PAPA LEÓN XIV | En la persecución, Dios es fuente de redención; en la mentira, es ancla de verdad

1 febrero, 2026

PAPA LEÓN XIV | En la persecución, Dios es fuente de redención; en la mentira, es ancla de verdad, así lo compartía el Santo Padre al compartir su mensaje antes de recitar la oración mariana del Ángelus. Antes del mediodía de hoy, Su Santidad León XIV se presentaba en la ventana del Estudio Apostólico Vaticano desde donde se reunía con fieles y peregrinos presentes en Plaza San Pedro en Ciudad del Vaticano.

El Papa nos decía, “en la liturgia de hoy se proclama una página espléndida de la Buena Nueva que Jesús anuncia a toda la humanidad: el Evangelio de las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12). En la montaña, Cristo entrega a los discípulos la nueva ley, la escrita en los corazones, ya no en piedra: es una ley que renueva nuestra vida y la hace buena, incluso cuando en el mundo parece fallida y miserable. Solo Dios puede llamar verdaderamente bienaventurados a los pobres y a los afligidos (cf. vv. 3-4), porque Él es el bien supremo que se dona a todos con amor infinito”.

Continuando agregó, “en la persecución, Dios es fuente de redención; en la mentira, es ancla de verdad. Por eso Jesús proclama: «¡Alégrense y regocíjense!» (v. 12). Estas Bienaventuranzas siguen siendo una paradoja solo para quienes creen que Dios es diferente de cómo lo revela Cristo. Quienes esperan que los poderosos sean siempre los dueños de la tierra, se sorprenden con las palabras del Señor”.

Profundizando, el Santo Padre señalaba, “así es como Jesús ilumina el sentido de la historia: no la escrita por los vencedores, sino la que Dios realiza salvando a los oprimidos. El Hijo mira al mundo con el realismo del amor del Padre; en el lado opuesto están, como decía el Papa Francisco, «los profesionales de la ilusión. No hay que seguirlos, porque son incapaces de darnos esperanza» (Ángelus, 17 de febrero de 2019). Dios, en cambio, da esta esperanza ante todo a quienes el mundo descarta como desesperados”.

Finalizando, el Pontífice nos decía, “(…) las Bienaventuranzas se convierten para nosotros en una prueba de felicidad y nos llevan a preguntarnos si la consideramos una conquista que se compra o un don que se comparte; si la depositamos en objetos que se consumen o en relaciones que nos acompañan. Las Bienaventuranzas exaltan a los humildes y dispersan a los soberbios en los pensamientos de su corazón (cf. Lc 1,51-52)”.

A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Su Santidad León XIV:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen domingo!

En la liturgia de hoy se proclama una página espléndida de la Buena Nueva que Jesús anuncia a toda la humanidad: el Evangelio de las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12). Estas son, en efecto, luces que el Señor enciende en la penumbra de la historia, revelando el proyecto de salvación que el Padre realiza a través del Hijo, con la potencia del Espíritu Santo.

En la montaña, Cristo entrega a los discípulos la nueva ley, la escrita en los corazones, ya no en piedra: es una ley que renueva nuestra vida y la hace buena, incluso cuando en el mundo parece fallida y miserable. Solo Dios puede llamar verdaderamente bienaventurados a los pobres y a los afligidos (cf. vv. 3-4), porque Él es el bien supremo que se dona a todos con amor infinito. Solo Dios puede saciar a quienes buscan la paz y la justicia (cf. vv. 6.9), porque Él es el juez justo del mundo, autor de la paz eterna. Solo en Dios encuentran alegría los mansos, los misericordiosos y los puros de corazón (vv. 5.7-8), porque Él es la realización de su espera. En la persecución, Dios es fuente de redención; en la mentira, es ancla de verdad. Por eso Jesús proclama: «¡Alégrense y regocíjense!» (v. 12).

Estas Bienaventuranzas siguen siendo una paradoja solo para quienes creen que Dios es diferente de cómo lo revela Cristo. Quienes esperan que los poderosos sean siempre los dueños de la tierra, se sorprenden con las palabras del Señor. Quienes están acostumbrados a pensar que la felicidad pertenece a los ricos, podrían creer que Jesús es un iluso. Pero la ilusión está precisamente en la falta de fe en Cristo: Él es el pobre que comparte su vida con todos, el manso que persevera en el dolor, el pacificador perseguido hasta la muerte en la cruz.

Así es como Jesús ilumina el sentido de la historia: no la escrita por los vencedores, sino la que Dios realiza salvando a los oprimidos. El Hijo mira al mundo con el realismo del amor del Padre; en el lado opuesto están, como decía el Papa Francisco, «los profesionales de la ilusión. No hay que seguirlos, porque son incapaces de darnos esperanza» (Ángelus, 17 de febrero de 2019). Dios, en cambio, da esta esperanza ante todo a quienes el mundo descarta como desesperados.

Entonces, queridos hermanos y hermanas, las Bienaventuranzas se convierten para nosotros en una prueba de felicidad y nos llevan a preguntarnos si la consideramos una conquista que se compra o un don que se comparte; si la depositamos en objetos que se consumen o en relaciones que nos acompañan. De hecho, es «por causa de Cristo» (cf. v. 11) y gracias a Él que la amargura de las pruebas se transforma en la alegría de los redimidos: Jesús no habla de un consuelo lejano, sino de una gracia constante que nos sostiene siempre, sobre todo en la hora de la aflicción.

Las Bienaventuranzas exaltan a los humildes y dispersan a los soberbios en los pensamientos de su corazón (cf. Lc 1,51-52). Por eso pedimos la intercesión de la Virgen María, sierva del Señor, a quien todas las generaciones llaman bienaventurada.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

He recibido con gran preocupación noticias sobre un aumento de las tensiones entre Cuba y los Estados Unidos de América, dos países vecinos. Me uno al mensaje de los obispos cubanos, invitando a todos los responsables a promover un diálogo sincero y eficaz, para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano. ¡Que la Virgen de la Caridad del Cobre asista y proteja a todos los hijos de esa querida tierra!

Aseguro mi oración por las numerosas víctimas del derrumbe en una mina en Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo. ¡Que el Señor sostenga a ese pueblo que tanto sufre!

Oremos también por los difuntos y por quienes sufren a causa de las tormentas que en los últimos días han azotado Portugal y el sur de Italia. Y no olvidemos a las poblaciones de Mozambique, duramente afectadas por las inundaciones.

Hoy se celebra en Italia el «Día Nacional de las Víctimas Civiles de las Guerras y los Conflictos en el Mundo». Esta iniciativa es, lamentablemente, de trágica actualidad: cada día se registran víctimas civiles de acciones armadas que violan abiertamente la moral y el derecho. Los muertos y heridos de ayer y de hoy serán verdaderamente honrados cuando se ponga fin a esta intolerable injusticia.

El próximo viernes darán comienzo los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, a los que seguirán los Juegos Paralímpicos. Dirijo mis mejores deseos a los organizadores y a todos los atletas. Estos grandes eventos deportivos constituyen un fuerte mensaje de fraternidad y reavivan la esperanza en un mundo en paz. Este es también el sentido de la tregua olímpica, una antigua costumbre que acompaña el desarrollo de los Juegos. Espero que todos aquellos que tienen en el corazón la paz entre los pueblos y ocupan puestos de autoridad sepan aprovechar esta ocasión para realizar gestos concretos de distensión y diálogo.

¡Saludo a todos ustedes, queridos romanos y peregrinos venidos de diversos países!

En particular, me complace dar la bienvenida a los miembros del movimiento Luz-Vida de la Diócesis de Siedlce, en Polonia, acompañados por el obispo auxiliar. Saludo a los grupos de fieles de Paraná, en Argentina; de Chojnice, Varsovia, Breslavia y Wagrowiec, en Polonia; de Pula y Sinj, en Croacia; de la Ciudad de Guatemala y San Salvador; así como a los estudiantes del Instituto «Rodríguez Moñino» de Badajoz y a los de Cuenca, en España. Saludo también a los devotos de Nuestra Señora de los Milagros de Corbetta, cerca de Milán.

Les agradezco de corazón sus oraciones y les deseo a todos un buen domingo.

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