{"id":241926,"date":"2024-03-06T08:00:00","date_gmt":"2024-03-06T11:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=241926"},"modified":"2024-03-06T09:05:36","modified_gmt":"2024-03-06T12:05:36","slug":"papa-francisco-la-salvacion-pasa-por-la-humildad-verdadero-remedio-contra-todo-acto-de-soberbia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-la-salvacion-pasa-por-la-humildad-verdadero-remedio-contra-todo-acto-de-soberbia\/","title":{"rendered":"Papa Francisco | La salvaci\u00f3n pasa por la humildad, verdadero remedio contra todo acto de soberbia"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Papa Francisco | La salvaci\u00f3n pasa por la humildad, verdadero remedio contra todo acto de soberbia<\/strong>, as\u00ed lo expres\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir su mensaje antes de recitar la oraci\u00f3n <strong>Mariana<\/strong> del <strong>\u00c1ngelus<\/strong>. Fue durante la Audiencia General celebrada en <strong>Plaza San Pedro<\/strong>, donde continuando con el ciclo de catequesis sobre <strong>\u201cLos vicios y las virtudes\u201d<\/strong>, <strong>Su Santidad Francisco<\/strong> centr\u00f3 su reflexi\u00f3n sobre el tema <strong>\u201cLa soberbia\u201d<\/strong> (Lectura: <em>Sir<\/em>&nbsp;10,7.9.12.14).<\/p>\n\n\n\n<p>Al respecto, nos dec\u00eda, <strong><em>\u201cen nuestro itinerario catequ\u00e9tico sobre los vicios y las virtudes, hoy llegamos al \u00faltimo de los vicios: la soberbia. Los antiguos griegos lo defin\u00edan con una palabra que podr\u00eda traducirse como \u00abesplendor excesivo\u00bb. El soberbio es el que se cree mucho m\u00e1s de lo que realmente es; el que tiembla por ser reconocido como mayor que los dem\u00e1s, quiere ver siempre reconocidos sus propios m\u00e9ritos y desprecia a los dem\u00e1s consider\u00e1ndolos inferiores\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, el <strong>Papa <\/strong>dijo, <strong><em>\u201c(\u2026) en este mal reside el pecado radical, la absurda pretensi\u00f3n de ser como Dios. El pecado de nuestros antepasados, relatado en el libro del G\u00e9nesis, es a todos los efectos un pecado de soberbia. El tentador les dice: \u00abCuando com\u00e1is de \u00e9l, se os abrir\u00e1n los ojos y ser\u00e9is como Dios\u00bb (Gn 3,5). Los escritores de espiritualidad est\u00e1n m\u00e1s atentos a describir las repercusiones del orgullo en la vida cotidiana, a ilustrar c\u00f3mo arruina las relaciones humanas, a se\u00f1alar c\u00f3mo este mal envenena ese sentimiento de fraternidad que, por el contrario, deber\u00eda unir a los hombres\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, <strong>Su Santidad<\/strong> se\u00f1alaba entonces, <strong><em>\u201ces un mal con un aspecto f\u00edsico evidente: el hombre orgulloso es altivo, tiene la &#8216;nuca r\u00edgida&#8217;, es decir, tiene la nuca r\u00edgida que no se dobla. Es un hombre f\u00e1cil de juzgar desde\u00f1osamente: por nada emite juicios irrevocables sobre los dem\u00e1s, que le parecen irremediablemente ineptos e incapaces. En su arrogancia, olvida que Jes\u00fas en los Evangelios nos dio muy pocos preceptos morales, pero en uno de ellos fue inflexible: no juzgar nunca\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, el <strong>Papa<\/strong> nos dijo, <strong><em>\u201cen los Evangelios, Jes\u00fas trata con muchas personas orgullosas, y a menudo fue a desenterrar este vicio incluso en personas que lo ocultaban muy bien. Pedro alardea al m\u00e1ximo de su fidelidad: \u00abAunque todos te abandonen, yo no\u00bb (cf. Mt 26,33). Pronto, sin embargo, experimentar\u00e1 ser como los dem\u00e1s, tambi\u00e9n temeroso ante la muerte que no imaginaba pudiera estar tan cerca. Y as\u00ed, el segundo Pedro, el que ya no levanta la barbilla sino que llora l\u00e1grimas saladas, ser\u00e1 medicado por Jes\u00fas y por fin estar\u00e1 en condiciones de soportar el peso de la Iglesia. Antes hac\u00eda alarde de una presunci\u00f3n de la que era mejor no hacer alarde; ahora, en cambio, es un disc\u00edpulo fiel al que, como dice una par\u00e1bola, el amo puede poner \u00aba cargo de todos sus bienes\u00bb (Lc 12,44). La salvaci\u00f3n pasa por la humildad, verdadero remedio contra todo acto de soberbia\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa el mensaje de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Queridos hermanos y hermanas, \u00a1buenos d\u00edas!<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestro itinerario catequ\u00e9tico sobre los vicios y las virtudes, hoy llegamos al \u00faltimo de los vicios: la soberbia. Los antiguos griegos lo defin\u00edan con una palabra que podr\u00eda traducirse como \u00abesplendor excesivo\u00bb. En realidad, la soberbia es la exaltaci\u00f3n de uno mismo, el engreimiento, la vanidad. El t\u00e9rmino aparece tambi\u00e9n en esa serie de vicios que Jes\u00fas enumera para explicar que el mal procede siempre del coraz\u00f3n del hombre (cf. Mc 7,22). El soberbio es el que se cree mucho m\u00e1s de lo que realmente es; el que tiembla por ser reconocido como mayor que los dem\u00e1s, quiere ver siempre reconocidos sus propios m\u00e9ritos y desprecia a los dem\u00e1s consider\u00e1ndolos inferiores.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de esta primera descripci\u00f3n, vemos c\u00f3mo el vicio de la soberbia est\u00e1 muy pr\u00f3ximo al de la vanagloria, que presentamos la \u00faltima vez. Sin embargo, si la vanagloria es una enfermedad del ego humano, no deja de ser una enfermedad infantil si la comparamos con los estragos de los que es capaz el orgullo. Analizando las locuras del hombre, los monjes de la antig\u00fcedad reconoc\u00edan un cierto orden en la secuencia de los males: se empieza por los pecados m\u00e1s groseros, como la gula, y se llega a los monstruos m\u00e1s inquietantes. De todos los vicios, el orgullo es la gran reina. No es casualidad que, en la Divina Comedia, Dante lo sit\u00fae en el primer marco del purgatorio: quien cede a este vicio est\u00e1 lejos de Dios, y la enmienda de este mal requiere tiempo y esfuerzo, m\u00e1s que cualquier otra batalla a la que est\u00e9 llamado el cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, en este mal reside el pecado radical, la absurda pretensi\u00f3n de ser como Dios. El pecado de nuestros antepasados, relatado en el libro del G\u00e9nesis, es a todos los efectos un pecado de soberbia. El tentador les dice: \u00abCuando com\u00e1is de \u00e9l, se os abrir\u00e1n los ojos y ser\u00e9is como Dios\u00bb (Gn 3,5). Los escritores de espiritualidad est\u00e1n m\u00e1s atentos a describir las repercusiones del orgullo en la vida cotidiana, a ilustrar c\u00f3mo arruina las relaciones humanas, a se\u00f1alar c\u00f3mo este mal envenena ese sentimiento de fraternidad que, por el contrario, deber\u00eda unir a los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed, pues, la larga lista de s\u00edntomas que revelan que una persona ha sucumbido al vicio de la soberbia. Es un mal con un aspecto f\u00edsico evidente: el hombre orgulloso es altivo, tiene la &#8216;nuca r\u00edgida&#8217;, es decir, tiene la nuca r\u00edgida que no se dobla. Es un hombre f\u00e1cil de juzgar desde\u00f1osamente: por nada emite juicios irrevocables sobre los dem\u00e1s, que le parecen irremediablemente ineptos e incapaces. En su arrogancia, olvida que Jes\u00fas en los Evangelios nos dio muy pocos preceptos morales, pero en uno de ellos fue inflexible: no juzgar nunca. Te das cuenta de que est\u00e1s tratando con una persona orgullosa cuando, si le haces una peque\u00f1a cr\u00edtica constructiva, o un comentario totalmente inofensivo, reacciona de forma exagerada, como si alguien hubiera ofendido a su majestad: monta en c\u00f3lera, grita, rompe relaciones con los dem\u00e1s de forma resentida.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco se puede hacer con una persona enferma de orgullo. Es imposible hablar con ella, y mucho menos corregirla, porque al fin y al cabo ya no est\u00e1 presente para s\u00ed misma. S\u00f3lo hay que tenerle paciencia, porque un d\u00eda su edificio se derrumbar\u00e1. Un proverbio italiano dice: \u00abEl orgullo va a caballo y vuelve a pie\u00bb. En los Evangelios, Jes\u00fas trata con muchas personas orgullosas, y a menudo fue a desenterrar este vicio incluso en personas que lo ocultaban muy bien. Pedro alardea al m\u00e1ximo de su fidelidad: \u00abAunque todos te abandonen, yo no\u00bb (cf. Mt 26,33). Pronto, sin embargo, experimentar\u00e1 ser como los dem\u00e1s, tambi\u00e9n temeroso ante la muerte que no imaginaba pudiera estar tan cerca. Y as\u00ed, el segundo Pedro, el que ya no levanta la barbilla sino que llora l\u00e1grimas saladas, ser\u00e1 medicado por Jes\u00fas y por fin estar\u00e1 en condiciones de soportar el peso de la Iglesia. Antes hac\u00eda alarde de una presunci\u00f3n de la que era mejor no hacer alarde; ahora, en cambio, es un disc\u00edpulo fiel al que, como dice una par\u00e1bola, el amo puede poner \u00aba cargo de todos sus bienes\u00bb (Lc 12,44).<\/p>\n\n\n\n<p>La salvaci\u00f3n pasa por la humildad, verdadero remedio contra todo acto de soberbia. En el Magnificat, Mar\u00eda canta al Dios que con su poder dispersa a los soberbios en los pensamientos enfermos de su coraz\u00f3n. Es in\u00fatil robarle algo a Dios, como esperan hacer los soberbios, porque al final \u00c9l quiere darnos todo. Por eso el Ap\u00f3stol Santiago, a su comunidad herida por luchas intestinas originadas en la soberbia, escribe: \u00abDios resiste a los soberbios, pero a los humildes les da su gracia\u00bb (St 4,6).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, queridos hermanos y hermanas, aprovechemos esta Cuaresma para luchar contra nuestro orgullo.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>_____________________________________<\/p>\n\n\n\n<p>Saludos<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa\u00f1ola. Pidamos a Mar\u00eda que nos ayude a proclamar con nuestra vida el&nbsp;<em>Magn\u00edficat<\/em>, para poder ser testigos de la alegr\u00eda del Evangelio con humildad y sencillez de coraz\u00f3n. Que Jes\u00fas los bendiga. Muchas gracias.<\/p>\n\n\n\n<p>* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua italiana.<\/p>\n\n\n\n<p>Saludo en particular a los fieles de Scalea, acompa\u00f1ados por monse\u00f1or Stefano Rega, que celebran el jubileo de la consagraci\u00f3n de la iglesia de la Sant\u00edsima Trinidad. Saludo con afecto a los estudiantes, junto con sus formadores, del Seminario interdiocesano de Pisa y a los antiguos alumnos del Pontificio Colegio lituano San Casimiro de Roma, que dan gracias al Se\u00f1or por el septuag\u00e9simo quinto aniversario de la fundaci\u00f3n del Instituto: que conform\u00e9is vuestra vida cada vez m\u00e1s a Cristo Buen Pastor y se\u00e1is alegres anunciadores del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, mi pensamiento se dirige a los j\u00f3venes, a los enfermos, a los ancianos y a los reci\u00e9n casados. En estos d\u00edas de Cuaresma, continuad con valent\u00eda en vuestro compromiso de liberaros de todo lo que enmascara vuestra vida, para volver de todo coraz\u00f3n a Dios, que nos ama con amor eterno.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez m\u00e1s, hermanos y hermanas, renuevo mi invitaci\u00f3n a rezar por los pueblos que sufren el horror de la guerra en Ucrania y en Tierra Santa, as\u00ed como en otras partes del mundo. Recemos por la paz. Pidamos al Se\u00f1or el don de la paz.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi bendici\u00f3n para todos.<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Papa Francisco | La salvaci\u00f3n pasa por la humildad, verdadero remedio contra todo acto de soberbia, as\u00ed lo expres\u00f3 el Santo Padre al compartir su mensaje antes de recitar la oraci\u00f3n Mariana del \u00c1ngelus. 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