NUNCIO APOSTÓLICO | Nuestra Señora de Luján es su protección, su aliada, su Abogada, es la esperanza de los pobres, de los humildes y los que sufren, es la Reina de la Paz, así lo señaló Mons. Michael Wallace Banach al presidir la Santa Misa en la XXIII Peregrinación del Obispado Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad en la Basílica de Luján. En la mañana del jueves 8 de octubre, nuestro Obispo, Mons. Santiago Olivera junto a los Sacerdotes Capellanes y efectivos de las Fuerzas Armadas peregrinaron hasta el Santuario y Basílica de Luján en la provincia de Buenos Aires.
Presidió la Santa Misa, el Nuncio Apostólico, Mons. Michael Wallace Banach, concelebraron el Obispo Castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad, Mons. Santiago Olivera, el Representante de Negocios de la Nunciatura, Mons. Daniele Liessi, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, los Capellanes Mayores del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, de la Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, de GNA, Padre Jorge Massut, de PNA, Padre Diego Tibaldo, de PSA, Padre Rubén Bonacina y Capellanes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad y los Diáconos Carlos Paz y Horacio González. Participaron, el Sr. Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Almirante Marcelo Alejandro Dalle Nogare, el Sr. Subjefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, General de División Sergio Jurczyszyn, el Sr. Subjefe de Estado Mayor General del Ejército, General de Brigada Gustavo Walter Re, el Sr. Jefe de Estado Mayor General de la Armada, Almirante Juan Carlos Romay, el Sr. Subjefe de Estado Mayor General de la Armada, Vicealmirante I.M. Fernando Daniel Terribile, el Sr. Jefe de Estado Mayor General de la Fuerza Aérea, Brigadier General Gustavo Javier Valverde, el Sr. Subjefe de Estado Mayor General de la Fuerza Aérea, Brigadier Marcelo José Monetto.
Estuvieron también presentes, el Sr. Jefe de Región I de GNA, Comandante General Claudio Daniel Lalli, el Sr. Director del Instituto de Capacitación Especializada “Cabo Juan Adolfo Romero”, Comandante Mayor Javier Alejandro Sacchitella Piñeiro, el Director General de Recursos Humanos y Desarrollo, Director del Personal y Director de Bienestar PNA, Prefecto General, Aníbal Moya, el Jefa del Departamento de Inteligencia Criminal Aeroportuaria, Comisionado General Eliana Manzanares, el Jefe de la División Regional de Logística Policial Aeroportuaria, Comisionado Mayor Sergio Medina, el Jefe de la Unidad de Operaciones Especiales de Seguridad Aeroportuaria, Comisionado Mayor Marcelo Vera, el Director de la Dirección de Sanidad, Promoción y Prevención de la Salud, Dr. Francisco D’angelo, el Directora de Gestión del Conocimiento, Sra. Carolina Estebarena, el Sr. Subdirector de la Escuela Penitenciaria de la Nación “Dr. Juan José O’Connor”, Subprefecto Alberto Andrés Espinola, el Agregado Aéreo de Chile en Argentina, Coronel de Aviación (A) Jaime Fernández Muñoz, Agregado Militar a la Embajada del Perú en Argentina, Coronel EP Víctor Hoyos Arteaga y el Sr. Intendente de Luján, Leonardo Boto. En la Homilía, el Nuncio Apostólico decía, “Excelencia, queridos sacerdotes distintas autoridades de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas Federales de Seguridad, queridos hermanos y hermanas en Cristo. Como saben, soy el Nuncio Apostólico, Embajador, Representante personal del Santo Padre en Argentina.
Es para mí una gran alegría estar con ustedes esta mañana, para celebrar juntos la Santa Misa, aquí en la Basílica de Nuestra Sra. de Luján dedicada a la Pura e Inmaculada Concepción. Agradezco a su Excelencia Mons. Santiago Olivera por su amable invitación para estar con ustedes y celebrar juntos la anual peregrinación del Obispado Castrense de Argentina”.
Seguidamente, Mons. Michael Wallace Banach agregó, “llegamos a este maravilloso santuario con muchas intenciones, para algunos se trata de pedir salud para la mente y el cuerpo. Para otros puede formar parte de la búsqueda de su vocación o del sentido de la vida, hay quienes piden a la Virgen María bendiciones para sus familias.
Acudimos a este lugar sagrado para orar por todos aquellos militares en servicio activo o retirados que se encuentran en lugares de peligro y han sacrificado tanto por su país y rogamos a nuestra Madre que interceda ante su Hijo para que el mundo experimente la paz que solo Él puede brindar. Ustedes llegan a este importante santuario mariano apoyando esta peregrinación de fe de nuestros militares, el gran amor de ustedes, hombres y mujeres de las Fuerzas profesan a Dios y a la Patria es un ejemplo maravilloso para todos nosotros que nos hemos beneficiado de sus sacrificios en defensa de nuestra libertad.
Y desde lo alto de la Cruz, Cátedra Suprema del sufrimiento y del amor, Jesús se dirige a su Madre y su discípulo. A su Madre le dice: «Mujer aquí tienes a tu hijo»; luego al discípulo le dice: «ahí tienes a tu Madre»”.
Completando, el Nuncio señaló, “Nuestra Señora de Luján es su protección, Ella es su aliada, su Abogada, es la esperanza de los pobres, de los humildes y los que sufren, es incluso el refugio de los pecadores. Tiene una misión de misericordia de bondad e intercesión por todos, es el consuelo en todas nuestras penas, nos enseña a ser buenos, fuertes y misericordiosos con todos, es la Reina de la Paz, es la Madre de la Iglesia”.
Finalmente, pidió, “recuerden todo esto hijos e hijas de Argentina y no olviden nunca mirar a Nuestra Señora de Luján como su Suprema protectora. Oremos ahora a Ella:
Que las semillas de bondad que serán sembradas a lo largo de este año Jubilar del Obispado Castrense bajo el lema «70 años sirviendo a los servidores de la Patria» florezcan y den frutos abundantes.
Sostén la vida y misión de nuestras comunidades.
Oh, Madre de Dios, vela por la Iglesia en la Argentina, protégela y guíala en este tiempo de preparación para la visita Apostólica del Papa León, acoge a todos y concédeles sus peticiones.
Te pedimos sencillamente, Nuestra Señora de Luján, por favor, por favor, ruega por nosotros. Así, sea. Amén”.
HOMILÍA.-

























































A continuación, compartimos en forma completa la Homilía de Mons. Michael Wallace Banach, Nuncio Apostólico:
8 de octubre de 2026
XXIII PEREGRINACIÓN DEL OBISPADO CASTRENSE Y DE LAS FUERZAS FEDERALES DE SEGURIDAD
BASÍLICA NUSTRA SEÑORA DE LUJÁN
Homilía de Mons. Michael Wallace Banach
Nuncio Apostólico
Excelencia, queridos sacerdotes distintas autoridades de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas Federales de Seguridad, queridos hermanos y hermanas en Cristo. Como saben, soy el Nuncio Apostólico, Embajador, Representante personal del Santo Padre en Argentina.
El Papa León les asegura su cercanía espiritual y personal, así como sus oraciones y envía a cada uno de ustedes su bendición Paternal. Dentro de tan solo un mes ante esta bendita imagen de María, el sucesor de San Pedro, el Papa León XIV vendrá a arrodillarse en comunión de amor filial con toda Argentina y a celebrar la Santa Misa en la Plaza, enfrente a esta hermosa y significativa Basílica.
Es para mí una gran alegría estar con ustedes esta mañana, para celebrar juntos la Santa Misa, aquí en la Basílica de Nuestra Sra. de Luján dedicada a la Pura e Inmaculada Concepción. Agradezco a su Excelencia Mons. Santiago Olivera por su amable invitación para estar con ustedes y celebrar juntos la anual peregrinación del Obispado Castrense de Argentina.
Saludo también al Vicario General de la Diócesis militar, a sus Capellanes Mayores y de nuevo a todos ustedes. Su peregrinación es un momento para profundizar en la fe.
Llegamos a este maravilloso santuario con muchas intenciones, para algunos se trata de pedir salud para la mente y el cuerpo. Para otros puede formar parte de la búsqueda de su vocación o del sentido de la vida, hay quienes piden a la Virgen María bendiciones para sus familias.
Acudimos a este lugar sagrado para orar por todos aquellos militares en servicio activo o retirados que se encuentran en lugares de peligro y han sacrificado tanto por su país y rogamos a nuestra Madre que interceda ante su Hijo para que el mundo experimente la paz que solo Él puede brindar. Ustedes llegan a este importante santuario mariano apoyando esta peregrinación de fe de nuestros militares, el gran amor de ustedes, hombres y mujeres de las Fuerzas profesan a Dios y a la Patria es un ejemplo maravilloso para todos nosotros que nos hemos beneficiado de sus sacrificios en defensa de nuestra libertad.
Y desde lo alto de la Cruz, Cátedra Suprema del sufrimiento y del amor, Jesús se dirige a su Madre y su discípulo. A su Madre le dice: «Mujer aquí tienes a tu hijo»; luego al discípulo le dice: «ahí tienes a tu Madre».
Hace un momento dije, que estamos aquí para rogar a nuestra Madre que interceda ante su Hijo para que el mundo experimente la paz que solo Jesús puede brindar. En un momento de profundo sufrimiento y de desesperación, en un momento de pérdida y derrumbes totales, en un momento de oscuridad y exasperación Jesús desde la Cruz encomienda a su Madre a San Juan y encomienda a su Madre a San Juan, Él les otorga paz a ambos. ¡Que conmovedor!
El Dios de Jesucristo posee una característica sobre la cual quisiera invitarlos a reflexionar, el modo de afrontar situaciones absurdas. Las Fuerzas del orden existen para mantener la estabilidad, su tarea consiste en rectificar aquello que está desordenado.
Sin embargo, sabemos que esto no es siempre posible y que en ocasiones resulta difícil hallar una vía viable y práctica para restablecer dicho orden. Tales situaciones desafían nuestros esquemas mentales y operativos, frustrando nuestro deseo de contribuir a lograr algún bien ya que por diversas razones ese bien se vuelve alcanzable.
Ahora bien, Nuestra Señora es la Madre de una persona de cuya condición de Hijo de Dios estaba plenamente convencida, poseía una conciencia clara, precisa y personal de este hecho. Sabía que Jesús había predicado un mensaje de bondad y belleza, sabía que Jesús había sanado a muchas personas, resucitando a muertos, devuelto la vista a los ciegos, curar a leprosos, había hecho hablar a los mudos, oír a los sordos y permitido caminar a los paralíticos.
Y sin embargo se vio enfrentada a la realidad de que su Hijo, el Hijo de Dios estaba siendo torturado hacia la muerte, clavado injustamente en una Cruz, esta son las situaciones en la que nos sentimos impotentes. Nos enfrentamos a algo que está mal pero no podemos corregirlo, se trata del caso más extremo de la historia y tenemos la imagen de Nuestra Señora precisamente en ese momento límite. ¿Y cuál fue la reacción de María?
María vivió aquella situación como un acto de amorosa entrega de sí misma, sostenida por una fe inmensa en el Señor y su Plan aún mientras soportaba un acontecimiento tan absurdo, tan injusto y cruel. Fue María quien salvó al mundo del apagón de la fe.
No es fácil mantener una confianza inquebrantable en el designio superior, creer que vivir los acontecimientos con bondad y amor dará finalmente fruto. Desconocemos lo que nos depara el futuro, pues nos es oculto, no obstante, no sucumbimos a la mentalidad de cuanto peor mejor, no.
Las Fuerzas del orden, defienden el orden, pero ciertas formas de desorden escapan a sus posibilidades. Considero por tanto que las enseñanzas del Señor Jesús y una vida de fe ofrecen una gran ayuda para aprender y afrontar del mejor modo posible estas situaciones.
Podemos estar seguros de que, al hacer el bien, hacerlo con amor y pasión el bien acabará por surgir incluso ante lo inescrutable y negativo. Cuando nos encomendamos a Dios esto sucede con certeza y este es el mensaje que quería dejarles aquí Nuestra Señora de Luján.
Ella es su protección, Ella es su aliada, su Abogada, es la esperanza de los pobres, de los humildes y los que sufren, es incluso el refugio de los pecadores. Tiene una misión de misericordia de bondad e intercesión por todos, es el consuelo en todas nuestras penas, nos enseña a ser buenos, fuertes y misericordiosos con todos, es la Reina de la Paz, es la Madre de la Iglesia.
Recuerden todo esto hijos e hijas de Argentina y no olviden nunca mirar a Nuestra Señora de Luján como su Suprema protectora. Oremos ahora a Ella:
Nuestra Señora de Luján pedimos tu intercesión materna para que cesen las guerras que bañan de sangre y lágrimas tantas partes de nuestro mundo, en Ucrania y Medio Oriente, en África y en diversas zonas de Asía.
Que por tu intercesión ante el Señor conceda el descanso eterno a las víctimas y consuelo a quienes sufren y que convierta los corazones de quienes siembran muerte y destrucción.
Te encomendamos a los miembros de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas Federales de Seguridad para que conserve en sus corazones el encuentro con el Señor y deseen vivir cada día con Él como con un amigo verdadero y grande.
Te encomendamos también a todos los que viven en situaciones absurdas para que encuentren en tu Hijo un compañero de Paz en su camino cotidiano y hallen en nuestras comunidades un hogar acogedor, un lugar donde se sientan amados y apoyados.
Oh, María, salud de los enfermos que permaneciste junto a la Cruz y compartiste el sufrimiento de Jesús manteniéndote firme en la fe te encomendamos a quienes a quienes soportan aflicciones físicas, mentales y espirituales, así como las cargas de la vida, la soledad y la pérdida del amor por vivir.
Te encomendamos a estas personas y a quienes las acompañan para que nunca pierdan la esperanza, que encuentren apoyo en la comunidad cristiana y experimente la luz a lo largo de su arduo camino.
Tú que conoces las alegrías y dificultades de cada hogar, ayuda y sostén a nuestras familias para que sean siempre, incluso en tiempos de crisis un signo visible de tu intenso amor por nosotros.
Madre no permitas que nadie caiga en la desesperación por falta de trabajo o vivienda, o causa de la pobreza, ilumina y apoya la búsqueda de devolver la confianza, la esperanza, el empleo, la justicia a todos, asegurando que a nadie se le niegue su plena dignidad.
Que las semillas de bondad que serán sembradas a lo largo de este año Jubilar del Obispado Castrense bajo el lema «70 años sirviendo a los servidores de la Patria» florezcan y den frutos abundantes.
Sostén la vida y misión de nuestras comunidades.
Oh, Madre de Dios, vela por la Iglesia en la Argentina, protégela y guíala en este tiempo de preparación para la visita Apostólica del Papa León, acoge a todos y concédeles sus peticiones.
Te pedimos sencillamente, Nuestra Señora de Luján, por favor, por favor, ruega por nosotros. Así, sea. Amén.













































0 comentarios