{"id":236855,"date":"2022-07-27T08:00:00","date_gmt":"2022-07-27T11:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=236855"},"modified":"2022-07-27T10:08:45","modified_gmt":"2022-07-27T13:08:45","slug":"papa-francisco-las-madres-y-las-abuelas-ayudan-a-sanar-las-heridas-del-corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-las-madres-y-las-abuelas-ayudan-a-sanar-las-heridas-del-corazon\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Las madres y las abuelas ayudan a sanar las heridas del coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>CANAD\u00c1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Papa Francisco | <\/strong><strong>Las madres y las abuelas ayudan a sanar las heridas del coraz\u00f3n<\/strong>, la frase se desprende de la Homil\u00eda compartida por <strong>Su Santidad<\/strong> al presidir de la Liturgia de la <strong>Palabra<\/strong> en la Peregrinaci\u00f3n al Lago <strong>Santa Ana<\/strong>. Fue en la tarde del martes 26 de junio (hora local), en la solemnidad de <strong>San Joaqu\u00edn<\/strong> y <strong>Santa Ana<\/strong>, el Santo Padre se traslad\u00f3 hasta el lago, un sitio sagrado para los ind\u00edgenas.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquella regi\u00f3n, fue recibido frente a la <strong>Iglesia<\/strong> de <strong>San Jos\u00e9<\/strong> por su P\u00e1rroco, quien adem\u00e1s es el encargado de las peregrinaciones, quien estaba acompa\u00f1ado por fieles. Seguidamente, el <strong>Santo Padre<\/strong> mientras se escuchaba la percusi\u00f3n de tambores se traslad\u00f3 hasta el <strong>Lago Santa Ana<\/strong>, el cual bendijo y donde pudo orar por unos minutos, para luego trasladarse hasta el sector acondicionado para recibirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquel lugar, el <strong>Santo Padre<\/strong>, luego de la las lecturas, el salmo responsorial y la proclamaci\u00f3n del Evangelio, pronunci\u00f3 la homil\u00eda. En ella, dec\u00eda, <strong><em>\u201c(\u2026) <\/em><\/strong><strong><em>me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el sonido de los tambores que me han acompa\u00f1ado all\u00ed donde he ido. Este latido de los tambores me parec\u00eda el eco del latido de muchos corazones\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al contemplar el <strong>Lago Sana Ana<\/strong>, <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>, compart\u00eda, <strong><em>\u201c(\u2026) aqu\u00ed, sumergidos en la creaci\u00f3n, hay otro latido que podemos escuchar, el latido materno de la tierra. Y as\u00ed como el latido de los ni\u00f1os, desde el seno materno, est\u00e1 en armon\u00eda con el de sus madres, del mismo modo para crecer como seres humanos necesitamos acompasar los ritmos de la vida con los de la creaci\u00f3n que nos da la vida\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante, agregaba, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>imaginar a Jes\u00fas, que desarroll\u00f3 gran parte de su ministerio precisamente a la orilla de un lago, el Lago de Galilea. All\u00ed escogi\u00f3 y llam\u00f3 a los Ap\u00f3stoles, proclam\u00f3 las Bienaventuranzas, narr\u00f3 la mayor parte de las par\u00e1bolas, realiz\u00f3 signos y curaciones. Por otro lado, aquel lago constitu\u00eda el coraz\u00f3n de la \u00abGalilea de las naciones\u00bb (Mt&nbsp;4,15), una zona perif\u00e9rica, de comercio, donde conflu\u00edan distintas poblaciones, coloreando la regi\u00f3n de tradiciones y cultos dispares\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, el <strong>Papa<\/strong> compart\u00eda, adem\u00e1s, <strong><em>\u201c(\u2026) <\/em><\/strong><strong><em>all\u00ed, Jes\u00fas predic\u00f3 el Reino de Dios. No a gente religiosa seleccionada, sino a pueblos distintos que, como hoy, acud\u00edan de varias partes, predic\u00f3 acogiendo a todos y en un teatro natural como este. Dios eligi\u00f3 ese contexto poli\u00e9drico y heterog\u00e9neo para anunciar al mundo algo revolucionario: por ejemplo, \u201cpongan la otra mejilla, amen a los enemigos, vivan como hermanos para ser hijos de Dios, Padre que hace salir el sol sobre buenos y malos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos\u201d (cf.&nbsp;Mt&nbsp;5,38-48)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Regresando en el tiempo y comparando aquella imagen, subrayaba tambi\u00e9n, <strong><em>\u201c(\u2026) <\/em><\/strong><strong><em>aqu\u00ed, en las orillas de este lago, el sonido de los tambores que atraviesa los siglos y une gentes distintas, nos lleva hasta aquel entonces. Nos recuerda que la fraternidad es verdadera si une a los que est\u00e1n distanciados, que el mensaje de unidad que el cielo env\u00eda a la tierra no teme las diferencias y nos invita a la comuni\u00f3n, a la comuni\u00f3n de las diferencias, para volver a comenzar juntos, porque todos \u2014\u00a1todos!\u2014 somos peregrinos en camino\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sobre todo, esto, el <strong>Santo Padre<\/strong> nos preguntaba y respond\u00eda: <strong><em>\u201c\u00bfqu\u00e9 podemos tomar de ellas? La Palabra de Dios nos ayuda a descubrirlo. El profeta Ezequiel ha repetido por dos veces que las aguas que surgen del templo, para el pueblo de Dios, \u201cdan la vida\u201d y \u201csanan\u201d (cf.&nbsp;Ez&nbsp;47,8-9).<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dan la vida. Pienso en las abuelas que est\u00e1n aqu\u00ed con nosotros. Tantas. Queridas abuelas, sus corazones son fuentes de las que surge el agua viva de la fe, con la que han apagado la sed de hijos y nietos. Me admira el papel vital de la mujer en las comunidades ind\u00edgenas. Ocupan un puesto de mucho relieve en cuanto fuentes benditas de vida, no s\u00f3lo f\u00edsica sino tambi\u00e9n espiritual.<\/strong><strong> Y, pensando en sus&nbsp;kokum, pienso en mi abuela. De ella recib\u00ed el primer anuncio de la fe y aprend\u00ed que el Evangelio se transmite as\u00ed, a trav\u00e9s de la ternura del cuidado y la sabidur\u00eda de la vida<em>\u201d<\/em><\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Completando, m\u00e1s adelante expresaba, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>el profeta dec\u00eda que las aguas, adem\u00e1s de dar vida,&nbsp;sanan.<\/em><\/strong><strong><em> Esta tarde imagin\u00e9monos alrededor del lago con Jes\u00fas, mientras \u00c9l se acerca, se inclina y, con paciencia, compasi\u00f3n y ternura, cura tantos enfermos en el cuerpo y en el esp\u00edritu: endemoniados, leprosos, paral\u00edticos, ciegos, pero tambi\u00e9n personas afligidas, descorazonadas, perdidas y heridas. Jes\u00fas ha venido y viene todav\u00eda a hacerse cargo de nosotros, a consolar y sanar nuestra humanidad sola y agotada\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Santo Padre<\/strong> dec\u00eda tambi\u00e9n, <strong>\u201ch<\/strong><strong>ermanos, hermanas, todos nosotros necesitamos de la&nbsp;<em>sanaci\u00f3n&nbsp;<\/em>de Jes\u00fas, m\u00e9dico de las almas y de los cuerpos. Se\u00f1or, como la gente a la orilla del mar de Galilea no ten\u00eda miedo de clamar por sus necesidades, tambi\u00e9n nosotros, Se\u00f1or, esta tarde acudimos a ti, con el dolor que llevamos dentro\u201d.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Casi en el final, comparti\u00f3, <strong><em>\u201ch<\/em><\/strong><strong><em>oy, todos nosotros, como Iglesia, necesitamos sanaci\u00f3n, necesitamos ser sanados de la tentaci\u00f3n de encerrarnos en nosotros mismos, de elegir la defensa de la instituci\u00f3n antes que la b\u00fasqueda de la verdad, de preferir el poder mundano al servicio evang\u00e9lico.<\/em><\/strong><strong><em> (\u2026) Que el Se\u00f1or nos ayude a ir hacia adelante en el proceso de sanaci\u00f3n, hacia un futuro cada vez m\u00e1s saludable y renovado. Creo que ser\u00eda tambi\u00e9n el deseo de sus abuelas y de sus abuelos, de nuestros abuelos y de nuestras abuelas\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Queridos hermanos y hermanas,\u00a0<em>\u00e2ba-wash-did! Tansi! Oki!<\/em>\u00a0[\u00a1buenos d\u00edas!]<\/p><p>Es hermoso para m\u00ed estar aqu\u00ed, peregrino con ustedes y en medio de ustedes. En estos d\u00edas, hoy especialmente, me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el sonido de los tambores que me han acompa\u00f1ado all\u00ed donde he ido. Este latido de los tambores me parec\u00eda el eco del latido de muchos corazones. Los corazones que, durante siglos, han vibrado en estas aguas; los corazones de tantos peregrinos que juntos han marcado el paso para alcanzar este \u201clago de Dios\u201d. Aqu\u00ed se puede captar el latido coral de un pueblo peregrino, de generaciones que se han puesto en camino hacia el Se\u00f1or para experimentar su obra de sanaci\u00f3n. \u00a1Cu\u00e1ntos corazones llegaron aqu\u00ed anhelantes y fatigados, lastrados por las cargas de la vida, y junto a estas aguas encontraron la consolaci\u00f3n y la fuerza para seguir adelante! Tambi\u00e9n aqu\u00ed, sumergidos en la creaci\u00f3n, hay otro latido que podemos escuchar, el latido materno de la tierra. Y as\u00ed como el latido de los ni\u00f1os, desde el seno materno, est\u00e1 en armon\u00eda con el de sus madres, del mismo modo para crecer como seres humanos necesitamos acompasar los ritmos de la vida con los de la creaci\u00f3n que nos da la vida. As\u00ed pues, vayamos de nuevo a nuestras fuentes de vida: a Dios, a los padres y, en el d\u00eda y en la casa de santa Ana, a los abuelos, que saludo con gran afecto.<\/p><p>Transportados por estos latidos vitales, estamos ahora aqu\u00ed, en silencio, contemplamos las aguas de este lago. Esto nos ayuda a volver tambi\u00e9n\u00a0<em>a las fuentes de la fe<\/em>. Nos permite peregrinar idealmente hasta los lugares santos. Imaginar a Jes\u00fas, que desarroll\u00f3 gran parte de su ministerio precisamente a la orilla de un lago, el Lago de Galilea. All\u00ed escogi\u00f3 y llam\u00f3 a los Ap\u00f3stoles, proclam\u00f3 las Bienaventuranzas, narr\u00f3 la mayor parte de las par\u00e1bolas, realiz\u00f3 signos y curaciones. Por otro lado, aquel lago constitu\u00eda el coraz\u00f3n de la \u00abGalilea de las naciones\u00bb (<em>Mt\u00a0<\/em>4,15), una zona perif\u00e9rica, de comercio, donde conflu\u00edan distintas poblaciones, coloreando la regi\u00f3n de tradiciones y cultos dispares. Se trataba del lugar m\u00e1s distante, geogr\u00e1fica y culturalmente, de la pureza religiosa, que se concentraba en Jerusal\u00e9n, junto al templo. Podemos, pues, imaginar aquel lago, llamado\u00a0<em>mar de Galilea<\/em>, como una concentraci\u00f3n de diferencias. En sus orillas se encontraban pescadores y publicanos, centuriones y esclavos, fariseos y pobres, hombres y mujeres de las m\u00e1s variadas proveniencias y extracciones sociales. All\u00ed precisamente, precisamente all\u00ed, Jes\u00fas predic\u00f3 el Reino de Dios. No a gente religiosa seleccionada, sino a pueblos distintos que, como hoy, acud\u00edan de varias partes, predic\u00f3 acogiendo a todos y en un teatro natural como este. Dios eligi\u00f3 ese contexto poli\u00e9drico y heterog\u00e9neo para anunciar al mundo algo revolucionario: por ejemplo, \u201cpongan la otra mejilla, amen a los enemigos, vivan como hermanos para ser hijos de Dios, Padre que hace salir el sol sobre buenos y malos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos\u201d (cf.\u00a0<em>Mt\u00a0<\/em>5,38-48). De ese modo, precisamente aquel lago, \u201cmestizado de diversidad\u201d, fue la sede de un inaudito\u00a0<em>anuncio de fraternidad<\/em>, de una revoluci\u00f3n sin muertos ni heridos, la revoluci\u00f3n del amor. Y aqu\u00ed, en las orillas de este lago, el sonido de los tambores que atraviesa los siglos y une gentes distintas, nos lleva hasta aquel entonces. Nos recuerda que la fraternidad es verdadera si une a los que est\u00e1n distanciados, que el mensaje de unidad que el cielo env\u00eda a la tierra no teme las diferencias y nos invita a la comuni\u00f3n, a la comuni\u00f3n de las diferencias, para volver a comenzar juntos, porque todos \u2014\u00a1todos!\u2014 somos peregrinos en camino.<\/p><p>Hermanos, hermanas, peregrinos de estas aguas, \u00bfqu\u00e9 podemos tomar de ellas? La Palabra de Dios nos ayuda a descubrirlo. El profeta Ezequiel ha repetido por dos veces que las aguas que surgen del templo, para el pueblo de Dios, \u201c<em>dan la vida<\/em>\u201d y \u201c<em>sanan<\/em>\u201d (cf.\u00a0<em>Ez\u00a0<\/em>47,8-9).<\/p><p><em>Dan la vida<\/em>. Pienso en las abuelas que est\u00e1n aqu\u00ed con nosotros. Tantas. Queridas abuelas, sus corazones son fuentes de las que surge el agua viva de la fe, con la que han apagado la sed de hijos y nietos. Me admira el papel vital de la mujer en las comunidades ind\u00edgenas. Ocupan un puesto de mucho relieve en cuanto fuentes benditas de vida, no s\u00f3lo f\u00edsica sino tambi\u00e9n espiritual. Y, pensando en sus\u00a0<em>kokum<\/em>, pienso en mi abuela. De ella recib\u00ed el primer anuncio de la fe y aprend\u00ed que el Evangelio se transmite as\u00ed, a trav\u00e9s de la ternura del cuidado y la sabidur\u00eda de la vida. La fe raramente nace leyendo un libro nosotros solos en un sal\u00f3n, sino que se difunde en un clima familiar, se transmite en la lengua de las madres, con el dulce canto dialectal de las abuelas. Me alegra ver aqu\u00ed a tantos abuelos y bisabuelos. Gracias. Se los agradezco, y quisiera decir a cuantos tienen ancianos en casa, en la familia, \u00a1tienen un tesoro! Custodian entre sus muros una fuente de vida; por favor, h\u00e1ganse cargo de ellos como de la herencia m\u00e1s valiosa para amar y custodiar.<\/p><p>El profeta dec\u00eda que las aguas, adem\u00e1s de dar vida,\u00a0<em>sanan<\/em>. Este aspecto nos traslada a las orillas del lago de Galilea, donde Jes\u00fas \u00absan\u00f3 a muchos enfermos que sufr\u00edan de diversos males\u00bb (<em>Mc\u00a0<\/em>1,34). All\u00ed, \u00abal ponerse el sol, le llevaban todos los enfermos\u00bb (v. 32). Esta tarde imagin\u00e9monos alrededor del lago con Jes\u00fas, mientras \u00c9l se acerca, se inclina y, con paciencia, compasi\u00f3n y ternura, cura tantos enfermos en el cuerpo y en el esp\u00edritu: endemoniados, leprosos, paral\u00edticos, ciegos, pero tambi\u00e9n personas afligidas, descorazonadas, perdidas y heridas. Jes\u00fas ha venido y viene todav\u00eda a hacerse cargo de nosotros, a consolar y sanar nuestra humanidad sola y agotada. A todos, tambi\u00e9n a nosotros, dirige la misma invitaci\u00f3n: \u00abVengan a m\u00ed todos los cansados y abrumados por cargas, yo los har\u00e9 descansar\u00bb (<em>Mt\u00a0<\/em>11,28). O, como en el texto que hemos escuchado esta tarde: \u00abEl que tenga sed, que venga a m\u00ed y beba\u00bb (<em>Jn\u00a0<\/em>7,37).<\/p><p>Hermanos, hermanas, todos nosotros necesitamos de la\u00a0<em>sanaci\u00f3n\u00a0<\/em>de Jes\u00fas, m\u00e9dico de las almas y de los cuerpos. Se\u00f1or, como la gente a la orilla del mar de Galilea no ten\u00eda miedo de clamar por sus necesidades, tambi\u00e9n nosotros, Se\u00f1or, esta tarde acudimos a ti, con el dolor que llevamos dentro. Te traemos nuestra aridez y nuestras dificultades, te traemos los traumas de la violencia padecida por nuestros hermanos y hermanas ind\u00edgenas. En este lugar bendito, donde reinan la armon\u00eda y la paz, te presentamos las disonancias de nuestra historia, los terribles efectos de la colonizaci\u00f3n, el dolor imborrable de tantas familias, abuelos y ni\u00f1os. Se\u00f1or, ay\u00fadanos a sanar nuestras heridas. Sabemos que esto requiere esfuerzo, cuidado y hechos concretos de nuestra parte. Pero sabemos tambi\u00e9n, Se\u00f1or, que solos no lo podemos hacer. Nos confiamos a Ti y a la intercesi\u00f3n de tu madre y de tu abuela.<\/p><p>S\u00ed, Se\u00f1or, nos confiamos a la intercesi\u00f3n de tu madre y de tu abuela, porque las madres y las abuelas ayudan a sanar las heridas del coraz\u00f3n. Durante los dramas de la conquista, fue Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe la que transmiti\u00f3 la recta fe a los ind\u00edgenas, hablando su lengua, vistiendo sus trajes, sin violencia y sin imposiciones. Y, poco despu\u00e9s, con la llegada de la imprenta, se publicaron las primeras gram\u00e1ticas y catecismos en lenguas ind\u00edgenas. \u00a1Cu\u00e1nto bien han hecho en este sentido los misioneros aut\u00e9nticamente evangelizadores para preservar en muchas partes del mundo las lenguas y las culturas aut\u00f3ctonas! En Canad\u00e1, esta \u201cinculturaci\u00f3n materna\u201d que se realiz\u00f3 por obra de santa Ana, uni\u00f3 la belleza de las tradiciones ind\u00edgenas y de la fe, las plasm\u00f3 con la sabidur\u00eda de una abuela, que es dos veces mam\u00e1. Tambi\u00e9n la Iglesia es mujer, tambi\u00e9n la Iglesia es madre. De hecho, nunca hubo un momento en su historia en que la fe no haya sido transmitida, en lengua materna, por las madres y por las abuelas. En cambio, parte de la herencia dolorosa que estamos afrontando nace por haber impedido a las abuelas ind\u00edgenas transmitir la fe en su lengua y en su cultura. Esta p\u00e9rdida ciertamente es una tragedia, pero vuestra presencia aqu\u00ed es un testimonio de resiliencia y de reinicio, de peregrinaje hacia la sanaci\u00f3n, de apertura del coraz\u00f3n a Dios que sana nuestro ser comunidad. Hoy, todos nosotros, como Iglesia, necesitamos sanaci\u00f3n, necesitamos ser sanados de la tentaci\u00f3n de encerrarnos en nosotros mismos, de elegir la defensa de la instituci\u00f3n antes que la b\u00fasqueda de la verdad, de preferir el poder mundano al servicio evang\u00e9lico. Hermanos y hermanas, ayud\u00e9monos a contribuir para edificar con el auxilio de Dios una Iglesia madre como \u00c9l quiere: capaz de abrazar a cada hijo e hija; abierta a todos y que hable a cada uno, a cada una; que no vaya contra nadie, sino que vaya al encuentro de todos.<\/p><p>Las multitudes del lago de Galilea que se agolpaban entorno a Jes\u00fas se compon\u00edan principalmente de gente com\u00fan, gente sencilla que le llevaba sus propias necesidades y sus propias heridas. De la misma forma, si queremos cuidar y sanar la vida de nuestras comunidades, no podemos comenzar sino desde los pobres, desde los marginados. Con demasiada frecuencia nos dejamos guiar por los intereses de unos pocos que est\u00e1n bien; es necesario mirar m\u00e1s a las periferias y ponerse a la escucha del grito de los \u00faltimos, es necesario saber acoger el dolor de los que, muchas veces en silencio, en nuestras ciudades masificadas y despersonalizadas, gritan: \u201cNo nos dejen solos\u201d. Es tambi\u00e9n el grito de los ancianos que corren el peligro de morir solos en casa o abandonados en una estructura, o de los enfermos inc\u00f3modos a los que, en vez de afecto, se les suministra muerte. Es el grito sofocado de los muchachos y muchachas m\u00e1s cuestionados que escuchados, los cuales delegan su libertad a un tel\u00e9fono m\u00f3vil, mientras en las mismas calles otros coet\u00e1neos suyos vagan perdidos, anestesiados por alguna diversi\u00f3n, cautivos de adicciones que los vuelven tristes e insatisfechos, incapaces de creer en s\u00ed mismos, de amar aquello que son y la belleza de la vida que tienen.\u00a0<em>No nos dejen solos\u00a0<\/em>es el grito de quien quisiera un mundo mejor, pero que no sabe por d\u00f3nde comenzar.<\/p><p>Jes\u00fas, que nos sana y consuela con el agua viva de su Esp\u00edritu, esta tarde en el Evangelio nos pide tambi\u00e9n que de nosotros, desde el seno de quien cree, \u201cbroten r\u00edos de agua viva\u201d (cf. v. 38). Y nosotros, \u00bfsabemos calmar la sed de nuestros hermanos y hermanas? Mientras seguimos pidiendo consuelo a Dios, \u00bfsabemos darlo tambi\u00e9n a los dem\u00e1s? \u00a1Cu\u00e1ntas veces nos liberamos de tantos pesos interiores, por ejemplo, de no sentirnos amados y respetados, cuando comenzamos a amar a los dem\u00e1s gratuitamente! En nuestras soledades e insatisfacciones Jes\u00fas nos empuja a salir, nos empuja a dar, nos empuja a amar. Y entonces, me pregunto: \u00bfqu\u00e9 hago yo por quien me necesita? Mirando a los pueblos ind\u00edgenas, pensando en sus historias y en el dolor que han sufrido, \u00bfqu\u00e9 hago yo por ellos? \u00bfEscucho con curiosidad mundana y me escandalizo por lo que ocurri\u00f3 en el pasado, o hago algo concreto por ellos? \u00bfRezo, leo, me informo, me acerco, me dejo conmover por sus historias? Y, mir\u00e1ndome a m\u00ed mismo, si me encuentro en el sufrimiento, \u00bfescucho a Jes\u00fas que me quiere llevar fuera del recinto de mi descontento y me invita a volver a empezar, a superarlo, a amar? A veces, el mejor modo para ayudar a otra persona no es darle enseguida lo que quiere, sino acompa\u00f1arla, invitarla a amar, a donarse. Porque es as\u00ed, a trav\u00e9s del bien que podr\u00eda hacer por los dem\u00e1s, que descubrir\u00e1 sus r\u00edos de agua viva, que descubrir\u00e1 el tesoro \u00fanico y valioso que es \u00e9l mismo.<\/p><p>Queridos hermanos y hermanas ind\u00edgenas, he venido como peregrino tambi\u00e9n para decirles lo valiosos que son para m\u00ed y para la Iglesia. Deseo que la Iglesia est\u00e9 entretejida entre nosotros, con la misma fuerza y uni\u00f3n que tienen los hilos de esas franjas coloreadas que tantos de ustedes llevan. Que el Se\u00f1or nos ayude a ir hacia adelante en el proceso de sanaci\u00f3n, hacia un futuro cada vez m\u00e1s saludable y renovado. Creo que ser\u00eda tambi\u00e9n el deseo de sus abuelas y de sus abuelos, de nuestros abuelos y de nuestras abuelas. Que los abuelos de Jes\u00fas, los santos Joaqu\u00edn y Ana, bendigan nuestro camino.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANAD\u00c1 Papa Francisco | Las madres y las abuelas ayudan a sanar las heridas del coraz\u00f3n, la frase se desprende de la Homil\u00eda compartida por Su Santidad al presidir de la Liturgia de la Palabra en la Peregrinaci\u00f3n al Lago Santa Ana. 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