{"id":243819,"date":"2024-10-02T08:00:00","date_gmt":"2024-10-02T11:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=243819"},"modified":"2024-10-02T09:02:08","modified_gmt":"2024-10-02T12:02:08","slug":"papa-francisco-un-corazon-cerrado-en-sus-propias-convicciones-no-es-del-espiritu-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-un-corazon-cerrado-en-sus-propias-convicciones-no-es-del-espiritu-del-senor\/","title":{"rendered":"PAPA FRANCISCO | Un coraz\u00f3n cerrado en sus propias convicciones no es del Esp\u00edritu del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA FRANCISCO | Un coraz\u00f3n cerrado en sus propias convicciones no es del Esp\u00edritu del Se\u00f1or<\/strong>, as\u00ed lo afirm\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> al compartir la Homil\u00eda celebrada en la Apertura de la Asamblea General Ordinaria del S\u00ednodo de Obispos. El <strong>Papa Francisco<\/strong> reflexiona sobre tres im\u00e1genes clave: la <strong>voz<\/strong>, el <strong>refugio<\/strong> y el <strong>ni\u00f1o<\/strong>, en el contexto de la celebraci\u00f3n de los Santos \u00c1ngeles Custodios.<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201choy celebramos la memoria lit\u00fargica de los Santos \u00c1ngeles Custodios, y reanudamos la Sesi\u00f3n plenaria del S\u00ednodo de los Obispos. Escuchando lo que nos sugiere la Palabra de Dios, podr\u00edamos tomar tres im\u00e1genes como punto de partida para nuestra reflexi\u00f3n: la voz, el refugio y el ni\u00f1o.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>En primer lugar, la voz. En el camino hacia la tierra prometida, Dios aconseja al pueblo que escuche la \u00abvoz del \u00e1ngel\u00bb que \u00c9l ha enviado (cf. Ex 23,20-22). Es una imagen que nos toca de cerca, porque el S\u00ednodo es tambi\u00e9n un viaje, en el que el Se\u00f1or pone en nuestras manos la historia, los sue\u00f1os y las esperanzas de un gran Pueblo: de hermanas y hermanos esparcidos por el mundo, (\u2026)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Continuando, agreg\u00f3 el <strong>Pont\u00edfice<\/strong>, <strong><em>\u201ca la segunda imagen: el refugio. El s\u00edmbolo es el de las alas que custodian: \u00abbajo sus alas hallar\u00e1s refugio\u00bb (Sal 91,4). Las alas son instrumentos poderosos, capaces de levantar un cuerpo del suelo con sus vigorosos movimientos. Pero, aun siendo tan fuertes, tambi\u00e9n pueden agacharse y recogerse, convirti\u00e9ndose en escudo y nido acogedor para las cr\u00edas, necesitadas de calor y protecci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Agregando, se\u00f1alaba, <strong><em>\u201cun coraz\u00f3n cerrado en sus propias convicciones no es del Esp\u00edritu del Se\u00f1or. Es un don abrirse, un don que debe combinarse, en el momento oportuno, con la capacidad de relajar los m\u00fasculos e inclinarse, de ofrecerse al otro como abrazo acogedor y lugar de cobijo<\/em><\/strong><strong><em> (\u2026)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Avanzando, el <strong>Santo Padre<\/strong> dijo, <strong><em>\u201c(\u2026) la tercera imagen: el ni\u00f1o. Es Jes\u00fas mismo, en el Evangelio, quien \u00ablo pone en medio\u00bb, quien lo muestra a los disc\u00edpulos, invit\u00e1ndoles a convertirse y a hacerse peque\u00f1os como \u00c9l. Le hab\u00edan preguntado qui\u00e9n era el m\u00e1s grande en el reino de los cielos: \u00e9l responde anim\u00e1ndoles a hacerse peque\u00f1os como un ni\u00f1o. Pero no s\u00f3lo: a\u00f1ade tambi\u00e9n que acogiendo a un ni\u00f1o en su nombre se le acoge a \u00c9l (cf. Mt 18,1-5)\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, a\u00f1adi\u00f3, el <strong>Papa<\/strong>, \u201c<strong><em>(\u2026), precisamente haci\u00e9ndonos peque\u00f1os, Dios \u00abnos muestra qu\u00e9 es la verdadera grandeza, es m\u00e1s, qu\u00e9 significa ser Dios\u00bb (Benedicto XVI, Homil\u00eda en la fiesta del Bautismo del Se\u00f1or, 11 de enero de 2009). No es casualidad que Jes\u00fas diga que los \u00e1ngeles de los ni\u00f1os \u00abven siempre el rostro del Padre [&#8230;] que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mt 18, 10): que son, es decir, como un \u00abtelescopio\u00bb del amor del Padre\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, dijo, <strong><em>\u201c(\u2026), reemprendamos este camino eclesial con la mirada vuelta hacia el mundo, porque la comunidad cristiana est\u00e1 siempre al servicio de la humanidad, para anunciar a todos la alegr\u00eda del Evangelio. Lo necesitamos, especialmente en esta hora dram\u00e1tica de nuestra historia, mientras los vientos de la guerra y los fuegos de la violencia siguen devastando pueblos y naciones enteras\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>APERTURA DE LA ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL S\u00cdNODO DE LOS OBISPOS<\/p>\n\n\n\n<p>SANTOS \u00c1NGELES CUSTODIOS &#8211; SANTA MISA<\/p>\n\n\n\n<p>CAPILLA PAPAL<\/p>\n\n\n\n<p>HOMIL\u00cdA DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/p>\n\n\n\n<p>Plaza de San Pedro<\/p>\n\n\n\n<p>Domingo 2 de octubre de 2024<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Hoy celebramos la memoria lit\u00fargica de los Santos \u00c1ngeles Custodios, y reanudamos la Sesi\u00f3n plenaria del S\u00ednodo de los Obispos. Escuchando lo que nos sugiere la Palabra de Dios, podr\u00edamos tomar tres im\u00e1genes como punto de partida para nuestra reflexi\u00f3n: la voz, el refugio y el ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, la voz. En el camino hacia la tierra prometida, Dios aconseja al pueblo que escuche la \u00abvoz del \u00e1ngel\u00bb que \u00c9l ha enviado (cf. Ex 23,20-22). Es una imagen que nos toca de cerca, porque el S\u00ednodo es tambi\u00e9n un viaje, en el que el Se\u00f1or pone en nuestras manos la historia, los sue\u00f1os y las esperanzas de un gran Pueblo: de hermanas y hermanos esparcidos por el mundo, animados por nuestra misma fe, movidos por el mismo deseo de santidad, para que con ellos y por ellos tratemos de comprender qu\u00e9 camino seguir para llegar adonde \u00c9l quiere llevarnos. Pero, \u00bfc\u00f3mo podemos, nosotros, escuchar la \u00abvoz del \u00e1ngel\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p>Un camino es ciertamente el de acercarnos con respeto y atenci\u00f3n, en la oraci\u00f3n y a la luz de la Palabra de Dios, a todas las aportaciones recogidas a lo largo de estos tres a\u00f1os de trabajo, de compartir, de comparar y de paciente esfuerzo de purificaci\u00f3n de la mente y del coraz\u00f3n. Se trata, con la ayuda del Esp\u00edritu Santo, de escuchar y comprender las voces, es decir, las ideas, las expectativas, las propuestas, para discernir juntos la voz de Dios que habla a la Iglesia (cf. Renato Corti, Quale prete?, Appunti inediti). Como hemos recordado repetidamente, la nuestra no es una asamblea parlamentaria, sino un lugar de escucha en comuni\u00f3n, donde, como dice san Gregorio Magno, lo que alguien tiene en s\u00ed parcialmente, lo posee completamente otro, y aunque algunos tengan dones particulares, todo pertenece a los hermanos en la \u00abcaridad del Esp\u00edritu\u00bb (cf. Homil\u00edas sobre los Evangelios, XXXIV).<\/p>\n\n\n\n<p>Para que esto suceda hay una condici\u00f3n: que nos liberemos de aquello que, en nosotros y entre nosotros, puede impedir que la \u00abcaridad del Esp\u00edritu\u00bb cree armon\u00eda en la diversidad. No pueden hacerlo quienes presumen con arrogancia y pretenden tener el derecho exclusivo de escuchar la voz del Se\u00f1or (cf. Mc 9,38-39). Toda palabra ha de ser acogida con gratitud y sencillez, para convertirse en eco de lo que Dios ha dado en beneficio de los hermanos (cf. Mt 10,7-8). En concreto, cuidemos de no convertir nuestras aportaciones en puntos a defender o agendas a imponer, sino ofrezc\u00e1moslas como dones a compartir, dispuestos incluso a sacrificar lo particular, si ello puede servir para que juntos vivamos algo nuevo seg\u00fan el plan de Dios. De lo contrario, acabamos encerr\u00e1ndonos en di\u00e1logos entre sordos, donde cada uno intenta \u00abllevar agua a su molino\u00bb sin escuchar a los dem\u00e1s y, sobre todo, sin escuchar la voz del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros no tenemos las soluciones a los problemas que afrontamos, pero \u00c9l s\u00ed (cf. Jn 14,6), y recordemos que en el desierto no se bromea: si uno no presta atenci\u00f3n al gu\u00eda, presumiendo de autosuficiencia, puede morir de hambre y de sed, arrastrando consigo a los dem\u00e1s. Escuchemos, pues, la voz de Dios y de su \u00e1ngel, si de verdad queremos seguir con seguridad nuestro camino m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites y las dificultades (cf. Sal 23,4).<\/p>\n\n\n\n<p>Y esto nos lleva a la segunda imagen: el refugio. El s\u00edmbolo es el de las alas que custodian: \u00abbajo sus alas hallar\u00e1s refugio\u00bb (Sal 91,4). Las alas son instrumentos poderosos, capaces de levantar un cuerpo del suelo con sus vigorosos movimientos. Pero, aun siendo tan fuertes, tambi\u00e9n pueden agacharse y recogerse, convirti\u00e9ndose en escudo y nido acogedor para las cr\u00edas, necesitadas de calor y protecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un s\u00edmbolo de lo que Dios hace por nosotros, pero tambi\u00e9n un modelo a seguir, especialmente en este tiempo de asamblea. Entre nosotros, queridos hermanos y hermanas, hay muchas personas fuertes, bien preparadas, capaces de elevarse a las alturas con los vigorosos movimientos de la reflexi\u00f3n y las brillantes intuiciones. Todo esto es una riqueza, que nos estimula, nos empuja, nos obliga a veces a pensar m\u00e1s abiertamente y a avanzar con decisi\u00f3n, adem\u00e1s de ayudarnos a permanecer firmes en la fe incluso ante los desaf\u00edos y las dificultades. El coraz\u00f3n abierto, el coraz\u00f3n en di\u00e1logo. Un coraz\u00f3n cerrado en sus propias convicciones no es del Esp\u00edritu del Se\u00f1or. Es un don abrirse, un don que debe combinarse, en el momento oportuno, con la capacidad de relajar los m\u00fasculos e inclinarse, de ofrecerse al otro como abrazo acogedor y lugar de cobijo: ser, como dec\u00eda san Pablo VI, \u00abuna casa [&#8230;] de hermanos, un taller de intensa actividad, un cen\u00e1culo de ardiente espiritualidad\u00bb (Discurso al Consejo de Presidencia del C.E.I., 9 de mayo de 1974).<\/p>\n\n\n\n<p>Todos, aqu\u00ed, se sentir\u00e1n libres de expresarse tanto m\u00e1s espont\u00e1nea y libremente cuanto m\u00e1s perciban a su alrededor la presencia de amigos que les quieren y que respetan, aprecian y desean escuchar lo que tienen que decir.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esto para nosotros no es s\u00f3lo una t\u00e9cnica de \u00abfacilitaci\u00f3n\u00bb -es cierto que hay \u00abfacilitadores\u00bb en el S\u00ednodo, pero es para ayudarnos a avanzar mejor-, no es s\u00f3lo una t\u00e9cnica de facilitaci\u00f3n del di\u00e1logo o una din\u00e1mica de comunicaci\u00f3n de grupo: abrazar, proteger y cuidar forma parte, de hecho, de la naturaleza misma de la Iglesia. Abrazar, proteger y cuidar. La Iglesia es, por su propia vocaci\u00f3n, un lugar de encuentro hospitalario, donde \u00abla caridad colegial exige una armon\u00eda perfecta, de la que resulta su fuerza moral, su belleza espiritual, su ejemplaridad\u00bb (ibid.). Esa palabra es muy importante, \u00abarmon\u00eda\u00bb. No hay mayor\u00eda, minor\u00eda; esto puede ser un primer paso. Lo importante, lo fundamental es la armon\u00eda, la armon\u00eda que s\u00f3lo puede hacer el Esp\u00edritu Santo. \u00c9l es el maestro de la armon\u00eda, que con tantas diferencias es capaz de crear una sola voz, con tantas voces diferentes. Pensemos en la ma\u00f1ana de Pentecost\u00e9s, c\u00f3mo el Esp\u00edritu cre\u00f3 esa armon\u00eda en las diferencias. La Iglesia necesita \u00ablugares pac\u00edficos y abiertos\u00bb, que se creen ante todo en los corazones, en los que cada uno se sienta acogido como un ni\u00f1o en brazos de su madre (cf. Is 49,15; 66,13) y como un ni\u00f1o levantado a la mejilla de su padre (cf. Os 11,4; Sal 103,13).<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed llegamos a la tercera imagen: el ni\u00f1o. Es Jes\u00fas mismo, en el Evangelio, quien \u00ablo pone en medio\u00bb, quien lo muestra a los disc\u00edpulos, invit\u00e1ndoles a convertirse y a hacerse peque\u00f1os como \u00c9l. Le hab\u00edan preguntado qui\u00e9n era el m\u00e1s grande en el reino de los cielos: \u00e9l responde anim\u00e1ndoles a hacerse peque\u00f1os como un ni\u00f1o. Pero no s\u00f3lo: a\u00f1ade tambi\u00e9n que acogiendo a un ni\u00f1o en su nombre se le acoge a \u00c9l (cf. Mt 18,1-5).<\/p>\n\n\n\n<p>Y para nosotros esta paradoja es fundamental. El S\u00ednodo, dada su importancia, en cierto sentido nos pide que seamos \u00abgrandes\u00bb -de mente, de coraz\u00f3n, de mirada-, porque los temas a tratar son \u00abgrandes\u00bb y delicados, y los escenarios en los que se sit\u00faan son amplios, universales. Pero precisamente por eso, no podemos permitirnos apartar la mirada del ni\u00f1o, al que Jes\u00fas sigue poniendo en el centro de nuestros encuentros y de nuestras mesas de trabajo, para recordarnos que la \u00fanica manera de estar \u00aba la altura\u00bb de la tarea que se nos ha confiado es abajarnos, hacernos peque\u00f1os y acogernos humildemente como tales. El m\u00e1s alto en la Iglesia es el que m\u00e1s se abaja.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordemos que, precisamente haci\u00e9ndonos peque\u00f1os, Dios \u00abnos muestra qu\u00e9 es la verdadera grandeza, es m\u00e1s, qu\u00e9 significa ser Dios\u00bb (Benedicto XVI, Homil\u00eda en la fiesta del Bautismo del Se\u00f1or, 11 de enero de 2009). No es casualidad que Jes\u00fas diga que los \u00e1ngeles de los ni\u00f1os \u00abven siempre el rostro del Padre [&#8230;] que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mt 18, 10): que son, es decir, como un \u00abtelescopio\u00bb del amor del Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas, reemprendamos este camino eclesial con la mirada vuelta hacia el mundo, porque la comunidad cristiana est\u00e1 siempre al servicio de la humanidad, para anunciar a todos la alegr\u00eda del Evangelio. Lo necesitamos, especialmente en esta hora dram\u00e1tica de nuestra historia, mientras los vientos de la guerra y los fuegos de la violencia siguen devastando pueblos y naciones enteras.<\/p>\n\n\n\n<p>Para invocar de la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda sant\u00edsima el don de la paz, el pr\u00f3ximo domingo ir\u00e9 a la bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda la Mayor, donde rezar\u00e9 el Santo Rosario y dirigir\u00e9 a la Virgen una sentida s\u00faplica; si es posible, os pido tambi\u00e9n a vosotros, miembros del S\u00ednodo, que me acompa\u00f1\u00e9is en esa ocasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, al d\u00eda siguiente, 7 de octubre, pido a todos que vivamos una jornada de oraci\u00f3n y ayuno por la paz en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Caminemos juntos. Escuchemos al Se\u00f1or. Y dej\u00e9monos guiar por la brisa del Esp\u00edritu.<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO | Un coraz\u00f3n cerrado en sus propias convicciones no es del Esp\u00edritu del Se\u00f1or, as\u00ed lo afirm\u00f3 el Santo Padre al compartir la Homil\u00eda celebrada en la Apertura de la Asamblea General Ordinaria del S\u00ednodo de Obispos. 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