvarnos, para rescatarnos, para redimirnos. Tenemos que pedirle entonces al Señor siempre, que no frustremos su redención de nuestras vidas, que podamos vivir en comunión con Él, que abrazar la fe supone seguir sus caminos, seguir sus huellas”.
Avanzando, Mons. Santiago señalaba, “la Iglesia celebra hoy, en este Jueves Santo, tres instituciones íntimamente unidas, celebramos la institución de la Última Cena, la institución de la Eucaristía, como decía “este misterio de nuestra fe”.
¿Cómo puede ser que el Señor se haga comida y se haga alimento, se haga viático para nosotros? «Aquel que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida, yo soy el pan de vida», dijo Jesús y nuestra fe, por lo tanto, supone justamente entender esta verdad hondamente”.
Seguidamente, el Obispo compartía, “en esta celebración de la Eucaristía también recordamos la institución del sacerdocio, los sacerdotes están llamados -y esta podríamos decir, es la razón de ser más importante-, a hacer la Eucaristía. Somos otros Cristos, sin mérito nuestro porque Él quiso elegirnos desde el pueblo, para servir a nuestro pueblo, haciendo presente este memorial de la Eucaristía. Y lo decimos siempre en nombre de Jesús, tomando su propia vida, como Cristo cabeza, «tomen y coman este es mi Cuerpo, tomen y beban esta es mi Sangre», (…)”.
Finalmente, Mons. Olivera subrayó, “hemos escuchado en el Evangelio de San Juan, el relato del lavatorio de los pies, un signo que nos habla de la realidad, de un mandato de Jesús «¿Han visto esto? Hagan ustedes lo mismo». El servir de Jesús que no fue con palabras obviamente, sino que entregó toda su vida (…).
Cada Jueves Santo tenemos que preguntarnos sobre nuestra actitud de servicio, que es obviamente no lavar los pies, pero sí, servir al hermano, acompañar al hermano, preocuparnos por la vida del hermano hacernos cargo por la vida del hermano, servir a todos, servir siempre, porque es el corazón de Jesús un amor que ama sin límite, un amor que amo hasta el fin. Pidamos al Señor que, en este día santo, que nos ayude y nos aumente la fe (…)”.-
HOMILÍA.-





























CELEBRACIÓN.-





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