{"id":240333,"date":"2023-09-23T10:43:13","date_gmt":"2023-09-23T13:43:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=240333"},"modified":"2023-09-23T10:43:15","modified_gmt":"2023-09-23T13:43:15","slug":"marsella-es-bueno-que-los-cristianos-sean-insuperables-en-caridad-y-que-el-evangelio-de-la-caridad-sea-la-carta-magna-de-la-pastoral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/marsella-es-bueno-que-los-cristianos-sean-insuperables-en-caridad-y-que-el-evangelio-de-la-caridad-sea-la-carta-magna-de-la-pastoral\/","title":{"rendered":"MARSELLA | Es bueno que los cristianos sean insuperables en caridad; y que el Evangelio de la caridad sea la carta magna de la pastoral"},"content":{"rendered":"\n<p>FRANCIA<\/p>\n\n\n\n<p><strong>MARSELLA |<\/strong> <strong>Es bueno que los cristianos sean insuperables en caridad; y que el Evangelio de la caridad sea la carta magna de la pastoral<\/strong>, as\u00ed lo ped\u00eda el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su mensaje en la clausura los <strong>Encuentros Mediterr\u00e1neos de Marsella<\/strong>. Celebrado en la ma\u00f1ana de hoy (hora local), en el <strong>Palais du Pharo<\/strong>, <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> luego de saludar a todos, se dirigi\u00f3 a los presentes.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201cgracias por vuestro trabajo y por las valiosas reflexiones que hab\u00e9is compartido\u201d.<\/em><\/strong> Agregando, <strong><em>\u201c(\u2026) est\u00e1n juntos no para tratar intereses mutuos, sino animados por el deseo de cuidar de la humanidad; gracias por hacerlo con los j\u00f3venes, presente y futuro de la Iglesia y de la sociedad.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>La ciudad de Marsella es muy antigua. Fundada por navegantes griegos procedentes de Asia Menor, el mito la remonta a una historia de amor entre un marino emigrado y una princesa nativa. Desde sus or\u00edgenes, ha tenido un car\u00e1cter compuesto y cosmopolita: acoge las riquezas del mar y da patria a los que ya no la tienen. Marsella nos dice que, a pesar de las dificultades, la convivencia es posible y fuente de alegr\u00eda\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, el <strong>Santo Padre<\/strong>, expres\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) me gustar\u00eda proponerles algunas reflexiones en torno a tres realidades que caracterizan Marsella: el mar, el puerto y el faro. Son tres s\u00edmbolos. 1. El mar. Una marea de pueblos ha hecho de esta ciudad un mosaico de esperanza, con su gran tradici\u00f3n multi\u00e9tnica y multicultural, representada por los m\u00e1s de 60 consulados presentes en su territorio. Marsella es a la vez una ciudad plural y singular, pues es su pluralidad, fruto de su encuentro con el mundo, la que hace singular su historia\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, el <strong>Pont\u00edfice<\/strong> completaba, <strong><em>\u201c(\u2026) en el actual mar de conflictos, estamos aqu\u00ed para potenciar la contribuci\u00f3n del Mediterr\u00e1neo, para que vuelva a ser un laboratorio de paz. Porque \u00e9sa es su vocaci\u00f3n, ser un lugar donde pa\u00edses y realidades diferentes se encuentran sobre la base de la humanidad que todos compartimos, no de ideolog\u00edas opuestas\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Respecto de la segunda condici\u00f3n, el puerto, el <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201cdurante siglos, el puerto de Marsella ha sido una puerta abierta de par en par al mar, a Francia y a Europa. Desde aqu\u00ed han partido muchos a buscar trabajo y futuro en el extranjero, y desde aqu\u00ed muchos han cruzado la puerta del continente con equipajes cargados de esperanza\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Diciendo en otro p\u00e1rrafo, <strong><em>\u201cquienes se refugian con nosotros no deben ser vistos como una carga que hay que llevar: si los vemos como hermanos, se nos aparecer\u00e1n sobre todo como regalos. Ma\u00f1ana ser\u00e1 el D\u00eda Mundial del Migrante y del Refugiado. Dej\u00e9monos conmover por la historia de tantos de nuestros hermanos y hermanas en dificultad, que tienen derecho tanto a emigrar como a no emigrar, y no nos cerremos en la indiferencia. La Historia nos llama a una sacudida de conciencia para evitar el naufragio de la civilizaci\u00f3n. El futuro no estar\u00e1 en la cerraz\u00f3n, que es una vuelta al pasado, un retroceso en el camino de la historia\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Santo Padre<\/strong> tambi\u00e9n compart\u00eda, <strong><em>\u201c(\u2026) el puerto de Marsella es tambi\u00e9n una \u00abpuerta de la fe\u00bb. Seg\u00fan la tradici\u00f3n, los santos Marta, Mar\u00eda y L\u00e1zaro desembarcaron aqu\u00ed y sembraron el Evangelio en estas tierras. La fe viene del mar, como evoca la sugestiva tradici\u00f3n marsellesa de la Candelaria con su procesi\u00f3n mar\u00edtima. L\u00e1zaro, en el Evangelio, es el amigo de Jes\u00fas, pero tambi\u00e9n es el nombre del protagonista de una par\u00e1bola muy actual, que nos abre los ojos a la desigualdad que corroe la fraternidad y nos habla de la predilecci\u00f3n del Se\u00f1or por los pobres\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> pidi\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) es bueno que los cristianos sean insuperables en caridad; y que el Evangelio de la caridad sea la carta magna de la pastoral. No estamos llamados a lamentar tiempos pasados ni a redefinir la relevancia eclesial, estamos llamados a dar testimonio: no a bordar el Evangelio con palabras, sino a darle carne; no a medir la visibilidad, sino a gastarnos en gratuidad, creyendo que \u00abla medida de Jes\u00fas es el amor sin medida\u00bb <\/em><\/strong>(Homil\u00eda, 23 de febrero de 2020)\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Completando, el <strong>Papa<\/strong> nos revelaba sobre el tercer aspecto, la del faro, <strong><em>\u201cilumina el mar y muestra el puerto. \u00bfQu\u00e9 estelas luminosas pueden orientar el rumbo de las Iglesias en el Mediterr\u00e1neo? Pensando en el mar, que une a tantas comunidades creyentes diferentes, creo que podemos reflexionar sobre caminos m\u00e1s sin\u00e9rgicos, quiz\u00e1s incluso considerar la oportunidad de una Conferencia Eclesial Mediterr\u00e1nea, como dijo el cardenal [Aveline] que permitir\u00eda mayores posibilidades de intercambio y dar\u00eda mayor representatividad eclesial a la regi\u00f3n.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>El faro, en este prestigioso edificio que lleva su nombre, finalmente me hace pensar sobre todo en los j\u00f3venes: ellos son la luz que se\u00f1ala el camino a seguir. Marsella es una gran ciudad universitaria, que alberga cuatro campus; de los aproximadamente 35.000 estudiantes que acuden a ellos, 5.000 son extranjeros. \u00bfQu\u00e9 mejor lugar para empezar a tejer relaciones entre culturas que la universidad? All\u00ed, los j\u00f3venes no se dejan cautivar por las seducciones del poder, sino por el sue\u00f1o de construir el futuro (\u2026)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>SESI\u00d3N CONCLUSIVA DE LOS \u00abENCUENTROS MEDITERR\u00c1NEOS<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;DISCORSO DEL SANTO PADRE<\/p>\n\n\n\n<p>Palais du Pharo (Marsella)<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e1bado, 23 septiembre 2023<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Se\u00f1or Presidente de la Rep\u00fablica<\/p><p>queridos Hermanos Obispos distinguidos Alcaldes y Autoridades representantes de ciudades y territorios ba\u00f1ados por el Mar Mediterr\u00e1neo, \u00a1amigos y amigas todos!<\/p><p>Los saludo cordialmente, agradecido a cada uno de vosotros por haber aceptado la invitaci\u00f3n del cardenal Aveline a participar en estos encuentros. Gracias por vuestro trabajo y por las valiosas reflexiones que hab\u00e9is compartido. Despu\u00e9s de Bari y Florencia, el camino al servicio de los pueblos mediterr\u00e1neos avanza: tambi\u00e9n aqu\u00ed, responsables eclesi\u00e1sticos y civiles est\u00e1n juntos no para tratar intereses mutuos, sino animados por el deseo de cuidar de la humanidad; gracias por hacerlo con los j\u00f3venes, presente y futuro de la Iglesia y de la sociedad.<\/p><p>La ciudad de Marsella es muy antigua. Fundada por navegantes griegos procedentes de Asia Menor, el mito la remonta a una historia de amor entre un marino emigrado y una princesa nativa. Desde sus or\u00edgenes, ha tenido un car\u00e1cter compuesto y cosmopolita: acoge las riquezas del mar y da patria a los que ya no la tienen. Marsella nos dice que, a pesar de las dificultades, la convivencia es posible y fuente de alegr\u00eda. En el mapa, entre Niza y Montpellier, casi parece dibujar una sonrisa; y me gusta pensarlo as\u00ed: Marsella es \u00abla sonrisa del Mediterr\u00e1neo\u00bb. Por eso me gustar\u00eda proponerles algunas reflexiones en torno a tres realidades que caracterizan Marsella: el mar, el puerto y el faro. Son tres s\u00edmbolos.<\/p><p>1. El mar. Una marea de pueblos ha hecho de esta ciudad un mosaico de esperanza, con su gran tradici\u00f3n multi\u00e9tnica y multicultural, representada por los m\u00e1s de 60 consulados presentes en su territorio. Marsella es a la vez una ciudad plural y singular, pues es su pluralidad, fruto de su encuentro con el mundo, la que hace singular su historia. A menudo o\u00edmos decir hoy que la historia mediterr\u00e1nea es un entramado de conflictos entre civilizaciones, religiones y visiones diferentes. No ignoremos los problemas -\u00a1que los hay! &#8211; pero no nos enga\u00f1emos: los intercambios que han tenido lugar entre los pueblos han hecho del Mediterr\u00e1neo una cuna de civilizaciones, un mar rebosante de tesoros, hasta el punto de que, como escribi\u00f3 un gran historiador franc\u00e9s, \u00abno es un paisaje, sino innumerables paisajes. No es un mar, sino una sucesi\u00f3n de mares\u00bb; \u00abdurante milenios todo ha fluido en \u00e9l, complicando y enriqueciendo su historia\u00bb (F. Braudel, La M\u00e9diterran\u00e9e, Par\u00eds 1985, 16). El mare nostrum es un espacio de encuentro: entre las religiones abrah\u00e1micas; entre el pensamiento griego, latino y \u00e1rabe; entre la ciencia, la filosof\u00eda y el derecho, y entre muchas otras realidades. Ha transmitido al mundo el alto valor del ser humano, dotado de libertad, abierto a la verdad y necesitado de salvaci\u00f3n, que ve el mundo como una maravilla por descubrir y un jard\u00edn por habitar, en el signo de un Dios que establece alianzas con los hombres.<\/p><p>Un gran alcalde ley\u00f3 en el Mediterr\u00e1neo no una cuesti\u00f3n de conflicto, sino una respuesta de paz, es m\u00e1s, \u00abel principio y el fundamento de la paz entre todas las naciones del mundo\u00bb (G. La Pira, Parole a conclusione del primo Colloquio Mediterraneo, 6 de octubre de 1958). En efecto, dijo: \u00abLa respuesta [&#8230;] es posible si se considera la com\u00fan vocaci\u00f3n hist\u00f3rica y, por as\u00ed decirlo, permanente que la Providencia ha asignado en el pasado, asigna en el presente y, en cierto sentido, asignar\u00e1 en el futuro a los pueblos y naciones que viven a orillas de este misterioso lago Tiber\u00edades ampliado que es el Mediterr\u00e1neo\u00bb (Discurso de apertura del Primer Coloquio Mediterr\u00e1neo, 3 de octubre de 1958). El lago de Tiber\u00edades, es decir, el mar de Galilea, lugar donde, en la \u00e9poca de Cristo, se concentraba una gran variedad de pueblos, cultos y tradiciones. All\u00ed mismo, en la \u00abGalilea de los gentiles\u00bb (cf. Mt 4,15) atravesada por la Ruta del Mar, se desarroll\u00f3 la mayor parte de la vida p\u00fablica de Jes\u00fas. Un contexto multiforme y en muchos sentidos inestable fue el lugar de la proclamaci\u00f3n universal de las Bienaventuranzas, en nombre de un Dios Padre de todos, que \u00abhace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos\u00bb (Mt 5,45). Era tambi\u00e9n una invitaci\u00f3n a ensanchar las fronteras del coraz\u00f3n, superando las barreras \u00e9tnicas y culturales. He aqu\u00ed, pues, la respuesta que viene del Mediterr\u00e1neo: este perenne mar de Galilea invita a oponer a la divisi\u00f3n de los conflictos la \u00abconvivialidad de las diferencias\u00bb (T. Bello, Benedette inquietudini, Milano 2001, 73). El mare nostrum, en la encrucijada entre Norte y Sur, Este y Oeste, concentra los desaf\u00edos del mundo entero, como atestiguan sus \u00abcinco orillas\u00bb: Norte de \u00c1frica, Oriente Pr\u00f3ximo, Mar Negro-Egeo, Balcanes y Europa Latina. Es una avanzadilla de retos que afectan a todos: pensemos en el clima, donde el Mediterr\u00e1neo representa un punto caliente en el que los cambios se dejan sentir con mayor rapidez; \u00a1qu\u00e9 importante es preservar el maquis mediterr\u00e1neo, un tesoro de biodiversidad! En resumen, este mar, un medio que ofrece un enfoque \u00fanico de la complejidad, es un \u00abespejo del mundo\u00bb y lleva en s\u00ed mismo una vocaci\u00f3n global de fraternidad, una vocaci\u00f3n \u00fanica y la \u00fanica manera de prevenir y superar los conflictos.<\/p><p>Hermanos y hermanas, en el actual mar de conflictos, estamos aqu\u00ed para potenciar la contribuci\u00f3n del Mediterr\u00e1neo, para que vuelva a ser un laboratorio de paz. Porque \u00e9sa es su vocaci\u00f3n, ser un lugar donde pa\u00edses y realidades diferentes se encuentran sobre la base de la humanidad que todos compartimos, no de ideolog\u00edas opuestas. S\u00ed, el Mediterr\u00e1neo expresa un pensamiento no uniforme e ideol\u00f3gico, sino polifac\u00e9tico y adherido a la realidad; un pensamiento vital, abierto y conciliador: un pensamiento comunitario, esa es la palabra. \u00a1Cu\u00e1nto lo necesitamos en la coyuntura actual, en la que los nacionalismos trasnochados y beligerantes quieren acabar con el sue\u00f1o de la comunidad de naciones! Pero -record\u00e9moslo- con las armas se hace la guerra, no la paz, y con la ambici\u00f3n de poder siempre se vuelve al pasado, no se construye el futuro.<\/p><p>\u00bfD\u00f3nde, pues, debemos empezar a arraigar la paz? A orillas del mar de Galilea, Jes\u00fas comenz\u00f3 dando esperanza a los pobres, proclam\u00e1ndolos bienaventurados: escuch\u00f3 sus necesidades, cur\u00f3 sus heridas, les proclam\u00f3 primero la buena nueva del Reino. De ah\u00ed debemos partir de nuevo, del grito a menudo silencioso de los \u00faltimos, no de los primeros de la clase que, estando bien, alzan la voz. Partamos de nuevo, Iglesia y comunidad civil, de la escucha de los pobres, que \u00ababrazan, no cuentan\u00bb (P. Mazzolari, La parola ai poveri, Bolonia 2016, 39), porque son rostros, no n\u00fameros. El cambio de ritmo en nuestras comunidades radica en tratarlos como hermanos cuyas historias debemos conocer, no como problemas molestos, echarlos, mandarlos a casa; radica en acogerlos, no en esconderlos; en integrarlos, no en desalojarlos; en darles dignidad. Y Marsella, quiero repetirlo, es la capital de la integraci\u00f3n de los pueblos. Este es vuestro orgullo. Hoy el mar de la convivencia humana est\u00e1 contaminado por la precariedad, que hiere tambi\u00e9n a la espl\u00e9ndida Marsella. Y donde hay precariedad hay delincuencia: donde hay pobreza material, educativa, laboral, cultural y religiosa, se allana el terreno de las mafias y los tr\u00e1ficos il\u00edcitos. No basta con el compromiso de las instituciones, hace falta una sacudida de conciencia para decir \u00abno\u00bb a la ilegalidad y \u00abs\u00ed\u00bb a la solidaridad, que no es una gota en el oc\u00e9ano, sino el elemento indispensable para purificar sus aguas.<\/p><p>De hecho, el verdadero mal social no es tanto el crecimiento de los problemas, sino el declive de la atenci\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n se ocupa hoy de los j\u00f3venes abandonados a su suerte, presa f\u00e1cil de la delincuencia y la prostituci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n se hace cargo de ellos? \u00bfQui\u00e9n est\u00e1 cerca de las personas esclavizadas por un trabajo que deber\u00eda hacerlas m\u00e1s libres? \u00bfQui\u00e9n se ocupa de las familias asustadas, temerosas del futuro y de traer nuevas criaturas al mundo? \u00bfQui\u00e9n escucha los gemidos de los ancianos solitarios que, en lugar de ser valorados, son aparcados, con la perspectiva falsamente digna de una muerte dulce, en realidad m\u00e1s salada que las aguas del mar? \u00bfQui\u00e9n piensa en los ni\u00f1os no nacidos, rechazados en nombre de un falso derecho al progreso, que es en cambio un retroceso en las necesidades del individuo? Hoy tenemos el drama de confundir ni\u00f1os con cachorros. Mi secretario me contaba que, al pasar por la plaza de San Pedro, hab\u00eda visto a unas mujeres que llevaban beb\u00e9s en cochecitos&#8230; \u00a1pero no eran beb\u00e9s, eran perritos! Esta confusi\u00f3n nos dice algo malo. \u00bfQui\u00e9n mira con compasi\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de sus costas para escuchar los gritos de dolor que se elevan desde el norte de \u00c1frica y Oriente Pr\u00f3ximo? \u00a1Cu\u00e1ntas personas viven inmersas en la violencia y sufren situaciones de injusticia y persecuci\u00f3n! Y pienso en tantos cristianos, a menudo obligados a abandonar sus tierras o a vivir en ellas sin que se les reconozcan sus derechos, sin gozar de plena ciudadan\u00eda. Por favor, compromet\u00e1monos para que los que forman parte de la sociedad se conviertan en sus ciudadanos de pleno derecho. Y luego hay un grito de dolor que resuena sobre todo, y que est\u00e1 convirtiendo el mare nostrum en mare mortuum, el Mediterr\u00e1neo de la cuna de la civilizaci\u00f3n a la tumba de la dignidad. Es el grito sofocado de los hermanos y hermanas migrantes, al que quisiera dedicar atenci\u00f3n reflexionando sobre la segunda imagen que Marsella nos ofrece, la de su puerto.<\/p><p>2. Durante siglos, el puerto de Marsella ha sido una puerta abierta de par en par al mar, a Francia y a Europa. Desde aqu\u00ed han partido muchos a buscar trabajo y futuro en el extranjero, y desde aqu\u00ed muchos han cruzado la puerta del continente con equipajes cargados de esperanza. Marsella tiene un gran puerto y es una gran puerta, que no se puede cerrar. Varios puertos mediterr\u00e1neos, en cambio, se han cerrado. Y dos palabras han resonado, alimentando los temores de la gente: \u00abinvasi\u00f3n\u00bb y \u00abemergencia\u00bb. Y los puertos se cerraron. Pero quienes se juegan la vida en el mar no invaden, buscan acogida, buscan la vida. En cuanto a la emergencia, el fen\u00f3meno migratorio no es tanto una urgencia moment\u00e1nea, siempre buena para agitar la propaganda alarmista, sino un hecho de nuestro tiempo, un proceso que implica a tres continentes en torno al Mediterr\u00e1neo y que debe ser gobernado con sabia clarividencia: con una responsabilidad europea capaz de afrontar las dificultades objetivas. Miro, aqu\u00ed, en este mapa, a los puertos privilegiados para los migrantes: Chipre, Grecia, Malta, Italia y Espa\u00f1a&#8230; Miran al Mediterr\u00e1neo y reciben migrantes. El mare nostrum clama justicia, con sus orillas que exudan opulencia, consumismo y despilfarro por un lado, y pobreza y precariedad por el otro. Tambi\u00e9n en este caso, el Mediterr\u00e1neo es un reflejo del mundo, con el Sur volvi\u00e9ndose hacia el Norte, con tantos pa\u00edses en desarrollo, asolados por la inestabilidad, los reg\u00edmenes, las guerras y la desertizaci\u00f3n, que miran hacia los ricos, en un mundo globalizado en el que todos estamos conectados pero las diferencias nunca han sido tan profundas. Sin embargo, esta situaci\u00f3n no es nueva en los \u00faltimos a\u00f1os, y no es este Papa venido del otro lado del mundo el primero en advertirla con urgencia y preocupaci\u00f3n. La Iglesia lleva m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os hablando de ello en tono sincero.<\/p><p>Acababa de concluir el Concilio Vaticano II y San Pablo VI, en su Enc\u00edclica Populorum progressio, escribi\u00f3: \u00abLos pueblos del hambre desaf\u00edan hoy dram\u00e1ticamente a los pueblos de la opulencia. La Iglesia tiembla ante este grito de angustia y llama a cada uno a responder con amor al hermano\u00bb (n. 3). El Papa Montini enumer\u00f3 \u00abtres deberes\u00bb de las naciones m\u00e1s desarrolladas, \u00abenraizados en la fraternidad humana y sobrenatural\u00bb: \u00abdeber de solidaridad, es decir, la ayuda que las naciones ricas deben prestar a los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo; deber de justicia social, es decir, la recomposici\u00f3n en t\u00e9rminos m\u00e1s justos de las relaciones comerciales defectuosas entre pueblos fuertes y d\u00e9biles; deber de caridad universal, es decir, la promoci\u00f3n de un mundo m\u00e1s humano para todos, un mundo en el que todos tengan algo que dar y que recibir, sin que el progreso de unos constituya un obst\u00e1culo para el desarrollo de los otros\u00bb (n. 44). A la luz del Evangelio y de estas consideraciones, Pablo VI, en 1967, insisti\u00f3 en el \u00abdeber de hospitalidad\u00bb, sobre el que, escribi\u00f3, \u00abnunca se insistir\u00e1 bastante\u00bb (n. 67). Quince a\u00f1os antes, P\u00edo XII hab\u00eda animado a ello, escribiendo que \u00abla Familia de Nazaret en el exilio, Jes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9 emigrando a Egipto [&#8230;] son el modelo, el ejemplo y el apoyo de todos los emigrantes y peregrinos de todas las \u00e9pocas y de todos los pa\u00edses, de todos los refugiados de cualquier condici\u00f3n que, apremiados por la persecuci\u00f3n o la necesidad, se ven obligados a abandonar su patria, a sus parientes queridos, [&#8230;] y a marchar a tierra extranjera\u00bb (Const. Ap. Exsul Familia de spirituali emigrantium cura, 1 de agosto de 1952).<\/p><p>Ciertamente, las dificultades de la acogida est\u00e1n a la vista. Hay que acoger, proteger o acompa\u00f1ar, promover e integrar a los emigrantes. Si no se hace as\u00ed, el emigrante acaba en la \u00f3rbita de la sociedad. Acogido, acompa\u00f1ado, promovido e integrado: este es el estilo. Es cierto que no es f\u00e1cil tener este estilo ni integrar a las personas que no se espera, pero el criterio principal no puede ser la preservaci\u00f3n del propio bienestar, sino la preservaci\u00f3n de la dignidad humana. Quienes se refugian con nosotros no deben ser vistos como una carga que hay que llevar: si los vemos como hermanos, se nos aparecer\u00e1n sobre todo como regalos. Ma\u00f1ana ser\u00e1 el D\u00eda Mundial del Migrante y del Refugiado. Dej\u00e9monos conmover por la historia de tantos de nuestros hermanos y hermanas en dificultad, que tienen derecho tanto a emigrar como a no emigrar, y no nos cerremos en la indiferencia. La Historia nos llama a una sacudida de conciencia para evitar el naufragio de la civilizaci\u00f3n. El futuro no estar\u00e1 en la cerraz\u00f3n, que es una vuelta al pasado, un retroceso en el camino de la historia. Contra la terrible lacra de la explotaci\u00f3n de los seres humanos, la soluci\u00f3n no es rechazar, sino garantizar, en funci\u00f3n de las posibilidades de cada uno, un gran n\u00famero de entradas legales y regulares, sostenibles gracias a una acogida justa por parte del continente europeo, en el marco de la cooperaci\u00f3n con los pa\u00edses de origen. Decir \u00abbasta\u00bb, por otra parte, es cerrar los ojos; intentar \u00absalvarse\u00bb ahora se convertir\u00e1 en una tragedia ma\u00f1ana, cuando las generaciones futuras nos agradecer\u00e1n si hemos sido capaces de crear las condiciones para una integraci\u00f3n inevitable, mientras que nos culpar\u00e1n si s\u00f3lo hemos fomentado una asimilaci\u00f3n est\u00e9ril. La integraci\u00f3n, incluso de los emigrantes, es laboriosa, pero previsora: prepara el futuro, que, nos guste o no, ser\u00e1 juntos o no; la asimilaci\u00f3n, que no tiene en cuenta las diferencias y permanece r\u00edgida en sus propios paradigmas, hace prevalecer la idea sobre la realidad y compromete el futuro, aumentando las distancias y provocando la guetizaci\u00f3n, que hace estallar la hostilidad y la intolerancia. Necesitamos la fraternidad como necesitamos el pan. La propia palabra \u00abhermano\u00bb, en su derivaci\u00f3n indoeuropea, revela una ra\u00edz relacionada con la nutrici\u00f3n y el sustento. S\u00f3lo nos sostendremos alimentando de esperanza a los m\u00e1s d\u00e9biles, acogi\u00e9ndolos como hermanos. \u00abNo olvid\u00e9is la hospitalidad\u00bb (Hb 13,2), nos dice la Escritura. Y en el Antiguo Testamento se repite: la viuda, el hu\u00e9rfano y el forastero. Los tres deberes de la caridad: asistir a la viuda, asistir al hu\u00e9rfano y asistir al extranjero, al emigrante.<\/p><p>En este sentido, el puerto de Marsella es tambi\u00e9n una \u00abpuerta de la fe\u00bb. Seg\u00fan la tradici\u00f3n, los santos Marta, Mar\u00eda y L\u00e1zaro desembarcaron aqu\u00ed y sembraron el Evangelio en estas tierras. La fe viene del mar, como evoca la sugestiva tradici\u00f3n marsellesa de la Candelaria con su procesi\u00f3n mar\u00edtima. L\u00e1zaro, en el Evangelio, es el amigo de Jes\u00fas, pero tambi\u00e9n es el nombre del protagonista de una par\u00e1bola muy actual, que nos abre los ojos a la desigualdad que corroe la fraternidad y nos habla de la predilecci\u00f3n del Se\u00f1or por los pobres. Pues bien, los cristianos, que creemos en el Dios hecho hombre, en el \u00fanico Hombre que a orillas del Mediterr\u00e1neo habl\u00f3 de s\u00ed mismo como el camino, la verdad y la vida (cf. Jn 14,6), no podemos aceptar que se cierren los caminos del encuentro. No cerremos los caminos del encuentro, \u00a1por favor! No podemos aceptar que la verdad del dios dinero prevalezca sobre la dignidad del hombre, que la vida se convierta en muerte. La Iglesia, confesando que Dios en Jesucristo \u00abse ha unido en cierto modo a todo hombre\u00bb (Gaudium et spes, 22), cree, con san Juan Pablo II, que su camino es el hombre (cf. Carta enc\u00edclica Redemptor hominis, 14). Adora a Dios y sirve a los m\u00e1s fr\u00e1giles, que son sus tesoros. Adorar a Dios y servir al pr\u00f3jimo, eso es lo que cuenta: \u00a1no la relevancia social o la coherencia num\u00e9rica, sino la fidelidad al Se\u00f1or y al hombre!<\/p><p>Pienso, por ejemplo, en San Carlos de Foucauld, el \u00abhermano universal\u00bb, en los m\u00e1rtires de Argelia, pero tambi\u00e9n en tantos trabajadores de la caridad de hoy. En esta forma de vida escandalosamente evang\u00e9lica, la Iglesia encuentra el puerto seguro en el que atracar y del que partir para tejer lazos con los hombres de todos los pueblos, buscando en todas partes las huellas del Esp\u00edritu y ofreciendo lo que ha recibido por gracia. He aqu\u00ed la realidad m\u00e1s pura de la Iglesia, he aqu\u00ed -escrib\u00eda Bernanos- \u00abla Iglesia de los santos\u00bb, a\u00f1adiendo que \u00abtodo este gran aparato de sabidur\u00eda, de fuerza, de disciplina el\u00e1stica, de magnificencia y majestad, no es nada en s\u00ed mismo, si la caridad no lo anima\u00bb (Jeanne relapse et sainte, Par\u00eds 1994, 74). Me gusta ensalzar esta perspicacia francesa, genio creyente y creador, que afirm\u00f3 estas verdades a trav\u00e9s de multitud de gestos y escritos. San C\u00e9sar de Arl\u00e9s dec\u00eda: \u00abSi tienes caridad, tienes a Dios; y si tienes a Dios, \u00bfqu\u00e9 te falta?\u00bb (Sermo 22,2). Pascal reconoc\u00eda que \u00abel \u00fanico objeto de la Escritura es la caridad\u00bb (Pensieri, n. 301) y que \u00abla verdad fuera de la caridad no es Dios, sino que es su imagen y un \u00eddolo que no hay que amar ni adorar\u00bb (Pensieri, n. 767). Y san Juan Casiano, que muri\u00f3 aqu\u00ed, escribi\u00f3 que \u00abtodo, incluso lo que se estima \u00fatil y necesario, vale menos que aquel bien que es la paz y la caridad\u00bb (Conferencias espirituales XVI, 6).<\/p><p>Por tanto, es bueno que los cristianos sean insuperables en caridad; y que el Evangelio de la caridad sea la carta magna de la pastoral. No estamos llamados a lamentar tiempos pasados ni a redefinir la relevancia eclesial, estamos llamados a dar testimonio: no a bordar el Evangelio con palabras, sino a darle carne; no a medir la visibilidad, sino a gastarnos en gratuidad, creyendo que \u00abla medida de Jes\u00fas es el amor sin medida\u00bb (Homil\u00eda, 23 de febrero de 2020). San Pablo, el Ap\u00f3stol de los gentiles, que pas\u00f3 buena parte de su vida en las rutas del Mediterr\u00e1neo, de un puerto a otro, ense\u00f1\u00f3 que, para cumplir la ley de Cristo, debemos llevar las cargas los unos de los otros (cf. Ga 6, 2). Queridos hermanos en el episcopado, no carguemos a las personas con cargas, sino alivi\u00e9moslas en nombre del Evangelio de la misericordia, para distribuir con alegr\u00eda el alivio de Jes\u00fas a una humanidad cansada y herida. Que la Iglesia no sea una colecci\u00f3n de recetas, que la Iglesia sea un puerto de esperanza para los descorazonados. Ensanchad el coraz\u00f3n, por favor. Que la Iglesia sea un puerto de refresco, donde la gente se sienta animada a tomar las riendas de la vida con la fuerza incomparable de la alegr\u00eda de Cristo. Que la Iglesia no sea aduana. Recordemos al Se\u00f1or: todos, todos est\u00e1n invitados.<\/p><p>3. Y as\u00ed llego brevemente a la \u00faltima imagen, la del faro. Ilumina el mar y muestra el puerto. \u00bfQu\u00e9 estelas luminosas pueden orientar el rumbo de las Iglesias en el Mediterr\u00e1neo? Pensando en el mar, que une a tantas comunidades creyentes diferentes, creo que podemos reflexionar sobre caminos m\u00e1s sin\u00e9rgicos, quiz\u00e1s incluso considerar la oportunidad de una Conferencia Eclesial Mediterr\u00e1nea, como dijo el cardenal [Aveline] que permitir\u00eda mayores posibilidades de intercambio y dar\u00eda mayor representatividad eclesial a la regi\u00f3n. Pensando tambi\u00e9n en la cuesti\u00f3n portuaria y migratoria, podr\u00eda ser fruct\u00edfero trabajar por una pastoral espec\u00edfica a\u00fan m\u00e1s conectada, para que las di\u00f3cesis m\u00e1s expuestas puedan prestar una mejor asistencia espiritual y humana a sus hermanas y hermanos que llegan necesitados.<\/p><p>El faro, en este prestigioso edificio que lleva su nombre, finalmente me hace pensar sobre todo en los j\u00f3venes: ellos son la luz que se\u00f1ala el camino a seguir. Marsella es una gran ciudad universitaria, que alberga cuatro campus; de los aproximadamente 35.000 estudiantes que acuden a ellos, 5.000 son extranjeros. \u00bfQu\u00e9 mejor lugar para empezar a tejer relaciones entre culturas que la universidad? All\u00ed, los j\u00f3venes no se dejan cautivar por las seducciones del poder, sino por el sue\u00f1o de construir el futuro. Las universidades mediterr\u00e1neas son laboratorios de sue\u00f1os y obras de construcci\u00f3n del futuro, donde los j\u00f3venes maduran encontr\u00e1ndose, conoci\u00e9ndose y descubriendo culturas y contextos cercanos y diferentes al mismo tiempo. As\u00ed se rompen prejuicios, se curan heridas y se aleja la ret\u00f3rica fundamentalista. \u00a1Cuidado con la pr\u00e9dica de tantos fundamentalismos que hoy est\u00e1n de moda! Los j\u00f3venes bien formados y confraternizadores pueden abrir puertas de di\u00e1logo insospechadas. Si queremos que se dediquen al Evangelio y al alto servicio de la pol\u00edtica, antes debemos ser cre\u00edbles: olvidados de nosotros mismos, libres de autorreferencialidad, entregados a gastarnos incansablemente por los dem\u00e1s. Pero el desaf\u00edo primordial de la educaci\u00f3n concierne a toda edad formativa: ya desde ni\u00f1os, \u00abmezcl\u00e1ndose\u00bb con los dem\u00e1s, se pueden superar muchas barreras y preconceptos, desarrollando la propia identidad en el contexto del enriquecimiento mutuo. La Iglesia bien puede contribuir a ello poniendo sus redes de formaci\u00f3n al servicio y animando una \u00abcreatividad de la fraternidad\u00bb.<\/p><p>Hermanos y hermanas, el desaf\u00edo es tambi\u00e9n el de una teolog\u00eda mediterr\u00e1nea -la teolog\u00eda debe estar enraizada en la vida; una teolog\u00eda de laboratorio no funciona-, que desarrolle un pensamiento adherido a la realidad, \u00abcasa\u00bb de lo humano y no s\u00f3lo del dato t\u00e9cnico, capaz de unir generaciones vinculando memoria y futuro, y de promover con originalidad el camino ecum\u00e9nico entre los cristianos y el di\u00e1logo entre creyentes de distintas religiones. Es bueno aventurarse en una investigaci\u00f3n filos\u00f3fica y teol\u00f3gica que, recurriendo a las fuentes culturales mediterr\u00e1neas, devuelva la esperanza al hombre, misterio de libertad necesitado de Dios y del otro para dar sentido a su existencia. Y es necesario tambi\u00e9n reflexionar sobre el misterio de Dios, que nadie puede pretender poseer o dominar, y que, por el contrario, debe ser sustra\u00eddo a todo uso violento e instrumental, conscientes de que la confesi\u00f3n de su grandeza presupone en nosotros la humildad de los buscadores.<\/p><p>Queridos hermanos y hermanas, \u00a1estoy feliz de estar aqu\u00ed, en Marsella! El Sr. Presidente me invit\u00f3 una vez a visitar Francia y me dijo: \u00ab\u00a1Pero es importante que vengas a Marsella!\u00bb. Y as\u00ed lo hice. Os agradezco vuestra paciente escucha y vuestro compromiso. \u00a1Adelante, valientes! Sed un mar de bien, para hacer frente a la pobreza de hoy con una sinergia de solidaridad; sed un puerto de acogida, para abrazar a quienes buscan un futuro mejor; sed un faro de paz, para escindir, mediante la cultura del encuentro, los oscuros abismos de la violencia y de la guerra. Muchas gracias.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FRANCIA MARSELLA | Es bueno que los cristianos sean insuperables en caridad; y que el Evangelio de la caridad sea la carta magna de la pastoral, as\u00ed lo ped\u00eda el Santo Padre al compartir su mensaje en la clausura los Encuentros Mediterr\u00e1neos de Marsella. 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