{"id":241389,"date":"2024-01-01T08:00:00","date_gmt":"2024-01-01T11:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=241389"},"modified":"2024-01-01T08:43:35","modified_gmt":"2024-01-01T11:43:35","slug":"papa-francisco-confiemos-el-ano-nuevo-a-la-madre-de-dios-consagremosle-nuestra-vida-ella-con-ternura-sabra-desvelar-su-plenitud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-confiemos-el-ano-nuevo-a-la-madre-de-dios-consagremosle-nuestra-vida-ella-con-ternura-sabra-desvelar-su-plenitud\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | Confiemos el A\u00f1o Nuevo a la Madre de Dios, consagr\u00e9mosle nuestra vida, Ella, con ternura, sabr\u00e1 desvelar su plenitud"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Papa Francisco | Confiemos el A\u00f1o Nuevo a la Madre de Dios, consagr\u00e9mosle nuestra vida, Ella, con ternura, sabr\u00e1 desvelar su plenitud<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el <strong>Santo Padre <\/strong>en la homil\u00eda al presidir la <strong>Santa Misa<\/strong>. Celebrada en la <strong>Bas\u00edlica de San Pedro<\/strong> en la solemnidad de <strong>Mar\u00eda Sant\u00edsima Madre de Dios<\/strong> en la octava de <strong>Navidad <\/strong>y de la<strong> 57\u00aa Jornada Mundial de la Paz sobre el tema: \u00abInteligencia Artificial y Paz\u00bb<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa <\/strong>nos dec\u00eda, <strong><em>\u201clas palabras del ap\u00f3stol Pablo iluminan el inicio del nuevo a\u00f1o: \u00abCuando lleg\u00f3 la plenitud de los tiempos, Dios envi\u00f3 a su Hijo, nacido de mujer\u00bb (Ga 4,4). Llama la atenci\u00f3n la expresi\u00f3n \u00abplenitud de los tiempos\u00bb. En la antig\u00fcedad, el tiempo se med\u00eda vaciando y llenando \u00e1nforas: cuando estaban vac\u00edas, comenzaba un nuevo per\u00edodo de tiempo, que terminaba cuando estaban llenas. He aqu\u00ed la plenitud del tiempo: cuando el \u00e1nfora de la historia est\u00e1 llena, la gracia divina se desborda: Dios se hace hombre y lo hace en el signo de una mujer, Mar\u00eda\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, el <strong>Santo Padre<\/strong> agreg\u00f3, <strong><em>\u201ces hermoso, pues, que el a\u00f1o se abra invoc\u00e1ndola; es hermoso que el pueblo fiel, como en otro tiempo en \u00c9feso -\u00a1eran valientes aquellos cristianos! &#8211; proclame con alegr\u00eda a la Santa Madre de Dios. En efecto, las palabras Madre de Dios expresan la gozosa certeza de que el Se\u00f1or, tierno Ni\u00f1o en brazos de su madre, se ha unido para siempre a nuestra humanidad, hasta el punto de que ya no es s\u00f3lo nuestra, sino suya\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante el <strong>Pont\u00edfice<\/strong>, se\u00f1alaba, <strong><em>\u201cen la plenitud de los tiempos, el Padre envi\u00f3 a su Hijo nacido de mujer; pero el texto de san Pablo a\u00f1ade un segundo env\u00edo: \u00abDios envi\u00f3 a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo, que grita: \u00ab\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u00bb\u00bb (Ga 4,6). Y tambi\u00e9n en el env\u00edo del Esp\u00edritu, la Madre es la protagonista: el Esp\u00edritu Santo comienza a posarse sobre ella en la Anunciaci\u00f3n (cf. Lc 1,35), y luego, al comienzo de la Iglesia, desciende sobre los Ap\u00f3stoles reunidos en oraci\u00f3n \u00abcon Mar\u00eda, la Madre\u00bb (Hch 1,14)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En otro p\u00e1rrafo, el <strong>Papa <\/strong>reflexionaba diciendo, <strong><em>\u201cla Iglesia necesita a Mar\u00eda para redescubrir su propio rostro femenino: para parecerse m\u00e1s a Aquella que, mujer, Virgen y Madre, representa el modelo y la figura perfecta (cf. Lumen gentium, 63); para dar espacio a las mujeres y ser generadora a trav\u00e9s de una pastoral hecha de cuidado y solicitud, paciencia y valor materno.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Mar\u00eda, la mujer, as\u00ed como es decisiva en la plenitud de los tiempos, tambi\u00e9n lo es para la vida de cada uno; pues nadie mejor que la Madre conoce los tiempos y las urgencias de sus hijos. Esto nos lo muestra una vez m\u00e1s un \u00abcomienzo\u00bb, el primer signo realizado por Jes\u00fas, en las bodas de Can\u00e1. All\u00ed es la propia Mar\u00eda la que se da cuenta de que no hay vino y se dirige a \u00c9l (cf. Jn 2,3)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, antes de concluir, el <strong>Papa<\/strong> pidi\u00f3, <strong><em>\u201cconfiemos el A\u00f1o Nuevo a la Madre de Dios. Consagr\u00e9mosle nuestra vida. Ella, con ternura, sabr\u00e1 desvelar su plenitud. Porque ella nos conducir\u00e1 a Jes\u00fas, y Jes\u00fas es la plenitud del tiempo, de todo tiempo, de nuestro tiempo, del tiempo de cada uno de nosotros\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>Homil\u00eda del Santo Padre<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Las palabras del ap\u00f3stol Pablo iluminan el inicio del nuevo a\u00f1o: \u00abCuando lleg\u00f3 la plenitud de los tiempos, Dios envi\u00f3 a su Hijo, nacido de mujer\u00bb (Ga 4,4). Llama la atenci\u00f3n la expresi\u00f3n \u00abplenitud de los tiempos\u00bb. En la antig\u00fcedad, el tiempo se med\u00eda vaciando y llenando \u00e1nforas: cuando estaban vac\u00edas, comenzaba un nuevo per\u00edodo de tiempo, que terminaba cuando estaban llenas. He aqu\u00ed la plenitud del tiempo: cuando el \u00e1nfora de la historia est\u00e1 llena, la gracia divina se desborda: Dios se hace hombre y lo hace en el signo de una mujer, Mar\u00eda. Ella es el camino elegido por Dios; ella es el punto de llegada de tantos pueblos y generaciones que, \u00abgota a gota\u00bb, han preparado la venida del Se\u00f1or al mundo. La Madre se sit\u00faa as\u00ed en el coraz\u00f3n del tiempo: a Dios le ha placido dar un giro a la historia a trav\u00e9s de ella, la mujer. Con esta palabra, la Escritura nos remonta a los or\u00edgenes, al G\u00e9nesis, y nos sugiere que la Madre con el Ni\u00f1o marca una nueva creaci\u00f3n, un nuevo comienzo. Al comienzo del tiempo de la salvaci\u00f3n est\u00e1, pues, la Santa Madre de Dios, nuestra Santa Madre.<\/p>\n\n\n\n<p>Es hermoso, pues, que el a\u00f1o se abra invoc\u00e1ndola; es hermoso que el pueblo fiel, como en otro tiempo en \u00c9feso -\u00a1eran valientes aquellos cristianos! &#8211; proclame con alegr\u00eda a la Santa Madre de Dios. En efecto, las palabras Madre de Dios expresan la gozosa certeza de que el Se\u00f1or, tierno Ni\u00f1o en brazos de su madre, se ha unido para siempre a nuestra humanidad, hasta el punto de que ya no es s\u00f3lo nuestra, sino suya. Madre de Dios: unas palabras para confesar la alianza eterna del Se\u00f1or con nosotros. Madre de Dios: es un dogma de fe, pero tambi\u00e9n un \u00abdogma de esperanza\u00bb: Dios en el hombre y el hombre en Dios, para siempre. La Santa Madre de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En la plenitud de los tiempos, el Padre envi\u00f3 a su Hijo nacido de mujer; pero el texto de san Pablo a\u00f1ade un segundo env\u00edo: \u00abDios envi\u00f3 a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo, que grita: \u00ab\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u00bb\u00bb (Ga 4,6). Y tambi\u00e9n en el env\u00edo del Esp\u00edritu, la Madre es la protagonista: el Esp\u00edritu Santo comienza a posarse sobre ella en la Anunciaci\u00f3n (cf. Lc 1,35), y luego, al comienzo de la Iglesia, desciende sobre los Ap\u00f3stoles reunidos en oraci\u00f3n \u00abcon Mar\u00eda, la Madre\u00bb (Hch 1,14). As\u00ed, la acogida de Mar\u00eda nos ha tra\u00eddo los mayores dones: ha \u00abhecho de nuestro hermano el Se\u00f1or de la majestad\u00bb (Tom\u00e1s de Celano, Vida segunda, CL, 198: FF 786) y ha permitido que el Esp\u00edritu grite en nuestros corazones: \u00ab\u00a1Abba, pap\u00e1!\u00bb. La maternidad de Mar\u00eda es el camino para encontrar la ternura paterna de Dios, el camino m\u00e1s cercano, m\u00e1s directo, m\u00e1s f\u00e1cil. Este es el estilo de Dios: cercan\u00eda, compasi\u00f3n y ternura. La Madre, en efecto, nos conduce al principio y al coraz\u00f3n de la fe, que no es una teor\u00eda o un compromiso, sino un don inmenso, que nos hace hijos amados, moradas del amor del Padre. Por tanto, acoger a la Madre en la propia vida no es una elecci\u00f3n de devoci\u00f3n, sino una exigencia de fe: \u00abSi queremos ser cristianos, debemos ser marianos\u00bb (San Pablo VI, Homil\u00eda en Cagliari, 24 de abril de 1970), es decir, hijos de Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia necesita a Mar\u00eda para redescubrir su propio rostro femenino: para parecerse m\u00e1s a Aquella que, mujer, Virgen y Madre, representa el modelo y la figura perfecta (cf. Lumen gentium, 63); para dar espacio a las mujeres y ser generadora a trav\u00e9s de una pastoral hecha de cuidado y solicitud, paciencia y valor materno. Pero el mundo tambi\u00e9n necesita mirar a las madres y a las mujeres para encontrar la paz, para salir de las espirales de violencia y de odio, y para volver a las miradas y a los corazones humanos que ven. Y toda sociedad necesita acoger el don de la mujer, de cada mujer: respetarla, quererla, valorarla, sabiendo que quien hiere a una sola mujer profana a Dios, nacido de mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda, la mujer, as\u00ed como es decisiva en la plenitud de los tiempos, tambi\u00e9n lo es para la vida de cada uno; pues nadie mejor que la Madre conoce los tiempos y las urgencias de sus hijos. Esto nos lo muestra una vez m\u00e1s un \u00abcomienzo\u00bb, el primer signo realizado por Jes\u00fas, en las bodas de Can\u00e1. All\u00ed es la propia Mar\u00eda la que se da cuenta de que no hay vino y se dirige a \u00c9l (cf. Jn 2,3). Son las necesidades de sus hijos las que la mueven a ella, la Madre, a empujar a Jes\u00fas para que intervenga. Y en Can\u00e1, Jes\u00fas dice: \u00abLlenen de agua las tinajas; y las llenaron hasta el borde\u00bb (Jn 2,7). Mar\u00eda, que conoce nuestras necesidades, apresura tambi\u00e9n para nosotros el desbordamiento de la gracia y lleva nuestra vida hacia la plenitud. Hermanos, hermanas, todos tenemos carencias, soledades, vac\u00edos que piden ser llenados. Cada uno de nosotros conoce los suyos. \u00bfQui\u00e9n puede llenarlos sino Mar\u00eda, Madre de la Plenitud? Cuando sentimos la tentaci\u00f3n de encerrarnos en nosotros mismos, acudimos a Ella; cuando no podemos desenredar los nudos de la vida, buscamos refugio en Ella. Nuestro tiempo, vac\u00edo de paz, necesita una Madre que recomponga la familia humana. Miremos a Mar\u00eda para ser constructores de unidad, y hag\u00e1moslo con su creatividad de Madre, que cuida de sus hijos: los re\u00fane y los consuela, escucha sus penas y enjuga sus l\u00e1grimas. Y miremos ese tierno icono de la Virgo lactans [de la abad\u00eda de Montevergine]. As\u00ed es la Madre: con qu\u00e9 ternura nos cuida y est\u00e1 cerca de nosotros. Ella nos cuida y est\u00e1 cerca de nosotros<\/p>\n\n\n\n<p>Confiemos el A\u00f1o Nuevo a la Madre de Dios. Consagr\u00e9mosle nuestra vida. Ella, con ternura, sabr\u00e1 desvelar su plenitud. Porque ella nos conducir\u00e1 a Jes\u00fas, y Jes\u00fas es la plenitud del tiempo, de todo tiempo, de nuestro tiempo, del tiempo de cada uno de nosotros. Porque, como se ha escrito, \u00abno fue la plenitud del tiempo la causa del env\u00edo del Hijo de Dios, sino que, por el contrario, el env\u00edo del Hijo produjo la plenitud del tiempo\u00bb (cf. M. Lutero, Vorlesung \u00fcber den Galaterbrief 1516-1517, 18). Hermanos y hermanas, que este a\u00f1o est\u00e9 lleno de la consolaci\u00f3n del Se\u00f1or; que este a\u00f1o est\u00e9 lleno de la ternura materna de Mar\u00eda, la Santa Madre de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora os invito a todos a proclamar juntos, tres veces: \u00a1Santa Madre de Dios! Juntos: \u00a1Santa Madre de Dios! \u00a1Santa Madre de Dios! \u00a1Santa Madre de Dios!<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | Confiemos el A\u00f1o Nuevo a la Madre de Dios, consagr\u00e9mosle nuestra vida, Ella, con ternura, sabr\u00e1 desvelar su plenitud, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre en la homil\u00eda al presidir la Santa Misa. 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