MONS. OLIVERA | Vistamos nuestros hogares, lugares de trabajo, instituciones, calles de los sentidos adornos que nos llevan a recordar, en las preocupaciones propias de cada día, que estamos transitando un tiempo nuevo y renovador

7 diciembre, 2025

MONS. OLIVERA | Vistamos nuestros hogares, lugares de trabajo, instituciones, calles de los sentidos adornos que nos llevan a recordar, en las preocupaciones propias de cada día, que estamos transitando un tiempo nuevo y renovador, así lo pedía el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad al compartir su mensaje en la edición N° 168 del boletín semanal de la Diócesis, Orillando el Encuentro. Mons. Santiago Olivera, se refirió a la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, citando al Papa Francisco nos compartía su carta Apostólica, Admirabile signum n1, «el hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración.

La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría».

Completando, nos decía el Obispo, “me animo a seguir pidiendo que, en nuestras familias, podamos hacer lo mismo, cuando armemos nuestros pesebres. Pido a cada capellán, tenga esa misma iniciativa y creatividad, para los lugares de misión que le es confiado. Se pueda promover y favorecer el armado de los pesebres y se invite- al estilo de las invocaciones religiosas- a una celebración, según las posibilidades. Sigamos animando el sentido de la Navidad, en este tiempo de Adviento, asumamos, todos los bautizados, su sentido pleno y profundo, la Navidad es Jesús”.

A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad:

Querida Comunidad Diocesana:

El próximo 8 en el día de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, conservamos la valiosa costumbre del armado del Pesebre junto al árbol de Navidad.

“El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.”  [Carta apostólica “Admirabile signum” n1].

Quería volver a recordar estas palabras del Papa Francisco, que expresan con mucha claridad, lo que es para nuestra fe, este gesto del armado del Pesebre.

En muchos hogares, es un motivo de reunión y plegaria, una paraliturgia familiar, podríamos decir: el gesto de armar esos signos que nos hablan, y nos van introduciendo, de a poco, en la Navidad. Asumen esa tarea, no como un decorado banal, sino cargado con un gran sentido religioso. El contemplar cada figura, los “transporta” al primer Belén. A desear ver con los ojos de los testigos privilegiados de esa noche, a experimentar lo que ellos experimentaron y a dejar que cale hondo en el corazón, como les pasó a ellos.

Se hace rezando una oración, expresando intenciones, dando gracias, cantando.

Me animo a seguir pidiendo que, en nuestras familias, podamos hacer lo mismo, cuando armemos nuestros pesebres. Pido a cada capellán, tenga esa misma iniciativa y creatividad, para los lugares de misión que le es confiado. Se pueda promover y favorecer el armado de los pesebres y se invite- al estilo de las invocaciones religiosas- a una celebración, según las posibilidades.

Sigamos animando el sentido de la Navidad, en este tiempo de Adviento, asumamos, todos los bautizados, su sentido pleno y profundo, la Navidad es Jesús.

Vistamos nuestros hogares, lugares de trabajo, instituciones, calles, de los sentidos adornos que nos llevan a recordar, en las preocupaciones propias de cada día, que estamos transitando un tiempo nuevo y renovador. Un tiempo de espera y preparación.

Mi paternal bendición en Jesús, que ha venido, viene y vendrá; y en su Madre, la Virgen María y su esposo San José.

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