{"id":239751,"date":"2023-07-23T06:00:00","date_gmt":"2023-07-23T09:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=239751"},"modified":"2023-07-23T09:26:49","modified_gmt":"2023-07-23T12:26:49","slug":"papa-francisco-no-olvidemos-a-los-abuelos-y-a-los-ancianos-nosotros-no-podemos-sacarlos-de-la-agenda-de-nuestras-prioridades-crezcamos-juntos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-no-olvidemos-a-los-abuelos-y-a-los-ancianos-nosotros-no-podemos-sacarlos-de-la-agenda-de-nuestras-prioridades-crezcamos-juntos\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | No olvidemos a los abuelos y a los ancianos, nosotros no podemos sacarlos de la agenda de nuestras prioridades, crezcamos juntos"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Papa Francisco | <\/strong><strong>No olvidemos a los abuelos y a los ancianos<\/strong><strong>, <\/strong><strong>nosotros no podemos sacarlos de la agenda de nuestras prioridades<\/strong><strong>, c<\/strong><strong>rezcamos juntos<\/strong>, as\u00ed lo ped\u00eda el <strong>Santo Padre<\/strong> al concluir la Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de la <strong>Santa Misa<\/strong> en la <strong>Bas\u00edlica de San Pedro<\/strong>, en la <strong>III Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores<\/strong>. <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>para hablarnos del reino de Dios, Jes\u00fas usa las par\u00e1bolas. Cuenta historias sencillas, que llegan al coraz\u00f3n de quien lo escucha; y este lenguaje, lleno de im\u00e1genes, se asemeja al que muchas veces usan los abuelos con los nietos, sent\u00e1ndolos quiz\u00e1s sobre sus rodillas.<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Recordando a los abuelos y a los ancianos, ra\u00edces que los m\u00e1s j\u00f3venes necesitan para llegar a ser adultos, quisiera volver a leer los tres episodios del Evangelio que hemos escuchado a partir de un aspecto que tienen en com\u00fan: el&nbsp;crecer juntos\u201d.<\/em><\/strong><em> <\/em>Continuando, se\u00f1alaba, <strong><em>\u201cen la primera par\u00e1bola, son el trigo y la ciza\u00f1a los que crecen juntos, en el mismo campo (cf.&nbsp;Mt&nbsp;13,24-30). Es una imagen que nos ayuda a hacer una lectura realista: en la historia humana, como en la vida de cada uno, coexisten las luces y las sombras, el amor y el ego\u00edsmo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante, el <strong>Papa<\/strong> compart\u00eda, <strong><em>\u201cpero la par\u00e1bola nos interpela: cuando vemos que en el mundo el trigo y la ciza\u00f1a est\u00e1n juntos, \u00bfqu\u00e9 debemos hacer?, \u00bfc\u00f3mo debemos comportarnos? Piensan que podr\u00e1n arrancar el mal con sus propias fuerzas, para alcanzar la pureza. Es una tentaci\u00f3n frecuente: una \u201csociedad pura\u201d, una \u201cIglesia pura\u201d pero, para alcanzar esa pureza, se corre el riesgo de ser impacientes, intransigentes, incluso violentos hacia quien cay\u00f3 en el error. Y as\u00ed, junto a la ciza\u00f1a, se arranca tambi\u00e9n el trigo bueno y se impide a las personas hacer un camino, crecer, cambiar. Escuchemos en cambio lo que dice Jes\u00fas: \u00abDejen que&nbsp;crezcan juntos&nbsp;hasta la cosecha\u00bb (cf.&nbsp;Mt&nbsp;13,30)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Avanzando, record\u00f3 el <strong>Pont\u00edfice<\/strong>, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>en la primera par\u00e1bola, son el trigo y la ciza\u00f1a los que crecen juntos, en el mismo campo (cf.&nbsp;Mt&nbsp;13,24-30). Es una imagen que nos ayuda a hacer una lectura realista: en la historia humana, como en la vida de cada uno, coexisten las luces y las sombras, el amor y el ego\u00edsmo.<\/em><\/strong><strong><em> Pero la par\u00e1bola nos interpela: cuando vemos que en el mundo el trigo y la ciza\u00f1a est\u00e1n juntos, \u00bfqu\u00e9 debemos hacer?, \u00bfc\u00f3mo debemos comportarnos?\u201d<\/em><\/strong> &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Prosiguiendo, se refer\u00eda el <strong>Papa<\/strong> a la segunda par\u00e1bola, <strong><em>\u201cel reino de los cielos, dice Jes\u00fas, es la obra de Dios que act\u00faa de manera silenciosa en la trama de la historia, hasta el punto de parecer una acci\u00f3n min\u00fascula e invisible, como la de un peque\u00f1o grano de mostaza.<\/em><\/strong><strong><em> Pero, cuando este grano crece, \u00abes la m\u00e1s grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los p\u00e1jaros del cielo van a cobijarse en sus ramas\u00bb (Mt&nbsp;13,32). Tambi\u00e9n nuestra vida es as\u00ed, hermanos y hermanas: venimos a este mundo en la peque\u00f1ez, nos convertimos en adultos, despu\u00e9s en ancianos; al principio somos una peque\u00f1a semilla, despu\u00e9s nos nutrimos de esperanzas\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Completando, dec\u00eda de la tercera par\u00e1bola, en la que&nbsp;<em>crecen juntas&nbsp;<\/em>la levadura y la harina (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>13,33), <strong><em>\u201cesta mezcla hace crecer toda la masa. Jes\u00fas usa precisamente el verbo \u201cmezclar\u201d, que evoca ese arte que conlleva \u00abla m\u00edstica de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos\u00ab, y de \u00absalir de s\u00ed mismo para unirse a otros\u00bb (Exhort. ap.&nbsp;Evangelii gaudium, 87)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sintetizando en el final, el <strong>Papa<\/strong> comparti\u00f3, <strong><em>\u201cno olvidemos a los abuelos y a los ancianos. Muchas veces, gracias a una caricia suya hemos vuelto a levantarnos, hemos reanudado el camino, nos henos sentido amados, sanados por dentro. Ellos se han sacrificado por nosotros y nosotros no podemos sacarlos de la agenda de nuestras prioridades. Crezcamos juntos, vayamos adelante juntos\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y DE LOS MAYORES<\/p>\n\n\n\n<p><strong>SANTA MISA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Bas\u00edlica de San Pedro<\/em><em><br>Domingo, 23 de julio de 2023<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Para hablarnos del reino de Dios, Jes\u00fas usa las par\u00e1bolas. Cuenta historias sencillas, que llegan al coraz\u00f3n de quien lo escucha; y este lenguaje, lleno de im\u00e1genes, se asemeja al que muchas veces usan los abuelos con los nietos, sent\u00e1ndolos quiz\u00e1s sobre sus rodillas. De ese modo, comunican una sabidur\u00eda importante para la vida. Recordando a los abuelos y a los ancianos, ra\u00edces que los m\u00e1s j\u00f3venes necesitan para llegar a ser adultos, quisiera volver a leer los tres episodios del Evangelio que hemos escuchado a partir de un aspecto que tienen en com\u00fan: el&nbsp;<em>crecer juntos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En la primera par\u00e1bola, son el trigo y la ciza\u00f1a los que crecen juntos, en el mismo campo (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>13,24-30). Es una imagen que nos ayuda a hacer una lectura realista: en la historia humana, como en la vida de cada uno, coexisten las luces y las sombras, el amor y el ego\u00edsmo. Es m\u00e1s, el bien y el mal est\u00e1n entrelazados hasta el punto de parecer inseparables. Este planteamiento objetivo nos ayuda a mirar la historia sin ideolog\u00edas, sin optimismos est\u00e9riles o pesimismos nocivos. El cristiano, animado por la esperanza en Dios, no es un pesimista, ni tampoco un ingenuo que vive en el mundo de las f\u00e1bulas, que act\u00faa como si no viese el mal y dice que \u201ctodo va bien\u201d. No, el cristiano es realista, sabe que en el mundo hay trigo y ciza\u00f1a, y se mira dentro, reconociendo que el mal no llega s\u00f3lo \u201cdesde fuera\u201d, que no es siempre culpa de los dem\u00e1s, que no es necesario \u201cinventar\u201d enemigos que combatir para evitar arrojar un poco de luz en su interior. Se da cuenta de que el mal viene desde dentro, de la lucha interior que todos nosotros tenemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la par\u00e1bola nos interpela: cuando vemos que en el mundo el trigo y la ciza\u00f1a est\u00e1n juntos, \u00bfqu\u00e9 debemos hacer?, \u00bfc\u00f3mo debemos comportarnos? En la narraci\u00f3n los siervos quer\u00edan arrancar la ciza\u00f1a inmediatamente (cf. v. 28). Es una actitud animada por una buena intenci\u00f3n, pero impulsiva, incluso agresiva. Piensan que podr\u00e1n arrancar el mal con sus propias fuerzas, para alcanzar la pureza. Es una tentaci\u00f3n frecuente: una \u201csociedad pura\u201d, una \u201cIglesia pura\u201d pero, para alcanzar esa pureza, se corre el riesgo de ser impacientes, intransigentes, incluso violentos hacia quien cay\u00f3 en el error. Y as\u00ed, junto a la ciza\u00f1a, se arranca tambi\u00e9n el trigo bueno y se impide a las personas hacer un camino, crecer, cambiar. Escuchemos en cambio lo que dice Jes\u00fas: \u00abDejen que&nbsp;<em>crezcan juntos<\/em>&nbsp;hasta la cosecha\u00bb (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>13,30). Qu\u00e9 hermosa esta mirada de Dios, su pedagog\u00eda misericordiosa, que nos invita a tener paciencia con los dem\u00e1s, a acoger \u2014en la familia, en la Iglesia y en la sociedad\u2014 la fragilidad, los retrasos y los l\u00edmites. No para acostumbrarnos a ellos con resignaci\u00f3n o para justificarlos, sino para aprender a intervenir con respeto, sacando adelante el cultivo del buen grano, con mansedumbre y paciencia. Recordando siempre que la purificaci\u00f3n del coraz\u00f3n y la victoria definitiva sobre el mal son, esencialmente, obra de Dios. Y nosotros, venciendo la tentaci\u00f3n de dividir el trigo y la ciza\u00f1a, estamos llamados a entender cu\u00e1les son los modos y los momentos mejores para actuar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en los ancianos y en los abuelos que han realizado ya un largo trecho en el camino de la vida y, al volver la vista atr\u00e1s, ven tantas cosas hermosas que han conseguido, pero tambi\u00e9n derrotas, errores, incluso algunas cosas que \u2014como se suele decir\u2014 \u201csi volviera atr\u00e1s no repetir\u00eda\u201d. Hoy, sin embargo, el Se\u00f1or viene a nuestro encuentro con una palabra dulce, que nos invita a acoger con serenidad y paciencia el misterio de la vida, a dejarle a \u00c9l el juicio, a no vivir de reproches y remordimientos. Como si nos quisiera decir: \u201cMiren el buen trigo que ha germinado en el camino de sus vidas y h\u00e1ganlo crecer todav\u00eda m\u00e1s, confi\u00e1ndome todo, que siempre perdono: al final, el bien ser\u00e1 m\u00e1s fuerte que el mal\u201d. La ancianidad es un tiempo bendecido tambi\u00e9n para esto, es la estaci\u00f3n para reconciliarse, para mirar con ternura la luz que se expandi\u00f3 a pesar de las sombras, en la confiada esperanza de que el buen trigo sembrado por Dios prevalecer\u00e1 sobre la ciza\u00f1a con la que el diablo ha querido infestarnos el coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Veamos ahora la segunda par\u00e1bola. El reino de los cielos, dice Jes\u00fas, es la obra de Dios que act\u00faa de manera silenciosa en la trama de la historia, hasta el punto de parecer una acci\u00f3n min\u00fascula e invisible, como la de un peque\u00f1o grano de mostaza. Pero, cuando este grano crece, \u00abes la m\u00e1s grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los p\u00e1jaros del cielo van a cobijarse en sus ramas\u00bb (<em>Mt&nbsp;<\/em>13,32). Tambi\u00e9n nuestra vida es as\u00ed, hermanos y hermanas: venimos a este mundo en la peque\u00f1ez, nos convertimos en adultos, despu\u00e9s en ancianos; al principio somos una peque\u00f1a semilla, despu\u00e9s nos nutrimos de esperanzas. Realizamos proyectos y sue\u00f1os, el m\u00e1s hermoso de los cuales es llegar a ser como ese \u00e1rbol, que no vive para s\u00ed mismo, sino para dar sombra a quienes desea y ofrecer un espacio a lo que quieren construir all\u00ed un nido. De este modo, los que&nbsp;<em>crecen juntos<\/em>&nbsp;en esta par\u00e1bola son el a\u00f1ejo \u00e1rbol y los pajaritos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en los abuelos, hermosos como estos \u00e1rboles frondosos, bajo los cuales los hijos y los nietos realizan sus propios \u201cnidos\u201d, aprenden el clima de familia y experimentan la ternura de un abrazo. Se trata de crecer juntos. El \u00e1rbol exuberante y los peque\u00f1os que necesitan del nido, los abuelos con los hijos y los nietos, los ancianos con los m\u00e1s j\u00f3venes. Hermanos y hermanas, necesitamos una nueva alianza entre j\u00f3venes y ancianos, para que la linfa de quien tiene a sus espaldas una larga experiencia de vida irrigue los brotes de esperanza de quien est\u00e1 creciendo. En este intercambio fecundo aprendemos la belleza de la vida, construimos una sociedad fraterna, y en la Iglesia permitimos el encuentro y el di\u00e1logo entre la tradici\u00f3n y las novedades del Esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, la tercera par\u00e1bola, en la que&nbsp;<em>crecen juntas&nbsp;<\/em>la levadura y la harina (cf.&nbsp;<em>Mt&nbsp;<\/em>13,33). Esta mezcla hace crecer toda la masa. Jes\u00fas usa precisamente el verbo \u201cmezclar\u201d, que evoca ese arte que conlleva \u00abla m\u00edstica de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos\u00ab, y de \u00absalir de s\u00ed mismo para unirse a otros\u00bb (Exhort. ap.&nbsp;<em>Evangelii gaudium<\/em>, 87). Esto vence los individualismos y los ego\u00edsmos, y nos ayuda a generar un mundo m\u00e1s humano y m\u00e1s fraterno. De ese modo, hoy la Palabra de Dios es una llamada a vigilar para que nuestras vidas y nuestras familias no marginen a los m\u00e1s ancianos. Estemos atentos, para que nuestras aglomeradas ciudades no se conviertan en \u201cconcentrados de soledad\u201d; para que la pol\u00edtica, que est\u00e1 llamada a proveer a las necesidades de los m\u00e1s fr\u00e1giles, no se olvide precisamente de los ancianos, dejando que el mercado los relegue a \u201cdescartes improductivos\u201d. No vaya a suceder que, a fuerza de seguir a toda velocidad los mitos de la eficiencia y del rendimiento, seamos incapaces de frenar para acompa\u00f1ar a los que les cuesta seguir el ritmo. Por favor, mezcl\u00e9monos, crezcamos juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos, hermanas, la Palabra divina no nos invita a separar, a cerrarnos, a pensar que podemos hacerlo solos, sino a crecer juntos. Escuch\u00e9monos, dialoguemos, sosteng\u00e1monos rec\u00edprocamente. No olvidemos a los abuelos y a los ancianos. Muchas veces, gracias a una caricia suya hemos vuelto a levantarnos, hemos reanudado el camino, nos henos sentido amados, sanados por dentro. Ellos se han sacrificado por nosotros y nosotros no podemos sacarlos de la agenda de nuestras prioridades. Crezcamos juntos, vayamos adelante juntos. El Se\u00f1or bendiga nuestro camino.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | No olvidemos a los abuelos y a los ancianos, nosotros no podemos sacarlos de la agenda de nuestras prioridades, crezcamos juntos, as\u00ed lo ped\u00eda el Santo Padre al concluir la Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa en la Bas\u00edlica de San Pedro, en la III Jornada Mundial de los Abuelos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":239752,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[82],"tags":[654,18,28,58],"class_list":["post-239751","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vatiano","tag-iii-jornada-mundial-de-los-abuelos-y-de-los-mayores","tag-obispado-castrense-de-argentina","tag-papa-francisco","tag-santa-sede"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/239751","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=239751"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/239751\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media\/239752"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=239751"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=239751"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=239751"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}