{"id":1500,"date":"2018-10-03T15:00:50","date_gmt":"2018-10-03T18:00:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=1500"},"modified":"2018-10-03T15:00:50","modified_gmt":"2018-10-03T18:00:50","slug":"papa-francisco-el-futuro-no-es-una-amenaza-que-hay-que-temer-sino-el-tiempo-que-el-senor-nos-promete-para-que-podamos-experimentar-la-comunion-con-el","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-el-futuro-no-es-una-amenaza-que-hay-que-temer-sino-el-tiempo-que-el-senor-nos-promete-para-que-podamos-experimentar-la-comunion-con-el\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | El futuro no es una amenaza que hay que temer, sino el tiempo que el Se\u00f1or nos promete para que podamos experimentar la comuni\u00f3n con \u00e9l"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/obcastrensearg_papa-francisco-s\u00ednodo-00.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1501\" src=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/obcastrensearg_papa-francisco-s\u00ednodo-00-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a>Papa Francisco<\/strong> | <strong>El futuro no es una amenaza que hay que temer, sino el tiempo que el Se\u00f1or nos promete para que podamos experimentar la comuni\u00f3n con \u00e9l<\/strong>, la cita fue expresada por <strong>Su Santidad<\/strong> en la jornada, durante, 1\u00aa Congregaci\u00f3n General de la XV Asamblea del S\u00ednodo de los Obispos. En la Apertura del S\u00ednodo 18, el <strong>Papa Francisco<\/strong> expresaba, <strong><em>\u201c(\u2026) vale la pena aferrarse a la barca de la Iglesia que, aun a trav\u00e9s de las terribles tempestades del mundo, sigue ofreciendo a todos refugio y hospitalidad; vale la pena que nos pongamos en actitud de escucha los unos de los otros; vale la pena nadar contra corriente y vincularse a los valores m\u00e1s grandes: la familia, la fidelidad, el amor, la fe, el sacrificio, el servicio, la vida eterna\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se refiri\u00f3 a la importancia del desarrollo del encuentro, se\u00f1alando<strong><em>, \u201cnuestra responsabilidad en el S\u00ednodo (\u2026), es demostrar que ten\u00edan raz\u00f3n en apostar: de verdad vale la pena, de verdad no es una p\u00e9rdida de tiempo\u201d.<\/em><\/strong> Siendo m\u00e1s explicito, agreg\u00f3, <strong><em>\u201ceI S\u00ednodo que estamos viviendo es un tiempo para la participaci\u00f3n (\u2026)\u201d. <\/em><\/strong><\/p>\n<p>Su <strong>Santidad Francisco<\/strong>, nos record\u00f3 que debemos,<em> <strong>(\u2026)<\/strong><\/em><strong><em>, invitar a todos a hablar con valent\u00eda y\u00a0parresia, es decir integrando\u00a0libertad, verdad y caridad.<\/em><\/strong><strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><strong><em>Solo el di\u00e1logo nos hace crecer. Una cr\u00edtica honesta y transparente es constructiva y \u00fatil, mientras que no lo son la vana palabrer\u00eda, los rumores, las sospechas o los prejuicios\u201d.<\/em><\/strong><strong>\u00a0 <\/strong>Record\u00e1ndonos,<strong> <em>\u201c(\u2026) la valent\u00eda en el hablar debe corresponder la humildad en el escuchar. El S\u00ednodo debe ser un ejercicio de di\u00e1logo, en primer lugar entre los que participan en \u00e9l\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n compartimos el mensaje brindado por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> en forma textual:<\/p>\n<blockquote><p><em>Estimadas Beatitudes, Eminencias y Excelencias<br \/>\nQueridos hermanos y hermanas, querid\u00edsimos j\u00f3venes.<\/em><\/p>\n<p><em>Entrando en esta aula para hablar de los j\u00f3venes, se siente ya la fuerza de su presencia, que transmite una positividad y un entusiasmo capaz de inundar y llenar de alegr\u00eda, no solo esta aula sino toda la Iglesia y el mundo entero.<\/em><\/p>\n<p><em>Por esta raz\u00f3n no puedo comenzar sin decirles antes \u00abgracias\u00bb.\u00a0<\/em><em>Gracias a los que estan aqu\u00ed presentes, gracias a tantas personas que, a lo largo de un camino de preparaci\u00f3n de dos a\u00f1os \u2014aqu\u00ed en la Iglesia de Roma y en todas las iglesias del mundo\u2014 han trabajado con entrega y pasi\u00f3n para que pudi\u00e9ramos llegar a este momento. Gracias de coraz\u00f3n al cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del S\u00ednodo, a los presidentes delegados, al cardenal Sergio da Rocha, relator general, a Mons. Fabio Fabene, subsecretario; a los oficiales de la Secretar\u00eda general y a los ayudantes; gracias a todos ustedes, padres sinodales, auditores, auditoras, expertos y consultores; a los delegados fraternos; a los traductores, a los cantores, a los periodistas. Gracias de coraz\u00f3n a todos por su participaci\u00f3n activa y fecunda.<\/em><\/p>\n<p><em>Un sentido \u00abgracias\u00bb merecen los dos secretarios especiales, Padre Giacomo Costa, jesuita, y Don Rossano Sala, salesiano, que han trabajado generosamente con empe\u00f1o y abnegaci\u00f3n. Se han dejado la piel en la preparaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Deseo enviar tambi\u00e9n un vivo agradecimiento a los j\u00f3venes que est\u00e1n conectados con nosotros en este momento, y a todos los j\u00f3venes que de distintas formas han hecho o\u00edr su voz. Les doy las gracias por haber apostado a favor de que merece la pena sentirse parte de la Iglesia, o entrar en di\u00e1logo con ella; vale la pena tener a la Iglesia como madre, como maestra, como casa, como familia, y que, a pesar de las debilidades humanas y las dificultades, es capaz de brillar y trasmitir el mensaje imperecedero de Cristo; vale la pena aferrarse a la barca de la Iglesia que, aun a trav\u00e9s de las terribles tempestades del mundo, sigue ofreciendo a todos refugio y hospitalidad; vale la pena que nos pongamos en actitud de escucha los unos de los otros; vale la pena nadar contra corriente y vincularse a los valores m\u00e1s grandes: la familia, la fidelidad, el amor, la fe, el sacrificio, el servicio, la vida eterna.<\/em><\/p>\n<p><em>Nuestra responsabilidad en el S\u00ednodo<\/em><em> es la de no desmentirlos, es m\u00e1s, la de demostrar que ten\u00edan raz\u00f3n en apostar: de verdad vale la pena, de verdad no es una p\u00e9rdida de tiempo.<\/em><\/p>\n<p><em>Y os doy las gracias especialmente a ustedes, queridos j\u00f3venes aqu\u00ed presentes. El camino de preparaci\u00f3n al S\u00ednodo nos ha ense\u00f1ado que el universo juvenil es tan variado que no puede ser representado totalmente, pero ustedes son de verdad un signo importante del mismo. Su participaci\u00f3n nos llena de alegr\u00eda y de esperanza.<\/em><\/p>\n<p><em>EI S\u00ednodo que estamos viviendo es un tiempo para la participaci\u00f3n<\/em><em>.\u00a0<\/em><em>Deseo, por tanto, en este inicio del itinerario de la Asamblea sinodal, invitar a todos a hablar con valent\u00eda y\u00a0parresia, es decir integrando\u00a0libertad, verdad y caridad.\u00a0Solo el di\u00e1logo nos hace crecer. Una cr\u00edtica honesta y transparente es constructiva y \u00fatil, mientras que no lo son la vana palabrer\u00eda, los rumores, las sospechas o los prejuicios.<\/em><\/p>\n<p><em>Y a la valent\u00eda en el hablar debe corresponder la humildad en el escuchar<\/em><em>.<\/em><em> Dec\u00eda a los j\u00f3venes en la reuni\u00f3n pre-sinodal: \u00abSi habla el que no me gusta, debo escuchar m\u00e1s, porque cada uno tiene el derecho de ser escuchado, como cada uno tiene el derecho de hablar\u00bb. Esta escucha franca requiere valent\u00eda para tomar la palabra y hacerse portavoz de tantos j\u00f3venes del mundo que no est\u00e1n presentes. Este escuchar es el que abre espacio al di\u00e1logo.\u00a0El S\u00ednodo debe ser un ejercicio de di\u00e1logo, en primer lugar entre los que participan en \u00e9l.\u00a0Y el primer fruto de ese di\u00e1logo es que cada uno se abra a la novedad, a cambiar su propia opini\u00f3n gracias a lo que ha escuchado de los dem\u00e1s. Esto es importante para el S\u00ednodo. Muchos de ustedes han preparado ya su intervenci\u00f3n antes de venir \u2014y les doy las gracias por este trabajo\u2014, pero los invito a sentirse libres de considerar lo que hayan preparado como un borrador provisional abierto a las eventuales integraciones y modificaciones que el camino sinodal os podr\u00e1 sugerir a cada uno. Sint\u00e1monos libres de atesorar y comprender a los dem\u00e1s y por tanto de cambiar nuestras convicciones y posiciones: es signo de gran madurez humana y espiritual.<\/em><\/p>\n<p><em>El S\u00ednodo es un ejercicio eclesial de discernimiento.\u00a0<\/em><em>La franqueza en el hablar y la apertura en el escuchar son fundamentales para que el S\u00ednodo sea un proceso de discernimiento. El discernimiento no es un\u00a0slogan\u00a0publicitario, no es una t\u00e9cnica organizativa, y ni siquiera una moda de este pontificado, sino una\u00a0actitud interior\u00a0que tiene su ra\u00edz en un\u00a0acto de fe. El discernimiento es el m\u00e9todo y a la vez el objetivo que nos proponemos: se funda en la convicci\u00f3n de que Dios est\u00e1 actuando en la historia del mundo, en los acontecimientos de la vida, en las personas que encuentro y que me hablan. Por eso estamos llamados a ponernos en actitud de escuchar lo que el Esp\u00edritu nos sugiere, de maneras y en direcciones muchas veces imprevisibles. El discernimiento tiene necesidad de espacios y de tiempos. Por esto dispongo que, durante los trabajos, en la asamblea plenaria y en los grupos, cada cinco intervenciones se observe un momento de silencio \u2014de tres minutos aproximadamente\u2014, para permitir que cada uno preste atenci\u00f3n a la resonancia que las cosas que ha escuchado suscite en su coraz\u00f3n, para profundizar y aceptar lo que m\u00e1s le haya interesado. Este inter\u00e9s con respecto a la interioridad es la llave para recorrer el camino del reconocer, interpretar y elegir.<\/em><\/p>\n<p><em>Somos signo de una Iglesia a la escucha y en camino<\/em><em>. La actitud de escucha no puede limitarse a las palabras que nos dirijamos en los trabajos sinodales. El camino de preparaci\u00f3n para este momento ha evidenciado una Iglesia \u00abcon una deuda de escucha\u00bb, tambi\u00e9n en relaci\u00f3n a los j\u00f3venes, que muchas veces no se sienten comprendidos en su originalidad por parte de la Iglesia y, por tanto, no suficientemente aceptados por lo que son realmente, y, alguna vez incluso, hasta rechazados. Este S\u00ednodo tiene la oportunidad, la tarea y el deber de ser signo de la Iglesia que se pone verdaderamente a la escucha, que se deja interpelar por las instancias de aquellos con los que se encuentra, que no tiene siempre una respuesta ya preparada y pre confeccionada. Una Iglesia que no escucha se muestra cerrada a la novedad, cerrada a las sorpresas de Dios, y no ser\u00e1 cre\u00edble, en particular para los j\u00f3venes, que inevitablemente se alejan en vez de acercarse.<\/em><\/p>\n<p><em>Huyamos de prejuicios y estereotipos<\/em><em>. Un primer paso en la direcci\u00f3n de la escucha es liberar nuestras mentes y nuestros corazones de prejuicios y estereotipos: cuando pensamos que ya sabemos qui\u00e9n es el otro y lo que quiere, entonces se hace realmente dif\u00edcil escucharlo en serio. Las relaciones entre las generaciones son un terreno en el que los prejuicios y estereotipos se arraigan con una facilidad proverbial, sin que a menudo ni siquiera nos demos cuenta. Los j\u00f3venes tienen la tentaci\u00f3n de considerar a los adultos como anticuados; los adultos tienen la tentaci\u00f3n de calificar a los j\u00f3venes como inexpertos, de saber c\u00f3mo son y sobre todo c\u00f3mo deber\u00edan de ser y de comportarse. Todo esto puede llegar a ser un fuerte obst\u00e1culo para el di\u00e1logo y el encuentro entre las generaciones. La mayor\u00eda de los aqu\u00ed presentes no pertenecen a la generaci\u00f3n de los j\u00f3venes, por lo que es evidente que debemos vigilar para evitar sobre todo el riesgo de hablar de los j\u00f3venes a partir de categor\u00edas y esquemas mentales que ya est\u00e1n superados. Si podemos evitar este riesgo, entonces podremos contribuir a que sea posible una alianza entre generaciones. Los adultos deben superar la tentaci\u00f3n de subestimar las capacidades de los j\u00f3venes y juzgarlos negativamente. Le\u00ed una vez que la primera menci\u00f3n de este hecho se remonta al 3000 a.C. y fue encontrado en una vasija de barro de la antigua Babilonia, donde est\u00e1 escrito que la juventud es inmoral y que los j\u00f3venes no son capaces de salvar la cultura del pueblo. Es una vieja tradici\u00f3n de nosotros, los viejos. Los j\u00f3venes, en cambio, deber\u00edan de vencer la tentaci\u00f3n de no escuchar a los adultos y de considerar a los ancianos como \u00abalgo antiguo, pasado y aburrido\u00bb, olvidando que es absurdo querer empezar siempre de cero, como si la vida comenzara solo con cada uno de ellos. En realidad, los ancianos, a pesar de su fragilidad f\u00edsica, permanecen siempre como la memoria de nuestra humanidad, las ra\u00edces de nuestra sociedad, el \u00abpulso\u00bb de nuestra civilizaci\u00f3n. Despreciarlos, desprenderse de ellos, encerrarlos en reservas aisladas o ignorarlos es una muestra de cesi\u00f3n a la mentalidad del mundo que est\u00e1 devorando nuestras casas desde dentro. Descuidar el tesoro de las experiencias que cada generaci\u00f3n recibe en herencia y transmite a la siguiente es un acto de autodestrucci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Por una parte, es necesario superar con decisi\u00f3n la plaga del clericalismo<\/em><em>. En efecto, escuchar y huir de los estereotipos es tambi\u00e9n un poderoso ant\u00eddoto contra el riesgo del clericalismo, al que una asamblea como esta se ve inevitablemente expuesta, m\u00e1s all\u00e1 de las intenciones de cada uno de nosotros. Surge de una visi\u00f3n elitista y excluyente de la vocaci\u00f3n, que interpreta el ministerio recibido como un\u00a0poder\u00a0que hay que ejercer m\u00e1s que como un\u00a0servicio\u00a0gratuito y generoso que ofrecer; y esto nos lleva a creer que pertenecemos a un grupo que tiene todas las respuestas y no necesita ya escuchar ni aprender nada, o hace como que escucha.\u00a0El clericalismo es una perversi\u00f3n y es la ra\u00edz de muchos males en la Iglesia: debemos pedir humildemente perd\u00f3n por ellos y, sobre todo, crear las condiciones para no repetirlos.<\/em><\/p>\n<p><em>Por otro lado, sin embargo, es necesario curar el virus de la autosuficiencia<\/em><em>\u00a0y de las conclusiones apresuradas de muchos j\u00f3venes. Un proverbio egipcio dice: \u00abSi no hay un anciano en tu casa, c\u00f3mpralo, porque te ser\u00e1 \u00fatil\u00bb. Repudiar y rechazar todo lo que se ha transmitido a lo largo de los siglos solo conduce al peligroso extrav\u00edo que lamentablemente est\u00e1 amenazando nuestra humanidad; lleva al estado de desilusi\u00f3n que se ha apoderado del coraz\u00f3n de generaciones enteras. La acumulaci\u00f3n, a lo largo de la historia, de experiencias humanas es el tesoro m\u00e1s valioso y digno de confianza que las generaciones reciben unas de otras. Sin olvidar nunca la revelaci\u00f3n divina, que ilumina y da sentido a la historia y a nuestra existencia.<\/em><\/p>\n<p><em>Hermanos y hermanas:\u00a0Que el S\u00ednodo despierte nuestros corazones. El presente, tambi\u00e9n el de la Iglesia, aparece lleno de trabajos, problemas y cargas. Pero la fe nos dice que es tambi\u00e9n\u00a0kairos, en el que el Se\u00f1or viene a nuestro encuentro para amarnos y llamarnos a la plenitud de la vida. El futuro no es una amenaza que hay que temer, sino el tiempo que el Se\u00f1or nos promete para que podamos experimentar la comuni\u00f3n con \u00e9l, con nuestros hermanos y con toda la creaci\u00f3n. Necesitamos redescubrir las razones de nuestra esperanza y sobre todo transmitirlas a los j\u00f3venes, que tienen sed de esperanza, como bien afirm\u00f3 el Concilio Vaticano II: \u00abPodemos pensar, con raz\u00f3n que el porvenir de la humanidad est\u00e1 en manos de aquellos sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar\u00bb (Cost. Past.,\u00a0Gaudium et Spes, 31).<\/em><\/p>\n<p><em>El encuentro entre generaciones puede ser extremadamente fruct\u00edfero para generar esperanza. El profeta Joel nos los ense\u00f1a \u2013lo record\u00e9 tambi\u00e9n a los j\u00f3venes de la reuni\u00f3n pre-sinodal\u2013 en esa que considero\u00a0la profec\u00eda de nuestro tiempo: \u00abVuestros ancianos tendr\u00e1n sue\u00f1os y vuestros j\u00f3venes ver\u00e1n visiones\u00bb (3,1), y profetizar\u00e1n.<\/em><\/p>\n<p><em>No hay necesidad de sofisticados argumentos teol\u00f3gicos para mostrar nuestro deber de ayudar al mundo contempor\u00e1neo a caminar hacia el reino de Dios, sin falsas esperanzas y sin ver solo ruinas y problemas. En efecto, San Juan XXIII, hablando de las personas que valoran los hechos sin suficiente objetividad ni juicio prudente, dijo: \u00abEllas no ven en los tiempos modernos sino prevaricaci\u00f3n y ruina; van diciendo que nuestra \u00e9poca, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida\u00bb (Discurso pronunciado para la solemne apertura del Concilio Vaticano II, 11 octubre 1962).<\/em><\/p>\n<p><em>Por tanto, no hay que dejarse tentar por las \u00abprofec\u00edas de desgracias\u00bb, ni gastar energ\u00edas en \u00abllevar cuenta de los fallos y echar en cara amarguras\u00bb, hay que mantener los ojos fijos en el bien, que \u00aba menudo no hace ruido, ni es tema de los blogs ni aparece en las primeras p\u00e1ginas\u00bb, y no asustarse \u00abante las heridas de la carne de Cristo, causadas siempre por el pecado y con frecuencia por los hijos de la Iglesia\u00bb (cf.\u00a0Discurso a los Obispos participantes en el curso promovido por la Congregaci\u00f3n para los Obispos y para las Iglesias orientales, 13 septiembre, 2018).<\/em><\/p>\n<p><em>Compromet\u00e1monos a procurar \u00abfrecuentar el futuro\u00bb, y a que salga de este S\u00ednodo no s\u00f3lo un documento \u2013que generalmente es le\u00eddo por pocos y criticado por muchos\u2013, sino sobre todo propuestas pastorales concretas, capaces de llevar a cabo la tarea del propio S\u00ednodo, que es la de\u00a0hacer que germinen sue\u00f1os, suscitar profec\u00edas y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo\u00a0que ilumine las mentes, enardezca los corazones, d\u00e9 fuerza a las manos, e inspire a los j\u00f3venes \u2013a todos los j\u00f3venes, sin excepci\u00f3n\u2013 la visi\u00f3n de un futuro lleno de la alegr\u00eda del evangelio. Gracias.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | El futuro no es una amenaza que hay que temer, sino el tiempo que el Se\u00f1or nos promete para que podamos experimentar la comuni\u00f3n con \u00e9l, la cita fue expresada por Su Santidad en la jornada, durante, 1\u00aa Congregaci\u00f3n General de la XV Asamblea del S\u00ednodo de los Obispos. 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