Novena al Espíritu Santo, tercer día
Tercer día
Por eso, le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a ser testigos valientes del Evangelio allí en donde estemos, no claudicar en los valores del Evangelio[1].
+En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
PEDIMOS POR NUESTRA FUERZA AÉREA, que forman parte de nuestra Diócesis y les pedimos a nuestros amigos que se suman a esta novena, también se sumen a esta intención y PEDIMOS TAMBIÉN, POR LOS QUE TRABAJAN EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. Recibamos, todos, el don del Espíritu que nos anime en el SERVICIO y la VALENTÍA DE ANUNCIAR LA BUENA NOTICIA.
Invocación al Espíritu Santo: Ven, Espíritu Santo, Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu. Que renueve la faz de la Tierra.
Oración: Oh Dios, que llenaste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; concédenos que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos con rectitud y gocemos siempre de tu consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
(Podemos escuchar la canción “Ven, Espíritu Santo Creador”)
(Breve silencio y vamos repitiendo- pausadamente- la invocación que acabamos de hacer y nos “quedamos” con aquella palabra o expresión que me “llegue” más)
Espíritu de Vida, que nos has dado la Palabra Divina para luz y guía de nuestras vidas, ven en nuestro auxilio para poder gustar- como un encuentro de Amor- el encuentro orante con la Palabra de hoy.
Del Evangelio según San Mateo 28, 16- 20
Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo». Palabra del Señor
(Breve silencio y vamos releyendo- pausadamente- el texto y nos “quedamos” con aquella palabra o expresión que me “llegue” más al corazón)
Breve reflexión
Aparecida 363. La fuerza de este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad misionera. Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo. Él sigue convocando, sigue invitando, sigue ofreciendo incesantemente una vida digna y plena para todos. Nosotros somos ahora, en América Latina y El Caribe, sus discípulos y discípulas, llamados a navegar mar adentro para una pesca abundante. Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos, con valentía y confianza (parresía), a la misión de toda la Iglesia.
364. Detenemos la mirada en María y reconocemos en ella una imagen perfecta de la discípula misionera. Ella nos exhorta a hacer lo que Jesús nos diga (cf. Jn 2, 5) para que Él pueda derramar su vida en América Latina y El Caribe. Junto con ella, queremos estar atentos una vez más a la escucha del Maestro, y, en torno a ella, volvemos a recibir con estremecimiento el mandato misionero de su hijo: Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos (Mt 28, 19). Lo escuchamos como comunidad de discípulos misioneros, que hemos experimentado el encuentro vivo con Él y queremos compartir todos los días con los demás esa alegría incomparable.
ECO: Qué podríamos agregar a las maravillosas reflexiones que el Espíritu ha suscitado en Aparecida, solo pedir la GRACIA de encarnar esas actitudes que se nos piden, para dar un testimonio del que nuestra Madre- la Virgen María- es un precioso y claro modelo-, actitudes que implican: cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión… y todas las demás que nombra Aparecida. La valentía de salir y anunciar- porque ha semejanza de los Apóstoles- también nosotros queremos ser testigos del Resucitado que- hoy- Asciende y sabemos que “No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino”[2]. Anunciamos con la esperanza de sabernos ciudadanos del Cielo y peregrinos de la tierra, y con la certeza de la fe de que Jesús está con nosotros “hasta el fin del mundo”.
Breve silencio y vamos releyendo- pausadamente- el texto y nos preguntamos sobre nuestra identidad, la alegría de ser de Cristo. Pedimos el don del Espíritu, venga en nuestra ayuda, y fortalezca en aquellas actitudes que nos enuncia Aparecida para un mejor testimonio de Jesús: escucha, humildad, cercanía…)
Gesto orante: Escribimos el Credo y lo rezamos lentamente, pidiendo la GRACIA de ser “Confirmados” una vez más, como testigos valientes, discípulos misioneros de Jesús Resucitado.
Rezamos juntos un “Misterio del Rosario”, contemplando: “Recibimos de Jesús, el envío misionero” y pedimos el don de la Sabiduría y el fruto de la Caridad. El don de la Sabiduría nos da a entender lo que favorece y lo que perjudica al proyecto de Dios. Él fortalece nuestra caridad y nos prepara para una visión plena de Dios. El mismo Jesús nos dijo: “…no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros” (Mt 10, 19-20). La verdadera sabiduría trae el gusto de Dios y su Palabra. La caridad es la virtud por la que nosotros, que hemos sido amados primero por Dios, nos podemos entregar a Dios para unirnos a él y podemos aceptar a los demás, por amor a Dios, tan incondicional y cordialmente como nos aceptamos a nosotros mismos. Jesús coloca la caridad por encima de todas las leyes, sin abolirlas por ello, Con razón por tanto dice san Agustín: «Ama y haz lo que quieres». Lo que no es tan fácil como parece. Por ello la caridad es la mayor de las virtudes, la energía que anima a las demás y la llena de vida divina.[3]
+En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Gesto misionero: Invitamos a alguien, para mañana, para rezar juntos (presencial- si la situación lo permite sino a través de una video llamada), compartiendo esta novena, compartimos un mensaje de esperanza…)
[1] Homilía de Pentecostés- 30/5/2020. Mons. Santiago Olivera
[2] Prefacio I de la Ascensión del Señor
[3] YouCat 309
Homilía de Pentecostés- 30/5/2020. Mons. Santiago Olivera





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