{"id":238975,"date":"2023-04-02T06:00:00","date_gmt":"2023-04-02T09:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=238975"},"modified":"2023-04-02T09:08:10","modified_gmt":"2023-04-02T12:08:10","slug":"papa-francisco-pidamos-hoy-esta-gracia-saber-amar-a-jesus-abandonado-y-saber-amar-a-jesus-en-cada-persona-abandonada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-pidamos-hoy-esta-gracia-saber-amar-a-jesus-abandonado-y-saber-amar-a-jesus-en-cada-persona-abandonada\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Pidamos hoy esta gracia: saber amar a Jes\u00fas abandonado, y saber amar a Jes\u00fas en cada persona abandonada"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Papa Francisco<\/strong> | <strong>Pidamos hoy esta gracia: saber amar a Jes\u00fas abandonado, y saber amar a Jes\u00fas en cada persona abandonada<\/strong>, as\u00ed lo ped\u00eda el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir la <strong>Homil\u00eda<\/strong>. Fue durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa, en el <strong>Domingo de Ramos<\/strong>, en <strong>Plaza San Pedro<\/strong> donde participaron fieles y peregrinos del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Santo Padre<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201c\u00bbDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mt 27, 46). Esta es la invocaci\u00f3n que la liturgia de hoy nos hace repetir en el salmo responsorial (cf. Sal 22,2) y es la \u00fanica pronunciada en la cruz por Jes\u00fas en el Evangelio que hemos escuchado\u201d. <\/em><\/strong>Agregando, <strong><em>\u201clos sufrimientos de Jes\u00fas fueron muchos, y cada vez que escuchamos el relato de la pasi\u00f3n entran en nosotros. Han sido sufrimientos del cuerpo: pensemos en las bofetadas, los azotes, la flagelaci\u00f3n, la corona de espinas, el suplicio de la cruz\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, el <strong>Papa<\/strong> se\u00f1alaba, <strong><em>\u201csin embargo, en todo este dolor a Jes\u00fas le quedaba una certeza: la cercan\u00eda del Padre. Pero ahora sucede lo impensable; antes de morir grita: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb. El abandono de Jes\u00fas.<\/em><\/strong><strong><em> He aqu\u00ed el sufrimiento m\u00e1s lacerante, es el sufrimiento del esp\u00edritu: en la hora m\u00e1s tr\u00e1gica Jes\u00fas experimenta el abandono de Dios. Nunca antes hab\u00eda llamado al Padre con el nombre gen\u00e9rico de Dios\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el Pont\u00edfice, compart\u00eda, <strong><em>\u201cel hecho real es el abajamiento extremo, es decir, el abandono de su Padre, el abandono de Dios. El Se\u00f1or llega a sufrir por amor a nosotros hasta tal punto que nos resulta dif\u00edcil incluso comprenderlo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, a\u00f1ad\u00eda, <strong><em>\u201cDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado? El verbo &#8216;abandonar&#8217; en la Biblia es fuerte; aparece en momentos de dolor extremo: en amores fracasados, rechazados y traicionados; en hijos rechazados y abortados; en situaciones de repudio, viudez y orfandad; en matrimonios agotados, en exclusiones que privan de v\u00ednculos sociales, en la opresi\u00f3n de la injusticia y en la soledad de la enfermedad: en fin, en las m\u00e1s dr\u00e1sticas laceraciones de los lazos. All\u00ed se dice esta palabra: \u00ababandono\u00bb\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, nos pregunt\u00f3: <strong><em>\u201c\u00bfY por qu\u00e9 fue tan lejos? Para nosotros, no hay otra respuesta. Para nosotros. Hermanos y hermanas, hoy no se trata de un espect\u00e1culo. Cada uno de nosotros, al escuchar el abandono de Jes\u00fas, cada uno de nosotros se dice a s\u00ed mismo: por m\u00ed<\/em><\/strong><strong><em>.\u201d<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Avanzando en su Homil\u00eda, el <strong>Papa<\/strong> expresaba, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>no es el final, porque Jes\u00fas ha estado all\u00ed y ahora est\u00e1 contigo: \u00c9l, que sufri\u00f3 la distancia del abandono para acoger en su amor toda nuestra distancia. Para que cada uno de nosotros pueda decir: en mis ca\u00eddas -cada uno de nosotros ha ca\u00eddo muchas veces-, en mi desolaci\u00f3n, cuando me siento traicionado, o he traicionado a otros, cuando me siento descartado o he descartado a otros, cuando me siento abandonado o he abandonado a otros, pensamos que \u00c9l ha sido abandonado, traicionado, descartado\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, el Papa nos revelaba, <strong><em>\u201c(\u2026) <\/em><\/strong><strong><em>ese amor, todo por nosotros, hasta el extremo, el amor de Jes\u00fas es capaz de transformar nuestros corazones de piedra en corazones de carne. Es un amor de piedad, de ternura, de compasi\u00f3n. Tantos necesitan nuestra cercan\u00eda, tantos abandonados. Yo tambi\u00e9n necesito que Jes\u00fas me acaricie y se acerque a m\u00ed, y por eso voy a verle a los abandonados, a los solos. \u00c9l quiere que cuidemos de los hermanos y hermanas que m\u00e1s se le parecen, de \u00c9l en el acto extremo del dolor y de la soledad\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Casi en el final de sus palabras, el <strong>Papa<\/strong> subray\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) <\/em><\/strong><strong><em>Jes\u00fas Abandonado nos pide que tengamos ojos y coraz\u00f3n para los abandonados. Para nosotros, disc\u00edpulos de los Desamparados, nadie puede ser marginado, nadie puede ser abandonado a su suerte; porque, recordemos, los rechazados y excluidos son iconos vivos de Cristo, nos recuerdan su amor loco, su abandono que nos salva de toda soledad y desolaci\u00f3n. Hermanos y hermanas, pidamos hoy esta gracia: saber amar a Jes\u00fas abandonado, y saber amar a Jes\u00fas en cada persona abandonada\u201d.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>CELEBRACI\u00d3N DEL DOMINGO DE RAMOS Y LA PASI\u00d3N DEL SE\u00d1OR<\/p><p>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/p><p>Plaza de San Pedro<\/p><p>Domingo 2 de abril de 2023<\/p><p>\u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mt 27, 46). Esta es la invocaci\u00f3n que la liturgia de hoy nos hace repetir en el salmo responsorial (cf. Sal 22,2) y es la \u00fanica pronunciada en la cruz por Jes\u00fas en el Evangelio que hemos escuchado. Son, pues, las palabras que nos llevan al coraz\u00f3n de la pasi\u00f3n de Cristo, a la culminaci\u00f3n de los sufrimientos que padeci\u00f3 para salvarnos. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb.<\/p><p>Los sufrimientos de Jes\u00fas fueron muchos, y cada vez que escuchamos el relato de la pasi\u00f3n entran en nosotros. Han sido sufrimientos del cuerpo: pensemos en las bofetadas, los azotes, la flagelaci\u00f3n, la corona de espinas, el suplicio de la cruz. Han sido sufrimientos del alma: la traici\u00f3n de Judas, las negaciones de Pedro, las condenas religiosas y civiles, las burlas de los guardias, los insultos bajo la cruz, el rechazo de tantos, el fracaso de todo, el abandono de los disc\u00edpulos. Sin embargo, en todo este dolor a Jes\u00fas le quedaba una certeza: la cercan\u00eda del Padre. Pero ahora sucede lo impensable; antes de morir grita: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb. El abandono de Jes\u00fas.<\/p><p>He aqu\u00ed el sufrimiento m\u00e1s lacerante, es el sufrimiento del esp\u00edritu: en la hora m\u00e1s tr\u00e1gica Jes\u00fas experimenta el abandono de Dios. Nunca antes hab\u00eda llamado al Padre con el nombre gen\u00e9rico de Dios. Para transmitirnos la fuerza de ese hecho, el Evangelio recoge tambi\u00e9n la frase en arameo: es la \u00fanica, entre las dichas por Jes\u00fas en la cruz, que nos llega en la lengua original. El hecho real es el abajamiento extremo, es decir, el abandono de su Padre, el abandono de Dios. El Se\u00f1or llega a sufrir por amor a nosotros hasta tal punto que nos resulta dif\u00edcil incluso comprenderlo. Ve el cielo cerrado, experimenta la frontera amarga del vivir, el naufragio de la existencia, el derrumbamiento de toda certeza: grita \u00abel porqu\u00e9 de los porqu\u00e9s\u00bb. \u00abT\u00fa, Dios, \u00bfpor qu\u00e9?<\/p><p>Dios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado? El verbo &#8216;abandonar&#8217; en la Biblia es fuerte; aparece en momentos de dolor extremo: en amores fracasados, rechazados y traicionados; en hijos rechazados y abortados; en situaciones de repudio, viudez y orfandad; en matrimonios agotados, en exclusiones que privan de v\u00ednculos sociales, en la opresi\u00f3n de la injusticia y en la soledad de la enfermedad: en fin, en las m\u00e1s dr\u00e1sticas laceraciones de los lazos. All\u00ed se dice esta palabra: \u00ababandono\u00bb. Cristo lo soport\u00f3 en la cruz, cargando sobre s\u00ed el pecado del mundo. Y en la culminaci\u00f3n \u00c9l, el Hijo unig\u00e9nito y amado, experiment\u00f3 la situaci\u00f3n m\u00e1s extra\u00f1a a \u00c9l: el abandono, la lejan\u00eda de Dios.<\/p><p>\u00bfY por qu\u00e9 fue tan lejos? Para nosotros, no hay otra respuesta. Para nosotros. Hermanos y hermanas, hoy no se trata de un espect\u00e1culo. Cada uno de nosotros, al escuchar el abandono de Jes\u00fas, cada uno de nosotros se dice a s\u00ed mismo: por m\u00ed. Este abandono es el precio que pag\u00f3 por m\u00ed. Se compadeci\u00f3 de cada uno de nosotros hasta el extremo, para estar con nosotros hasta el final. Experiment\u00f3 el abandono para no dejarnos rehenes de la desolaci\u00f3n y estar con nosotros para siempre. Lo hizo por m\u00ed, por ti, para que cuando yo, t\u00fa o cualquiera se vea entre la espada y la pared, perdido en un callej\u00f3n sin salida, sumido en el abismo del abandono, absorbido por la vor\u00e1gine de tantos \u00abporqu\u00e9s\u00bb sin respuesta, pueda haber esperanza. Para \u00e9l, para ti, para m\u00ed. No es el final, porque Jes\u00fas ha estado all\u00ed y ahora est\u00e1 contigo: \u00c9l, que sufri\u00f3 la distancia del abandono para acoger en su amor toda nuestra distancia. Para que cada uno de nosotros pueda decir: en mis ca\u00eddas -cada uno de nosotros ha ca\u00eddo muchas veces-, en mi desolaci\u00f3n, cuando me siento traicionado, o he traicionado a otros, cuando me siento descartado o he descartado a otros, cuando me siento abandonado o he abandonado a otros, pensamos que \u00c9l ha sido abandonado, traicionado, descartado. Y ah\u00ed lo encontramos a \u00c9l. Cuando me siento mal y perdido, cuando ya no puedo m\u00e1s, \u00c9l est\u00e1 conmigo; en mis muchos porqu\u00e9s sin respuesta, \u00c9l est\u00e1 ah\u00ed.<\/p><p>As\u00ed es como el Se\u00f1or nos salva, desde dentro de nuestros \u00abpor qu\u00e9s\u00bb. Desde ah\u00ed nos descubre la esperanza que no defrauda. En la cruz, de hecho, aunque siente el abandono extremo, no se deja llevar por la desesperaci\u00f3n -ese es el l\u00edmite-, sino que reza y se encomienda. Grita su \u00abpor qu\u00e9\u00bb con las palabras de un salmo (22,2) y se entrega en las manos del Padre, aunque lo sienta lejos (cf. Lc 23,46) o no lo sienta porque se encuentra abandonado. En el abandono se conf\u00eda a s\u00ed mismo. En el abandono sigue amando a los suyos que le hab\u00edan dejado solo. En el abandono perdona a sus crucificadores (v. 34). Aqu\u00ed el abismo de nuestros muchos males se ba\u00f1a en un amor m\u00e1s grande, de modo que toda nuestra separaci\u00f3n se transforma en comuni\u00f3n.<\/p><p>Hermanos y hermanas, ese amor, todo por nosotros, hasta el extremo, el amor de Jes\u00fas es capaz de transformar nuestros corazones de piedra en corazones de carne. Es un amor de piedad, de ternura, de compasi\u00f3n. El estilo de Dios es \u00e9ste: cercan\u00eda, compasi\u00f3n y ternura. Dios es as\u00ed. Cristo abandonado nos mueve a buscarlo y amarlo en los abandonados. Porque en ellos no s\u00f3lo est\u00e1n los necesitados, sino que est\u00e1 \u00c9l, Jes\u00fas abandonado, el que nos salv\u00f3 bajando hasta lo m\u00e1s profundo de nuestra condici\u00f3n humana. \u00c9l est\u00e1 con cada uno de ellos, abandonado hasta la muerte&#8230; Pienso en aquel hombre llamado \u00abde la calle\u00bb, Germ\u00e1n, que muri\u00f3 bajo la columnata, solo, abandonado. \u00c9l es Jes\u00fas para cada uno de nosotros. Tantos necesitan nuestra cercan\u00eda, tantos abandonados. Yo tambi\u00e9n necesito que Jes\u00fas me acaricie y se acerque a m\u00ed, y por eso voy a verle a los abandonados, a los solos. \u00c9l quiere que cuidemos de los hermanos y hermanas que m\u00e1s se le parecen, de \u00c9l en el acto extremo del dolor y de la soledad. Hoy, queridos hermanos y hermanas, hay muchos \u00abcristianos abandonados\u00bb. Hay pueblos enteros explotados y abandonados a su suerte; hay pobres que viven en las encrucijadas de nuestras calles cuya mirada no nos atrevemos a cruzar; hay emigrantes que ya no son rostros sino n\u00fameros; hay presos rechazados, personas catalogadas como un problema. Pero tambi\u00e9n hay muchos cristianos invisibles, escondidos, abandonados, que son descartados con guante blanco: los ni\u00f1os no nacidos, los ancianos dejados solos -puede ser tu padre, tu madre quiz\u00e1s, el abuelo, la abuela, abandonados en instituciones geri\u00e1tricas-, los enfermos no visitados, los discapacitados ignorados, los j\u00f3venes que sienten un gran vac\u00edo interior sin que nadie escuche realmente su grito de dolor. Y no encuentran otro camino que el suicidio. Los abandonados de hoy. Los cristianos de hoy.<\/p><p>Jes\u00fas Abandonado nos pide que tengamos ojos y coraz\u00f3n para los abandonados. Para nosotros, disc\u00edpulos de los Desamparados, nadie puede ser marginado, nadie puede ser abandonado a su suerte; porque, recordemos, los rechazados y excluidos son iconos vivos de Cristo, nos recuerdan su amor loco, su abandono que nos salva de toda soledad y desolaci\u00f3n. Hermanos y hermanas, pidamos hoy esta gracia: saber amar a Jes\u00fas abandonado, y saber amar a Jes\u00fas en cada persona abandonada, en cada abandonador. Pidamos la gracia de saber ver, de saber reconocer al Se\u00f1or que todav\u00eda grita en ellos. No dejemos que su voz se pierda en el silencio ensordecedor de la indiferencia. Dios no nos ha dejado solos; ocup\u00e9monos de los que est\u00e1n solos. Entonces, s\u00f3lo entonces, haremos nuestros los deseos y sentimientos de Aquel que por nosotros \u00abse despoj\u00f3 de s\u00ed mismo\u00bb (Flp 2,7). Se vaci\u00f3 totalmente por nosotros.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | Pidamos hoy esta gracia: saber amar a Jes\u00fas abandonado, y saber amar a Jes\u00fas en cada persona abandonada, as\u00ed lo ped\u00eda el Santo Padre al compartir la Homil\u00eda. Fue durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa, en el Domingo de Ramos, en Plaza San Pedro donde participaron fieles y peregrinos del mundo. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":238977,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[220,18,28,58],"class_list":["post-238975","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria","tag-domingo-de-ramos","tag-obispado-castrense-de-argentina","tag-papa-francisco","tag-santa-sede"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/238975","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=238975"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/238975\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media\/238977"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=238975"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=238975"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=238975"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}