PAPA LEÓN XIV | Pidamos, al Padre Celestial, por intercesión de María y de San José, que bendiga a nuestras familias y a todas las familias del mundo, para que, sean para todos un signo eficaz de su presencia y de su caridad sin fin, así lo dijo el Santo Padre al compartir su mensaje antes de recitar la oración mariana del Ángelus en la Solemnidad de la Sagrada Familia de Nazareth. Antes del mediodía de hoy (hora de Roma), Su Santidad León XIV se presentaba en la ventana del Estudio Apostólico desde donde se reunión con fieles y peregrinos presentes en Plaza San Pedro.
El Papa nos decía, “hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia y la liturgia nos propone el relato de la «huida a Egipto» (cf. Mt 2, 13-15.19-23). Es un momento de prueba para Jesús, María y José. Sobre el luminoso cuadro de la Navidad se proyecta, casi de improviso, la inquietante sombra de una amenaza mortal, que tiene su origen en la atormentada vida de Herodes, un hombre cruel y sanguinario, temido por su crueldad, pero precisamente por eso profundamente solo y obsesionado por el miedo a ser destronado”.
Continuando, dijo, “precisamente esta dureza de corazón, sin embargo, pone aún más de relieve el valor de la presencia y la misión de la Sagrada Familia que, en el mundo despótico y codicioso que representa el tirano, es nido y cuna de la única respuesta posible de salvación: la de Dios que, en total gratuidad, se entrega a los hombres sin reservas y sin pretensiones. En Egipto, de hecho, la llama del amor doméstico a la que el Señor ha confiado su presencia en el mundo crece y cobra vigor para llevar la luz al mundo entero”.
Finalmente, el Papa compartió, “mientras contemplamos con asombro y gratitud este misterio, pensamos en nuestras familias y en la luz que también ellas pueden aportar a la sociedad en la que vivimos. El mundo, por desgracia, siempre tiene sus «Herodes», sus mitos del éxito a cualquier precio, del poder sin escrúpulos, del bienestar vacío y superficial, y a menudo paga las consecuencias en soledad, desesperación, divisiones y conflictos”. Pidamos, pues, al Padre Celestial, por intercesión de María y de San José, que bendiga a nuestras familias y a todas las familias del mundo, para que, creciendo según el modelo de la de su Hijo hecho hombre, sean para todos un signo eficaz de su presencia y de su caridad sin fin”.
A continuación, compartimos en forma completa el mensaje de Su Santidad León XIV:
FIESTA DE LA SANTÍSIMA FAMILIA DE NAZARET
PAPA LEÓN XIV
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro
Domingo, 28 de diciembre de 2025
Queridos hermanos y hermanas, ¡buen domingo!
Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia y la liturgia nos propone el relato de la «huida a Egipto» (cf. Mt 2, 13-15.19-23).
Es un momento de prueba para Jesús, María y José. Sobre el luminoso cuadro de la Navidad se proyecta, casi de improviso, la inquietante sombra de una amenaza mortal, que tiene su origen en la atormentada vida de Herodes, un hombre cruel y sanguinario, temido por su crueldad, pero precisamente por eso profundamente solo y obsesionado por el miedo a ser destronado. Cuando se entera por los Magos de que ha nacido el «rey de los judíos» (cf. Mt 2, 2), sintiéndose amenazado en su poder, decreta la muerte de todos los niños de la edad de Jesús. En su reino, Dios está realizando el milagro más grande de la historia, en el que se cumplen todas las antiguas promesas de salvación, pero él no es capaz de verlo, cegado por el miedo a perder el trono, sus riquezas, sus privilegios. En Belén hay luz, hay alegría: algunos pastores han recibido el anuncio celestial y ante el pesebre han glorificado a Dios (cf. Lc 2,8-20), pero nada de esto logra penetrar más allá de las defensas blindadas del palacio real, salvo como un eco distorsionado de una amenaza, que hay que sofocar con violencia ciega.
Precisamente esta dureza de corazón, sin embargo, pone aún más de relieve el valor de la presencia y la misión de la Sagrada Familia que, en el mundo despótico y codicioso que representa el tirano, es nido y cuna de la única respuesta posible de salvación: la de Dios que, en total gratuidad, se entrega a los hombres sin reservas y sin pretensiones. Y el gesto de José, que, obediente a la voz del Señor, lleva a salvo a la Esposa y al Niño, se manifiesta aquí en todo su significado redentor. En Egipto, de hecho, la llama del amor doméstico a la que el Señor ha confiado su presencia en el mundo crece y cobra vigor para llevar la luz al mundo entero.
Mientras contemplamos con asombro y gratitud este misterio, pensamos en nuestras familias y en la luz que también ellas pueden aportar a la sociedad en la que vivimos. El mundo, por desgracia, siempre tiene sus «Herodes», sus mitos del éxito a cualquier precio, del poder sin escrúpulos, del bienestar vacío y superficial, y a menudo paga las consecuencias en soledad, desesperación, divisiones y conflictos. No dejemos que estos espejismos apaguen la llama del amor en las familias cristianas. Al contrario, custodiamos en ellas los valores del Evangelio: la oración, la frecuencia a los sacramentos —especialmente la Confesión y la Comunión—, los afectos sanos, el diálogo sincero, la fidelidad, la sencillez y la belleza de las palabras y los gestos buenos de cada día. Esto las convertirá en luz de esperanza para los entornos en los que vivimos, escuela de amor e instrumento de salvación en las manos de Dios (cf. Francisco, Homilía en la Misa por el X Encuentro Mundial de las Familias, 25 de junio de 2022).
Pidamos, pues, al Padre Celestial, por intercesión de María y de San José, que bendiga a nuestras familias y a todas las familias del mundo, para que, creciendo según el modelo de la de su Hijo hecho hombre, sean para todos un signo eficaz de su presencia y de su caridad sin fin.
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Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Saludo cordialmente a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países.
En particular, saludo a los jóvenes de Clusone, Gerenzano y San Bartolomeo in Bosco, a los confirmandos de Adrara San Martino, a los jóvenes y monaguillos de Brescia, a los participantes en la peregrinación de preadolescentes de la Unidad Pastoral de Sarezzo y a los scouts de Treviso.
Saludo también a los educadores de la Acción Católica de Limena y los de Morciano di Romagna, a los animadores del Oratorio San Pío X de Portogruaro, al grupo de voluntarios de Borgomanero, a los fieles de San Cataldo y Serradifalco y a los miembros de la Pro Loco de Sant’Egidio del Monte Albino.
A la luz de la Navidad del Señor, sigamos rezando por la paz. Hoy, en particular, recemos por las familias que sufren a causa de la guerra, por los niños, los ancianos y las personas más frágiles. Confiémonos juntos a la intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret.
Les deseo a todos:¡buen domingo!





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