PAPA FRANCISCO | Miremos al corazón de Dios, para que la Iglesia y la sociedad no excluyan a nadie

30 junio, 2024

PAPA FRANCISCO | Miremos al corazón de Dios, para que la Iglesia y la sociedad no excluyan a nadie, así lo pidió el Santo Padre al compartir su mensaje antes de recitar la oración Mariana del Ángelus. Antes del mediodía de hoy, Su Santidad Francisco se presentaba en la ventana del Estudió Apostólico Vaticano desde donde se reunión con los fieles y peregrinos presentes en Plaza San Pedro.

Esto decía el Papa, “el Evangelio de la liturgia de hoy nos habla de dos milagros que parecen entrelazados. Mientras Jesús se dirige a casa de Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, porque su hijita está gravemente enferma, por el camino una mujer con hemorroísa toca su manto y él se detiene para curarla”.

Continuando, agregó, “mientras tanto, anuncian que la hija de Jairo ha muerto, pero Jesús no se detiene, entra en la casa, va a la habitación de la doncella, la toma de la mano y la levanta, devolviéndole la vida (Mc 5,21-43). Dos milagros, uno de curación y otro de resurrección.

Estas dos curaciones se narran en un solo episodio. Ambas se producen por contacto físico. De hecho, la mujer toca el manto de Jesús y Jesús toma a la niña de la mano. ¿Por qué es importante este «contacto»?”

El Santo Padre, además decía, “Jesús se deja tocar y no tiene miedo de tocar. Incluso antes de la curación física, desafía un concepto religioso erróneo, según el cual Dios separa a los puros por un lado y a los impuros por otro. En cambio, Dios no hace esta separación, porque todos somos sus hijos, y la impureza no proviene de la comida, la enfermedad o incluso la muerte, sino que la impureza proviene de un corazón impuro.

Aprendemos esto: ante los sufrimientos del cuerpo y del espíritu, ante las heridas del alma, ante las situaciones que nos aplastan, e incluso ante el pecado, Dios no nos mantiene a distancia, Dios no se avergüenza de nosotros, Dios no nos juzga; (…)”.

Finalmente, completaba diciendo, “fijemos en nuestro corazón esta imagen que Jesús nos da: Dios es el que te toma de la mano y te levanta, el que se deja tocar por tu dolor y te toca para curarte y darte de nuevo la vida. No discrimina a nadie porque ama a todos. Y entonces podemos preguntarnos: ¿creemos que Dios es así? ¿Nos dejamos tocar por el Señor, por su Palabra, por su amor?” Completando, cerraba diciendo, “(…) miremos al corazón de Dios, para que la Iglesia y la sociedad no excluyan a nadie, no traten a nadie como «impuro», para que cada persona, con su propia historia, sea acogida y amada sin etiquetas, sin prejuicios, sea amada sin adjetivos”.

A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Su Santidad Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz domingo!

El Evangelio de la liturgia de hoy nos habla de dos milagros que parecen entrelazados. Mientras Jesús se dirige a casa de Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, porque su hijita está gravemente enferma, por el camino una mujer con hemorroísa toca su manto y él se detiene para curarla. Mientras tanto, anuncian que la hija de Jairo ha muerto, pero Jesús no se detiene, entra en la casa, va a la habitación de la doncella, la toma de la mano y la levanta, devolviéndole la vida (Mc 5,21-43). Dos milagros, uno de curación y otro de resurrección.

Estas dos curaciones se narran en un solo episodio. Ambas se producen por contacto físico. De hecho, la mujer toca el manto de Jesús y Jesús toma a la niña de la mano. ¿Por qué es importante este «contacto»? Porque estas dos mujeres -una porque está sangrando y la otra porque está muerta- se consideran impuras y, por tanto, no puede haber contacto físico con ellas. En cambio, Jesús se deja tocar y no tiene miedo de tocar. Jesús se deja tocar y no tiene miedo de tocar. Incluso antes de la curación física, desafía un concepto religioso erróneo, según el cual Dios separa a los puros por un lado y a los impuros por otro. En cambio, Dios no hace esta separación, porque todos somos sus hijos, y la impureza no proviene de la comida, la enfermedad o incluso la muerte, sino que la impureza proviene de un corazón impuro.

Aprendemos esto: ante los sufrimientos del cuerpo y del espíritu, ante las heridas del alma, ante las situaciones que nos aplastan, e incluso ante el pecado, Dios no nos mantiene a distancia, Dios no se avergüenza de nosotros, Dios no nos juzga; al contrario, se acerca para dejarse tocar y tocarnos, y siempre nos levanta de la muerte. Siempre nos toma de la mano para decirnos: hija, hijo, ¡levántate! (cf. Mc 5,41), camina, ¡adelante! «Señor soy un pecador» – «Adelante, yo me he hecho pecado por ti, para salvarte» – «Pero tú Señor, tú no eres un pecador» – «No, pero yo he sufrido todas las consecuencias del pecado para salvarte». Esto es hermoso.

Fijemos en nuestro corazón esta imagen que Jesús nos da: Dios es el que te toma de la mano y te levanta, el que se deja tocar por tu dolor y te toca para curarte y darte de nuevo la vida. No discrimina a nadie porque ama a todos.

Y entonces podemos preguntarnos: ¿creemos que Dios es así? ¿Nos dejamos tocar por el Señor, por su Palabra, por su amor? ¿Entramos en relación con nuestros hermanos y hermanas, ofreciéndoles una mano para levantarse, o mantenemos las distancias y etiquetamos a las personas según nuestros gustos y preferencias? Etiquetamos a las personas. Os hago una pregunta: ¿Dios, el Señor Jesús, etiqueta a las personas? Que cada uno se responda a sí mismo. ¿Etiqueta Dios a las personas? Y yo, ¿vivo etiquetando a la gente todo el tiempo?

Hermanos y hermanas, miremos al corazón de Dios, para que la Iglesia y la sociedad no excluyan a nadie, no traten a nadie como «impuro», para que cada persona, con su propia historia, sea acogida y amada sin etiquetas, sin prejuicios, sea amada sin adjetivos.

Roguemos a la Santísima Virgen: Ella, que es Madre de ternura, interceda por nosotros y por el mundo entero.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

Os saludo a todos, romanos y peregrinos de diversos países.

Saludo en particular a los niños del Círculo misionero «Misyjna Jutrzenka» de Skoczów, Polonia; y a los fieles de California y Costa Rica.

Saludo a las hermanas Hijas de la Iglesia, que en estos días, junto con un grupo de laicos, han vivido una peregrinación tras las huellas de su fundadora, la venerable María Oliva Bonaldo. Y saludo a los jóvenes de Gonzaga, cerca de Mantua.

Hoy recordamos a los Protomártires romanos. También nosotros vivimos tiempos de martirio, más aún que en los primeros siglos. En diversas partes del mundo, muchos de nuestros hermanos y hermanas sufren discriminación y persecución a causa de su fe. Otros se enfrentan al martirio «con guantes blancos». Apoyémosles y dejémonos inspirar por su testimonio de amor a Cristo.

En este último día de junio, imploremos al Sagrado Corazón de Jesús que toque el corazón de los que quieren la guerra, para que se conviertan a proyectos de diálogo y de paz.

Hermanos y hermanas, no olvidemos a la atormentada Ucrania, Palestina, Israel, Myanmar y tantos otros lugares donde tanto sufrimiento causa la guerra.

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no olviden rezar por mí. Buen almuerzo y ¡adiós! Muchas gracias.

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