{"id":15061,"date":"2021-01-12T11:17:18","date_gmt":"2021-01-12T14:17:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=15061"},"modified":"2021-01-12T11:17:21","modified_gmt":"2021-01-12T14:17:21","slug":"mensaje-del-santo-padre-francisco-para-la-xxix-jornada-mundial-del-enfermo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/mensaje-del-santo-padre-francisco-para-la-xxix-jornada-mundial-del-enfermo\/","title":{"rendered":"Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXIX Jornada Mundial del Enfermo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXIX JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><br>11 de febrero de 2021<br>Uno solo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos (Mt 23,8).<br>La relaci\u00f3n de confianza, fundamento del cuidado del enfermo.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Queridos hermanos y hermanas:<br>La celebraci\u00f3n de la 29.a Jornada Mundial del Enfermo, que tendr\u00e1 lugar el 11 de febrero de 2021, memoria de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda de Lourdes, es un momento propicio para brindar una atenci\u00f3n especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades. Pienso, en particular, en quienes sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus. A todos, especialmente a los m\u00e1s pobres y marginados, les expreso mi cercan\u00eda espiritual, al mismo tiempo que les aseguro la solicitud y el afecto de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\"><li>El tema de esta Jornada se inspira en el pasaje evang\u00e9lico en el que Jes\u00fas critica la hipocres\u00eda de quienes dicen, pero no hacen (cf. Mt 23,1-12). Cuando la fe se limita a ejercicios verbales est\u00e9riles, sin involucrarse en la historia y las necesidades del pr\u00f3jimo, la coherencia entre el credo profesado y la vida real se debilita. El riesgo es grave; por este motivo, Jes\u00fas usa expresiones fuertes, para advertirnos del peligro de caer en la idolatr\u00eda de nosotros mismos, y afirma: \u00abUno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos\u00bb (v. 8).<br>La cr\u00edtica que Jes\u00fas dirige a quienes \u00abdicen, pero no hacen\u00bb (v. 3) es beneficiosa, siempre y para todos, porque nadie es inmune al mal de la hipocres\u00eda, un mal muy grave, cuyo efecto es impedirnos florecer como hijos del \u00fanico Padre, llamados a vivir una fraternidad universal. Ante la condici\u00f3n de necesidad de un hermano o una hermana, Jes\u00fas nos muestra un modelo de comportamiento totalmente opuesto a la hipocres\u00eda. Propone detenerse, escuchar, establecer una relaci\u00f3n directa y personal con el otro, sentir empat\u00eda y conmoci\u00f3n por \u00e9l o por ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de \u00e9l por medio del servicio (cf. Lc 10,30-35).<\/li><li>La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condici\u00f3n de criaturas se vuelve a\u00fan m\u00e1s n\u00edtida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternaci\u00f3n, se apoderan de la mente y del coraz\u00f3n; nos encontramos en una situaci\u00f3n de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos \u201cangustiemos\u201d (cf. Mt 6,27).<br>La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una pregunta que busca un nuevo significado y una nueva direcci\u00f3n para la existencia, y que a veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata. Nuestros mismos amigos y familiares no siempre pueden ayudarnos en esta b\u00fasqueda trabajosa.<br>A este respecto, la figura b\u00edblica de Job es emblem\u00e1tica. Su mujer y sus amigos no son capaces de acompa\u00f1arlo en su desventura, es m\u00e1s, lo acusan aumentando en \u00e9l la soledad y el desconcierto. Job cae en un estado de abandono e incomprensi\u00f3n. Pero precisamente por medio de esta extrema fragilidad, rechazando toda hipocres\u00eda y eligiendo el camino de la sinceridad con Dios y con los dem\u00e1s, hace llegar su grito insistente a Dios, que al final responde, abri\u00e9ndole un nuevo horizonte. Le confirma que su sufrimiento no es una condena o un castigo, tampoco es un estado de lejan\u00eda de Dios o un signo de su indiferencia. As\u00ed, del coraz\u00f3n herido y sanado de Job, brota esa conmovida declaraci\u00f3n al Se\u00f1or, que resuena con energ\u00eda: \u00abTe conoc\u00eda s\u00f3lo de o\u00eddas, pero ahora te han visto mis ojos\u00bb (42,5).<\/li><li>La enfermedad siempre tiene un rostro, incluso m\u00e1s de uno: tiene el rostro de cada enfermo y enferma, tambi\u00e9n de quienes se sienten ignorados, excluidos, v\u00edctimas de injusticias sociales que niegan sus derechos fundamentales (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 22). La pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atenci\u00f3n de las personas enfermas. Los ancianos, los m\u00e1s d\u00e9biles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa. Esto depende de las decisiones pol\u00edticas, del modo de administrar los recursos y del compromiso de quienes ocupan cargos de responsabilidad. Invertir recursos en el cuidado y la atenci\u00f3n a las personas enfermas es una prioridad vinculada a un principio: la salud es un bien com\u00fan primario. Al mismo tiempo, la pandemia ha puesto tambi\u00e9n de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegaci\u00f3n, sentido de responsabilidad y amor al pr\u00f3jimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares. Una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros, haci\u00e9ndose cargo de las heridas de los pacientes, que sent\u00edan pr\u00f3jimos por el hecho de pertenecer a la misma familia humana.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<p>La cercan\u00eda, de hecho, es un b\u00e1lsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad. Como cristianos, vivimos la projimidad como expresi\u00f3n del amor de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasi\u00f3n se ha hecho cercano a todo ser humano, herido por el pecado. Unidos a \u00c9l por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, estamos llamados a ser misericordiosos como el Padre y a amar, en particular, a los hermanos enfermos, d\u00e9biles y que sufren (cf. Jn 13,34-35). Y vivimos esta cercan\u00eda, no s\u00f3lo de manera personal, sino tambi\u00e9n de forma comunitaria: en efecto, el amor fraterno en Cristo genera una comunidad capaz de sanar, que no abandona a nadie, que incluye y acoge sobre todo a los m\u00e1s fr\u00e1giles.<\/p>\n\n\n\n<p>A este respecto, deseo recordar la importancia de la solidaridad fraterna, que se expresa de modo concreto en el servicio y que puede asumir formas muy diferentes, todas orientadas a sostener al pr\u00f3jimo. \u00abServir significa cuidar a los fr\u00e1giles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo\u00bb (Homil\u00eda en La Habana, 20 septiembre 2015). En este compromiso cada uno es capaz de \u00abdejar de lado sus b\u00fasquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los m\u00e1s fr\u00e1giles. [\u2026] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la \u201cpadece\u201d y busca la promoci\u00f3n del hermano. Por eso nunca el servicio es ideol\u00f3gico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas\u00bb (ib\u00edd.).<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\" start=\"4\"><li>Para que haya una buena terapia, es decisivo el aspecto relacional, mediante el que se puede adoptar un enfoque hol\u00edstico hacia la persona enferma. Dar valor a este aspecto tambi\u00e9n ayuda a los m\u00e9dicos, los enfermeros, los profesionales y los voluntarios a hacerse cargo de aquellos que sufren para acompa\u00f1arles en un camino de curaci\u00f3n, gracias a una relaci\u00f3n interpersonal de confianza (cf. Nueva Carta de los agentes sanitarios [2016], 4). Se trata, por lo tanto, de establecer un pacto entre los necesitados de cuidados y quienes los cuidan; un pacto basado en la confianza y el respeto mutuos, en la sinceridad, en la disponibilidad, para superar toda barrera defensiva, poner en el centro la dignidad del enfermo, tutelar la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relaci\u00f3n con las familias de los pacientes.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<p>Precisamente esta relaci\u00f3n con la persona enferma encuentra una fuente inagotable de motivaci\u00f3n y de fuerza en la caridad de Cristo, como demuestra el testimonio milenario de hombres y mujeres que se han santificado sirviendo a los enfermos. En efecto, del misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo brota el amor que puede dar un sentido pleno tanto a la condici\u00f3n del paciente como a la de quien cuida de \u00e9l. El Evangelio lo testimonia muchas veces, mostrando que las curaciones que hac\u00eda Jes\u00fas nunca son gestos m\u00e1gicos, sino que siempre son fruto de un encuentro, de una relaci\u00f3n interpersonal, en la que al don de Dios que ofrece Jes\u00fas le corresponde la fe de quien lo acoge, como resume la palabra que Jes\u00fas repite a menudo: \u201cTu fe te ha salvado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\" start=\"5\"><li>Queridos hermanos y hermanas: El mandamiento del amor, que Jes\u00fas dej\u00f3 a sus disc\u00edpulos, tambi\u00e9n encuentra una realizaci\u00f3n concreta en la relaci\u00f3n con los enfermos. Una sociedad es tanto m\u00e1s humana cuanto m\u00e1s sabe cuidar a sus miembros fr\u00e1giles y que m\u00e1s sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado.<br>Le encomiendo a Mar\u00eda, Madre de misericordia y Salud de los enfermos, todas las personas enfermas, los agentes sanitarios y quienes se prodigan al lado de los que sufren. Que Ella, desde la Gruta de Lourdes y desde los innumerables santuarios que se le han dedicado en todo el mundo, sostenga nuestra fe y nuestra esperanza, y nos ayude a cuidarnos unos a otros con amor fraterno. A todos y cada uno les imparto de coraz\u00f3n mi bendici\u00f3n.<br>Roma, San Juan de Letr\u00e1n, 20 de diciembre de 2020, cuarto domingo de Adviento.<\/li><\/ol>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Francisco<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXIX JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 11 de febrero de 2021Uno solo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos (Mt 23,8).La relaci\u00f3n de confianza, fundamento del cuidado del enfermo. Queridos hermanos y hermanas:La celebraci\u00f3n de la 29.a Jornada Mundial del Enfermo, que tendr\u00e1 lugar el 11 de febrero [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":14718,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[82],"tags":[326,18,28,58],"class_list":["post-15061","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vatiano","tag-jornada-mundial-del-enfermo","tag-obispado-castrense-de-argentina","tag-papa-francisco","tag-santa-sede"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15061","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15061"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15061\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14718"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15061"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15061"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15061"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}