MONS. OLIVERA | Que la venia a nuestra Madre Comandante y Generala salga muy desde el corazón para venerarla en verdad, haciendo lo que su Hijo nos pide

16 octubre, 2025

MONS. OLIVERA | Que la venia a nuestra Madre Comandante y Generala salga muy desde el corazón para venerarla en verdad, haciendo lo que su Hijo nos pide, así lo pidió el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir la Homilía en la celebración de la Santa Misa, en la XXII Peregrinación Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al Santuario de Luján. Fue en la media mañana del jueves 16 de octubre, en la Basílica de Ntra. Sra. de Luján hasta donde el Obispo Peregrinó junto a los efectivos de las Fuerzas Armadas, Fuerzas Federales de Seguridad presentes en la región y las familias de los fieles castrenses.

Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, concelebraron el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Canciller, Padre Carlos Terceiro Muiños, el Rector del Seminario Diocesano, Padre Daniel Díaz Ramos, los Capellanes Mayores de Armada Argentina, Francisco Rostom Maderna, de la Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, de la GNA (Gendarmería Nacional Argentina), Padre Jorge Massut, de la PNA (Prefectura Naval Argentina), Padre Diego Tibaldo, de la PSA (Policía de Seguridad Aeroportuaria), Padre Rubén Bonacina, el Capellán Mayor de SPF (Servicio Penitenciario Federal), Padre Francisco Fernández y Capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad.  Participaron, el Sr. Secretario de Culto y Civilización, Embajador Nahuel Sotelo Larcher, el Jefe del Estado Mayor Conjunto, Brigadier General Xavier Julián Isaac, el Subjefe del Estado Mayor del Ejercito Argentino, General de División, Carlos Carugno, el Subjefe del Estado Mayor General de la Armada Argentina, Vicealmirante, Marcelo Flamini, el Secretario General de GNA, Carlos Fernández, en representación de PNA el Prefecto General, Aníbal Moya, el Sub Jefe, Oficial Inspector de la PSA, Comisario Mayor, Ángel Vera y el Comisionado Mayor, Eliana Manzanares, el Director General de la Secretaria General PFA, Comisario Inspector, Rodrigo Segovia, Agregados Militares de Chile, Auxiliar de Agregaduría Militar, Suboficial Luis Vázquez Martínez, Agregado Aéreo, Coronel Jaime Fernández Muñoz, Auxiliares de Agregaduría Aérea, Sargento Primero, Ariel Cid Troncoso y Cabo Primero, Patricio Ríos Tudela, el Sr. Intendente de la ciudad de Luján, Sr. Leandro Boto, peregrinos y fieles castrenses.

Luego de saludar a los presentes, el Obispo decía en su Homilía, un 7 de octubre de 2003, Monseñor Baseotto, tercer Obispo Castrense, vio con acierto pastoral que era importante que, como Obispado Castrense, la gran familia de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad a nosotros confiados, peregrinemos a la Basílica de Luján, Patrona de nuestra Patria y también Patrona de nuestro Obispado y de la Gendarmería Nacional. Él decía que estábamos viviendo tiempos difíciles y en esa coyuntura quiso poner bajo la protección maternal de María, nuestra Patria, nuestras Fuerzas y sus respectivas familias”.

Continuando, Mons. Santiago agregó, hemos peregrinado a la Casa de Nuestra Madre, por tanto, sin equivocarnos podemos decir “hemos venido a nuestra casa” cada Fuerza con su identidad y misión, cada uno de nosotros con nuestra situación personal, con nuestras intenciones y necesidades, con nuestros temores y con nuestras alegrías y tristezas. Venimos a casa”.

Avanzando, el Obispo señaló, este año Jubilar Universal somos iluminados por la esperanza, en coincidencia con nuestro camino hacia al Año Jubilar Diocesano del 2027. Nuestro camino de fe y de esperanza, sin duda que está unido de manera indisoluble a María. Jesús, muriendo en la cruz, nos la dejó como Madre: “He ahí a tu madre”. En el momento más importante donde Jesús nos “revela claramente, su “amor hasta el extremo” nos deja el testamento más importante, nos deja a María, su Madre. Y María se tomó bien en serio este regalo de su Hijo a los demás hijos suyos que en Juan recibía”.  

En otro párrafo, Mons. Olivera decía de nuestra Madre de Luján, a ella confiamos nuestro itinerario de fe y esperanza, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz. Virgen de Luján, hoy con mucha alegría y gratitud participaremos del momento que serás reconocida con los atributos pertinentes, aquí en tu casa, pero en todo lugar donde se encuentre la Gendarmería Nacional como Comandante y Generala. Agradecemos a las autoridades Nacionales, a la Presidencia, al Ministerio de Seguridad y particularmente a los hombres y mujeres de la Gendarmería con su jefe y comandante a la cabeza abrazaron esta propuesta y la pudieron concretar. Gracias de corazón”.

Profundizando, continuó diciendo el Obispo Castrense, “ante este momento importante que vamos a vivir, no puedo dejar de compartirles aquella expresión de María en las Bodas de Caná, adelantando la “hora” de su Hijo, cuando le dice a los Sirvientes: “Hagan lo que él les diga”. Jesús nos anima a cumplir lo que nos dijo y dice.  Nuestra Generala, como la tenemos también en otras fuerzas como la máxima autoridad nos dirá siempre que hagamos, esto es, que vivamos las enseñanzas de Jesús. En nuestra Patria, todos, gobernantes y pueblo estamos llamados a vivir el Evangelio del Amor. El Amor debe ser siempre el punto de partida y compañero de camino para todo proyecto, para cualquier vocación, “porque si no tengo amor, nada sirve, no soy nada” (1 Corintios 13,3). Que la venia a nuestra Madre Comandante y Generala salga muy desde el corazón para venerarla en verdad, haciendo lo que su Hijo nos pide”.

Finalmente Mons. Santiago recordó, “antes de terminar quisiera hacer mención que hace nueve años, un día como hoy, en Roma fue canonizado el Santo Cura Brochero, su madre le dijo antes de entrar al Seminario: “Dios y la Patria cuentan contigo hijo, no los defraudes”, pidamos ante esta memoria agradecida, nosotros hombres y mujeres al Servicio de la Patria que en nada la defraudemos.

Encomendamos este camino del Siervo de Dios venerable Enrique Shaw, padre familia, pero también casi 10 años, miembro de la Armada Argentina y del Siervo de Dios Argentino del Valle Larrabure, cuya causa estamos concluyendo y Dios mediante en diciembre llegará a Roma, para gloria de Dios, puedan ser ambos beatificados y luego canonizados.  Nuestro Pueblo, ama a María, nuestros fieles castrenses aman a María en sus distintas advocaciones, (…). Que María nos bendiga a nosotros y a toda nuestra Patria, (…)”.

Al concluir la Homilía el Capellán Mayor de GNA, Padre Massut procedía a la lectura del Decreto 675/2025 el cual reconoce a Ntra. Sra. de Luján, como Comandante Generala de la GNA (Gendarmería Nacional Argentina). Seguidamente, dos efectivos de la Fuerza Federal de Seguridad acercaron hasta al altar el Bastón de mando y la Insignia que luego de ser bendecidas por Mons. Santiago Olivera, el Secretario General de GNA, Comandante General Carlos Fernández y el Comandante Mayor, Ariel Paniagua entregaron a Nuestra Madre de Luján sus atributos.   

Homilía.-

Fotos gentileza GNA.

Lectura de Decreto 675/2025 y Bendición de Bastón e Insignia de mando de Ntra. Sra. de Luján, Comandante y Generala de la GNA

A continuación, compartimos en forma completa la Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad:

XXII PEREGRINACIÓN DIOCESANA A LUJAN

16 de octubre de 2025

LUJAN, Peregrinos de Esperanza       

            Un 7 de octubre de 2003, Monseñor Baseotto, tercer Obispo Castrense, vio con acierto pastoral que era importante que, como Obispado Castrense, la gran familia de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad a nosotros confiados, peregrinemos a la Basílica de Luján, Patrona de nuestra Patria y también Patrona de nuestro Obispado y de la Gendarmería Nacional. Él decía que estábamos viviendo tiempos difíciles y en esa coyuntura quiso poner bajo la protección maternal de María, nuestra Patria, nuestras Fuerzas y sus respectivas familias.

Hoy quisiera en nombre de todos recordar a Monseñor Antonio Juan Baseotto que este 26 de mayo vivió su Pascua. Aquí en Luján, damos gracias por su vida y su servicio, y damos gracias también por su sufrimiento que, sin duda, ha sido fecundo.  Rezamos por Monseñor especialmente.

Y también podemos decir como él que estamos viviendo también tiempos difíciles, pero los cristianos sabemos que estos difíciles tiempos son tiempos de pruebas, de oportunidades y desafíos, tiempos de renovación espiritual para animarnos a crecer en la fraternidad, en la amistad social, buscando y trabajando para hacer presente la cultura del Encuentro que tantas veces nos lo recordaba el Santo Padre Francisco, por el cual rezamos ya que no sólo fue el Santo Padre que el Señor  y la Iglesia eligieron en 2013 sino que fue Administrador Apostólico de nuestro Obispado, y fue llamado a la Casa del Padre el 21 de abril de este año.

 Hemos peregrinado a la Casa de Nuestra Madre, por tanto, sin equivocarnos podemos decir “hemos venido a nuestra casa” cada Fuerza con su identidad y misión, cada uno de nosotros con nuestra situación personal, con nuestras intenciones y necesidades, con nuestros temores y con nuestras alegrías y tristezas. Venimos a casa. Y como sabemos y quizá lo hayamos experimentado hemos venido en nombre de muchos que por diversos motivos no han podido sumarse físicamente, rezamos por todos, pero, particularmente queremos rezar por los que, más allá de cualquier contexto histórico, ancianos y enfermos sufren injusticias. Por sus familias y por sus camaradas y amigos.

Madre, nosotros tus hijos venimos “peregrinando” a este Santuario de María de Luján, pero gracias a las Autoridades de las fuerzas se realizan en el marco de estos días a lo largo y ancho del País donde las fuerzas también peregrinan a Santuarios significativos de nuestra Patria y ponemos nuestras vidas, en primer lugar, deseando y avivando el deseo de vivir según el querer de tu Hijo Jesús.

Este año Jubilar Universal somos iluminados por la esperanza, en coincidencia con nuestro camino hacia al Año Jubilar Diocesano del 2027.

Nuestro camino de fe y de esperanza, sin duda que está unido de manera indisoluble a María. Jesús, muriendo en la cruz, nos la dejó como Madre: “He ahí a tu madre”. En el momento más importante donde Jesús nos “revela claramente, su “amor hasta el extremo” nos deja el testamento más importante, nos deja a María, su Madre. Y María se tomó bien en serio este regalo de su Hijo a los demás hijos suyos que en Juan recibía. En aquella hora en la que la fe de los discípulos pasaba por distintas pruebas e incertidumbres reciben a aquella “Mujer” que fue la primera en creer, y cuya fe no decaería jamás.  Reciben en esos difíciles momentos a la Mujer del Si, sin vacilaciones, a la Mujer fuerte, a la Mujer dócil.

La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras.

 A ella confiamos nuestro itinerario de fe y esperanza, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz.

Virgen de Luján, hoy con mucha alegría y gratitud participaremos del momento que serás reconocida con los atributos pertinentes, aquí en tu casa, pero en todo lugar donde se encuentre la Gendarmería Nacional como Comandante y Generala. Agradecemos a las autoridades Nacionales, a la Presidencia, al Ministerio de Seguridad y particularmente a los hombres y mujeres de la Gendarmería con su jefe y comandante a la cabeza abrazaron esta propuesta y la pudieron concretar. Gracias de corazón.

 Ante este momento importante que vamos a vivir, no puedo dejar de compartirles aquella expresión de María en las Bodas de Caná, adelantando la “hora” de su Hijo, cuando le dice a los Sirvientes: “Hagan lo que él les diga”. Jesús nos anima a cumplir lo que nos dijo y dice.  Nuestra Generala, como la tenemos también en otras fuerzas como la máxima autoridad nos dirá siempre que hagamos, esto es, que vivamos las enseñanzas de Jesús. En nuestra Patria, todos, gobernantes y pueblo estamos llamados a vivir el Evangelio del Amor. El Amor debe ser siempre el punto de partida y compañero de camino para todo proyecto, para cualquier vocación, “porque si no tengo amor, nada sirve, no soy nada” (1 Corintios 13,3). Que la venia a nuestra Madre Comandante y Generala salga muy desde el corazón para venerarla en verdad, haciendo lo que su Hijo nos pide.

En la Cruz, Jesús nos dejó a María.

Y quiero volver a compartirles las palabras del Beato Eduardo Pironio, cuyos restos mortales descansan en este lugar santo, porque ilumina nuestra hora, nuestro compromiso, nuestro hoy:

            “Yo quisiera mis hermanos, que comprendiéramos que también nosotros tenemos una hora, y que esta hora es la nuestra, que tenemos que comprenderla bien, que tenemos que amarla con intensidad y que tenemos que vivirla con generosidad. 

            ¡Esta hora nuestra! Esta hora nuestra, así como se da; esta hora nuestra con todos sus riesgos y oscuridades, también con todas sus posibilidades y esperanzas; esta hora tan difícil y dura; esta hora tan rica y tan llena de Dios. Esta hora en la cual el Señor me está pidiendo absolutamente todo.

            Es la hora en que pareciera que todo se quiebra y se despedaza, en que pareciera que el amor mismo ha muerto entre los hombres, en que la injusticia se ha apoderado del corazón de los mortales. Es en esta hora donde yo, cristiano, tengo que poner un poco más de la Luz de la Verdad. Esta hora en la cual yo tengo que plantar la justicia y ser realmente hacedor de la paz en la justicia. Es la hora en que yo tengo que comprometerme, muriendo todos los días un poco y a amar de veras a mis hermanos.[1]

Por último, quisiera también compartirles unas breves palabras que el Santo Padre Francisco nos compartió en el Jubileo de las Fuerzas Armadas, Policías y Cuerpos de Seguridad el 9 de febrero de este año:

Hermanos y hermanas, esta palabra de esperanza nos acompaña hoy, mientras celebramos el Jubileo de las Fuerzas armadas, Policía y Cuerpos de seguridad, a quienes agradezco su servicio, saludando a todas las autoridades presentes, a las asociaciones y a las academias militares, como también a los Obispos castrenses y a los capellanes. A ustedes se les confía una gran misión, que abarca múltiples dimensiones de la vida social y política: la defensa de nuestros países, el compromiso por la seguridad, la custodia de la legalidad y la justicia, la presencia en las penitenciarías, la lucha contra la criminalidad y las diferentes formas de violencia que amenazan con alterar la paz social. Y recuerdo también a cuantos ofrecen su importante servicio en las catástrofes naturales, por el cuidado de la creación, por el rescate de las vidas en el mar, por los más frágiles, por la promoción de la paz.

También a ustedes el Señor les pide que hagan como Él: ver, subir, sentarse. Ver, porque están llamados a tener una mirada atenta, que sepa captar las amenazas al bien común; los peligros que se ciernen sobre la vida de los ciudadanos; los riesgos ambientales, sociales y políticos a los que estamos expuestos. Subir, porque sus uniformes, la disciplina que los ha forjado, la valentía que los distingue, el juramento que han hecho, son todas cosas que les recuerdan qué importante es no sólo ver el mal para denunciarlo, sino también subir a la barca durante la tormenta y comprometerse para que no haya un naufragio, con una misión al servicio del bien, de la libertad y de la justicia. Y, por último, sentarse, porque la manera en la que ustedes están presentes en nuestras ciudades y en nuestros barrios, el estar siempre de parte de la legalidad y de parte de los más débiles es para todos nosotros una lección. Esto nos enseña que el bien puede vencer a pesar de todo; nos enseña que la justicia, la lealtad y la pasión civil hoy siguen siendo valores necesarios; nos enseña que podemos crear un mundo más humano, más justo y más fraterno, a pesar de las fuerzas contrarias del mal.

Y en esta tarea, que abarca toda la vida, también están acompañados de los capellanes, una presencia sacerdotal en medio de ustedes… Ellos están en medio de ustedes como presencia de Cristo, que quiere acompañarlos, ofrecerles escucha y cercanía, animarlos a remar mar adentro y sostenerlos en la misión que llevan adelante cada día. Ellos caminan con ustedes como apoyo moral y espiritual, ayudándoles a desempeñar sus cargos a la luz del Evangelio y al servicio del bien.

Queridos hermanos y hermanas, les agradecemos cuanto hacen, en ocasiones arriesgando sus propias vidas. Gracias porque, subiendo sobre nuestras barcas en peligro, nos ofrecen su protección y nos alientan a seguir nuestra travesía. Pero también quisiera exhortarlos a no perder de vista el fin de su servicio y de sus acciones: promover la vida, salvar la vida, defender la vida siempre. Les pido, por favor, que vigilen. Vigilen contra la tentación de cultivar un espíritu de guerra; vigilen para no ser seducidos por el mito de la fuerza y el ruido de las armas; vigilen para no contaminarse nunca por el veneno de la propaganda del odio, que divide el mundo en amigos a los que defender y enemigos a los que combatir. Sean, en cambio, testigos valientes del amor de Dios Padre, que quiere que seamos todos hermanos. Y, juntos, caminemos para construir una nueva época de paz, de justicia y de fraternidad.

Estas Palabras sirvan también de homenaje y gratitud a nuestro Papa Francisco, que valora, agradece, envía y entusiasma sobre nuestra vocación y misión.

Y con Palabras del Papa León XIV Respondemos a su invitación, él nos propone durante este mes de octubre, tradicionalmente dedicado a la devoción Mariana del rezo del Santo Rosario, pidiendo especialmente por la paz en el mundo.

Nos decía: “Todos unidos, perseverantes y con un mismo sentir, no nos cansamos de interceder por la paz, don de Dios que debe convertirse en nuestra conquista y nuestro compromiso”

Antes de terminar quisiera hacer mención que hace nueve años, un día como hoy, en Roma fue canonizado el Santo Cura Brochero, su madre le dijo antes de entrar al Seminario: “Dios y la Patria cuentan contigo hijo, no los defraudes”, pidamos ante esta memoria agradecida, nosotros hombres y mujeres al Servicio de la Patria que en nada la defraudemos.

Encomendamos este camino del Siervo de Dios venerable Enrique Shaw, padre familia, pero también casi 10 años, miembro de la Armada Argentina y del Siervo de Dios Argentino del Valle Larrabure, cuya causa estamos concluyendo y Dios mediante en diciembre llegará a Roma, para gloria de Dios, puedan ser ambos beatificados y luego canonizados.

Nuestro Pueblo, ama a María, nuestros fieles castrenses aman a María en sus distintas advocaciones, como Nuestra Señora de Luján, donde hemos llegado hoy, Patrona de nuestra Diócesis y de la Gendarmería, Nuestra Señora de la Merced, Patrona del Ejército, Nuestra Señora de Stella Maris, Patrona de la Armada y Prefectura, Nuestra Señora de Loreto Patrona de la Fuerza Aérea y Nuestra Señora del Buen Viaje, Patrona de la Policía de Seguridad Aeroportuaria  , sumamos con gozo a la Patrona de la Penitenciaría la Virgen del Carmen y Policía Federal Argentina en la advocación también de nuestra Señora de Luján.

Que María nos bendiga a nosotros y a toda nuestra Patria, a los que estamos aquí y a los que nos siguen por los distintos medios de comunión como son los medios de comunicación. 


[1] Jueves Santo, 1971

Celebración.-

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