{"id":237298,"date":"2022-09-14T09:50:29","date_gmt":"2022-09-14T12:50:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=237298"},"modified":"2022-09-14T10:06:02","modified_gmt":"2022-09-14T13:06:02","slug":"papa-francisco-desde-la-cruz-de-cristo-aprendemos-el-amor-no-el-odio-aprendemos-la-compasion-no-la-indiferencia-aprendemos-el-perdon-no-la-venganza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-desde-la-cruz-de-cristo-aprendemos-el-amor-no-el-odio-aprendemos-la-compasion-no-la-indiferencia-aprendemos-el-perdon-no-la-venganza\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Desde la Cruz de Cristo aprendemos el amor, no el odio, aprendemos la compasi\u00f3n, no la indiferencia, aprendemos el perd\u00f3n, no la venganza"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Kazajist\u00e1n<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Papa Francisco | <\/strong><strong>Desde la Cruz de Cristo aprendemos el amor, no el odio, aprendemos la compasi\u00f3n, no la indiferencia, aprendemos el perd\u00f3n, no la venganza<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> durante la Homil\u00eda compartida en la <strong>Santa Misa<\/strong> en la Fiesta de la <strong>Exaltaci\u00f3n de la Cruz<\/strong>. Celebrada en la Plaza de la Exposici\u00f3n en la ciudad de Nur-Sult\u00e1n, luego de haber asistido a la apertura del <a href=\"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-nosotros-seres-humanos-no-existimos-para-satisfacer-intereses-terrenos-sino-para-caminar-juntos-como-peregrinos-con-la-mirada-dirigida-al-cielo\/\">VII Congreso<\/a> de L\u00edderes de religiones mundiales y tradicionales en la misma ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el inicio de la Homil\u00eda, el<strong> Papa <\/strong>dec\u00eda, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>la cruz es un pat\u00edbulo de muerte y, sin embargo, en este d\u00eda de fiesta celebramos la exaltaci\u00f3n de la Cruz de Cristo. Porque sobre ese le\u00f1o Jes\u00fas ha tomado sobre s\u00ed nuestro pecado y el mal del mundo, y los ha vencido con su amor. Por eso hoy festejamos.<\/em><\/strong><strong><em> Nos lo narra la Palabra de Dios que hemos escuchado, contrastando, por un lado, las serpientes que muerden y, por el otro, la serpiente que salva. Deteng\u00e1monos en estas dos im\u00e1genes\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agregaba, <strong><em>\u201cm<\/em><\/strong><strong><em>urmurar contra Dios significa no s\u00f3lo hablar mal y quejarse de \u00c9l; quiere decir, m\u00e1s profundamente, que el coraz\u00f3n de los israelitas ya no conf\u00eda en \u00c9l, en su promesa.<\/em><\/strong><strong><em> Esa gente no tiene ya la fuerza para creer que es \u00c9l quien gu\u00eda su camino hacia una tierra rica y fecunda\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, el<strong> Pont\u00edfice<\/strong>, compart\u00eda,<strong> <em>\u201cq<\/em><\/strong><strong><em>ueridos hermanos y hermanas, esta primera parte de la narraci\u00f3n nos llama a mirar con detenimiento los momentos de nuestra historia personal y comunitaria en los que ha deca\u00eddo la confianza, en el Se\u00f1or y entre nosotros.<\/em><\/strong><strong><em> Son los momentos de cansancio y de prueba, en los que ya no tenemos fuerzas para levantar la mirada hacia Dios; son las situaciones de la vida personal, eclesial y social en las que nos muerde la&nbsp;serpiente de la desconfianza, que inyecta en nosotros los venenos de la desilusi\u00f3n y del desaliento, del pesimismo y de la resignaci\u00f3n, encerr\u00e1ndonos en nuestro \u201cyo\u201d, apagando nuestro entusiasmo\u201d.<\/em><\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, el <strong>Papa<\/strong> subrayaba, <strong><em>\u201cpero en la historia de esta tierra no han faltado otras mordeduras dolorosas. Pienso en las serpientes abrasadoras de la violencia, de la persecuci\u00f3n atea; (\u2026). Nos hace bien custodiar el recuerdo de todo lo que se ha sufrido; no hay que eliminar de la memoria ciertas oscuridades, pues de otro modo se puede creer que son agua pasada y que el camino del bien est\u00e1 encauzado para siempre. No, la paz nunca se consigue de una vez por todas, se conquista cada d\u00eda, del mismo modo que la convivencia entre las etnias y las tradiciones religiosas, el desarrollo integral y la justicia social\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Avanzando, el <strong>Santo Padre<\/strong> dec\u00eda sobre la segunda imagen:&nbsp;<em>la serpiente que salva<\/em>, <strong><em>\u201cmientras el pueblo muere a causa de las serpientes abrasadoras, Dios escucha la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n de Mois\u00e9s y le dice: \u00abFabrica una serpiente abrasadora y col\u00f3cala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedar\u00e1 curado\u00bb <\/em><\/strong>(Nm&nbsp;21,8)<strong><em>\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ahondando, pregunt\u00f3: <strong><em>\u201c\u00bfPor qu\u00e9 Dios, en vez de dar estas complicadas instrucciones a Mois\u00e9s, no ha destruido simplemente las serpientes venenosas? Este modo de proceder nos revela su forma de actuar contra el mal, el pecado y la desconfianza de la humanidad. Tanto entonces como ahora, en la gran batalla espiritual que habita la historia hasta el final, Dios no destruye las bajezas que el hombre sigue libremente; las serpientes venenosas no desaparecen, todav\u00eda est\u00e1n ah\u00ed, al acecho, siempre pueden morder. Entonces, \u00bfqu\u00e9 ha cambiado? \u00bfQu\u00e9 hace Dios?\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro tramo, continu\u00f3 diciendo, <strong><em>\u201cJes\u00fas lo explica en el Evangelio: \u00abDe la misma manera que Mois\u00e9s levant\u00f3 en alto la serpiente en el desierto, tambi\u00e9n es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en \u00e9l tengan Vida eterna\u00bb (Jn&nbsp;3,14-15).<\/em><\/strong><strong><em> Ante nuestras bajezas, Dios nos da una nueva estatura; si tenemos la mirada puesta en Jes\u00fas, las mordeduras del mal no pueden ya dominarnos, porque \u00c9l, en la cruz, ha tomado sobre s\u00ed el veneno del pecado y de la muerte, y ha derrotado su poder destructivo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Casi en el final de la Homil\u00eda, el <strong>Santo Padre<\/strong> afirmaba, <strong><em>\u201c(\u2026) desde la Cruz de Cristo aprendemos el amor, no el odio; aprendemos la compasi\u00f3n, no la indiferencia; aprendemos el perd\u00f3n, no la venganza. Los brazos extendidos de Jes\u00fas son el tierno abrazo con el que Dios quiere acogernos. Y nos muestran la fraternidad que estamos llamados a vivir entre nosotros y con todos.<\/em><\/strong><strong><em> S\u00ed, porque Cristo, sobre el le\u00f1o de la cruz, ha extra\u00eddo el veneno a la serpiente del mal, y ser cristianos significa&nbsp;vivir sin venenos. Es decir, no mordernos entre nosotros, no murmurar, no acusar, no chismorrear, no difundir maldades, no contaminar el mundo con el pecado y con la desconfianza que vienen del Maligno\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><strong>SANTA MISA EN LA FIESTA DE LA EXALTACI\u00d3N DE LA CRUZ<\/strong><\/p><p><strong><em>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE<\/em><\/strong><\/p><p><em>Plaza de la Exposici\u00f3n\u00a0(Nur-Sult\u00e1n)<br>Mi\u00e9rcoles, 14 de septiembre de 2022<\/em><\/p><p>La cruz es un pat\u00edbulo de muerte y, sin embargo, en este d\u00eda de fiesta celebramos la exaltaci\u00f3n de la Cruz de Cristo. Porque sobre ese le\u00f1o Jes\u00fas ha tomado sobre s\u00ed nuestro pecado y el mal del mundo, y los ha vencido con su amor. Por eso hoy festejamos. Nos lo narra la Palabra de Dios que hemos escuchado, contrastando, por un lado, las serpientes que muerden y, por el otro, la serpiente que salva. Deteng\u00e1monos en estas dos im\u00e1genes.<\/p><p>En primer lugar,\u00a0<em>las serpientes que muerden<\/em>. Estas atacan al pueblo, ca\u00eddo por en\u00e9sima vez en el pecado de la murmuraci\u00f3n. Murmurar contra Dios significa no s\u00f3lo hablar mal y quejarse de \u00c9l; quiere decir, m\u00e1s profundamente, que el coraz\u00f3n de los israelitas ya no conf\u00eda en \u00c9l, en su promesa. De hecho, el pueblo de Dios est\u00e1 caminando en el desierto hacia la tierra prometida y se encuentra abrumado por el cansancio, no soporta el viaje (cf.\u00a0<em>Nm\u00a0<\/em>21,4). De manera que se desanima, pierde la esperanza, y llega un momento en que parece que se ha olvidado de la promesa del Se\u00f1or. Esa gente no tiene ya la fuerza para creer que es \u00c9l quien gu\u00eda su camino hacia una tierra rica y fecunda.<\/p><p>No es casual que, agot\u00e1ndose la confianza en Dios, el pueblo sea mordido por las serpientes que matan. Estas hacen recordar la primera serpiente de la que habla la Biblia en el libro del G\u00e9nesis, el tentador que envenena el coraz\u00f3n del hombre para hacerlo dudar de Dios. De ese modo el diablo, precisamente bajo la forma de serpiente, cautiva a Ad\u00e1n y Eva, engendra en ellos desconfianza convenci\u00e9ndoles de que Dios no es bueno, m\u00e1s a\u00fan, de que \u00c9l envidia su libertad y su felicidad. Y ahora, en el desierto, vuelven las serpientes, unas \u00abserpientes abrasadoras\u00bb (v. 6); es decir, vuelve el pecado de los or\u00edgenes: los israelitas dudan de Dios, no se f\u00edan de \u00c9l, murmuran, se rebelan contra Aqu\u00e9l que les dio la vida y de ese modo van al encuentro de la muerte. \u00a1Hasta ah\u00ed lleva la desconfianza del coraz\u00f3n!<\/p><p>Queridos hermanos y hermanas, esta primera parte de la narraci\u00f3n nos llama a mirar con detenimiento los momentos de nuestra historia personal y comunitaria en los que ha deca\u00eddo la confianza, en el Se\u00f1or y entre nosotros. Cu\u00e1ntas veces, desalentados e intolerantes, nos hemos marchitado en nuestros desiertos, perdiendo de vista la meta del camino. Tambi\u00e9n en este gran pa\u00eds est\u00e1 el desierto que, mientras ofrece un espl\u00e9ndido paisaje, nos habla de esa fatiga, de esa aridez que a veces llevamos en el coraz\u00f3n. Son los momentos de cansancio y de prueba, en los que ya no tenemos fuerzas para levantar la mirada hacia Dios; son las situaciones de la vida personal, eclesial y social en las que nos muerde la\u00a0<em>serpiente de la desconfianza<\/em>, que inyecta en nosotros los venenos de la desilusi\u00f3n y del desaliento, del pesimismo y de la resignaci\u00f3n, encerr\u00e1ndonos en nuestro \u201cyo\u201d, apagando nuestro entusiasmo.<\/p><p>Pero en la historia de esta tierra no han faltado otras mordeduras dolorosas. Pienso en las serpientes abrasadoras de la violencia, de la persecuci\u00f3n atea; en un camino a veces tortuoso durante el cual la libertad del pueblo fue amenazada, y su dignidad herida. Nos hace bien custodiar el recuerdo de todo lo que se ha sufrido; no hay que eliminar de la memoria ciertas oscuridades, pues de otro modo se puede creer que son agua pasada y que el camino del bien est\u00e1 encauzado para siempre. No, la paz nunca se consigue de una vez por todas, se conquista cada d\u00eda, del mismo modo que la convivencia entre las etnias y las tradiciones religiosas, el desarrollo integral y la justicia social. Y para que Kazajist\u00e1n crezca todav\u00eda m\u00e1s \u00aben la fraternidad, en el di\u00e1logo y en la comprensi\u00f3n [\u2026] para \u201cconstruir puentes\u201d de cooperaci\u00f3n solidaria con otros pueblos, naciones y culturas\u00bb (S. Juan Pablo II,\u00a0<em>Discurso durante la ceremonia de bienvenida<\/em>, 22 de septiembre de 2001), es necesario el compromiso de todos. M\u00e1s a\u00fan, es necesario un renovado acto de fe en el Se\u00f1or; mirar hacia lo alto, mirarlo a \u00c9l, y aprender de su amor universal y crucificado.<\/p><p>Llegamos as\u00ed a la segunda imagen:\u00a0<em>la serpiente que salva<\/em>. Mientras el pueblo muere a causa de las serpientes abrasadoras, Dios escucha la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n de Mois\u00e9s y le dice: \u00abFabrica una serpiente abrasadora y col\u00f3cala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedar\u00e1 curado\u00bb (<em>Nm<\/em>\u00a021,8). De hecho, \u00abcuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado\u00bb (v. 9). Pero, podr\u00edamos preguntarnos: \u00bfPor qu\u00e9 Dios, en vez de dar estas complicadas instrucciones a Mois\u00e9s, no ha destruido simplemente las serpientes venenosas? Este modo de proceder nos revela su forma de actuar contra el mal, el pecado y la desconfianza de la humanidad. Tanto entonces como ahora, en la gran batalla espiritual que habita la historia hasta el final, Dios no destruye las bajezas que el hombre sigue libremente; las serpientes venenosas no desaparecen, todav\u00eda est\u00e1n ah\u00ed, al acecho, siempre pueden morder. Entonces, \u00bfqu\u00e9 ha cambiado? \u00bfQu\u00e9 hace Dios?<\/p><p>Jes\u00fas lo explica en el Evangelio: \u00abDe la misma manera que Mois\u00e9s levant\u00f3 en alto la serpiente en el desierto, tambi\u00e9n es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en \u00e9l tengan Vida eterna\u00bb (<em>Jn\u00a0<\/em>3,14-15). Este es el cambio radical, ha llegado a nosotros la serpiente que salva: Jes\u00fas, que, elevado sobre el m\u00e1stil de la cruz, no permite que las serpientes venenosas que nos acechan nos conduzcan a la muerte. Ante nuestras bajezas, Dios nos da una nueva estatura; si tenemos la mirada puesta en Jes\u00fas, las mordeduras del mal no pueden ya dominarnos, porque \u00c9l, en la cruz, ha tomado sobre s\u00ed el veneno del pecado y de la muerte, y ha derrotado su poder destructivo. Esto es lo que ha hecho el Padre ante la difusi\u00f3n del mal en el mundo; nos ha dado a Jes\u00fas, que se ha hecho cercano a nosotros como nunca habr\u00edamos podido imaginar: \u00abA aquel que no conoci\u00f3 el pecado, Dios lo identific\u00f3 con el pecado en favor nuestro\u00bb (<em>2 Co<\/em>\u00a05,21). Esta es la infinita grandeza de la divina misericordia: Jes\u00fas que se ha \u201cidentificado con el pecado\u201d en favor nuestro, Jes\u00fas que sobre la cruz \u2014podr\u00edamos decir\u2014 \u201cse ha hecho serpiente\u201d para que, mir\u00e1ndolo a \u00c9l, podamos resistir las mordeduras venenosas de las serpientes malignas que nos atacan.<\/p><p>Hermanos y hermanas, este es el camino, el camino de nuestra salvaci\u00f3n, de nuestro renacimiento y resurrecci\u00f3n: mirar a Jes\u00fas crucificado. Desde esa altura podemos ver nuestra vida y la historia de nuestros pueblos de un modo nuevo. Porque desde la Cruz de Cristo aprendemos el amor, no el odio; aprendemos la compasi\u00f3n, no la indiferencia; aprendemos el perd\u00f3n, no la venganza. Los brazos extendidos de Jes\u00fas son el tierno abrazo con el que Dios quiere acogernos. Y nos muestran la fraternidad que estamos llamados a vivir entre nosotros y con todos. Nos indican el camino, el camino cristiano; no el de la imposici\u00f3n y la coacci\u00f3n, del poder o de la relevancia, nunca el camino que empu\u00f1a la cruz de Cristo contra los dem\u00e1s hermanos y hermanas por quienes \u00c9l ha dado la vida. El camino de Jes\u00fas, el camino de la salvaci\u00f3n, es otro: es<em>\u00a0el camino del amor humilde, gratuito y universal<\/em>, sin condiciones y sin \u201cperos\u201d.<\/p><p>S\u00ed, porque Cristo, sobre el le\u00f1o de la cruz, ha extra\u00eddo el veneno a la serpiente del mal, y ser cristianos significa\u00a0<em>vivir sin venenos<\/em>. Es decir, no mordernos entre nosotros, no murmurar, no acusar, no chismorrear, no difundir maldades, no contaminar el mundo con el pecado y con la desconfianza que vienen del Maligno. Hermanos, hermanas, hemos renacido del costado abierto de Jes\u00fas en la cruz; que no haya entre nosotros ning\u00fan veneno mortal (cf.\u00a0<em>Sb\u00a0<\/em>1,14). Oremos, m\u00e1s bien, para que por la gracia de Dios podamos ser cada vez m\u00e1s cristianos, testigos alegres de la vida nueva, del amor y de la paz.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Kazajist\u00e1n Papa Francisco | Desde la Cruz de Cristo aprendemos el amor, no el odio, aprendemos la compasi\u00f3n, no la indiferencia, aprendemos el perd\u00f3n, no la venganza, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre durante la Homil\u00eda compartida en la Santa Misa en la Fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Cruz. 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