{"id":15475,"date":"2021-03-07T12:00:00","date_gmt":"2021-03-07T15:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=15475"},"modified":"2021-03-07T14:17:21","modified_gmt":"2021-03-07T17:17:21","slug":"papa-francisco-jesus-no-solo-nos-purifica-de-nuestros-pecados-sino-que-nos-hace-participes-de-su-misma-fuerza-y-sabiduria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-jesus-no-solo-nos-purifica-de-nuestros-pecados-sino-que-nos-hace-participes-de-su-misma-fuerza-y-sabiduria\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Jes\u00fas no s\u00f3lo nos purifica de nuestros pecados, sino que nos hace part\u00edcipes de su misma fuerza y sabidur\u00eda"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Irak<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Papa Francisco | Jes\u00fas no s\u00f3lo nos purifica de nuestros pecados, sino que nos hace part\u00edcipes de su misma fuerza y sabidur\u00eda<\/strong>, as\u00ed lo afirmaba el Santo Padre en su Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en Estadio <strong>\u201cFranso Hariri\u201d<\/strong> de <strong>Erbil<\/strong>. En el final de su visita apost\u00f3lica a Irak, <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> se pudo encontrar en el estadio que tiene capacidad para 30 mil espectadores, con casi 20 mil asistentes a la celebraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a la promesa de mantener un aforo 10 mil personas por estar en pandemia, los organizadores debieron ceder ante la presencia de los fieles que llegaron de distintas regiones. Es de destacar, que el <strong>Santo Padre<\/strong> hizo su ingreso al <strong>Franso Hariri<\/strong> a bordo de un Papa M\u00f3vil, esta fue la \u00fanica oportunidad en todo el viaje en que se traslad\u00f3 en un veh\u00edculo abierto, el cual le permiti\u00f3 saludar a los presentes en el estadio.<\/p>\n\n\n\n<p>En su <strong>Homil\u00eda<\/strong> se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>San Pablo nos ha recordado que \u00abCristo es fuerza de Dios y sabidur\u00eda de Dios\u00bb (1 Co&nbsp;1,24). Jes\u00fas revel\u00f3 esta fuerza y esta sabidur\u00eda sobre todo con la misericordia y el perd\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, nos dijo, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>lo hizo dando su vida en la cruz. Revel\u00f3 la sabidur\u00eda y la fuerza divina mostr\u00e1ndonos, hasta el final, la fidelidad del amor del Padre; la fidelidad del Dios de la Alianza, que hizo salir a su pueblo de la esclavitud y lo guio por el camino de la libertad (cf.&nbsp;Ex&nbsp;20,1-2)\u201d.<\/em><\/strong> Agregando, <strong><em>\u201c(\u2026) todos necesitamos la fuerza y la sabidur\u00eda de Dios revelada por Jes\u00fas en la cruz. En el Calvario, \u00c9l ofreci\u00f3 al Padre las heridas por las cuales nosotros hemos sido curados (cf.&nbsp;1&nbsp;P&nbsp;2,24)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Avanzando, el <strong>Su Santidad<\/strong> nos dec\u00eda, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>necesitamos ser limpiados de nuestras falsas seguridades, que regatean la fe en Dios con cosas que pasan, con las conveniencias del momento. Necesitamos eliminar de nuestro coraz\u00f3n y de la Iglesia las nefastas sugestiones del poder y del dinero\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A lo que nos pregunt\u00f3 y respondi\u00f3, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>\u00bfc\u00f3mo purificar el coraz\u00f3n? Solos no somos capaces, necesitamos a Jes\u00fas. \u00c9l tiene el poder de vencer nuestros males, de curar nuestras enfermedades, de restaurar el templo de nuestro coraz\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed entonces, nos recordaba, <strong><em>\u201cJes\u00fas no s\u00f3lo nos purifica de nuestros pecados, sino que nos hace part\u00edcipes de su misma fuerza y sabidur\u00eda. Nos libera de un modo de entender la fe, la familia, la comunidad que divide, que contrapone, que excluye, para que podamos construir una Iglesia y una sociedad abiertas a todos y sol\u00edcitas hacia nuestros hermanos y hermanas m\u00e1s necesitados\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>SANTA MISA<\/u><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Estadio Franso Hariri de Erbil<br>Domingo, 7 de marzo de 2021<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><em>San Pablo nos ha recordado que \u00abCristo es fuerza de Dios y sabidur\u00eda de Dios\u00bb (1 Co&nbsp;1,24). Jes\u00fas revel\u00f3 esta fuerza y esta sabidur\u00eda sobre todo con la misericordia y el perd\u00f3n.<\/em><em> No quiso hacerlo con demostraciones de fuerza o imponiendo su voz desde lo alto, ni con largos discursos o exhibiciones de una ciencia incomparable. Lo hizo dando su vida en la cruz. Revel\u00f3 la sabidur\u00eda y la fuerza divina mostr\u00e1ndonos, hasta el final, la fidelidad del amor del Padre; la fidelidad del Dios de la Alianza, que hizo salir a su pueblo de la esclavitud y lo guio por el camino de la libertad (cf.&nbsp;Ex&nbsp;20,1-2).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Qu\u00e9 f\u00e1cil es caer en la trampa de pensar que debemos demostrar a los dem\u00e1s que somos fuertes, que somos sabios\u2026 En la trampa de fabricarnos falsas im\u00e1genes de Dios que nos den seguridad\u2026 (cf.&nbsp;Ex&nbsp;20,4-5). En realidad, es lo contrario, todos necesitamos la fuerza y la sabidur\u00eda de Dios revelada por Jes\u00fas en la cruz. En el Calvario, \u00c9l ofreci\u00f3 al Padre las heridas por las cuales nosotros hemos sido curados (cf.&nbsp;1&nbsp;P&nbsp;2,24). Aqu\u00ed en Irak, cu\u00e1ntos de vuestros hermanos y hermanas, amigos y conciudadanos llevan las heridas de la guerra y de la violencia, heridas visibles e invisibles. La tentaci\u00f3n es responder a estos y a otros hechos dolorosos con una fuerza humana, con una sabidur\u00eda humana. En cambio, Jes\u00fas nos muestra el camino de Dios, el que \u00c9l recorri\u00f3 y en el que nos llama a seguirlo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En el Evangelio que acabamos de escuchar (Jn&nbsp;2,13-25), vemos que Jes\u00fas ech\u00f3 del Templo de Jerusal\u00e9n a los cambistas y a todos aquellos que compraban y vend\u00edan. \u00bfPor qu\u00e9 Jes\u00fas hizo ese gesto tan fuerte, tan provocador? Lo hizo porque el Padre lo mand\u00f3 a purificar el templo, no s\u00f3lo el templo de piedra, sino sobre todo el de nuestro coraz\u00f3n. Como Jes\u00fas no toler\u00f3 que la casa de su Padre se convirtiera en un mercado (cf.&nbsp;Jn&nbsp;2,16), del mismo modo desea que nuestro coraz\u00f3n no sea un lugar de agitaci\u00f3n, desorden y confusi\u00f3n. El coraz\u00f3n se limpia, se ordena, se purifica. \u00bfDe qu\u00e9? De las falsedades que lo ensucian, de la doblez de la hipocres\u00eda; todos las tenemos. Son enfermedades que lastiman el coraz\u00f3n, que enturbian la vida, la hacen doble. Necesitamos ser limpiados de nuestras falsas seguridades, que regatean la fe en Dios con cosas que pasan, con las conveniencias del momento. Necesitamos eliminar de nuestro coraz\u00f3n y de la Iglesia las nefastas sugestiones del poder y del dinero. Para limpiar el coraz\u00f3n necesitamos ensuciarnos las manos, sentirnos responsables y no quedarnos de brazos cruzados mientras el hermano y la hermana sufren. Pero, \u00bfc\u00f3mo purificar el coraz\u00f3n? Solos no somos capaces, necesitamos a Jes\u00fas. \u00c9l tiene el poder de vencer nuestros males, de curar nuestras enfermedades, de restaurar el templo de nuestro coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Para confirmar esto, como signo de su autoridad dice: \u00abDestruyan este Templo y en tres d\u00edas lo levantar\u00e9 de nuevo\u00bb (v. 19). Jesucristo, s\u00f3lo \u00c9l, puede purificarnos de las obras del mal, \u00c9l que muri\u00f3 y resucit\u00f3, \u00c9l que es el Se\u00f1or. Queridos hermanos y hermanas: Dios no nos deja morir en nuestro pecado. Incluso cuando le damos la espalda, no nos abandona a nuestra propia suerte. Nos busca, nos sigue, para llamarnos al arrepentimiento y para purificarnos. \u00abJuro por mi vida \u2014or\u00e1culo del Se\u00f1or Dios\u2014 que no me complazco en la muerte del malvado, sino en que se convierta de su mala conducta y viva\u00bb (33,11). El Se\u00f1or quiere que nos salvemos y que seamos templos vivos de su amor, en la fraternidad, en el servicio y en la misericordia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Jes\u00fas no s\u00f3lo nos purifica de nuestros pecados, sino que nos hace part\u00edcipes de su misma fuerza y sabidur\u00eda. Nos libera de un modo de entender la fe, la familia, la comunidad que divide, que contrapone, que excluye, para que podamos construir una Iglesia y una sociedad abiertas a todos y sol\u00edcitas hacia nuestros hermanos y hermanas m\u00e1s necesitados.<\/em><em> Y al mismo tiempo nos fortalece, para que sepamos resistir a la tentaci\u00f3n de buscar venganza, que nos hunde en una espiral de represalias sin fin. Con la fuerza del Esp\u00edritu Santo nos env\u00eda, no a hacer proselitismo, sino como sus disc\u00edpulos misioneros, hombres y mujeres llamados a testimoniar que el Evangelio tiene el poder de cambiar la vida. El Resucitado nos hace instrumentos de la paz de Dios y de su misericordia, artesanos pacientes y valientes de un nuevo orden social. As\u00ed, por la potencia de Cristo y de su Esp\u00edritu, sucede lo que profetiz\u00f3 el ap\u00f3stol Pablo a los Corintios: \u00abLo que parece locura en Dios es m\u00e1s sabio que todo lo humano, y lo que parece debilidad en Dios es m\u00e1s fuerte que todo lo humano\u00bb (1 Co&nbsp;1,25). Comunidades cristianas formadas por gente humilde y sencilla se convierten en signo del Reino que llega, Reino de amor, de justicia y de paz.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abDestruyan este Templo y en tres d\u00edas lo levantar\u00e9 de nuevo\u00bb (Jn&nbsp;2,19). Hablaba del templo de su cuerpo y, por tanto, tambi\u00e9n de su Iglesia. El Se\u00f1or nos promete que, con la fuerza de su Resurrecci\u00f3n, puede hacernos resurgir a nosotros y a nuestras comunidades de los destrozos provocados por la injusticia, la divisi\u00f3n y el odio.<\/em><em> Es la promesa que celebramos en esta Eucarist\u00eda. Con los ojos de la fe, reconocemos la presencia del Se\u00f1or crucificado y resucitado en medio de nosotros, aprendemos a acoger su sabidur\u00eda liberadora, a descansar en sus llagas y a encontrar sanaci\u00f3n y fuerza para servir a su Reino que viene a nuestro mundo. Por sus llagas hemos sido curados (cf.&nbsp;1 P&nbsp;2,24); en sus heridas, queridos hermanos y hermanas, encontramos el b\u00e1lsamo de su amor misericordioso; porque \u00c9l, Buen Samaritano de la humanidad, desea ungir cada herida, curar cada recuerdo doloroso e inspirar un futuro de paz y de fraternidad en esta tierra.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La Iglesia en Irak, con la gracia de Dios, hizo y est\u00e1 haciendo mucho por anunciar esta maravillosa sabidur\u00eda de la cruz propagando la misericordia y el perd\u00f3n de Cristo, especialmente a los m\u00e1s necesitados. Tambi\u00e9n en medio de una gran pobreza y dificultad, muchos de ustedes han ofrecido generosamente una ayuda concreta y solidaridad a los pobres y a los que sufren. Este es uno de los motivos que me han impulsado a venir como peregrino entre ustedes, a agradecerles y confirmarlos en la fe y en el testimonio. Hoy, puedo ver y sentir que la Iglesia de Irak est\u00e1 viva, que Cristo vive y act\u00faa en este pueblo suyo, santo y fiel.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas: Los encomiendo a ustedes, a sus familias y a sus comunidades, a la materna protecci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, que fue asociada a la pasi\u00f3n y a la muerte de su Hijo y particip\u00f3 en la alegr\u00eda de su resurrecci\u00f3n. Que Ella interceda por nosotros y nos lleve a \u00c9l,&nbsp;fuerza y sabidur\u00eda de Dios.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Irak Papa Francisco | Jes\u00fas no s\u00f3lo nos purifica de nuestros pecados, sino que nos hace part\u00edcipes de su misma fuerza y sabidur\u00eda, as\u00ed lo afirmaba el Santo Padre en su Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en Estadio \u201cFranso Hariri\u201d de Erbil. 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