{"id":10241,"date":"2019-11-21T06:00:07","date_gmt":"2019-11-21T09:00:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=10241"},"modified":"2019-11-21T06:00:07","modified_gmt":"2019-11-21T09:00:07","slug":"tailandia-todos-somos-discipulos-misioneros-cuando-nos-animamos-a-ser-parte-viva-de-la-familia-del-senor-y-lo-hacemos-compartiendo-como-el-lo-hizo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/tailandia-todos-somos-discipulos-misioneros-cuando-nos-animamos-a-ser-parte-viva-de-la-familia-del-senor-y-lo-hacemos-compartiendo-como-el-lo-hizo\/","title":{"rendered":"Tailandia | Todos somos disc\u00edpulos misioneros cuando nos animamos a ser parte viva de la familia del Se\u00f1or y lo hacemos compartiendo como E\u0301l lo hizo"},"content":{"rendered":"<p><strong>VIAJE APOST\u00d3LICO <\/strong><\/p>\n<p><strong>Tailandia <\/strong>| <strong>Todos somos disc\u00edpulos misioneros cuando nos animamos a ser parte viva de la familia del Se\u00f1or y lo hacemos compartiendo como E\u0301l lo hizo<\/strong>, as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el <strong>Santo Padre Francisco<\/strong> al celebrar <strong>Santa Misa<\/strong> este 21 de noviembre en el <strong>Estadio Nacional Bangkok<\/strong>. En la Homil\u00eda <strong>Su Santidad<\/strong> se refiri\u00f3 al Evangelio, <strong>\u00ab\u00bfQuie\u0301n es mi madre y quie\u0301nes son mis hermanos?\u00bb<\/strong> (Mt 12,48).<\/p>\n<p>Al respecto, el <strong>Santo Padre<\/strong> afirm\u00f3, <strong><em>\u201ccon esta pregunta, Jesu\u0301s desafio\u0301 a toda aquella multitud que lo escuchaba a preguntarse por algo que puede parecer tan obvio como seguro: \u00bfquie\u0301nes son los miembros de nuestra familia, aquellos que nos pertenecen y a quienes pertenecemos?\u201d.<\/em><\/strong> Agregando, <strong><em>\u201cdejando que la pregunta hiciera eco en ellos de forma clara y novedosa responde: \u00abTodo el que hace la voluntad de mi Padre que esta\u0301 en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre\u00bb<\/em><\/strong> (Mt 12,50)\u201d.<\/p>\n<p><strong>Su Santidad Francisco<\/strong>, entonces nos se\u00f1ala, <strong><em>\u201cde esta manera rompe no solo los determinismos religiosos y legales de la e\u0301poca, sino tambie\u0301n todas las pretensiones excesivas de quienes podri\u0301an creerse con derechos o preferencias sobre E\u0301l.<\/em><\/strong><em>\u00a0<strong>El Evangelio es una invitacio\u0301n y un derecho gratuito para todos aquellos que quieran escuchar<\/strong><\/em><strong><em>\u201d<\/em><\/strong><strong><em>.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Continuando, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> nos ilustr\u00f3, <strong><em>\u201ces sorprendente notar co\u0301mo el Evangelio esta\u0301 tejido de preguntas que buscan inquietar, despertar e invitar a los disci\u0301pulos a ponerse en camino, para que descubran esa verdad capaz de dar y generar vida<\/em><\/strong><strong><em>; preguntas que buscan abrir el corazo\u0301n y el horizonte al encuentro de una novedad mucho ma\u0301s hermosa de lo que pueden imaginar\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Volviendo a lo vivido por quienes hace m\u00e1s de tres siglos llegaron a <strong>Tailandia<\/strong> para desplegar su misi\u00f3n Evangelizadora, el <strong>Papa<\/strong> afirm\u00f3, <strong><em>\u201casi\u0301 les paso\u0301 a los primeros misioneros que se pusieron en camino y llegaron a estas tierras; escuchando la palabra del Sen\u0303or, buscando responder a sus preguntas, pudieron ver que perteneci\u0301an a una familia mucho ma\u0301s grande que aquella que se genera por lazos de sangre, de cultura, de regio\u0301n o de pertenencia a un determinado grupo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Y hablando de esa tarea emprendida hace tantos a\u00f1os, <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> dijo, <strong><em>\u201csalieron a buscar sus rostros. Era necesario abrir el corazo\u0301n a una nueva medida, capaz de superar todos los adjetivos que siempre dividen, para descubrir a tantas madres y hermanos thai que faltaban en su mesa dominical. No solo por todo lo que podi\u0301an ofrecerles sino tambie\u0301n por todo lo que necesitaban de ellos para crecer en la fe y en la comprensio\u0301n de las Escrituras <\/em><\/strong>(cf. CONC. VAT. II, Const. dogm. Dei Verbum, 8)\u201d.<\/p>\n<p><strong>El <\/strong><strong>Santo Padre<\/strong><strong>, expres\u00f3 adem\u00e1s,<\/strong><strong> <em>\u201ce<\/em><\/strong><strong><em>l disci\u0301pulo misionero no es un mercenario de la fe ni un generador de prose\u0301litos<\/em><\/strong><em>, <strong>sino un mendicante que reconoce que le faltan sus hermanos, hermanas y madres, con quienes celebrar y festejar el don irrevocable de la reconciliacio\u0301n que Jesu\u0301s nos regala a todos: el banquete esta\u0301 preparado, salgan a buscar a todos los que encuentren por el camino<\/strong><\/em> (cf. Mt 22,4.9)\u201d.<\/p>\n<p>El <strong>Santo Padre<\/strong> entonces, record\u00f3, <strong><em>\u201chan pasado 350 an\u0303os de la creacio\u0301n del Vicariato Aposto\u0301lico de Siam (1669-2019), signo del abrazo familiar producido en estas tierras. Tan solo dos misioneros fueron capaces de animarse a sembrar las semillas que, desde hace tanto tiempo, vienen creciendo y floreciendo en una variedad de iniciativas aposto\u0301licas, que han contribuido a la vida de la nacio\u0301n. Este aniversario no significa nostalgia del pasado sino fuego esperanzador para que, en el presente, tambie\u0301n nosotros podamos responder con la misma determinacio\u0301n, fortaleza y confianza\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos con ustedes la Homil\u00eda pronunciada por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p><em>\u00ab\u00bfQuie\u0301n es mi madre y quie\u0301nes son mis hermanos?\u00bb (Mt 12,48). Con esta pregunta, Jesu\u0301s desafio\u0301 a toda aquella multitud que lo escuchaba a preguntarse por algo que puede parecer tan obvio como seguro: \u00bfquie\u0301nes son los miembros de nuestra familia, aquellos que nos pertenecen y a quienes pertenecemos? Dejando que la pregunta hiciera eco en ellos de forma clara y novedosa responde: \u00abTodo el que hace la voluntad de mi Padre que esta\u0301 en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre\u00bb (Mt 12,50). De esta manera rompe no solo los determinismos religiosos y legales de la e\u0301poca, sino tambie\u0301n todas las pretensiones excesivas de quienes podri\u0301an creerse con derechos o preferencias sobre E\u0301l.\u00a0<strong>El Evangelio es una invitacio\u0301n y un derecho gratuito para todos aquellos que quieran escuchar.<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em>Es sorprendente notar co\u0301mo el Evangelio esta\u0301 tejido de preguntas que buscan inquietar, despertar e invitar a los disci\u0301pulos a ponerse en camino, para que descubran esa verdad capaz de dar y generar vida; preguntas que buscan abrir el corazo\u0301n y el horizonte al encuentro de una novedad mucho ma\u0301s hermosa de lo que pueden imaginar. Las preguntas del Maestro siempre quieren renovar nuestra vida y la de nuestra comunidad con una alegri\u0301a sin igual (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 11).<\/em><\/p>\n<p><em>Asi\u0301 les paso\u0301 a los primeros misioneros que se pusieron en camino y llegaron a estas tierras; escuchando la palabra del Sen\u0303or, buscando responder a sus preguntas, pudieron ver que perteneci\u0301an a una familia mucho ma\u0301s grande que aquella que se genera por lazos de sangre, de cultura, de regio\u0301n o de pertenencia a un determinado grupo. Impulsados por la fuerza del Espi\u0301ritu, y cargados sus bolsos con\u00a0<strong>la esperanza que nace de la buena noticia del Evangelio<\/strong>, se pusieron en camino para encontrar a los miembros de esa familia suya que todavi\u0301a no conoci\u0301an. Salieron a buscar sus rostros. Era necesario abrir el corazo\u0301n a una nueva medida, capaz de superar todos los adjetivos que siempre dividen, para descubrir a tantas madres y hermanos thai que faltaban en su mesa dominical. No solo por todo lo que podi\u0301an ofrecerles sino tambie\u0301n por todo lo que necesitaban de ellos para crecer en la fe y en la comprensio\u0301n de las Escrituras (cf. CONC. VAT. II, Const. dogm. Dei Verbum, 8).<\/em><\/p>\n<p><em>Sin ese encuentro, al cristianismo le hubiese faltado su rostro; le hubiesen faltado los cantos, los bailes, que configuran la sonrisa thai tan particular de estas tierras. Asi\u0301 vislumbraron mejor el designio amoroso del Padre, que es mucho ma\u0301s grande que todos nuestros ca\u0301lculos y previsiones, y que no puede reducirse a un pun\u0303ado de personas o a un determinado contexto cultural.\u00a0<strong>El disci\u0301pulo misionero no es un mercenario de la fe ni un generador de prose\u0301litos<\/strong>, sino un mendicante que reconoce que le faltan sus hermanos, hermanas y madres, con quienes celebrar y festejar el don irrevocable de la reconciliacio\u0301n que Jesu\u0301s nos regala a todos: el banquete esta\u0301 preparado, salgan a buscar a todos los que encuentren por el camino (cf. Mt 22,4.9). Este envi\u0301o es fuente de alegri\u0301a, gratitud y felicidad plena, porque \u00able permitimos a Dios que nos lleve ma\u0301s alla\u0301 de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser ma\u0301s verdadero. Alli\u0301 esta\u0301 el manantial de la accio\u0301n evangelizadora\u00bb (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 8).<\/em><\/p>\n<p><em>Han pasado 350 an\u0303os de la creacio\u0301n del Vicariato Aposto\u0301lico de Siam (1669-2019), signo del abrazo familiar producido en estas tierras. Tan solo dos misioneros fueron capaces de animarse a sembrar las semillas que, desde hace tanto tiempo, vienen creciendo y floreciendo en una variedad de iniciativas aposto\u0301licas, que han contribuido a la vida de la nacio\u0301n. Este aniversario no significa nostalgia del pasado sino fuego esperanzador para que, en el presente, tambie\u0301n nosotros podamos responder con la misma determinacio\u0301n, fortaleza y confianza. Es memoria festiva y agradecida que nos ayuda a\u00a0<strong>salir alegremente a compartir la vida nueva, que viene del Evangelio<\/strong>, con todos los miembros de nuestra familia que au\u0301n no conocemos.<\/em><\/p>\n<p><em>Todos somos disci\u0301pulos misioneros cuando nos animamos a ser parte viva de la familia del Sen\u0303or y lo hacemos compartiendo como E\u0301l lo hizo: no tuvo miedo de sentarse a la mesa de los pecadores, para asegurarles que en la mesa del Padre y de la creacio\u0301n habi\u0301a tambie\u0301n un lugar reservado para ellos; toco\u0301 a los que se consideraban impuros y, deja\u0301ndose tocar por ellos, les ayudo\u0301 a\u00a0<strong>comprender la cercani\u0301a de Dios<\/strong>, es ma\u0301s, a comprender que ellos eran los bienaventurados (cf. San Juan Pablo II, Exhort. ap. postsin. Ecclesia in Asia, 11).<\/em><\/p>\n<p><em>Pienso especialmente en esos nin\u0303os, nin\u0303as y mujeres, expuestos a la prostitucio\u0301n y a la trata, desfigurados en su dignidad ma\u0301s aute\u0301ntica; en esos jo\u0301venes esclavos de la droga y el sin sentido que termina por nublar su mirada y cauterizar sus suen\u0303os; pienso en los migrantes despojados de su hogar y familias, asi\u0301 como tantos otros que, como ellos, pueden sentirse olvidados, hue\u0301rfanos, abandonados, \u00absin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida\u00bb (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 49). Pienso en pescadores explotados, en mendigos ignorados.\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Ellos son parte de nuestra familia, son nuestras madres y nuestros hermanos, no le privemos a nuestras comunidades de sus rostros, de sus llagas, de sus sonrisas y de sus vidas; y no le privemos a sus llagas y a sus heridas de la uncio\u0301n misericordiosa del amor de Dios.\u00a0<strong>El disci\u0301pulo misionero sabe que la evangelizacio\u0301n no es sumar membresi\u0301as ni aparecer poderosos<\/strong>, sino abrir puertas para vivir y compartir el abrazo misericordioso y sanador de Dios Padre que nos hace familia.<\/em><\/p>\n<p><em>Querida comunidad tailandesa: Sigamos en camino, tras las huellas de los primeros misioneros, para encontrar, descubrir y reconocer alegremente todos esos rostros de madres, padres y hermanos, que el Sen\u0303or nos quiere regalar y le faltan a nuestro banquete dominical.<\/em><\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST\u00d3LICO Tailandia | Todos somos disc\u00edpulos misioneros cuando nos animamos a ser parte viva de la familia del Se\u00f1or y lo hacemos compartiendo como E\u0301l lo hizo, as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el Santo Padre Francisco al celebrar Santa Misa este 21 de noviembre en el Estadio Nacional Bangkok. 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