MONS. OLIVERA | Pidamos al Señor que nuestra familiaridad con la Palabra nos comprometa a rumiar el Evangelio, así lo pidió el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir la homilía en el Domingo del Buen Pastor. Fue en la mañana del 26 de abril, al presidir la Santa Misa en la capilla del Seminario San Juan de Capistrano y Santo Cura Brochero, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
Ese día, durante la celebración eucarística, Mons. Santiago Olivera instituyó en el Ministerio del Lectorado a los seminaristas castrenses Martín Monsalva y José Romero. Concelebraron el vicario general, Mons. Gustavo Acuña; el rector del Seminario Diocesano, padre Daniel Díaz Ramos; el capellán mayor de la Armada Argentina, padre Francisco Rostom Maderna; el capellán mayor de la Fuerza Aérea Argentina, padre César Tauro; el capellán mayor de la GNA, padre Jorge Massut; el rector de la Catedral Castrense Stella Maris, padre Hernán Vigna, y capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad.
Participaron los diáconos Gustavo Varela y Lucas Garcilazo, junto a seminaristas y fieles castrenses. Mons. Santiago nos compartía en la homilía: “es una alegría que podamos celebrar en un clima de familia el Domingo del Buen Pastor, cuarto domingo del tiempo de la Pascua. Y en este día, donde van a recibir el ministerio del Lectorado los seminaristas Martín y José.
Ministerio que los va preparando en el camino al sacerdocio y que la Iglesia, con total sabiduría, va poniendo como ítem, como mojones justamente para profundizar en la Palabra. No solo para proclamar o hacer lo propio de un lector, es también para ayudar a los ministros a la predicación, a la organización, a preparar el corazón; sino también preparar el propio corazón para que la Palabra vaya anidando, se vaya rumiando en el corazón de cada uno”.
Continuando, el Obispo decía: “Providencialmente, el mensaje del Papa León (ver nota al pie), con motivo de la 63.ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, nos ilustra el tema de la Palabra. El Papa nos invita a pensar la vocación; entonces, pienso en su mensaje, por una parte, hablándonos a nosotros como Iglesia, a todos, a crear un clima propicio para que se pueda vivir la intimidad, la familiaridad, la vida interior como un proceso para descubrir a Jesús, el Buen Pastor. Y hace una mención el Santo Padre: más que el Buen Pastor, que sin duda lo es, se refiere al Pastor bello, el Pastor perfecto, el Pastor entregado”.
Agregó Mons. Olivera: “(…) los santos, además de configurarse con Cristo y ser buenos pastores, muchos de ellos son bellos porque viven justamente la integridad y la unidad de la vida. Cuando yo era obispo en Cruz del Eje y estaba en tierra del Santo Cura Brochero, a mí me gustaba resaltar del hoy santo que de él se decía: ‘el buen pastor, que era bastante feo’; él mismo se describía así y hacía bromas de su fealdad.
Sin embargo, yo decía —y tuve la gracia de experimentarlo—: es un feo lindo; como podríamos decir en el lenguaje de Dios, es un feo bello. Lo es justamente porque vivió con interioridad el encuentro con Jesús, vivió todo un proceso que comenzó en su tiempo del seminario, con ese deseo de llevar, cuando era párroco, los ejercicios espirituales, que es el encuentro con Jesús, la vida interior, la familiaridad con el Maestro”.
En otro párrafo, Mons. Santiago señalaba: “dice el Libro de los Hechos de los Apóstoles que «los que escuchaban a Pedro se conmovieron». Conmoverse y que arda el corazón son dos actitudes interiores que nos hacen empáticos con el Evangelio y no son del tiempo pasado, sino que son de nuestro tiempo; tendríamos que preguntarnos entonces, verdaderamente, si nuestro corazón arde cuando escuchamos la Palabra, cuando celebramos los sacramentos”.
Completando, el Obispo continuó diciendo: “le preguntan también a Pedro en los Hechos de los Apóstoles: ‘¿Qué debemos hacer?’, cuando se conmueven ante la predicación. Da tres claves: convertirse, bautizarse y actitudes personales, respuestas ante la predicación: «Aquel que crea, que se convierta».
Convertirnos, que no es solo convertirnos del pecado, sino convertirnos a vidas mejores, a vidas más profundas, a vidas más comprometidas, a vidas más coherentes; convertir nuestro corazón, nuestra inteligencia a los pasos del Evangelio. Y el bautismo como signo de la conversión que nos hace nuevas criaturas, existencias nuevas, hijos de Dios; recibiendo así, con la conversión y el bautismo, el don del Espíritu, la configuración más perfecta con Jesús”.
Finalmente, Mons. Olivera compartió: “pidamos esta gracia al Señor: que siempre nuestra familiaridad con la Palabra, con la cual hoy José y Martín van a recibir este ministerio que los compromete a rumiar el Evangelio, a rumiar la Palabra de Dios, para que podamos vivir una vida fecunda, para hacer de esa Palabra la vida de cada día. Que podamos ser comunidades de silencio, de intimidad, favoreciendo a nuestros jóvenes a que den respuestas generosas, porque supieron descubrir desde el interior del corazón la grandeza de Jesús, la grandeza de seguirlo, la grandeza de querer configurarnos con Él”.-



























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