PAPA LEÓN XIV | Nada de lo finito puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios y no encontramos paz hasta que descansamos en Él

22 marzo, 2026

PAPA LEÓN XIV | Nada de lo finito puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios y no encontramos paz hasta que descansamos en Él, así lo compartió el Santo Padre en su mensaje antes de recitar la oración mariana del Ángelus. Antes del mediodía de hoy (hora de Roma), Su Santidad León XIV se ha presentado en la ventana del Estudio Apostólico Vaticano, desde donde se reunía con fieles y peregrinos presentes en Plaza San Pedro.

El Papa nos decía, “en este quinto domingo de Cuaresma, se proclama en la liturgia el Evangelio de la resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45). La liturgia nos invita así a revivir, a la luz de la Semana Santa que ya se acerca, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén, la Última Cena, el juicio, la crucifixión, el entierro— para captar su sentido más auténtico y abrirnos al don de gracia que encierran.

De hecho, es en Cristo Resucitado, vencedor de la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, donde esos acontecimientos encuentran su plenitud, para nuestra salvación y plenitud de vida”. Más adelante, el Santo Padre señalaba, “nada de lo finito puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios y no encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Confesiones, I, 1.1).

El relato de la resurrección de Lázaro, entonces, nos invita a escuchar esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, a liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como peñascos, nos encierran en el sepulcro del egoísmo, del materialismo, de la violencia, de la superficialidad”. Completando, el Pontífice nos dijo, “también a nosotros Jesús nos grita: «¡Sal!» (Jn 11,43), animándonos a salir, regenerados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin medida”.

A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Su Santidad León XIV:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este quinto domingo de Cuaresma, se proclama en la liturgia el Evangelio de la resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45).

En el camino cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna, que recibimos con el Bautismo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1265). Jesús nos dice hoy también a nosotros, como a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,25-26).

La liturgia nos invita así a revivir, a la luz de la Semana Santa que ya se acerca, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén, la Última Cena, el juicio, la crucifixión, el entierro— para captar su sentido más auténtico y abrirnos al don de gracia que encierran.

De hecho, es en Cristo Resucitado, vencedor de la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, donde esos acontecimientos encuentran su plenitud, para nuestra salvación y plenitud de vida.

Su gracia ilumina este mundo, que parece estar en continua búsqueda de novedades y cambios, incluso a costa de sacrificar cosas importantes —tiempo, energías, valores, afectos—, como si la fama, los bienes materiales, los entretenimientos y las relaciones efímeras pudieran llenar nuestro corazón o hacernos inmortales. Es el síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva en sí, cuya respuesta, sin embargo, no puede confiarse a lo que pasa. Nada de lo finito puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios y no encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Confesiones, I, 1.1).

El relato de la resurrección de Lázaro, entonces, nos invita a escuchar esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, a liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como peñascos, nos encierran en el sepulcro del egoísmo, del materialismo, de la violencia, de la superficialidad. En estos lugares no hay vida, sino solo desorientación, insatisfacción y soledad.

También a nosotros Jesús nos grita: «¡Sal!» (Jn 11,43), animándonos a salir, regenerados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin medida.

Que la Virgen María nos ayude a vivir así estos días santos: con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que se renueve también para nosotros, cada día, la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Sigo con consternación la situación en Oriente Medio, así como en otras regiones del mundo desgarradas por la guerra y la violencia. No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas, víctimas indefensas de estos conflictos. Lo que les hiere, hiere a toda la humanidad. ¡La muerte y el dolor provocados por estas guerras son un escándalo para toda la familia humana y un grito ante Dios! Renuevo con fuerza el llamado a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz basados en el diálogo sincero y en el respeto a la dignidad de cada persona humana.

Hoy se celebra en Roma la gran Maratón, con muchísimos atletas procedentes de todo el mundo. ¡Esto es un signo de esperanza! Que el deporte trace caminos de paz, de inclusión social y de espiritualidad.

Dirijo mi cordial saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países, en particular a los que han venido de la diócesis de Córdoba, en España.

Acojo con alegría a los fieles de Belluno y Pordenone, de Crotone y de la parroquia de Santa Maria delle Grazie en Roma. Saludo a los jóvenes de Nave, diócesis de Brescia, al grupo de confirmandos de la diócesis de Florencia y a los representantes de la Asociación de Directores de Hoteles.

¡Les deseo a todos un feliz domingo!

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