{"id":13212,"date":"2020-05-06T08:00:32","date_gmt":"2020-05-06T11:00:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=13212"},"modified":"2020-05-06T08:00:32","modified_gmt":"2020-05-06T11:00:32","slug":"papa-francisco-la-oracion-es-el-aliento-de-la-fe-es-tener-las-dos-manos-levantadas-una-voz-que-clama-por-implorar-el-don-de-la-salvacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-la-oracion-es-el-aliento-de-la-fe-es-tener-las-dos-manos-levantadas-una-voz-que-clama-por-implorar-el-don-de-la-salvacion\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | La oraci\u00f3n es el aliento de la fe, es tener las dos manos levantadas, una voz que clama por implorar el don de la salvaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>Papa Francisco<\/strong> | La oraci\u00f3n es el aliento de la fe, es tener las dos manos levantadas, una voz que clama por implorar el don de la salvaci\u00f3n, la s\u00edntesis se desprende del mensaje brindado por el <strong>Santo Padre<\/strong> durante la audiencia general del d\u00eda mi\u00e9rcoles. Desde la <strong>Biblioteca de Palacio Apost\u00f3lico Vaticano<\/strong>, <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> inici\u00f3 u nuevo ciclo de catequesis sobre el tema de la oraci\u00f3n, centrando su mensaje en la historia de Bartimeo, un personaje del <strong>Evangelio<\/strong> (cf. Mc 10, 46-52 y par).<\/p>\n<p>Al respecto nos dec\u00eda, <strong><em>\u201c(\u2026) este hombre entra en los Evangelios como una voz que grita en voz alta. El no nos ve; no sabe si Jes\u00fas est\u00e1 cerca o lejos, pero lo oye, lo entiende de la multitud, lo que en cierto punto aumenta y se acerca (&#8230;)\u201d. <\/em><\/strong>Continuando, agrega, <strong><em>\u201cusa la \u00fanica arma en su poder: la voz. Comienza a gritar: \u00abHijo de David, Jes\u00fas, ten piedad de m\u00ed\u00bb. (v. 47). Y as\u00ed contin\u00faa, gritando\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Dec\u00eda el <strong>Santo Padre<\/strong> sobre el comportamiento de <strong>Bartimeo<\/strong>, <strong><em>\u201cesa terca terquedad de aquellos que buscan la gracia y tocan, tocan a la puerta del coraz\u00f3n de Dios. \u00c9l grita, toca. Esa expresi\u00f3n: \u00abHijo de David\u00bb es muy importante; significa \u00abel Mes\u00edas\u00bb &#8211; confiesa el Mes\u00edas &#8211; es una profesi\u00f3n de fe que sale de la boca de ese hombre despreciado por todos\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Entonces, contin\u00faa <strong>Su Santidad<\/strong> relatando, <strong><em>\u201c(\u2026) Jes\u00fas escucha su clamor. La oraci\u00f3n de Bartimeo toca su coraz\u00f3n, el coraz\u00f3n de Dios, y las puertas de la salvaci\u00f3n se abren para \u00e9l. Jes\u00fas lo llama. Se pone de pie de un salto y aquellos que antes le dec\u00edan que se callara ahora lo conducen al Maestro. Jes\u00fas le habla, le pide que exprese su deseo, esto es importante, y luego el grito se convierte en una pregunta: \u00ab\u00a1Puedo ver de nuevo, Se\u00f1or!\u00bb (ver v. 51)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Continuando, el Santo Padre relata, \u201cJes\u00fas le dice: <strong><em>\u00abVe, tu fe te ha salvado\u00bb (v. 52). Reconoce que el hombre pobre, indefenso y despreciado, todo el poder de su fe, que atrae la misericordia y el poder de Dios. La fe es tener las dos manos levantadas, una voz que clama por implorar el don de la salvaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>En ese punto de la explicaci\u00f3n, <strong>Su Santidad<\/strong> nos subraya, <strong><em>\u201cla oraci\u00f3n viene de la tierra, del humus, de donde se deriva \u00abhumildad\u00bb, \u00abhumildad\u00bb; proviene de nuestro estado precario, de nuestra continua sed de Dios (cf. ibid., 2560-2561)\u201d. <\/em><\/strong>Continuando, nos explica, <strong><em>\u201cm\u00e1s fuerte que cualquier argumento contrario, en el coraz\u00f3n humano hay una voz que invoca. <\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Todos tenemos esta voz adentro. Una voz que sale espont\u00e1neamente, sin que nadie lo ordene, una voz que cuestiona el significado de nuestro viaje hasta aqu\u00ed, especialmente cuando estamos en la oscuridad: \u00ab\u00a1Jes\u00fas, ten piedad de m\u00ed! Jes\u00fas, ten piedad de m\u00ed \u00ab. Hermosa oraci\u00f3n, esto\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos con ustedes la interpretaci\u00f3n del italiano al castellano del mensaje brindado por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n<blockquote><p><em>Queridos hermanos y hermanas, \u00a1buenos d\u00edas!<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy comenzamos un nuevo ciclo de catequesis sobre el tema de la oraci\u00f3n. La oraci\u00f3n es el aliento de la fe, es su expresi\u00f3n m\u00e1s adecuada. Como un grito que viene del coraz\u00f3n de aquellos que creen y conf\u00edan en Dios.<\/em><\/p>\n<p><em>Pensemos en la historia de Bartimeo, un personaje del Evangelio (cf. Mc 10, 46-52 y par). Y, lo confieso, para m\u00ed el m\u00e1s lindo de todos. Estaba ciego, sentado mendigando al costado del camino en las afueras de su ciudad, Jeric\u00f3. No es un personaje an\u00f3nimo, tiene una cara, un nombre: Bartimeo, que es \u00abhijo de Timeo\u00bb. Un d\u00eda oye que Jes\u00fas pasar\u00eda. De hecho, Jeric\u00f3 era una encrucijada de personas, continuamente atravesada por peregrinos y mercaderes. Entonces Bartimeo acecha: habr\u00eda hecho todo lo posible para encontrarse con Jes\u00fas. Muchas personas hicieron lo mismo: recuerden a Zaqueo, que trep\u00f3 al \u00e1rbol. Muchos tambi\u00e9n quer\u00edan ver a Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<p><em>Entonces este hombre entra en los Evangelios como una voz que grita en voz alta. El no nos ve; no sabe si Jes\u00fas est\u00e1 cerca o lejos, pero lo oye, lo entiende de la multitud, lo que en cierto punto aumenta y se acerca &#8230; Pero est\u00e1 completamente solo, y a nadie le importa. \u00bfY qu\u00e9 hace Bartimeo? Llora. Y grita, y sigue gritando. Usa la \u00fanica arma en su poder: la voz. Comienza a gritar: \u00abHijo de David, Jes\u00fas, ten piedad de m\u00ed\u00bb. (v. 47). Y as\u00ed contin\u00faa, gritando.<\/em><\/p>\n<p><em>Sus gritos repetidos molestan, no parecen corteses, y muchos lo rega\u00f1an, le dicen que se calle: \u00ab\u00a1Pero s\u00e9 cort\u00e9s, no hagas esto!\u00bb. Pero Bartimeo no calla, por el contrario, grita a\u00fan m\u00e1s fuerte: \u00abHijo de David, Jes\u00fas, ten piedad de m\u00ed\u00bb. (v. 47). Esa terca terquedad de aquellos que buscan la gracia y tocan, tocan a la puerta del coraz\u00f3n de Dios. \u00c9l grita, toca. Esa expresi\u00f3n: \u00abHijo de David\u00bb es muy importante; significa \u00abel Mes\u00edas\u00bb &#8211; confiesa el Mes\u00edas &#8211; es una profesi\u00f3n de fe que sale de la boca de ese hombre despreciado por todos.<\/em><\/p>\n<p><em>Y Jes\u00fas escucha su clamor. La oraci\u00f3n de Bartimeo toca su coraz\u00f3n, el coraz\u00f3n de Dios, y las puertas de la salvaci\u00f3n se abren para \u00e9l. Jes\u00fas lo llama. Se pone de pie de un salto y aquellos que antes le dec\u00edan que se callara ahora lo conducen al Maestro. Jes\u00fas le habla, le pide que exprese su deseo, esto es importante, y luego el grito se convierte en una pregunta: \u00ab\u00a1Puedo ver de nuevo, Se\u00f1or!\u00bb (ver v. 51).<\/em><\/p>\n<p><em>Jes\u00fas le dice: \u00abVe, tu fe te ha salvado\u00bb (v. 52). Reconoce que el hombre pobre, indefenso y despreciado, todo el poder de su fe, que atrae la misericordia y el poder de Dios. La fe es tener las dos manos levantadas, una voz que clama por implorar el don de la salvaci\u00f3n. El Catecismo afirma que \u00abla humildad es el fundamento de la oraci\u00f3n\u00bb (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2559). La oraci\u00f3n viene de la tierra, del humus, de donde se deriva \u00abhumildad\u00bb, \u00abhumildad\u00bb; proviene de nuestro estado precario, de nuestra continua sed de Dios (cf. ibid., 2560-2561).<\/em><\/p>\n<p><em>La fe, lo hemos visto en Bartimeo, es un grito; la no fe est\u00e1 sofocando ese grito. Esa actitud que ten\u00eda la gente al silenciarlo: no eran personas de fe, pero \u00e9l s\u00ed. Sofocar ese llanto es una especie de \u00absilencio\u00bb. La fe es protesta contra una condici\u00f3n dolorosa por la cual no entendemos por qu\u00e9; la no fe se limita a sufrir una situaci\u00f3n a la que nos hemos adaptado. La fe es la esperanza de ser salvo; la no fe es acostumbrarse al mal que nos oprime y continuar as\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas, comencemos esta serie de catequesis con el grito de Bartimeo, porque tal vez en una figura como la suya, todo ya est\u00e1 escrito. Bartimeo es un hombre perseverante. A su alrededor hab\u00eda personas que explicaban que la mendicidad era in\u00fatil, que era un grito sin respuesta, que era inquietante y que era suficiente, que por favor dejaran de gritar: pero no permaneci\u00f3 en silencio. Y al final consigui\u00f3 lo que quer\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>M\u00e1s fuerte que cualquier argumento contrario, en el coraz\u00f3n humano hay una voz que invoca. Todos tenemos esta voz adentro. Una voz que sale espont\u00e1neamente, sin que nadie lo ordene, una voz que cuestiona el significado de nuestro viaje hasta aqu\u00ed, especialmente cuando estamos en la oscuridad: \u00ab\u00a1Jes\u00fas, ten piedad de m\u00ed! Jes\u00fas, ten piedad de m\u00ed \u00ab. Hermosa oraci\u00f3n, esto.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfPero quiz\u00e1s estas palabras no est\u00e1n talladas en toda la creaci\u00f3n? Todo invoca y aboga por el misterio de la misericordia para encontrar su cumplimiento definitivo. Los cristianos no solo rezan: comparten el grito de oraci\u00f3n con todos los hombres y mujeres. Pero el horizonte a\u00fan se puede ampliar: Pablo dice que toda la creaci\u00f3n \u00abgime y sufre dolores de parto\u00bb (Rom 8:22). Los artistas a menudo se hacen int\u00e9rpretes de este grito silencioso de la creaci\u00f3n, que presiona a cada criatura y emerge sobre todo en el coraz\u00f3n del hombre, porque el hombre es un \u00abmendigo de Dios\u00bb (cf CCC, 2559). Hermosa definici\u00f3n del hombre: \u00abmendigo de Dios\u00bb. Gracias.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | La oraci\u00f3n es el aliento de la fe, es tener las dos manos levantadas, una voz que clama por implorar el don de la salvaci\u00f3n, la s\u00edntesis se desprende del mensaje brindado por el Santo Padre durante la audiencia general del d\u00eda mi\u00e9rcoles. 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