{"id":237302,"date":"2022-09-15T08:00:00","date_gmt":"2022-09-15T11:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=237302"},"modified":"2022-09-15T15:56:06","modified_gmt":"2022-09-15T18:56:06","slug":"papa-francisco-nadie-es-extrano-en-la-iglesia-somos-un-solo-pueblo-santo-de-dios-enriquecido-por-tantos-pueblos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-nadie-es-extrano-en-la-iglesia-somos-un-solo-pueblo-santo-de-dios-enriquecido-por-tantos-pueblos\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Nadie es extra\u00f1o en la Iglesia, somos un solo Pueblo santo de Dios enriquecido por tantos pueblos"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Kazajist\u00e1n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Papa Francisco | Nadie es extra\u00f1o en la Iglesia, somos un solo Pueblo santo de Dios enriquecido por tantos pueblos<\/strong>, as\u00ed lo expresaba el Santo Padre al compartir su mensaje en el encuentro con Obispos, Sacerdotes, Di\u00e1conos, Consagrados, Seminaristas y Pastoral. En el \u00faltimo d\u00eda del 38\u00b0 viaje Apost\u00f3lico que lo llevara a <strong>Kazajist\u00e1n<\/strong>, donde lleg\u00f3 como peregrino de paz y unidad, <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> se reun\u00eda en la <strong>Catedral Madre de Dios del Perpetuo Socorro<\/strong> de <strong>Nur-Sultan<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>En su menaje, el <strong>Santo Padre<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201c\u00a1nadie es extra\u00f1o en la Iglesia, somos un solo Pueblo santo de Dios enriquecido por tantos pueblos! Y la fuerza de nuestro pueblo sacerdotal y santo est\u00e1 precisamente en hacer de la diversidad una riqueza compartiendo lo que somos y lo que tenemos: nuestra peque\u00f1ez se multiplica si la compartimos\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante, se refiri\u00f3 sobre dos palabras, <strong><em>\u201cherencia y promesa: la herencia del pasado es nuestra memoria, la promesa del Evangelio es el futuro de Dios que viene a nuestro encuentro. Me gustar\u00eda reflexionar con ustedes sobre esto: una Iglesia que camina en la historia entre la memoria y el futuro\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, a\u00f1adi\u00f3 el <strong>Papa<\/strong>, <strong><em>\u201csi hoy en este vasto pa\u00eds multicultural y multirreligioso podemos ver comunidades cristianas vibrantes y un sentido religioso que atraviesa la vida de la poblaci\u00f3n, es sobre todo gracias a la rica historia que le precedi\u00f3. En el camino espiritual y eclesial no debemos perder la memoria de quienes nos han anunciado la fe, porque el recuerdo nos ayuda a desarrollar el esp\u00edritu de contemplaci\u00f3n por las maravillas que Dios ha obrado en la historia, incluso en medio de las penalidades de la vida y fragilidades personales y comunitarias\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro tramo, <strong>Su Santidad<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201c(\u2026) sin memoria no hay maravilla. Si perdemos la memoria viva, entonces la fe, las devociones y las actividades pastorales corren el riesgo de desvanecerse, siendo como fuegos en la sart\u00e9n, que arden inmediatamente, pero se apagan pronto. Cuando perdemos la memoria, se acaba la alegr\u00eda. Falla tambi\u00e9n el agradecimiento a Dios y a los hermanos, porque caemos en la tentaci\u00f3n de pensar que todo depende de nosotros\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, se refiri\u00f3 el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> al futuro, dici\u00e9ndonos, <strong><em>\u201cla memoria del pasado no nos encierra en nosotros mismos, sino que nos abre a la promesa del Evangelio. Jes\u00fas nos asegur\u00f3 que siempre estar\u00e1 con nosotros: no se trata, pues, de una promesa dirigida s\u00f3lo a un futuro lejano, estamos llamados a acoger hoy la renovaci\u00f3n que el Resucitado trae adelante en la vida\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Avanzando, el <strong>Santo Padre<\/strong> se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201clas comunidades cristianas, especialmente el seminario, deben ser \u00abescuelas de sinceridad\u00bb: no ambientes r\u00edgidos y formales, sino campos de entrenamiento para la verdad, la apertura y el compartir. Y en nuestras comunidades &#8211; recordemos &#8211; todos somos disc\u00edpulos del Se\u00f1or: todos disc\u00edpulos, todos imprescindibles, todos de igual dignidad\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, en otro p\u00e1rrafo el Papa, afirm\u00f3, <strong><em>\u201cuna Iglesia sinodal, en camino hacia el futuro del Esp\u00edritu, es una Iglesia participativa, corresponsable. Es una Iglesia capaz de salir al encuentro del mundo porque est\u00e1 formada en la comuni\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>ENCUENTRO CON OBISPOS, SACERDOTES, DI\u00c1CONOS, CONSAGRADOS,<\/p><p>SEMINARISTAS Y PASTORALES<\/p><p>DISCURSO DEL SANTO PADRE<\/p><p>Catedral de la Madre de Dios del Perpetuo Socorro (Nur-Sult\u00e1n)<\/p><p>jueves, 15 de septiembre de 2022<\/p><p>Queridos hermanos obispos, sacerdotes y di\u00e1conos, queridos consagrados y consagradas, seminaristas y agentes de pastoral, \u00a1buenos d\u00edas!<\/p><p>Estoy feliz de estar aqu\u00ed entre ustedes, para saludar a la Conferencia Episcopal de Asia Central y encontrarme con una Iglesia formada por muchos rostros, historias y tradiciones diferentes, todos unidos por la \u00fanica fe en Cristo Jes\u00fas. Monse\u00f1or Mumbiela Sierra, a quien agradezco por las palabras de saludo, dijo: \u00abLa mayor\u00eda de nosotros somos extranjeros\u00bb; es verdad, porque ven\u00eds de diferentes lugares y pa\u00edses, pero la belleza de la Iglesia es esta: somos una sola familia, en la que nadie es extra\u00f1o. Repito: \u00a1nadie es extra\u00f1o en la Iglesia, somos un solo Pueblo santo de Dios enriquecido por tantos pueblos! Y la fuerza de nuestro pueblo sacerdotal y santo est\u00e1 precisamente en hacer de la diversidad una riqueza compartiendo lo que somos y lo que tenemos: nuestra peque\u00f1ez se multiplica si la compartimos.<\/p><p>El pasaje de la Palabra de Dios que hemos escuchado afirma precisamente esto: el misterio de Dios -dice san Pablo- ha sido revelado a todos los pueblos. No s\u00f3lo al pueblo elegido, una \u00e9lite de religiosos, sino a todos. Todo hombre puede acceder a Dios, porque &#8211; explica el Ap\u00f3stol &#8211; todos los pueblos \u00abest\u00e1n llamados, en Cristo Jes\u00fas, a compartir la misma herencia, a formar el mismo cuerpo y a participar de la misma promesa por el Evangelio\u00bb (Ef 3,6).<\/p><p>Quisiera subrayar dos palabras usadas por Pablo: herencia y promesa. Por un lado, una Iglesia hereda siempre una historia, es siempre hija de un primer anuncio del Evangelio, de un acontecimiento que le precede, de otros ap\u00f3stoles y evangelizadores que la fundaron sobre la palabra viva de Jes\u00fas; por otra parte, es tambi\u00e9n la comunidad de los que vieron cumplida la promesa de Dios en Jes\u00fas y, como hijos de la resurrecci\u00f3n, viven en la esperanza del cumplimiento futuro. S\u00ed, somos destinatarios de la gloria prometida, que anima con expectaci\u00f3n nuestro camino. Herencia y promesa: la herencia del pasado es nuestra memoria, la promesa del Evangelio es el futuro de Dios que viene a nuestro encuentro. Me gustar\u00eda reflexionar con ustedes sobre esto: una Iglesia que camina en la historia entre la memoria y el futuro.<\/p><p>En primer lugar, la memoria. Si hoy en este vasto pa\u00eds multicultural y multirreligioso podemos ver comunidades cristianas vibrantes y un sentido religioso que atraviesa la vida de la poblaci\u00f3n, es sobre todo gracias a la rica historia que le precedi\u00f3. Pienso en la expansi\u00f3n del cristianismo en Asia Central, que tuvo lugar ya en los primeros siglos, en los muchos evangelizadores y misioneros que se dedicaron a difundir la luz del Evangelio, fundando comunidades, santuarios, monasterios y lugares de culto. Hay, pues, una herencia cristiana, ecum\u00e9nica, que hay que honrar y conservar, una transmisi\u00f3n de la fe que ha tenido tambi\u00e9n como protagonistas a muchas personas sencillas, a muchos abuelos y abuelas, padres y madres. En el camino espiritual y eclesial no debemos perder la memoria de quienes nos han anunciado la fe, porque el recuerdo nos ayuda a desarrollar el esp\u00edritu de contemplaci\u00f3n por las maravillas que Dios ha obrado en la historia, incluso en medio de las penalidades de la vida y fragilidades personales y comunitarias.<\/p><p>Pero tengamos cuidado: no se trata de mirar hacia atr\u00e1s con nostalgia, atascarnos en cosas del pasado y dejarnos paralizar en la inmovilidad: esta es la tentaci\u00f3n de retroceder. La mirada cristiana, cuando se vuelve a recordar, quiere abrirnos al asombro ante el misterio de Dios, para llenar nuestro coraz\u00f3n de alabanza y gratitud por lo que el Se\u00f1or ha realizado. Un coraz\u00f3n agradecido, que se desborda de alabanza, no alimenta lamentos, sino que acoge el hoy que vive como una gracia. \u00a1Y quiere ponerse en camino, ir adelante, comunicar a Jes\u00fas, como las mujeres y los disc\u00edpulos de Ema\u00fas el d\u00eda de Pascua!<\/p><p>Es esta memoria viva de Jes\u00fas, que nos llena de asombro y que sacamos sobre todo del Memorial eucar\u00edstico, la fuerza del amor que nos impulsa. Es nuestro tesoro. Por lo tanto, sin memoria no hay maravilla. Si perdemos la memoria viva, entonces la fe, las devociones y las actividades pastorales corren el riesgo de desvanecerse, siendo como fuegos en la sart\u00e9n, que arden inmediatamente, pero se apagan pronto. Cuando perdemos la memoria, se acaba la alegr\u00eda. Falla tambi\u00e9n el agradecimiento a Dios y a los hermanos, porque caemos en la tentaci\u00f3n de pensar que todo depende de nosotros. El Padre Ruslan nos record\u00f3 una cosa hermosa: que ser sacerdote ya es mucho, porque en la vida sacerdotal nos damos cuenta de que lo que sucede no es obra nuestra, sino que es un don de Dios. Y Sor Clara, hablando de la vocaci\u00f3n, quer\u00eda ante todo agradecer a quienes le anunciaron el Evangelio. Gracias por estos testimonios, que nos invitan a hacer un recuerdo agradecido de la herencia recibida.<\/p><p>Si nos fijamos en este patrimonio, \u00bfqu\u00e9 vemos? Esa fe no se ha transmitido de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n como un conjunto de cosas que hay que entender y hacer, como un c\u00f3digo fijado de una vez por todas. No, la fe pas\u00f3 con la vida, con el testimonio que llev\u00f3 el fuego del Evangelio al coraz\u00f3n de las situaciones para iluminar, purificar y difundir el calor consolador de Jes\u00fas, la alegr\u00eda de su amor salvador, la esperanza de su promesa. Al recordar, entonces, aprendemos que la fe crece con el testimonio. El resto viene despu\u00e9s. Este es un llamado para todos y quisiera reiterarlo a todos, fieles laicos, obispos, presb\u00edteros, di\u00e1conos, consagrados y consagradas que trabajan de diversas formas en la vida pastoral de las comunidades: \u00a1no nos cansemos de dar testimonio del coraz\u00f3n de salvaci\u00f3n, la novedad de Jes\u00fas, la novedad que es Jes\u00fas! La fe no es una bella exposici\u00f3n de cosas del pasado -esto ser\u00eda un museo- sino un acontecimiento siempre presente, \u00a1el encuentro con Cristo que sucede aqu\u00ed y ahora en la vida! Por eso no nos comunicamos s\u00f3lo con la repetici\u00f3n de cosas de todos los tiempos, sino transmitiendo la novedad del Evangelio. As\u00ed la fe permanece viva y tiene futuro. Por eso me gusta decir que la fe debe transmitirse \u00aben dialecto\u00bb.<\/p><p>Aqu\u00ed entonces est\u00e1 la segunda palabra, futuro. La memoria del pasado no nos encierra en nosotros mismos, sino que nos abre a la promesa del Evangelio. Jes\u00fas nos asegur\u00f3 que siempre estar\u00e1 con nosotros: no se trata, pues, de una promesa dirigida s\u00f3lo a un futuro lejano, estamos llamados a acoger hoy la renovaci\u00f3n que el Resucitado trae adelante en la vida. A pesar de nuestras debilidades, nunca se cansa de estar con nosotros, de construir junto a nosotros el futuro de su Iglesia y de la nuestra.<\/p><p>Por supuesto, ante los muchos desaf\u00edos de la fe -especialmente los relativos a la participaci\u00f3n de las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes-, as\u00ed como ante los problemas y las penurias de la vida y mirando los n\u00fameros, en la inmensidad de un pa\u00eds como esto, uno podr\u00eda sentirse \u00abpeque\u00f1o\u00bb e inadecuado. Sin embargo, si adoptamos la mirada esperanzada de Jes\u00fas, hacemos un descubrimiento sorprendente: el Evangelio dice que ser peque\u00f1os, pobres de esp\u00edritu, es una bienaventuranza, la primera bienaventuranza (cf. Mt 5, 3), porque la peque\u00f1ez nos entrega humildemente al poder de Dios y nos lleva a no basar la acci\u00f3n eclesial en nuestras capacidades. \u00a1Y esto es una gracia! Repito: hay una gracia escondida en ser una Iglesia peque\u00f1a, un reba\u00f1o peque\u00f1o; en lugar de exhibir nuestras fuerzas, nuestros n\u00fameros, nuestras estructuras y toda otra forma de relevancia humana, nos dejamos guiar por el Se\u00f1or y nos colocamos humildemente al lado de las personas. Ricos en nada, pobres en todo, caminamos con sencillez, cerca de los hermanos y hermanas de nuestro pueblo, llevando la alegr\u00eda del Evangelio a las situaciones de la vida. Como levadura en la masa y como la m\u00e1s peque\u00f1a de las semillas arrojadas a la tierra (cf. Mt 13, 31-33), vivimos los acontecimientos felices y tristes de la sociedad en que vivimos, para servirla desde dentro.<\/p><p>Ser peque\u00f1os nos recuerda que no somos autosuficientes: que necesitamos de Dios, pero tambi\u00e9n de los dem\u00e1s, de todos los dem\u00e1s: de los hermanos y hermanas de otras confesiones, de los que confiesan creencias religiosas diferentes a las nuestras, de todos los hombres y mujeres animadas por la buena voluntad. Nos damos cuenta, con esp\u00edritu de humildad, que s\u00f3lo juntos, en el di\u00e1logo y la aceptaci\u00f3n mutua, podemos realmente lograr algo bueno para todos. Es la tarea particular de la Iglesia en este pa\u00eds: no ser un grupo que se arrastra a las cosas de siempre o se encierra en su caparaz\u00f3n porque se siente peque\u00f1o, sino una comunidad abierta al futuro de Dios, iluminada por el fuego del Esp\u00edritu: viva, esperanzada, disponible a sus novedades ya los signos de los tiempos, animada por la l\u00f3gica evang\u00e9lica de la semilla que fructifica en el amor humilde y fecundo. De este modo, la promesa de vida y bendici\u00f3n, que Dios Padre derrama sobre nosotros por medio de Jes\u00fas, se abre camino no s\u00f3lo para nosotros, sino que tambi\u00e9n se cumple para los dem\u00e1s.<\/p><p>Y se realiza cada vez que vivimos la fraternidad entre nosotros, que cuidamos de los pobres y de los heridos de la vida, cada vez que en las relaciones humanas y sociales somos testigos de la justicia y la verdad, diciendo \u00abno\u00bb a la corrupci\u00f3n y a la falsedad. Las comunidades cristianas, especialmente el seminario, deben ser \u00abescuelas de sinceridad\u00bb: no ambientes r\u00edgidos y formales, sino campos de entrenamiento para la verdad, la apertura y el compartir. Y en nuestras comunidades &#8211; recordemos &#8211; todos somos disc\u00edpulos del Se\u00f1or: todos disc\u00edpulos, todos imprescindibles, todos de igual dignidad. No s\u00f3lo los obispos, los presb\u00edteros y las personas consagradas, sino todo bautizado ha sido inmerso en la vida de Cristo y en \u00c9l -como nos recordaba san Pablo- est\u00e1 llamado a recibir la herencia y acoger la promesa del Evangelio. Por tanto, hay que dar espacio a los laicos: os har\u00e1 bien, para que las comunidades no se vuelvan r\u00edgidas y clericales. Una Iglesia sinodal, en camino hacia el futuro del Esp\u00edritu, es una Iglesia participativa, corresponsable. Es una Iglesia capaz de salir al encuentro del mundo porque est\u00e1 formada en la comuni\u00f3n. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n que en todos los testimonios volv\u00eda una cosa: no s\u00f3lo el padre Ruslan y las monjas, sino tambi\u00e9n Kirill, el padre de familia, nos recordaba que en la Iglesia, en contacto con el Evangelio, se aprende a pasar del ego\u00edsmo al amor incondicional. Es una salida de s\u00ed mismo que todo disc\u00edpulo necesita constantemente: es la necesidad de alimentar el don recibido en el Bautismo, que nos impulsa en todas partes, en nuestras reuniones eclesiales, en las familias, en el trabajo, en la sociedad, a convertirnos en hombres y mujeres de comuni\u00f3n. y paz, que siembran el bien dondequiera que est\u00e9n. Apertura, alegr\u00eda y participaci\u00f3n son los signos de la Iglesia de los or\u00edgenes: y son tambi\u00e9n los signos de la Iglesia del futuro. So\u00f1amos y, con la gracia de Dios, construimos una Iglesia m\u00e1s habitada por la alegr\u00eda del Resucitado, que rechaza los miedos y las quejas, que no se deja endurecer por el dogmatismo y el moralismo.<\/p><p>Queridos hermanos y hermanas, pidamos todo esto a los grandes testigos de la fe de este pa\u00eds. Me gustar\u00eda recordar en particular al Beato Bukowi\u0144ski, un sacerdote que dedic\u00f3 su vida al cuidado de los enfermos, los necesitados y los marginados, pagando la fidelidad al Evangelio con prisi\u00f3n y trabajos forzados en su propia piel. Me dijeron que, incluso antes de su beatificaci\u00f3n, siempre hab\u00eda flores frescas y una vela encendida en su tumba. Es la confirmaci\u00f3n de que el Pueblo de Dios sabe reconocer donde hay santidad, donde hay un pastor enamorado del Evangelio. Quisiera decir esto en particular a los obispos y sacerdotes, y tambi\u00e9n a los seminaristas: esta es nuestra misi\u00f3n: no ser administradores de lo sagrado o gendarmes preocupados por hacer cumplir las normas religiosas, sino pastores cercanos al pueblo, iconos vivos de coraz\u00f3n compasivo de Cristo. Recuerdo tambi\u00e9n a los m\u00e1rtires greco-cat\u00f3licos, el obispo Mons. Budka, el sacerdote don Zarizky y Gertrude Detzel, cuyo proceso de beatificaci\u00f3n ha comenzado. Como nos dijo la Sra. Miroslava: ellos trajeron el amor de Cristo al mundo. Vosotros sois su herencia: \u00a1sed la promesa de una nueva santidad!<\/p><p>Estoy cerca de ustedes y los animo: a vivir con alegr\u00eda esta herencia y testimonio de la generosidad, para que quienes los encuentren perciban que tambi\u00e9n a ellos se dirige una promesa de esperanza. Los acompa\u00f1o con la oraci\u00f3n; y ahora nos encomendamos de modo particular al coraz\u00f3n de Mar\u00eda sant\u00edsima, a la que vener\u00e1is aqu\u00ed de manera especial como Reina de la paz. Le\u00ed sobre un hermoso signo maternal que sucedi\u00f3 en tiempos dif\u00edciles: mientras tantas personas eran deportadas y obligadas a pasar hambre y fr\u00edo, ella, madre tierna y sol\u00edcita, escuchaba la oraci\u00f3n que sus hijos le dirig\u00edan. En uno de los inviernos m\u00e1s fr\u00edos, la nieve se derriti\u00f3 r\u00e1pidamente, dando lugar a un lago con muchos peces, que alimentaron a tanta gente hambrienta. \u00a1Que Nuestra Se\u00f1ora derrita el fr\u00edo de los corazones, infunda a nuestras comunidades un renovado calor fraterno, nos d\u00e9 nueva esperanza y entusiasmo por el Evangelio! Con afecto los bendigo y les doy las gracias. Y les pido, por favor, que oren por m\u00ed.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Kazajist\u00e1n Papa Francisco | Nadie es extra\u00f1o en la Iglesia, somos un solo Pueblo santo de Dios enriquecido por tantos pueblos, as\u00ed lo expresaba el Santo Padre al compartir su mensaje en el encuentro con Obispos, Sacerdotes, Di\u00e1conos, Consagrados, Seminaristas y Pastoral. 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