{"id":241327,"date":"2023-12-24T17:51:29","date_gmt":"2023-12-24T20:51:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=241327"},"modified":"2023-12-24T17:51:31","modified_gmt":"2023-12-24T20:51:31","slug":"papa-francisco-esta-noche-el-amor-cambia-la-historia-haznos-creer-senor-en-el-poder-de-tu-amor-tan-distinto-del-poder-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-esta-noche-el-amor-cambia-la-historia-haznos-creer-senor-en-el-poder-de-tu-amor-tan-distinto-del-poder-del-mundo\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Esta noche el amor cambia la historia, haznos creer, Se\u00f1or, en el poder de tu amor, tan distinto del poder del mundo"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Papa Francisco | Esta noche el amor cambia la historia, haznos creer, Se\u00f1or, en el poder de tu amor, tan distinto del poder del mundo<\/strong>, as\u00ed lo pidi\u00f3 el <strong>Santo Padre Francisco<\/strong> al compartir la Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de la <strong>Santa Misa<\/strong> presidida por \u00e9l, en la <strong>Solemnidad de la Navidad del Se\u00f1or<\/strong>. Celebrada en la <strong>Nochebuena<\/strong>, en la <strong>Bas\u00edlica de San Pedro<\/strong>, <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> ped\u00eda, <strong><em>\u201c\u00bbEl censo de toda la tierra\u00bb (Lc 2,1). Este es el contexto en el que naci\u00f3 Jes\u00fas y sobre el que se detiene el Evangelio. Pod\u00eda haberlo mencionado r\u00e1pidamente, pero en lugar de ello habla de ello con precisi\u00f3n. Y al hacerlo pone de manifiesto un gran contraste: mientras el emperador cuenta a los habitantes del mundo, Dios entra en \u00e9l casi en secreto (\u2026)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agrega el Papa, <strong><em>\u201cen esta noche, sin embargo, el \u00abHijo de David\u00bb, Jes\u00fas, despu\u00e9s de nueve meses en el vientre de Mar\u00eda, nace en Bel\u00e9n, la ciudad de David, y no castiga el censo, sino que se deja contar humildemente. Uno entre muchos\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante, el <strong>Santo Padre<\/strong> profundiza dici\u00e9ndonos, <strong><em>\u201cel censo de toda la tierra, en definitiva, manifiesta por una parte la trama demasiado humana que recorre la historia: la de un mundo que busca el poder y la fuerza, la fama y la gloria, donde todo se mide por el \u00e9xito y los resultados, por las cifras y los n\u00fameros. Es la obsesi\u00f3n por el rendimiento. Pero al mismo tiempo destaca en el censo el camino de Jes\u00fas, que viene a buscarnos por la encarnaci\u00f3n. No es el Dios del rendimiento, sino el Dios de la encarnaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, reflexionando, el <strong>Papa <\/strong>nos dice, <strong><em>\u201c(\u2026) esta noche podemos preguntarnos: \u00bfen qu\u00e9 Dios creemos? \u00bfEn el Dios de la encarnaci\u00f3n o en el Dios de la representaci\u00f3n? S\u00ed, porque corremos el riesgo de vivir la Navidad con una idea pagana de Dios en la cabeza, como si fuera un amo poderoso que est\u00e1 en el cielo; un dios casado con el poder, el \u00e9xito mundano y la idolatr\u00eda del consumismo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante, el <strong>Santo Padre<\/strong> nos pide, <strong><em>\u201cmiremos, pues, al \u00abDios vivo y verdadero\u00bb (1 Ts 1,9): a \u00c9l, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de todo c\u00e1lculo humano y, sin embargo, se deja contar por nuestro recuento; a \u00c9l, que revoluciona la historia habit\u00e1ndola; a \u00c9l, que nos respeta hasta el punto de permitir que le rechacemos; a \u00c9l, que borra el pecado tom\u00e1ndolo sobre s\u00ed, que no quita el dolor sino que lo transforma, que no quita los problemas de nuestra vida sino que da a nuestra vida una esperanza m\u00e1s grande que los problemas\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, <strong>Su Santidad,<\/strong> compart\u00eda, <strong><em>\u201cla adoraci\u00f3n es el modo de acoger la Encarnaci\u00f3n. Porque es en el silencio donde Jes\u00fas, el Verbo del Padre, se hace carne en nuestras vidas. Hagamos tambi\u00e9n nosotros como en Bel\u00e9n, que significa \u00abcasa del pan\u00bb: pong\u00e1monos ante \u00c9l, Pan de Vida. Redescubramos la adoraci\u00f3n, porque adorar no es perder el tiempo, sino dejar que Dios habite nuestro tiempo. Adorar es interceder, reparar, permitir que Dios enderece la historia. Esta noche el amor cambia la historia. Haznos creer, Se\u00f1or, en el poder de tu amor, tan distinto del poder del mundo\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>SANTA MISA DE LA NOCHE<\/p>\n\n\n\n<p>SOLEMNIDAD DE LA NAVIDAD DEL SE\u00d1OR<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/p>\n\n\n\n<p>Bas\u00edlica Vaticana<\/p>\n\n\n\n<p>Domingo 24 de diciembre de 2023<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u00abEl censo de toda la tierra\u00bb (Lc 2,1). Este es el contexto en el que naci\u00f3 Jes\u00fas y sobre el que se detiene el Evangelio. Pod\u00eda haberlo mencionado r\u00e1pidamente, pero en lugar de ello habla de ello con precisi\u00f3n. Y al hacerlo pone de manifiesto un gran contraste: mientras el emperador cuenta a los habitantes del mundo, Dios entra en \u00e9l casi en secreto; mientras los que mandan pretenden alzarse entre los grandes de la historia, el Rey de la historia elige el camino de la peque\u00f1ez. Ninguno de los poderosos se fija en \u00c9l, s\u00f3lo algunos pastores, relegados a los m\u00e1rgenes de la vida social.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el censo dice m\u00e1s. En la Biblia, no dej\u00f3 un buen recuerdo. El rey David, cediendo a la tentaci\u00f3n de los grandes n\u00fameros y a una malsana pretensi\u00f3n de autosuficiencia, hab\u00eda cometido un grave pecado precisamente al hacer un censo del pueblo. Quer\u00eda conocer la fuerza y al cabo de unos nueve meses ten\u00eda el n\u00famero de los que pod\u00edan manejar la espada (cf. 2 Sam 24,1-9). El Se\u00f1or se indign\u00f3 y una desgracia se abati\u00f3 sobre el pueblo. En esta noche, sin embargo, el \u00abHijo de David\u00bb, Jes\u00fas, despu\u00e9s de nueve meses en el vientre de Mar\u00eda, nace en Bel\u00e9n, la ciudad de David, y no castiga el censo, sino que se deja contar humildemente. Uno entre muchos. No vemos a un Dios airado que castiga, sino al Dios misericordioso que se encarna, que entra en el mundo d\u00e9bilmente, precedido por el anuncio: \u00aben la tierra paz a los hombres\u00bb (Lc 2,14). Y nuestro coraz\u00f3n esta noche est\u00e1 en Bel\u00e9n, donde todav\u00eda el Pr\u00edncipe de la paz es rechazado por la l\u00f3gica perdedora de la guerra, con el estruendo de las armas que a\u00fan hoy le impide encontrar un hogar en el mundo (cf. Lc 2,7).<\/p>\n\n\n\n<p>El censo de toda la tierra, en definitiva, manifiesta por una parte la trama demasiado humana que recorre la historia: la de un mundo que busca el poder y la fuerza, la fama y la gloria, donde todo se mide por el \u00e9xito y los resultados, por las cifras y los n\u00fameros. Es la obsesi\u00f3n por el rendimiento. Pero al mismo tiempo destaca en el censo el camino de Jes\u00fas, que viene a buscarnos por la encarnaci\u00f3n. No es el Dios del rendimiento, sino el Dios de la encarnaci\u00f3n. No subvierte la injusticia desde arriba con la fuerza, sino desde abajo con el amor; no irrumpe con un poder ilimitado, sino que desciende a nuestras limitaciones; no evita nuestras fragilidades, sino que las asume.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas, esta noche podemos preguntarnos: \u00bfen qu\u00e9 Dios creemos? \u00bfEn el Dios de la encarnaci\u00f3n o en el Dios de la representaci\u00f3n? S\u00ed, porque corremos el riesgo de vivir la Navidad con una idea pagana de Dios en la cabeza, como si fuera un amo poderoso que est\u00e1 en el cielo; un dios casado con el poder, el \u00e9xito mundano y la idolatr\u00eda del consumismo. Siempre nos devuelve la falsa imagen de un dios distante y susceptible, que se porta bien con los buenos y se enfada con los malos; de un dios hecho a nuestra imagen y semejanza, \u00fatil s\u00f3lo para resolver nuestros problemas y eliminar nuestros males. \u00c9l, en cambio, no utiliza una varita m\u00e1gica, no es el dios comercial del \u00abtodo y ahora\u00bb; no nos salva apretando un bot\u00f3n, pero se acerca para cambiar la realidad desde dentro. Sin embargo, \u00a1cu\u00e1n arraigada est\u00e1 en nosotros la idea mundana de un dios distante y controlador, r\u00edgido y poderoso, que ayuda a los suyos a prevalecer frente a los dem\u00e1s! Tantas veces se nos inculca esta imagen. Pero no es as\u00ed: \u00c9l naci\u00f3 para todos, durante el censo de toda la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Miremos, pues, al \u00abDios vivo y verdadero\u00bb (1 Ts 1,9): a \u00c9l, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de todo c\u00e1lculo humano y, sin embargo, se deja contar por nuestro recuento; a \u00c9l, que revoluciona la historia habit\u00e1ndola; a \u00c9l, que nos respeta hasta el punto de permitir que le rechacemos; a \u00c9l, que borra el pecado tom\u00e1ndolo sobre s\u00ed, que no quita el dolor sino que lo transforma, que no quita los problemas de nuestra vida sino que da a nuestra vida una esperanza m\u00e1s grande que los problemas. \u00c9l desea tanto abrazar nuestras vidas que, infinito, para nosotros se hace finito; grande, se hace peque\u00f1o; justo, habita nuestras injusticias. Hermanos y hermanas, he aqu\u00ed la maravilla de la Navidad: no una mezcla de afectos \u00f1o\u00f1os y comodidades mundanas, sino la ternura inaudita de Dios que salva al mundo encarn\u00e1ndose. Miremos al Ni\u00f1o, miremos su pesebre, miremos el pesebre, que los \u00e1ngeles llaman \u00abel signo\u00bb (Lc 2,12): es, en efecto, el signo revelador del rostro de Dios, que es compasi\u00f3n y misericordia, omnipotente siempre y s\u00f3lo en el amor. Se hace cercano, tierno y compasivo, \u00e9ste es el modo de ser de Dios: cercan\u00eda, compasi\u00f3n, ternura.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanas, hermanos, maravill\u00e9monos porque \u00abse hizo carne\u00bb (cf. Jn 1,14). Carne: una palabra que recuerda nuestra fragilidad y que el Evangelio utiliza para decirnos que Dios ha entrado hasta lo m\u00e1s profundo de nuestra condici\u00f3n humana. \u00bfPor qu\u00e9 ha llegado tan lejos? &#8211; nos preguntamos- porque se preocupa por nosotros, porque nos ama hasta el punto de considerarnos m\u00e1s preciosos que cualquier otra cosa. Hermano, hermana, para Dios, que cambi\u00f3 la historia durante el censo, t\u00fa no eres un n\u00famero, sino un rostro; tu nombre est\u00e1 escrito en su coraz\u00f3n. Pero t\u00fa, mirando a tu coraz\u00f3n, a la actuaci\u00f3n que no est\u00e1 a la altura, al mundo que juzga y no perdona, tal vez est\u00e9s viviendo mal esta Navidad, pensando que no lo est\u00e1s haciendo bien, albergando un sentimiento de insuficiencia e insatisfacci\u00f3n por tus fragilidades, por tus ca\u00eddas y problemas y por tus pecados. Pero hoy, por favor, deja la iniciativa a Jes\u00fas, que te dice: \u00abPor vosotros me he hecho carne, por vosotros me he hecho semejante a vosotros\u00bb. \u00bfPor qu\u00e9 permanec\u00e9is en la c\u00e1rcel de vuestras penas? Como los pastores, que han abandonado sus reba\u00f1os, salid del encierro de vuestras melancol\u00edas y abrazaos a la ternura del ni\u00f1o Dios. Y hazlo sin m\u00e1scaras, sin coraza, echa tus penas en \u00c9l y \u00c9l cuidar\u00e1 de ti (cf. Sal 55,23): \u00c9l, que se hizo carne, no espera tu \u00e9xito, sino tu coraz\u00f3n abierto y confiado. Y en \u00c9l redescubrir\u00e1s qui\u00e9n eres: un hijo amado de Dios, una hija amada de Dios. Ahora puedes creerlo, porque esta noche el Se\u00f1or ha salido a la luz para iluminar tu vida y sus ojos brillan de amor por ti. Nos cuesta creer en esto, en que los ojos de Dios brillan de amor por nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, Cristo no mira los n\u00fameros, sino los rostros. \u00bfQui\u00e9n, sin embargo, le mira a \u00c9l, en medio de las muchas cosas y de las locas prisas de un mundo siempre atareado e indiferente? \u00bfQui\u00e9n le mira? En Bel\u00e9n, mientras mucha gente, presa de la embriaguez del censo, iba y ven\u00eda, llenaba los alojamientos y posadas hablando de m\u00e1s y de menos, algunos estaban cerca de Jes\u00fas: eran Mar\u00eda y Jos\u00e9, los pastores, luego los Magos. De ellos aprendemos. Permanecen con los ojos fijos en Jes\u00fas, con el coraz\u00f3n vuelto hacia \u00c9l. No hablan, pero adoran. Esta noche, hermanos y hermanas, es el tiempo de la adoraci\u00f3n: adorar.<\/p>\n\n\n\n<p>La adoraci\u00f3n es el modo de acoger la Encarnaci\u00f3n. Porque es en el silencio donde Jes\u00fas, el Verbo del Padre, se hace carne en nuestras vidas. Hagamos tambi\u00e9n nosotros como en Bel\u00e9n, que significa \u00abcasa del pan\u00bb: pong\u00e1monos ante \u00c9l, Pan de Vida. Redescubramos la adoraci\u00f3n, porque adorar no es perder el tiempo, sino dejar que Dios habite nuestro tiempo. Es hacer florecer en nosotros la semilla de la Encarnaci\u00f3n, es colaborar en la obra del Se\u00f1or, que como levadura cambia el mundo. Adorar es interceder, reparar, permitir que Dios enderece la historia. Un gran narrador de gestas \u00e9picas escribi\u00f3 a su hijo: \u00abTe ofrezco lo \u00fanico grande que hay que amar en la tierra: el Sant\u00edsimo Sacramento. All\u00ed encontrar\u00e1s encanto, gloria, honor, fidelidad y el verdadero camino de todos tus amores en la tierra\u00bb (J.R.R. Tolkien, Carta 43, marzo de 1941).<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas, esta noche el amor cambia la historia. Haznos creer, Se\u00f1or, en el poder de tu amor, tan distinto del poder del mundo. Se\u00f1or, haz que, como Mar\u00eda, Jos\u00e9, los pastores y los Magos, nos acurruquemos en torno a Ti para adorarte. Haci\u00e9ndonos m\u00e1s semejantes a Ti, podremos testimoniar al mundo la belleza de Tu rostro.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" title=\"VATICANO | Santa Misa de Nochebuena\" width=\"1080\" height=\"608\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/c8rT0AQlxoo?feature=oembed\"  allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | Esta noche el amor cambia la historia, haznos creer, Se\u00f1or, en el poder de tu amor, tan distinto del poder del mundo, as\u00ed lo pidi\u00f3 el Santo Padre Francisco al compartir la Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de la Santa Misa presidida por \u00e9l, en la Solemnidad de la Navidad del Se\u00f1or. 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