Novena al Espíritu Santo, quinto día

18 mayo, 2021

Es el Espíritu Santo que, con gemidos inefables, nos ayuda a decirle a Dios, “Abba, Padre,” a rezar, es quien nos sostiene, nos anima y es el Espíritu Santo, que es Presencia hasta el fin de los tiempos, de la promesa de Jesús, «Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo».”[1]

+En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

PEDIMOS POR LA GENDARMERÍA NACIONAL, que forman parte de nuestra Diócesis y les pedimos a nuestros amigos que se suman a esta novena, también se sumen a esta intención. PEDIMOS TAMBIÉN, POR TODOS LOS DOCENTES DE NUESTRA PATRIA. Recibamos, todos, el don del Espíritu que nos anime en el SERVICIO y la CERTEZA DE QUE DIOS NOS CUIDA.

Invocación al Espíritu Santo:

Ven, Espíritu Santo, Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu. Que renueve la faz de la Tierra.

Oración: Oh Dios, que llenaste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; concédenos que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos con rectitud y gocemos siempre de tu consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

(Podemos escuchar la canción “Ven, Espíritu Santo Creador”)

Espíritu de Vida, que nos has dado la Palabra Divina para luz y guía de nuestras vidas, ven en nuestro auxilio para poder gustar- como un encuentro de Amor- el encuentro orante con la Palabra de hoy.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 3, 21- 22

Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección». Palabra del Señor

(Breve silencio y vamos releyendo- pausadamente- el texto y nos “quedamos” con aquella palabra o expresión que me “llegue” más al corazón)

Breve reflexión

Aparecida

157. Al recibir la fe y el bautismo, los cristianos acogemos la acción del Espíritu Santo que lleva a confesar a Jesús como Hijo de Dios y a llamar a Dios “Abba”. Todos los bautizados y bautizadas de América Latina y El Caribe, “a través del sacerdocio común del Pueblo de Dios”, estamos llamados a vivir y transmitir la comunión con la Trinidad, pues “la evangelización es un llamado a la participación de la comunión trinitaria”.

240. Una auténtica propuesta de encuentro con Jesucristo debe establecerse sobre el sólido fundamento de la Trinidad-Amor. La experiencia de un Dios uno y trino, que es unidad y comunión inseparable, nos permite superar el egoísmo para encontrarnos plenamente en el servicio al otro. La experiencia bautismal es el punto de inicio de toda espiritualidad cristiana que se funda en la Trinidad.

Eco: Qué lindo volver a recordar que ese “primer encuentro de fe”, lo propicia Dios en el día de nuestro bautismo. Nace de una, casi, exclusiva iniciativa de Dios. Él quiere regalarnos su paternidad y es nuestro “Abbá” (papá, pá… según la familiaridad en el lenguaje de Jesús). Ahí nos “habita” la Trinidad. Nos hace y somos “otros Cristos”, Templos del Espíritu. Pero ese primer encuentro debe renovarse en lo cotidiano- en la oración, la Eucaristía, la Palabra, la Reconciliación, la Caridad…- y también puede ser, favoreciendo la participación en Retiros espirituales- “baños del alma”, a decir de nuestro querido santo Cura Brochero-. ¿Qué tanto me encuentro con Jesús? No como una pregunta moralista sino desde el amor, desde el reconocimiento de que Él quiere estar con nosotros. A sabiendas que, sólo Él, es nuestra “Paz y Esperanza”. Paz que nada ni nadie nos puede quitar y Esperanza que no defrauda. Ir a Jesús, ahí nos conduce el Espíritu. ¿Favorecemos hoy ese encuentro?

(Breve silencio y vamos releyendo- pausadamente- el texto y nos preguntamos sobre nuestra identidad, la alegría de ser de Cristo. Pedimos ir siempre al encuentro de Jesús)

Gesto orante: Ante la presencia del “altar doméstico” renuevo las promesas bautismales.

Rezamos juntos un “Misterio del Rosario”, contemplando: “El Bautismo de Jesús” y pedimos el don del CIENCIA y los frutos de Paz y Paciencia.

Don de Ciencia: Nos capacita sobrenaturalmente para conocer rectamente el orden natural de la creación y el origen, el sentido y el fin de las cosas creadas por Dios según sus designios. Nos permite acceder al conocimiento. Es la luz invocada por el cristiano para sostener la fe del bautismo.

Paz: La paz es la perfección de la alegría. La verdadera alegría lleva en sí la paz que es su perfección porque supone el goce del objeto amado. El «objeto» amado, por excelencia, no puede ser otro sino Dios, y de ahí, la seguridad de la paz que brota de tener a Dios en el corazón. La paz nos hace ser personas serenas y mantiene al alma en la posesión de una constante alegría a pesar de todo. Esta es la paz del Señor, que supera todo sentido, como dice San Pablo (Fil. 4,7) pues es una alegría que supera todo goce fundado en la carne o en las cosas materiales, y para obtenerla debemos inmolar todo a Dios.

Paciencia: Quien da este fruto, supera las turbaciones que implica la lucha permanente contra los enemigos del alma y sus fuerzas invisibles y visibles. También facilita un encuentro armonioso con las criaturas con las que nos relacionamos. La paciencia nos hace ser cristianos que se saben controlar e impide que seamos resentidos o vengativos. Este fruto ayuda a superar la tristeza e impide que nos quejemos ante los problemas y sufrimientos de la vida, como actitud permanente ante ellos, perdiendo de vista la presencia de Dios que ayuda a sobrellevarlos.

+En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Gesto misionero: Invitamos a alguien, para mañana, para rezar juntos (presencial- si la situación lo permite sino a través de una video llamada), compartiendo esta novena, compartimos un mensaje de esperanza).

Queremos compartir esta Catequesis sobre el Espíritu Santo

Catecismo de la Iglesia Católica 689-690 El Paráclito que es Dios mismo que se entrega a nosotros para hacernos partícipes de su naturaleza divina, actúa en nosotros dándonos consolación interior, para que podemos experimentar como aumento de fe, esperanza, caridad, paz o alegría que nos atrae hacia Él. «Nadie puede decir: ‘¡Jesús es Señor!’ sino por influjo del Espíritu Santo», dice san Pablo en la Epístola a los Corintios. Y en la Epístola a los Gálatas: «Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!».

– El Espíritu Santo en la vida del cristiano: El conocimiento de fe no es posible sino en la Divina Gracia. Para entrar en contacto con Cristo, es necesario primeramente haber sido atraído por la Divina Gracia. Él, con la Trinidad Beatísima viene a inhabitar en el alma por el sacramento del Bautismo.

El Espíritu Santo con su gracia es el «primero» que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que supone conocer al único Dios verdadero, y a su enviado, Jesucristo. Catecismo de la Iglesia Católica 737-742 El Papa Francisco durante una homilía en la capilla de la Casa de Santa Marta[2] insistió que:

“No se puede vivir una vida cristiana sin la Divina Gracia, pues es nuestro compañero y protagonista de nuestras vidas”.

“No se puede caminar en una vida cristiana sin el Espíritu Santo”, Pidamos al Señor la gracia de entender dicho mensaje, porque “Él es nuestro compañero en el camino”.

El Santo Padre explica que sin el Espíritu Santo que es la fuerza no podemos hacer nada: el Espíritu “nos hace resucitar de nuestros límites, de nuestros muertos, porque tenemos tantas, tantas necrosis en nuestra vida, en nuestra alma”.

Es necesario que los cristianos le hagamos un sitio en nuestra existencia.

El Papa subrayó que una vida cristiana que no reserva espacio para el Espíritu Santo ni se deja guiar por Él “es una vida pagana, disfrazada de cristiana. Él es el protagonista de la vida cristiana, el Espíritu que está con nosotros, nos acompaña, nos transforma, nos vence”.

El Papa Francisco explicando la fe en el Espíritu Santo, en una Audiencia general: Catequesis en el Año de la Fe, nos llama a todos los católicos seamos conscientes “de que no podemos ser cristianos sin caminar con el Espíritu Santo, sin actuar con Él, sin dejar que Él sea el protagonista de nuestras vidas”.


[1] Homilía de Pentecostés- 30/5/2020. Mons. Santiago Olivera

[2] 30/04/2019

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