PAPA LEÓN XIV | El verdadero principio de la vida nueva es la esperanza que viene de lo alto: ¡es Cristo!

1 diciembre, 2025

LÍBANO

PAPA LEÓN XIV | El verdadero principio de la vida nueva es la esperanza que viene de lo alto: ¡es Cristo!, así lo expresaba el Santo Padre al compartir su mensaje en el encuentro con los jóvenes de aquel país. Celebrado en la plaza frente al Patriarcado de Antioquía de los Maronitas de Antioquía. Su Santidad León XIV, decía, “queridos jóvenes del Líbano, ¡assalamu lakum! Este es el saludo de Jesús resucitado (cf. Jn 20,19) y sustenta la alegría de nuestro encuentro: el entusiasmo que sentimos en el corazón expresa la amorosa cercanía de Dios, que nos reúne como hermanos y hermanas para compartir la fe en Él y la comunión entre nosotros”.

Continuando, agregó, “sus relatos hablan de valentía en el sufrimiento. Hablan de esperanza en la decepción, de paz interior en la guerra. Son como estrellas brillantes en una noche oscura, en la que ya vislumbramos el resplandor del amanecer”.

Completando, el Pontífice señaló, “vuestra patria, el Líbano, volverá a florecer hermosa y vigorosa como el cedro, símbolo de la unidad y la fecundidad del pueblo. Sabéis bien que la fuerza del cedro está en sus raíces, que normalmente tienen el mismo tamaño que las ramas. El número y la fuerza de las ramas corresponden al número y la fuerza de las raíces. Del mismo modo, todo el bien que vemos hoy en la sociedad libanesa es el resultado del trabajo humilde, oculto y honesto de tantos agentes del bien, de tantas raíces buenas que no quieren hacer crecer solo una rama del cedro libanés, sino todo el árbol, en toda su belleza. Aprovechen las buenas raíces del compromiso de quienes sirven a la sociedad y no «se sirven» de ella para sus propios intereses”.   

Finalmente dijo, “el verdadero principio de la vida nueva es la esperanza que viene de lo alto: ¡es Cristo! Jesús murió y resucitó para la salvación de todos. Él, el Viviente, es el fundamento de nuestra confianza; Él es el testigo de la misericordia que redime al mundo de todo mal”.

A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Su Santidad León XIV:

ENCUENTRO CON LOS JÓVENES

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Plaza frente al Patriarcado de Antioquía de los Maronitas (Bkerké)

Lunes, 1 de diciembre de 2025

¡Assalamu lakum! (la paz sea con ustedes)

Queridos jóvenes del Líbano, ¡assalamu lakum!

Este es el saludo de Jesús resucitado (cf. Jn 20,19) y sustenta la alegría de nuestro encuentro: el entusiasmo que sentimos en el corazón expresa la amorosa cercanía de Dios, que nos reúne como hermanos y hermanas para compartir la fe en Él y la comunión entre nosotros.

Les agradezco a todos la calidez con la que me han acogido, así como a Su Beatitud por sus cordiales palabras de bienvenida. Saludo de manera especial a los jóvenes procedentes de Siria e Irak, y a los libaneses que han regresado a su patria desde diversos países. Todos estamos aquí reunidos para escucharnos unos a otros y para pedir al Señor que inspire nuestras decisiones futuras. En este sentido, los testimonios que Anthony y María, Elie y Joelle han compartido con nosotros nos abren verdaderamente el corazón y la mente.

Sus relatos hablan de valentía en el sufrimiento. Hablan de esperanza en la decepción, de paz interior en la guerra. Son como estrellas brillantes en una noche oscura, en la que ya vislumbramos el resplandor del amanecer. En todos estos contrastes, muchos de nosotros podemos reconocer nuestras propias experiencias, tanto buenas como malas. La historia del Líbano está tejida de páginas gloriosas, pero también está marcada por profundas heridas que tardan en sanar. Estas heridas tienen causas que trascienden las fronteras nacionales y se entrelazan con dinámicas sociales y políticas muy complejas. Queridos jóvenes, tal vez lamentéis haber heredado un mundo desgarrado por las guerras y desfigurado por las injusticias sociales. Sin embargo, hay esperanza, ¡y hay esperanza dentro de vosotros! Tenéis un don que a menudo a los adultos nos parece que se nos escapa. ¡Tenéis esperanza! ¡Y tenéis tiempo! Tenéis más tiempo para soñar, organizar y hacer el bien. ¡Sois el presente y en vuestras manos se está construyendo el futuro! ¡Y tenéis el entusiasmo para cambiar el curso de la historia! La verdadera resistencia al mal no es el mal, sino el amor, capaz de curar las propias heridas, mientras se curan las de los demás.

La dedicación de Anthony y María a los necesitados, la perseverancia de Elie y la generosidad de Joelle son profecías de un futuro nuevo, que hay que anunciar con la reconciliación y la ayuda mutua. Así se cumple la palabra de Jesús: «Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra» y «Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,5.9). Queridos jóvenes, vivan a la luz del Evangelio, ¡y serán bienaventurados a los ojos del Señor!

Vuestra patria, el Líbano, volverá a florecer hermosa y vigorosa como el cedro, símbolo de la unidad y la fecundidad del pueblo. Sabéis bien que la fuerza del cedro está en sus raíces, que normalmente tienen el mismo tamaño que las ramas. El número y la fuerza de las ramas corresponden al número y la fuerza de las raíces. Del mismo modo, todo el bien que vemos hoy en la sociedad libanesa es el resultado del trabajo humilde, oculto y honesto de tantos agentes del bien, de tantas raíces buenas que no quieren hacer crecer solo una rama del cedro libanés, sino todo el árbol, en toda su belleza. Aprovechen las buenas raíces del compromiso de quienes sirven a la sociedad y no «se sirven» de ella para sus propios intereses. Con un generoso compromiso por la justicia, proyecten juntos un futuro de paz y desarrollo. ¡Sean la savia de esperanza que el país espera!

En este sentido, sus preguntas permiten trazar un camino ciertamente exigente, pero precisamente por eso apasionante.

Me han preguntado dónde encontrar el punto firme para perseverar en el compromiso por la paz. Queridos, este punto firme no puede ser una idea, un contrato o un principio moral. El verdadero principio de la vida nueva es la esperanza que viene de lo alto: ¡es Cristo! Jesús murió y resucitó para la salvación de todos. Él, el Viviente, es el fundamento de nuestra confianza; Él es el testigo de la misericordia que redime al mundo de todo mal. Como recuerda San Agustín, haciéndose eco del apóstol Pablo, «en Él está nuestra paz, y de Él viene nuestra paz» (Comentario al Evangelio de Juan, LXXVII, 3). La paz no es auténtica si es solo fruto de intereses particulares, sino que es verdaderamente sincera cuando hago al otro lo que quisiera que el otro me hiciera a mí (cf. Mt 7,12). Con espíritu inspirado, San Juan Pablo II decía que «no hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón» (Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2002). Así es: del perdón nace la justicia, que es fundamento de la paz.

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