MONS. OLIVERA | Te pedimos, Señor, por nuestra Nación, que el ejemplo de servicio de Nicolás y Marco Avellaneda nos mueva a renovar nuestro compromiso con la paz y la justicia, así lo pidió el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad de Argentina. El ruego fue compartido en la jornada del viernes 3 de octubre, en el acto en memoria de los ilustres Nicolás y Marco Avellaneda celebrado en el Cementerio de La Recoleta, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
Organizado por el Instituto Histórico Nicolás Avellaneda en el día en que se conmemora el 188° aniversario del nacimiento de quien fuera ex Presidente de la República Argentina. Nicolás Remigio Aurelio Avellaneda, había nacido el 3 de octubre de 1837 en la provincia de Tucumán, siendo electo Presidente en 1874, fue abogado, periodista y político argentino.
Marco Avellaneda, nacido en Catamarca el 18 de junio de 1813, fue gobernador de Tucumán y padre del Presidente Nicolás Avellaneda, fallecía un 3 de octubre de 1841, recordándose hoy 184 años de aquel momento. Es de destacar que Marco y Nicolás Avellaneda pertenecen a la familia de nuestro Obispo, siendo tatarabuelo y tío bisabuelo respectivamente de Mons. Santiago Olivera.
En el acto que contó una Guardia de Honor del Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, la presencia de autoridades e invitados especiales, entre los homenajes se hizo una ofrenda de laureles por parte del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del propio Instituto Histórico Nicolás Avellaneda y se recitó la Oración a la Bandera creado por Nicolás Avellaneda. Mons. Santiago, al momento de compartir la invocación religiosa rezaba, “te damos gracias, Padre, por la vida de Nicolás, un hombre que, desde la luz de su fe católica, abrazó la alta y compleja vocación del servicio público.
Que su paso por los cargos de la República, desde la cátedra hasta la Presidencia, haya sido un instrumento de tu providencia para la construcción y la unión de nuestra Nación en un momento crucial de su historia”. Completando, invocaba, “te pedimos, Señor, por nuestra Nación. Que el ejemplo de servicio de estos hombres nos mueva a renovar nuestro compromiso con la paz y la justicia”.






A continuación, compartimos en forma completa la invocación religiosa de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad:
Oración por Nicolás Avellaneda y su Padre Marco Avellaneda
(En el Mausoleo del Cementerio de la Recoleta)
Señor, Dios de la Historia, rezamos ante Ti en este lugar de memoria que custodia los restos de dos servidores de nuestra Patria: Marco Avellaneda, que luchó por los ideales de libertad en tiempos de profundo dolor, y su hijo, Nicolás Avellaneda, quien fue Presidente de la Nación Argentina.
Te damos gracias, Padre, por la vida de Nicolás, un hombre que, desde la luz de su fe católica, abrazó la alta y compleja vocación del servicio público. Que su paso por los cargos de la República, desde la cátedra hasta la Presidencia, haya sido un instrumento de tu providencia para la construcción y la unión de nuestra Nación en un momento crucial de su historia.
Oramos por Marco Avellaneda, cuya vida fue marcada por las pruebas de la historia y el testimonio de sus convicciones. Que la ofrenda de su vida haya sido fecunda para el bien de nuestra tierra.
Con la fe inquebrantable en tu Hijo Jesucristo, que nos ofrece la más firme de las esperanzas al decir: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá» (Juan 11, 25), confiamos en que tu infinita misericordia ha acogido sus almas. Que el amor que tuvieron por la Patria sea para Ti la mejor ofrenda.
Te pedimos, Señor, por nuestra Nación. Que el ejemplo de servicio de estos hombres nos mueva a renovar nuestro compromiso con la paz y la justicia.
Que este lugar, que custodia sus restos mortales, los devuelva glorificados en el día de la resurrección, cuando veamos tu rostro y seamos saciados de tu bondad.
Dale, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.
ORACIÓN A LA BANDERA
Del Presidente Avellaneda
Esta bandera es, sobre todo, la bandera de la
Nación, y pueblos compuestos por millones y millones
de hombres libres, seguirán inclinando la frente a su
paso hasta la terminación de los siglos. Levantemos
los corazones para saludarla en su heroísmo de ayer,
en su noble simplicidad de hoy y en su futura y
portentosa grandeza. Vamos ahora a cobijarnos todos
bajo sus pliegues y pidámosle que calme las pasiones
rencorosas, que haga brotar a su sombra la virtud del
patriotismo, como en otro tiempo el laurel del
guerrero, y que conduzca a su pueblo por la paz, por
el honor, por la libertad laboriosa, hasta ponerlo en
posesión de sus destinos que le fueron prometidos
por Belgrano al extenderla, victoriosa, sobre su cuna.




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