{"id":240145,"date":"2023-09-03T10:19:15","date_gmt":"2023-09-03T13:19:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=240145"},"modified":"2023-09-03T10:19:17","modified_gmt":"2023-09-03T13:19:17","slug":"mongolia-en-el-desierto-de-la-vida-en-el-trabajo-de-ser-una-comunidad-pequena-el-senor-no-nos-hace-faltar-el-agua-de-su-palabra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/mongolia-en-el-desierto-de-la-vida-en-el-trabajo-de-ser-una-comunidad-pequena-el-senor-no-nos-hace-faltar-el-agua-de-su-palabra\/","title":{"rendered":"MONGOLIA | En el desierto de la vida, en el trabajo de ser una comunidad peque\u00f1a, el Se\u00f1or no nos hace faltar el agua de su Palabra"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>MONGOLIA | <\/strong><strong>En el desierto de la vida, en el trabajo de ser una comunidad peque\u00f1a, el Se\u00f1or no nos hace faltar el agua de su Palabra<\/strong>, as\u00ed lo compart\u00eda el <strong>Santo Padre<\/strong> en su Homil\u00eda, durante la <strong>Santa Misa<\/strong>. Celebrada en el estadio <strong>Steppe Arena<\/strong>, de la ciudad de <strong>Ul\u00e1n Bator<\/strong> y presidida por <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Homil\u00eda, el <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>con las palabras del Salmo hemos rezado: \u00abOh Dios, [\u2026] mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua\u00bb (Sal&nbsp;63,2). Esta estupenda invocaci\u00f3n acompa\u00f1a el viaje de nuestra vida, en medio de los desiertos que estamos llamados a atravesar\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agreg\u00f3, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>Dios Padre ha enviado a su Hijo para darnos el agua viva del Esp\u00edritu Santo que apague la sed de nuestra alma (cf.&nbsp;Jn&nbsp;4,10). Y Jes\u00fas \u2014lo hemos escuchado hace un momento en el Evangelio\u2014 nos muestra el camino para apagar nuestra sed: es el camino del amor, que \u00c9l ha recorrido hasta el final, hasta la cruz, desde la cual nos llama a seguirlo \u00abperdiendo la vida para encontrarla\u00bb nuevamente (cf.&nbsp;Mt&nbsp;16,24-25)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al respecto, el Santo Padre se refiri\u00f3 a dos aspectos:&nbsp;<em>la sed que nos habita&nbsp;<\/em>y&nbsp;<em>el amor que apaga la sed. <\/em>Diciendo, <strong><em>\u201cante todo, estamos llamados a reconocer&nbsp;la sed que nos habita. El salmista grita a Dios la propia aridez porque su vida se asemeja a un desierto. Sus palabras tienen una resonancia particular en una tierra como Mongolia; un territorio inmenso, rico de historia, y una tierra rebosante de cultura, pero marcado tambi\u00e9n por la aridez de la estepa y del desierto\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, el <strong>Papa<\/strong> agregaba, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>el desierto evocado por el salmista se refiere, entonces, a nuestra vida; somos nosotros esa tierra \u00e1rida que tiene sed de un agua l\u00edmpida, de un agua que apaga la sed profundamente. Es nuestro coraz\u00f3n el que desea descubrir el secreto de la verdadera alegr\u00eda, la que incluso en medio de las sequedades existenciales, puede acompa\u00f1arnos y sostenernos.<\/em><\/strong><strong><em> (\u2026), la fe cristiana responde a esta sed; la toma en serio; no la descarta, no intenta aplacarla con paliativos o sustitutos. Porque en esta sed est\u00e1 nuestro gran misterio; esta sed nos abre al Dios vivo, al Dios amor que viene a nuestro encuentro para hacernos hijos suyos y hermanos y hermanas entre nosotros\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, dec\u00eda sobre el segundo aspecto, <strong><em>\u201c<\/em><\/strong><strong><em>el amor que apaga la sed. El primero era nuestra sed, existencial, profunda, y ahora reflexionamos sobre el amor que apaga nuestra sed.<\/em><\/strong><strong><em> Dios, que es amor, en su Hijo Jes\u00fas se ha hecho cercano a ti, a m\u00ed, a todos nosotros. \u00c9l desea compartir tu vida, tus trabajos, tus sue\u00f1os, tu sed de felicidad. Es verdad, a veces nos sentimos como una tierra sedienta, reseca y sin agua, pero tambi\u00e9n es verdad que Dios se hace cargo de nosotros y nos ofrece el agua l\u00edmpida que apaga la sed, el agua viva del Esp\u00edritu que, brotando en nosotros, nos renueva y nos libra del peligro de la sequedad\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, el Pont\u00edfice, reflexionaba diciendo, <strong><em>\u201cen el desierto de la vida, en el trabajo de ser una comunidad peque\u00f1a, el Se\u00f1or no nos hace faltar el agua de su Palabra, especialmente a trav\u00e9s de los predicadores y los misioneros que, ungidos por el Esp\u00edritu Santo, siembran su belleza. Y la Palabra siempre, siempre nos lleva a lo esencial, a lo esencial de la fe: dejarnos amar por Dios para hacer de nuestra vida una ofrenda de amor. Porque s\u00f3lo el amor apaga verdaderamente nuestra sed\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>SANTA MISA<\/p>\n\n\n\n<p>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE<\/p>\n\n\n\n<p>Steppe Arena, Ul\u00e1n Bator<\/p>\n\n\n\n<p>Domingo, 3 de septiembre 2023<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Con las palabras del Salmo hemos rezado: \u00abOh Dios, [\u2026] mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua\u00bb (<em>Sal\u00a0<\/em>63,2). Esta estupenda invocaci\u00f3n acompa\u00f1a el viaje de nuestra vida, en medio de los desiertos que estamos llamados a atravesar. Y es precisamente en esa tierra \u00e1rida donde llega hasta nosotros la buena noticia. En nuestro camino no estamos solos; nuestras sequedades no tienen el poder de hacer est\u00e9ril para siempre nuestra vida; el grito de nuestra sed no permanece sin respuesta. Dios Padre ha enviado a su Hijo para darnos el agua viva del Esp\u00edritu Santo que apague la sed de nuestra alma (cf.\u00a0<em>Jn\u00a0<\/em>4,10). Y Jes\u00fas \u2014lo hemos escuchado hace un momento en el Evangelio\u2014 nos muestra el camino para apagar nuestra sed: es el camino del amor, que \u00c9l ha recorrido hasta el final, hasta la cruz, desde la cual nos llama a seguirlo \u00abperdiendo la vida para encontrarla\u00bb nuevamente (cf.\u00a0<em>Mt\u00a0<\/em>16,24-25).<\/p><p>Deteng\u00e1monos juntos en estos dos aspectos:\u00a0<em>la sed que nos habita\u00a0<\/em>y\u00a0<em>el amor que apaga la sed.<\/em><\/p><p>Ante todo, estamos llamados a reconocer\u00a0<em>la sed que nos habita<\/em>. El salmista grita a Dios la propia aridez porque su vida se asemeja a un desierto. Sus palabras tienen una resonancia particular en una tierra como Mongolia; un territorio inmenso, rico de historia, y una tierra rebosante de cultura, pero marcado tambi\u00e9n por la aridez de la estepa y del desierto. Muchos de ustedes est\u00e1n acostumbrados a la belleza y a la fatiga de tener que caminar, una acci\u00f3n que evoca un aspecto esencial de la espiritualidad b\u00edblica, representado por la figura de Abrah\u00e1n y, m\u00e1s en general, algo distintivo del pueblo de Israel y de cada disc\u00edpulo del Se\u00f1or. Todos, todos nosotros, en efecto, somos \u00abn\u00f3madas de Dios\u00bb, peregrinos en b\u00fasqueda de la felicidad, caminantes sedientos de amor. El desierto evocado por el salmista se refiere, entonces, a nuestra vida; somos nosotros esa tierra \u00e1rida que tiene sed de un agua l\u00edmpida, de un agua que apaga la sed profundamente. Es nuestro coraz\u00f3n el que desea descubrir el secreto de la verdadera alegr\u00eda, la que incluso en medio de las sequedades existenciales, puede acompa\u00f1arnos y sostenernos. S\u00ed, arrastramos una sed inextinguible de felicidad, buscamos un significado y un sentido para nuestra vida, una motivaci\u00f3n para las actividades que llevamos a cabo cada d\u00eda; y sobre todo estamos sedientos de amor, porque s\u00f3lo el amor apaga verdaderamente nuestra sed, nos hace estar bien \u2014el amor nos hace estar bien\u2014, nos abre a la confianza haci\u00e9ndonos saborear la belleza de la vida. Queridos hermanos y hermanas, la fe cristiana responde a esta sed; la toma en serio; no la descarta, no intenta aplacarla con paliativos o sustitutos. Porque en esta sed est\u00e1 nuestro gran misterio; esta sed nos abre al Dios vivo, al Dios amor que viene a nuestro encuentro para hacernos hijos suyos y hermanos y hermanas entre nosotros.<\/p><p>Y llegamos as\u00ed al segundo aspecto:\u00a0<em>el amor que apaga la sed<\/em>. El primero era nuestra sed, existencial, profunda, y ahora reflexionamos sobre el amor que apaga nuestra sed. Este es el contenido de la fe cristiana: Dios, que es amor, en su Hijo Jes\u00fas se ha hecho cercano a ti, a m\u00ed, a todos nosotros. \u00c9l desea compartir tu vida, tus trabajos, tus sue\u00f1os, tu sed de felicidad. Es verdad, a veces nos sentimos como una tierra sedienta, reseca y sin agua, pero tambi\u00e9n es verdad que Dios se hace cargo de nosotros y nos ofrece el agua l\u00edmpida que apaga la sed, el agua viva del Esp\u00edritu que, brotando en nosotros, nos renueva y nos libra del peligro de la sequedad. Esta agua nos la da Jes\u00fas. Como afirma san Agust\u00edn, \u00absi nos reconocemos como\u00a0<em>sedientos<\/em>, nos reconoceremos tambi\u00e9n como\u00a0<em>quienes beben<\/em>\u00bb (<em>Comentarios a los Salmos<\/em>, 62,3). Efectivamente, si tantas veces en nuestra vida experimentamos el desierto, la soledad, el cansancio, la esterilidad, no debemos olvidar esto: \u00abPero a fin de que no desfallezcamos en este desierto \u2014a\u00f1ade san Agust\u00edn\u2014, Dios nos envi\u00f3 el roc\u00edo de su Palabra [\u2026], [para] que de tal manera sintamos sed, que podamos beber [\u2026]. Dios se ha compadecido de nosotros, y nos ha abierto un camino en el desierto: el mismo Se\u00f1or nuestro Jesucristo \u2014\u00c9l es el camino en desierto de la vida\u2014; y nos ha brindado un consuelo en el desierto, envi\u00e1ndonos predicadores de su Palabra; nos dio a beber agua en el desierto, colmando del Esp\u00edritu Santo a sus predicadores, para que surgiese en ellos la fuente de agua que brota hasta la vida eterna\u00bb (<em>ib\u00edd.<\/em>, 3.8). Estas palabras, queridos hermanos, evocan nuestra historia. En el desierto de la vida, en el trabajo de ser una comunidad peque\u00f1a, el Se\u00f1or no nos hace faltar el agua de su Palabra, especialmente a trav\u00e9s de los predicadores y los misioneros que, ungidos por el Esp\u00edritu Santo, siembran su belleza. Y la Palabra siempre, siempre nos lleva a lo esencial, a lo esencial de la fe: dejarnos amar por Dios para hacer de nuestra vida una ofrenda de amor. Porque s\u00f3lo el amor apaga verdaderamente nuestra sed. No lo olvidemos: s\u00f3lo el amor apaga verdaderamente nuestra sed.<\/p><p>Es lo que Jes\u00fas dice, con un tono fuerte, al ap\u00f3stol Pedro en el Evangelio de hoy. \u00c9l no acepta el hecho de que Jes\u00fas tenga que sufrir, ser acusado por los jefes del pueblo, pasar por la pasi\u00f3n para despu\u00e9s morir en la cruz. Pedro reacciona, Pedro protesta, quisiera convencer a Jes\u00fas de que se equivoca, porque seg\u00fan \u00e9l \u2014y a menudo tambi\u00e9n nosotros pensamos as\u00ed\u2014 el Mes\u00edas no puede acabar derrotado, de ning\u00fan modo puede morir crucificado, como un delincuente abandonado por Dios. Pero el Se\u00f1or reprende a Pedro, porque su modo de pensar es \u00abel de los hombres\u00bb \u2014dice el Se\u00f1or\u2014 y no el de Dios (cf.\u00a0<em>Mt\u00a0<\/em>16,21-23). Si pensamos que para apagar la sed de la aridez de nuestra vida sean suficientes el \u00e9xito, el poder, las cosas materiales, esta es una mentalidad mundana, que no lleva a nada bueno, sino que adem\u00e1s nos deja m\u00e1s secos que antes. Jes\u00fas, sin embargo, nos indica el camino: \u00abEl que quiera venir detr\u00e1s de m\u00ed, que renuncie a s\u00ed mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perder\u00e1; pero el que pierda su vida a causa de m\u00ed, la encontrar\u00e1\u00bb (<em>Mt<\/em>\u00a016,24-25).<\/p><p>Hermanos, hermanas, este es el mejor camino de todos: abrazar la cruz de Cristo. En el coraz\u00f3n del cristianismo se encuentra esta noticia desconcertante, y esta noticia extraordinaria: cuando pierdes tu vida, cuando la ofreces sirviendo con generosidad, cuando la arriesgas comprometi\u00e9ndola en el amor, cuando haces de ella un don gratuito para los dem\u00e1s, entonces vuelve a ti abundantemente, derrama dentro de ti una alegr\u00eda que no pasa, una paz en el coraz\u00f3n, una fuerza interior que te sostiene. Tenemos necesidad de paz interior.<\/p><p>Esta es la verdad que Jes\u00fas nos invita a descubrir, que Jes\u00fas quiere revelar a todos, a esta tierra de Mongolia: para ser felices no hace falta ser grandes, ricos o poderosos. S\u00f3lo el amor apaga la sed de nuestro coraz\u00f3n, s\u00f3lo el amor cura nuestras heridas, s\u00f3lo el amor nos da la verdadera alegr\u00eda. Y este es el camino que Jes\u00fas nos ha ense\u00f1ado y ha abierto para nosotros.<\/p><p>Entonces, tambi\u00e9n nosotros, hermanos y hermanas, escuchemos la palabra que el Se\u00f1or dice a Pedro: \u00abVe detr\u00e1s de m\u00ed\u00bb (<em>Mt\u00a0<\/em>16,23), es decir: s\u00e9 mi disc\u00edpulo, realiza el mismo camino que hago yo y no pienses m\u00e1s como el mundo. De ese modo, con la gracia de Cristo y del Esp\u00edritu Santo, podremos transitar por el camino del amor. Incluso cuando amar conlleve negarse a s\u00ed mismos, luchar contra los ego\u00edsmos personales y mundanos, atreverse a vivir fraternalmente. Porque si es verdad que todo esto cuesta esfuerzo y sacrificio, y a veces implique tener que subir a la cruz, no es menos cierto que cuando perdemos la vida por el Evangelio, el Se\u00f1or nos la da en abundancia, llena de amor y alegr\u00eda, para la eternidad.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MONGOLIA | En el desierto de la vida, en el trabajo de ser una comunidad peque\u00f1a, el Se\u00f1or no nos hace faltar el agua de su Palabra, as\u00ed lo compart\u00eda el Santo Padre en su Homil\u00eda, durante la Santa Misa. 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