LÍBANO
PAPA LEÓN XIV | ¡Elijamos todos la paz como camino, no solo como meta! Así lo dijo el Santo Padre al compartir sus últimas palabras en el Líbano, antes de iniciar su retorno a la ciudad del Vaticano. Luego de presidir la Santa Misa en la ciudad de Beirut, Su Santidad León XIV se trasladó hasta el Aeropuerto Internacional, donde fue recibido por el presidente de la República Libanesa.
Tras el saludo de las respectivas delegaciones, la Guardia de Honor y el discurso del presidente, el Papa León XIV pronunció su discurso. El Pontífice, decía, “partir es más difícil que llegar. Hemos estado juntos, y en el Líbano estar juntos es contagioso: aquí he encontrado un pueblo que no ama el aislamiento, sino el encuentro. Así, si llegar significaba entrar con delicadeza en vuestra cultura, dejar esta tierra es llevaros en el corazón”.
Profundizando, el Papa dijo, “he visto cuánta veneración rodea a vuestro pueblo a la Santísima Virgen María, tan querida tanto por los cristianos como por los musulmanes. He rezado en la tumba de San Charbel, percibiendo las profundas raíces espirituales de este país: ¡cuánta savia de vuestra historia puede sostener el difícil camino hacia el futuro!”
Antes de concluir, el Santo Padre compartió, “que nadie crea ya que la lucha armada aporta algún beneficio. Las armas matan, la negociación, la mediación y el diálogo edifican. ¡Elijamos todos la paz como camino, no solo como meta!”
A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Su Santidad León XIV:
Señor Presidente,
Señores Presidentes del Parlamento y del Consejo de Ministros,
Beatitudes y Hermanos en el episcopado,
Autoridades civiles y religiosas,
¡Hermanas y hermanos todos!
Partir es más difícil que llegar. Hemos estado juntos, y en el Líbano estar juntos es contagioso: aquí he encontrado un pueblo que no ama el aislamiento, sino el encuentro. Así, si llegar significaba entrar con delicadeza en vuestra cultura, dejar esta tierra es llevaros en el corazón. No nos dejamos, pues, sino que, habiéndonos encontrado, seguiremos juntos. Y esperamos involucrar en este espíritu de fraternidad y compromiso por la paz a todo Oriente Medio, incluso a quienes hoy se consideran enemigos.
Estoy agradecido, pues, por los días que he pasado con ustedes y me alegro de haber podido cumplir el deseo de mi amado predecesor, el papa Francisco, que tanto hubiera querido estar aquí. Él, en realidad, está con nosotros, camina con nosotros junto a otros testigos del Evangelio que nos esperan en el abrazo eterno de Dios: somos herederos de lo que ellos creyeron, de la fe, la esperanza y el amor que los animaban.
He visto cuánta veneración rodea a vuestro pueblo a la Santísima Virgen María, tan querida tanto por los cristianos como por los musulmanes. He rezado en la tumba de San Charbel, percibiendo las profundas raíces espirituales de este país: ¡cuánta savia de vuestra historia puede sostener el difícil camino hacia el futuro! Me ha conmovido la breve visita al puerto de Beirut, donde la explosión ha devastado no solo un lugar, sino muchas vidas. He rezado por todas las víctimas y llevo conmigo el dolor y la sed de verdad y justicia de tantas familias, de todo un país.
En estos pocos días he conocido muchos rostros y estrechado muchas manos, recibiendo de este contacto físico e interior una energía de esperanza. Sois fuertes como los cedros, los árboles de vuestras hermosas montañas, y llenos de frutos como los olivos que crecen en la llanura, en el sur y cerca del mar. Saludo, en este sentido, a todas las regiones del Líbano que no he podido visitar: Trípoli y el norte, Beqa’ y el sur del país, Tiro, Sidón —lugares bíblicos—, todas aquellas zonas, especialmente en el sur, que viven una situación continua de conflicto e incertidumbre. A todos les envío mi abrazo y mis deseos de paz. Y también un sincero llamamiento: que cesen los ataques y las hostilidades. Que nadie crea ya que la lucha armada aporta algún beneficio. Las armas matan, la negociación, la mediación y el diálogo edifican. ¡Elijamos todos la paz como camino, no solo como meta!
Recordemos lo que dijo San Juan Pablo II: ¡Líbano, más que un país, es un mensaje! Aprendamos a trabajar juntos y a esperar juntos, para que así sea realmente.
¡Dios bendiga a los libaneses, a todos ustedes, al Medio Oriente y a toda la humanidad! ¡Gracias y hasta pronto! (en árabe)





0 comentarios