{"id":239015,"date":"2023-04-06T08:15:11","date_gmt":"2023-04-06T11:15:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=239015"},"modified":"2023-04-06T08:16:49","modified_gmt":"2023-04-06T11:16:49","slug":"papa-francisco-sin-el-espiritu-del-senor-no-hay-vida-cristiana-y-sin-su-uncion-no-hay-santidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-sin-el-espiritu-del-senor-no-hay-vida-cristiana-y-sin-su-uncion-no-hay-santidad\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Sin el Esp\u00edritu del Se\u00f1or no hay vida cristiana, y sin su unci\u00f3n no hay santidad"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Papa Francisco | Sin el Esp\u00edritu del Se\u00f1or no hay vida cristiana, y sin su unci\u00f3n no hay santidad<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre al compartir la Homil\u00eda, en la Santa Misa Crismal en la ma\u00f1ana de hoy (hora de Roma). Celebrada en <strong>Bas\u00edlica de San Pedro<\/strong> y presidida por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>, el <strong>Papa<\/strong> advert\u00eda sobre tres tentaciones peligrosas que se pueden superar gracias al <strong>Esp\u00edritu Santo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Santo Padre<\/strong> dec\u00eda en el inicio de la Homil\u00eda, <strong><em>\u201c(\u2026) sin el Esp\u00edritu del Se\u00f1or no hay vida cristiana, y sin su unci\u00f3n no hay santidad. \u00c9l es el protagonista y es bueno hoy, en el d\u00eda nativo del sacerdocio, reconocer que es \u00c9l quien est\u00e1 en el origen de nuestro ministerio, de la vida y de la vitalidad de cada Pastor\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Agregando, <strong><em>\u201cel Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed. Cada uno de nosotros puede decir esto; y no es presunci\u00f3n, es realidad, pues cada cristiano, especialmente cada sacerdote, puede hacer suyas las siguientes palabras: \u00abporque el Se\u00f1or me ha ungido\u00bb (Is 61,1). Hermanos, sin m\u00e9ritos, por pura gracia hemos recibido una unci\u00f3n que nos ha hecho padres y pastores en el pueblo santo de Dios\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, el <strong>Papa<\/strong> se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201cJes\u00fas y el Esp\u00edritu act\u00faan siempre juntos, de modo que son como las dos manos del Padre [<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\"><strong>[1]<\/strong><\/a>] -lo dice Ireneo- que, extendidas hacia nosotros, nos abrazan y nos levantan. Y por ellas son nuestras manos, ungidas por el Esp\u00edritu de Cristo. S\u00ed, hermanos, el Se\u00f1or no s\u00f3lo nos ha elegido y llamado desde aqu\u00ed, desde all\u00e1: ha derramado en nosotros la unci\u00f3n de su Esp\u00edritu, el mismo Esp\u00edritu que descendi\u00f3 sobre los Ap\u00f3stoles. Hermanos, somos ungidos\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><strong>MISA DEL SANTO CRISMA<\/strong><\/p><p>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/p><p>Bas\u00edlica de San Pedro<\/p><p>Jueves Santo, 6 de abril de 2023<\/p><p>\u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed\u00bb (Lc 4,18): desde este vers\u00edculo comenz\u00f3 la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas, y desde el mismo vers\u00edculo comenz\u00f3 la Palabra que hoy hemos escuchado (cf. Is 61,1). Al principio, pues, est\u00e1 el Esp\u00edritu del Se\u00f1or.<\/p><p>Y sobre \u00c9l quisiera reflexionar hoy con ustedes queridos hermanos, sobre el Esp\u00edritu del Se\u00f1or. Porque sin el Esp\u00edritu del Se\u00f1or no hay vida cristiana, y sin su unci\u00f3n no hay santidad. \u00c9l es el protagonista y es bueno hoy, en el d\u00eda nativo del sacerdocio, reconocer que es \u00c9l quien est\u00e1 en el origen de nuestro ministerio, de la vida y de la vitalidad de cada Pastor. En efecto, la Santa Madre Iglesia nos ense\u00f1a a profesar que el Esp\u00edritu Santo \u00abda la vida\u00bb [<a id=\"_ftnref2\" href=\"#_ftn2\">[2]<\/a>], como dijo Jes\u00fas: \u00abEl Esp\u00edritu es el que da la vida\u00bb ( Jn 6,63); una ense\u00f1anza de la que se hizo eco el ap\u00f3stol Pablo, quien escribi\u00f3 que \u00abla letra mata, pero el Esp\u00edritu da la vida\u00bb ( 2 Co 3,6) y habl\u00f3 de la \u00abley del Esp\u00edritu, que da la vida en Cristo Jes\u00fas\u00bb ( Rm 8,2). Sin \u00c9l tampoco la Iglesia ser\u00eda la Esposa viva de Cristo, sino a lo sumo una organizaci\u00f3n religiosa -m\u00e1s o menos buena-; no ser\u00eda el Cuerpo de Cristo, sino un templo construido por manos humanas. Entonces, \u00bfc\u00f3mo se puede construir la Iglesia, si no es a partir del hecho de que somos \u00abtemplos del Esp\u00edritu Santo\u00bb, que \u00abhabita en nosotros\u00bb (cf. 1 Co 6,19; 3,16)? No podemos dejarla fuera o aparcarla en alg\u00fan devocionario, no, \u00a1en el centro! Tenemos que decir cada d\u00eda: \u00abVen, porque sin tu poder nada hay en el hombre\u00bb [<a id=\"_ftnref3\" href=\"#_ftn3\">[3]<\/a>].<\/p><p>El Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed. Cada uno de nosotros puede decir esto; y no es presunci\u00f3n, es realidad, pues cada cristiano, especialmente cada sacerdote, puede hacer suyas las siguientes palabras: \u00abporque el Se\u00f1or me ha ungido\u00bb (Is 61,1). Hermanos, sin m\u00e9ritos, por pura gracia hemos recibido una unci\u00f3n que nos ha hecho padres y pastores en el pueblo santo de Dios. Deteng\u00e1monos, pues, en este aspecto del Esp\u00edritu: la unci\u00f3n.<\/p><p>Despu\u00e9s de la primera \u00abunci\u00f3n\u00bb que tuvo lugar en el seno de Mar\u00eda, el Esp\u00edritu descendi\u00f3 sobre Jes\u00fas en el Jord\u00e1n. Despu\u00e9s de eso, como explica San Basilio, \u00abcada acci\u00f3n [de Cristo] se realizaba con la con presencia del Esp\u00edritu Santo\u00bb [<a id=\"_ftnref4\" href=\"#_ftn4\">[4]<\/a>]. En efecto, por el poder de esa unci\u00f3n, predicaba y realizaba signos, en virtud de los cuales \u00absal\u00eda de \u00e9l un poder que sanaba a todos\u00bb (Lc 6,19). Jes\u00fas y el Esp\u00edritu act\u00faan siempre juntos, de modo que son como las dos manos del Padre [<a id=\"_ftnref5\" href=\"#_ftn5\">[5]<\/a>] -lo dice Ireneo- que, extendidas hacia nosotros, nos abrazan y nos levantan. Y por ellas son nuestras manos, ungidas por el Esp\u00edritu de Cristo. S\u00ed, hermanos, el Se\u00f1or no s\u00f3lo nos ha elegido y llamado desde aqu\u00ed, desde all\u00e1: ha derramado en nosotros la unci\u00f3n de su Esp\u00edritu, el mismo Esp\u00edritu que descendi\u00f3 sobre los Ap\u00f3stoles. Hermanos, somos ungidos.<\/p><p>Fij\u00e9monos en ellos, en los Ap\u00f3stoles. Jes\u00fas los eligi\u00f3 y a su llamada dejaron sus barcas, sus redes, sus casas&#8230; La unci\u00f3n de la Palabra cambi\u00f3 sus vidas. Con entusiasmo siguieron al Maestro y empezaron a predicar, convencidos de que m\u00e1s tarde lograr\u00edan cosas a\u00fan mayores; hasta que lleg\u00f3 la Pascua. All\u00ed todo pareci\u00f3 detenerse: llegaron a negar y abandonar al Maestro. No debemos tener miedo. Seamos valientes al leer nuestras propias vidas y nuestras propias ca\u00eddas. Llegaron a negar y abandonar al Maestro, Pedro el primero. Asumieron su incapacidad y se dieron cuenta de que no le hab\u00edan entendido: el \u00abNo conozco a este hombre\u00bb (Mc 14,71), que Pedro pronunci\u00f3 en el patio del sumo sacerdote despu\u00e9s de la \u00daltima Cena, no es s\u00f3lo una defensa impulsiva, sino una confesi\u00f3n de ignorancia espiritual: \u00e9l y los dem\u00e1s quiz\u00e1 esperaban una vida de \u00e9xito detr\u00e1s de un Mes\u00edas que atra\u00eda multitudes y hac\u00eda prodigios, pero no reconocieron el esc\u00e1ndalo de la cruz, que desmoron\u00f3 sus certezas. Jes\u00fas sab\u00eda que no lo conseguir\u00edan solos, y por eso les prometi\u00f3 el Par\u00e1clito. Y fue precisamente esa \u00absegunda unci\u00f3n\u00bb, en Pentecost\u00e9s, la que transform\u00f3 a los disc\u00edpulos, llev\u00e1ndoles a pastorear el reba\u00f1o de Dios y ya no a s\u00ed mismos. Y \u00e9sta es la contradicci\u00f3n que hay que resolver: \u00bfpastoreo al pueblo de Dios o a m\u00ed mismo? Y ah\u00ed est\u00e1 el Esp\u00edritu para ense\u00f1arme el camino. Fue esa unci\u00f3n ardiente la que apag\u00f3 su religiosidad centrada en s\u00ed mismos y en sus propias capacidades: habiendo recibido el Esp\u00edritu, los miedos y vacilaciones de Pedro se evaporan; Santiago y Juan, abrasados por el deseo de dar la vida, dejan de perseguir puestos de honor (cf. Mc 10,35-45), nuestro arribismo, hermanos; los dem\u00e1s ya no se quedan encerrados y temerosos en el Cen\u00e1culo, sino que salen y se hacen ap\u00f3stoles en el mundo. Es el esp\u00edritu que cambia nuestro coraz\u00f3n, que lo pone en ese plano distinto, diferente.<\/p><p>Hermanos, ese camino abarca nuestra vida sacerdotal y apost\u00f3lica. Tambi\u00e9n para nosotros hubo una primera unci\u00f3n, que comenz\u00f3 con una llamada de amor que arras\u00f3 nuestros corazones. Dejamos nuestras amarras por ella, y sobre ese entusiasmo genuino descendi\u00f3 la fuerza del Esp\u00edritu, que nos consagr\u00f3. Luego, seg\u00fan el tiempo de Dios, llega para cada uno la etapa pascual, que marca el momento de la verdad. Y es un momento de crisis, que reviste diversas formas. A todos nos sucede, tarde o temprano, experimentar decepciones, fatigas, debilidades, cuando el ideal parece desgastarse en medio de las exigencias de la realidad, mientras una cierta costumbre se impone y ciertas pruebas, antes dif\u00edciles de imaginar, hacen que la fidelidad parezca m\u00e1s inc\u00f3moda de lo que era. Esta etapa -esta tentaci\u00f3n, esta prueba que todos hemos tenido, tenemos y tendremos- esta etapa representa una cresta decisiva para los que han recibido la unci\u00f3n. Uno puede salir mal parado, desliz\u00e1ndose hacia una cierta mediocridad, arrastr\u00e1ndose cansinamente hacia una \u00abnormalidad\u00bb en la que se cuelan tres tentaciones peligrosas: la del compromiso, por la que uno se contenta con lo que puede hacer; la de los suced\u00e1neos, por la que uno intenta \u00abrecargarse\u00bb con otra cosa que no sea nuestra unci\u00f3n; la del des\u00e1nimo -que es la m\u00e1s com\u00fan-, por la que, descontento, uno sigue por inercia. Y ah\u00ed est\u00e1 el gran riesgo: mientras las apariencias permanecen intactas &#8211; \u00absoy sacerdote, soy sacerdote\u00bb-, nos replegamos sobre nosotros mismos y arrastramos los pies con desgana; la fragancia de la unci\u00f3n ya no perfuma la vida y el coraz\u00f3n; y el coraz\u00f3n ya no se expande sino que se encoge, envuelto en el desencanto. Es una destilaci\u00f3n. Cuando el sacerdocio se desliza lentamente hacia el clericalismo y el sacerdote se olvida de ser pastor del pueblo, para convertirse en cl\u00e9rigo de Estado.<\/p><p>Pero esta crisis puede convertirse tambi\u00e9n en el punto de inflexi\u00f3n del sacerdocio, la \u00abetapa decisiva de la vida espiritual, en la que hay que hacer la elecci\u00f3n \u00faltima entre Jes\u00fas y el mundo, entre la heroicidad de la caridad y la mediocridad, entre la cruz y una cierta prosperidad, entre la santidad y una fidelidad honesta al compromiso religioso\u00bb [<a id=\"_ftnref6\" href=\"#_ftn6\">[6]<\/a>]. Al final de esta celebraci\u00f3n os regalar\u00e1n un cl\u00e1sico, un libro que trata de este problema: \u00abLa segunda llamada\u00bb, es un cl\u00e1sico del padre Voillaume que toca este problema, leedlo. Luego, todos debemos reflexionar sobre este momento de nuestro sacerdocio. Es el momento bendito en el que nosotros, como los disc\u00edpulos en Pascua, estamos llamados a ser \u00absuficientemente humildes para confesarnos vencidos por Cristo humillado y crucificado, y para aceptar iniciar un nuevo camino, el del Esp\u00edritu, de la fe y de un amor fuerte y sin ilusiones\u00bb [<a id=\"_ftnref7\" href=\"#_ftn7\">[7]<\/a>]. Es el chairos en el que descubre que \u00abtodo no se reduce a abandonar la barca y las redes para seguir a Jes\u00fas durante un cierto tiempo, sino que exige llegar hasta el Calvario, aceptar la lecci\u00f3n y el fruto, e ir con la ayuda del Esp\u00edritu Santo hasta el final de una vida que debe terminar en la perfecci\u00f3n de la Caridad divina\u00bb [<a id=\"_ftnref8\" href=\"#_ftn8\">[8]<\/a>]. Con la ayuda del Esp\u00edritu Santo: es la hora, para nosotros como para los Ap\u00f3stoles, de una \u00absegunda unci\u00f3n\u00bb, la hora de una segunda llamada que debemos escuchar, de la segunda unci\u00f3n, en la que acogemos al Esp\u00edritu no sobre el entusiasmo de nuestros sue\u00f1os, sino sobre la fragilidad de nuestra realidad. Es una unci\u00f3n que hace verdad en lo profundo, que permite al Esp\u00edritu ungir nuestras debilidades, nuestros trabajos, nuestra pobreza interior. Entonces la unci\u00f3n huele de nuevo: a \u00c9l, no a nosotros. Ahora mismo, interiormente, me estoy acordando de algunos de vosotros que est\u00e1is en crisis -digamos-, que est\u00e1is desorientados y que no sab\u00e9is c\u00f3mo tomar el camino, c\u00f3mo volver a encarrilaros en esta segunda unci\u00f3n del Esp\u00edritu. A estos hermanos -los tengo presentes- les digo simplemente: \u00c1nimo, el Se\u00f1or es m\u00e1s grande que tus debilidades, que tus pecados. Conf\u00edaos al Se\u00f1or y dejad que os llame por segunda vez, esta vez con la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. La doble vida no te ayudar\u00e1; tira todo por la ventana, tampoco. Mira hacia delante, deja que la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo te acaricie.<\/p><p>Y el camino hacia este paso de madurez es admitir la verdad de tu propia debilidad. A esto nos exhorta \u00abel Esp\u00edritu de la verdad\u00bb (Jn 16, 13), que nos mueve a mirar dentro de nosotros hasta el fondo, a preguntarnos: \u00bfdepende mi realizaci\u00f3n de lo bueno que soy, del papel que obtengo, de los cumplidos que recibo, de la carrera que hago, de los superiores o colaboradores, de las comodidades que puedo asegurarme, o de la unci\u00f3n que perfuma mi vida? Hermanos, la madurez sacerdotal pasa por el Esp\u00edritu Santo, se realiza cuando \u00c9l se convierte en el protagonista de nuestra vida. Entonces todo cambia de perspectiva, incluso las decepciones y las amarguras -incluso los pecados-, porque ya no se trata de intentar hacernos mejores arreglando algo, sino de entregarnos, sin retener nada, a Aquel que nos ha impregnado de su unci\u00f3n y quiere descender en nosotros hasta lo m\u00e1s profundo. Hermanos, redescubramos entonces que la vida espiritual se hace libre y gozosa no cuando salvamos las formas y cosemos un parche, sino cuando dejamos la iniciativa al Esp\u00edritu y, abandonados a sus designios, nos disponemos a servir donde y como se nos pida: \u00a1nuestro sacerdocio no crece remendando, sino desbord\u00e1ndose!<\/p><p>Si dejamos que el Esp\u00edritu de la verdad act\u00fae en nosotros, custodiaremos la unci\u00f3n &#8211; custodiaremos la unci\u00f3n -, porque las falsedades &#8211; las hipocres\u00edas clericales &#8211; las falsedades con las que estamos tentados a vivir saldr\u00e1n inmediatamente a la luz. Y el Esp\u00edritu, que \u00ablava lo s\u00f3rdido\u00bb, nos sugerir\u00e1, sin cansarse, que \u00abno manchemos la unci\u00f3n\u00bb, ni siquiera un poco. Me viene a la memoria aquella frase de Qoh\u00e9let que dice: \u00abUna mosca muerta estropea el ung\u00fcento del perfumista\u00bb (10,1). Cierto, cualquier duplicidad -la duplicidad clerical, por favor-, cualquier duplicidad que se cuele es peligrosa: no hay que tolerarla, sino sacarla a la luz del Esp\u00edritu. Porque si \u00abnada hay m\u00e1s traicionero que el coraz\u00f3n, y apenas sana\u00bb ( Jr 17,9), el Esp\u00edritu Santo, s\u00f3lo \u00c9l nos sana de la infidelidad (cf. Os 14,5). Es una lucha indispensable para nosotros: en efecto, es indispensable, como escrib\u00eda san Gregorio Magno, que \u00abel que anuncia la palabra de Dios se dedique primero a su propia manera de vivir, para que luego, sacando de su propia vida, aprenda qu\u00e9 y c\u00f3mo decirla. [&#8230;] Que nadie pretenda decir fuera lo que no ha o\u00eddo antes dentro\u00bb [<a id=\"_ftnref9\" href=\"#_ftn9\">[9]<\/a>]. Y es el Esp\u00edritu el maestro interior al que hay que escuchar, sabiendo que no hay nada en nosotros que \u00c9l no quiera ungir. Hermanos, mantengamos la unci\u00f3n: que invocar al Esp\u00edritu no sea una pr\u00e1ctica ocasional, sino el aliento de cada d\u00eda. Venid, venid, mantened la unci\u00f3n. Yo, ungido por \u00c9l, estoy llamado a sumergirme en \u00c9l, a dejar que su luz entre en mis opacidades -tenemos tantas- para encontrar la verdad de lo que soy. Dej\u00e9monos impulsar por \u00c9l para combatir las falsedades que se agitan en nuestro interior; y dej\u00e9monos regenerar por \u00c9l en la adoraci\u00f3n, porque cuando adoramos al Se\u00f1or \u00c9l derrama Su Esp\u00edritu en nuestros corazones.<\/p><p>\u00abEl esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, porque el Se\u00f1or me ha ungido; me ha enviado\u00bb, prosigue la profec\u00eda, y me ha enviado a llevar la buena nueva, la liberaci\u00f3n, la curaci\u00f3n y la gracia (cf. Is 61, 1-2; Lc 4, 18-19): en una palabra, a llevar la concordia donde no la hay. Porque, como dice san Basilio: \u00abEl Esp\u00edritu es armon\u00eda\u00bb, es \u00c9l quien hace la armon\u00eda. Habi\u00e9ndoos hablado de la unci\u00f3n, quisiera deciros algo sobre esta armon\u00eda que es su consecuencia. Porque el Esp\u00edritu Santo es armon\u00eda. En primer lugar en el Cielo: San Basilio explica que \u00abtoda esa armon\u00eda supercelestial e indecible en el servicio de Dios y en la sinfon\u00eda mutua de las potencias suprac\u00f3smicas, es imposible que se conserve sino por la autoridad del Esp\u00edritu\u00bb [<a id=\"_ftnref10\" href=\"#_ftn10\">[10]<\/a>]. Y luego en la tierra: en la Iglesia \u00c9l es, en efecto, esa \u00abArmon\u00eda divina y musical\u00bb [<a id=\"_ftnref11\" href=\"#_ftn11\">[11]<\/a>] que lo une todo. Pero pensad en un presbiterio sin armon\u00eda, sin el Esp\u00edritu: no funciona. Despierta la diversidad de carismas y la recompone en la unidad, crea una concordia que no se basa en la homologaci\u00f3n, sino en la creatividad de la caridad. Lo mismo hace la concordia entre muchos. Lo mismo hace la concordia en un presb\u00edtero. En los a\u00f1os del Concilio Vaticano II, que fue un don del Esp\u00edritu, un te\u00f3logo public\u00f3 un estudio en el que hablaba del Esp\u00edritu no como individuo, sino como plural. Invitaba a pensar en \u00e9l como Persona divina no tanto singular, sino \u00abplural\u00bb, como el \u00abnosotros de Dios\u00bb, el nosotros del Padre y del Hijo, porque es su nexo, es en s\u00ed concordia, comuni\u00f3n, armon\u00eda [<a id=\"_ftnref12\" href=\"#_ftn12\">[12]<\/a>]. Recuerdo que cuando le\u00ed este tratado teol\u00f3gico -era en teolog\u00eda, estudiando- me escandalic\u00e9: me parec\u00eda una herej\u00eda, porque en nuestra formaci\u00f3n no entend\u00edamos muy bien c\u00f3mo era el Esp\u00edritu Santo.<\/p><p>Crear armon\u00eda es lo que \u00c9l desea, especialmente a trav\u00e9s de aquellos en quienes ha derramado su unci\u00f3n. Hermanos, crear armon\u00eda entre nosotros no es tanto un buen m\u00e9todo para que la Iglesia proceda mejor, no es bailar el minu\u00e9, no es una cuesti\u00f3n de estrategia o de cortes\u00eda: es una exigencia interna de la vida del Esp\u00edritu. Pecamos contra el Esp\u00edritu que es comuni\u00f3n cuando nos convertimos, aunque sea ligeramente, en instrumentos de divisi\u00f3n, por ejemplo -y volvemos al mismo tema- con la ch\u00e1chara. Cuando nos convertimos en instrumentos de divisi\u00f3n, pecamos contra el Esp\u00edritu. Y hacemos el juego al enemigo, que no sale a la luz y ama las habladur\u00edas y las insinuaciones, fomenta los partidos y las agrupaciones, alimenta la nostalgia del pasado, la desconfianza, el pesimismo, el miedo. Tengamos cuidado, por favor, de no ensuciar la unci\u00f3n del Esp\u00edritu y el manto de la Santa Madre Iglesia con la desuni\u00f3n, con las polarizaciones, con cualquier falta de caridad y de comuni\u00f3n. Recordemos que el Esp\u00edritu, \u00abel nosotros de Dios\u00bb, prefiere la forma comunitaria: es decir, la disponibilidad respecto a las propias necesidades, la obediencia respecto a los propios gustos, la humildad respecto a las propias pretensiones.<\/p><p>La armon\u00eda no es una virtud entre otras, es m\u00e1s. San Gregorio Magno escribe: \u00abCu\u00e1nto vale la virtud de la armon\u00eda lo demuestra el hecho de que, sin ella, todas las dem\u00e1s virtudes no valen absolutamente nada\u00bb [<a id=\"_ftnref13\" href=\"#_ftn13\">[13]<\/a>]. Ayud\u00e9monos, hermanos, a custodiar la armon\u00eda -\u00e9sa ser\u00eda la tarea-, partiendo no de los dem\u00e1s, sino cada uno de s\u00ed mismo; pregunt\u00e1ndonos: en mis palabras, en mis comentarios, en lo que digo y escribo, \u00bfhay la impronta del Esp\u00edritu o la del mundo? Pienso tambi\u00e9n en la bondad del sacerdote -pero tantas veces los sacerdotes, nosotros&#8230; somos maleducados-: pensemos en la bondad del sacerdote, si la gente encuentra incluso en nosotros personas descontentas, solteronas, que critican y se\u00f1alan con el dedo, \u00bfd\u00f3nde ver\u00e1n la armon\u00eda? \u00a1Cu\u00e1ntos no se acercan o se apartan porque en la Iglesia no se sienten acogidos y queridos, sino mirados con recelo y juzgados! En nombre de Dios, acojamos y perdonemos, \u00a1siempre! Y recordemos que ser borde y quejarse, adem\u00e1s de no producir nada bueno, corrompe el anuncio, porque contra-testimonia a Dios, que es comuni\u00f3n y armon\u00eda. Y esto desagrada al Esp\u00edritu Santo, a quien el Ap\u00f3stol Pablo nos exhorta a no contristar (cf. Ef 4,30).<\/p><p>Hermanos, os dejo con estos pensamientos que me han salido del coraz\u00f3n y concluyo dirigi\u00e9ndoos una palabra sencilla e importante: gracias. Gracias por vuestro testimonio, gracias por vuestro servicio; gracias por tanto bien escondido que hac\u00e9is, gracias por el perd\u00f3n y el consuelo que dais en nombre de Dios: perdonad siempre, por favor, no negu\u00e9is nunca el perd\u00f3n; gracias por vuestro ministerio, que a menudo se desarrolla en medio de tantas dificultades, incomprensiones y poco reconocimiento. Hermanos, que el Esp\u00edritu de Dios, que no defrauda a los que conf\u00edan en \u00c9l, os llene de paz y lleve a t\u00e9rmino lo que ha comenzado en vosotros, para que se\u00e1is profetas de su unci\u00f3n y ap\u00f3stoles de la concordia.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u00cddem 2<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\" id=\"_ftn2\">[2]<\/a> S\u00edmbolo niceno-constantinopolitano.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\" id=\"_ftn3\">[3]<\/a> Cf. Secuencia de Pentecost\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\" id=\"_ftn4\">[4]<\/a> Esp. 16,39.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\" id=\"_ftn5\">[5]<\/a> Cf. Ireneo, Adv. haer. IV,20,1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\" id=\"_ftn6\">[6]<\/a> R. Voillaume, \u00abLa seconda chiamata\u00bb, en S. Stevan, ed., El coraje de la fragilidad. El coraje de la fragilidad, Bolonia 2018, 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\" id=\"_ftn7\">[7]<\/a> ib\u00eddem, 24.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref8\" id=\"_ftn8\">[8]<\/a> Ib\u00eddem, 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref9\" id=\"_ftn9\">[9]<\/a> Homil\u00edas sobre Ezequiel, I,X,13-14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref10\" id=\"_ftn10\">[10]<\/a> Esp. XVI, 38.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref11\" id=\"_ftn11\">[11]<\/a> En Sal. 29,1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref12\" id=\"_ftn12\">[12]<\/a> Cf. H. M\u00fchlen, Der Heilige Geist als Person. Ich &#8211; Du &#8211; Wir, M\u00fcnster in W., 1963.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref13\" id=\"_ftn13\">[13]<\/a> Homil\u00edas sobre Ezequiel, I, VIII, 8.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | Sin el Esp\u00edritu del Se\u00f1or no hay vida cristiana, y sin su unci\u00f3n no hay santidad, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre al compartir la Homil\u00eda, en la Santa Misa Crismal en la ma\u00f1ana de hoy (hora de Roma). 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