{"id":244366,"date":"2024-11-17T08:27:17","date_gmt":"2024-11-17T11:27:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/?p=244366"},"modified":"2024-11-17T08:27:18","modified_gmt":"2024-11-17T11:27:18","slug":"papa-francisco-lo-digo-a-la-iglesia-a-los-gobiernos-a-las-organizaciones-internacionales-a-todos-y-cada-uno-por-favor-no-olvidemos-a-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispadocastrenseargentina.org\/contenidos\/papa-francisco-lo-digo-a-la-iglesia-a-los-gobiernos-a-las-organizaciones-internacionales-a-todos-y-cada-uno-por-favor-no-olvidemos-a-los-pobres\/","title":{"rendered":"PAPA FRANCISCO | Lo digo a la Iglesia, a los gobiernos, a las organizaciones internacionales, a todos y cada uno: por favor, no olvidemos a los pobres"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>PAPA FRANCISCO | Lo digo a la Iglesia, a los gobiernos, a las organizaciones internacionales, a todos y cada uno: por favor, no olvidemos a los pobres<\/strong>, as\u00ed lo pidi\u00f3 el <strong>Santo Padre<\/strong> en el final de su Homil\u00eda compartida en la <strong>Santa Misa<\/strong>, en la ma\u00f1ana de hoy (hora de Roma). El Santo Padre Francisco presidi\u00f3 en la <strong>Bas\u00edlica Vaticana<\/strong> la <strong>Santa Misa<\/strong> en ocasi\u00f3n de la <strong>VIII Jornada Mundial de los Pobres<\/strong>, que se celebra hoy sobre el tema: <strong>\u00abLa oraci\u00f3n de los pobres sube hasta Dios\u00bb<\/strong> (cf. Eclesi\u00e1stico 21,5).<\/p>\n\n\n\n<p>El <strong>Papa<\/strong> dec\u00eda, <strong><em>\u201cJes\u00fas nos invita a tener una mirada m\u00e1s aguda, a tener ojos capaces de \u00ableer dentro\u00bb de los acontecimientos de la historia, para descubrir que, incluso en la angustia de nuestro coraz\u00f3n y de nuestro tiempo, brilla una esperanza inquebrantable. Por tanto, en esta Jornada Mundial de los Pobres, deteng\u00e1monos precisamente en estas dos realidades: la angustia y la esperanza, que siempre se desaf\u00edan a duelo en el campo de nuestro coraz\u00f3n.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Ante todo, la angustia. Es un sentimiento muy extendido en nuestra \u00e9poca, en la que la comunicaci\u00f3n social amplifica los problemas y las heridas, haciendo el mundo m\u00e1s inseguro y el futuro m\u00e1s incierto\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante, agregaba, <strong><em>\u201cpero aqu\u00ed Jes\u00fas, en medio de ese cuadro apocal\u00edptico, enciende la esperanza. \u00c9l abre el horizonte, ensancha nuestra mirada para que aprendamos a captar, incluso en la precariedad y el dolor del mundo, la presencia del amor de Dios que se acerca, que no nos abandona, que act\u00faa para nuestra salvaci\u00f3n\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Profundizando, dijo el <strong>Papa<\/strong>, <strong><em>\u201cnosotros somos sus disc\u00edpulos, que gracias al Esp\u00edritu Santo podemos sembrar esta esperanza en el mundo. Somos nosotros quienes podemos y debemos encender las luces de la justicia y de la solidaridad mientras se espesan las sombras de un mundo cerrado (cf. Enc. Fratelli tutti, 9-55). Somos nosotros a quienes su Gracia hace brillar, es nuestra vida impregnada de compasi\u00f3n y caridad la que se convierte en signo de la presencia del Se\u00f1or, siempre cerca del sufrimiento de los pobres, para aliviar sus heridas y cambiar su suerte\u201d. <\/em><\/strong>Finalizando, se\u00f1al\u00f3, <strong><em>\u201c(\u2026) lo digo a la Iglesia, lo digo a los gobiernos, lo digo a las organizaciones internacionales, lo digo a todos y cada uno: por favor, no olvidemos a los pobres\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, compartimos en forma completa la Homil\u00eda de <strong>Su Santidad Francisco<\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras que acabamos de escuchar podr\u00edan suscitar en nosotros sentimientos de angustia; en realidad, son un gran anuncio de esperanza. En efecto, si por un lado Jes\u00fas parece describir el estado de \u00e1nimo de quienes han visto la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n y piensan que ha llegado el fin, al mismo tiempo anuncia algo extraordinario: en la hora misma de la oscuridad y la desolaci\u00f3n, justo cuando todo parece derrumbarse, Dios viene, Dios se acerca, Dios nos re\u00fane para salvarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas nos invita a tener una mirada m\u00e1s aguda, a tener ojos capaces de \u00ableer dentro\u00bb de los acontecimientos de la historia, para descubrir que, incluso en la angustia de nuestro coraz\u00f3n y de nuestro tiempo, brilla una esperanza inquebrantable. Por tanto, en esta Jornada Mundial de los Pobres, deteng\u00e1monos precisamente en estas dos realidades: la angustia y la esperanza, que siempre se desaf\u00edan a duelo en el campo de nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante todo, la angustia. Es un sentimiento muy extendido en nuestra \u00e9poca, en la que la comunicaci\u00f3n social amplifica los problemas y las heridas, haciendo el mundo m\u00e1s inseguro y el futuro m\u00e1s incierto. Incluso el Evangelio de hoy se abre con un cuadro que proyecta la tribulaci\u00f3n del pueblo en el cosmos, y lo hace utilizando un lenguaje apocal\u00edptico: \u00abEl sol se oscurecer\u00e1, la luna ya no dar\u00e1 su resplandor, las estrellas caer\u00e1n&#8230;\u00bb y as\u00ed sucesivamente (Mc 13,24-25).<\/p>\n\n\n\n<p>Si nuestra mirada s\u00f3lo se detiene en la cr\u00f3nica de los acontecimientos, la angustia se apodera de nosotros. Todav\u00eda hoy, vemos oscurecerse el sol y apagarse la luna, vemos el hambre y la carest\u00eda que oprimen a tantos hermanos y hermanas que no tienen qu\u00e9 comer, vemos los horrores de la guerra, vemos las muertes inocentes. Ante este panorama, corremos el riesgo de hundirnos en el des\u00e1nimo y de no darnos cuenta de la presencia de Dios en el drama de la historia. As\u00ed nos condenamos a la impotencia; vemos crecer a nuestro alrededor la injusticia que causa el dolor de los pobres, pero nos sumamos a la corriente resignada de quienes, por comodidad o pereza, piensan que \u00abas\u00ed va el mundo\u00bb y \u00abno puedo hacer nada\u00bb. Entonces incluso la propia fe cristiana queda reducida a una devoci\u00f3n inofensiva, que no perturba los poderes de este mundo ni genera un compromiso concreto de caridad. Y mientras una parte del mundo est\u00e1 condenada a vivir en los suburbios de la historia, mientras crecen las desigualdades y la econom\u00eda penaliza a los m\u00e1s d\u00e9biles, mientras la sociedad se entrega a la idolatr\u00eda del dinero y del consumo, sucede que los pobres, los excluidos no pueden hacer otra cosa que seguir esperando (cf. Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Evangelii gaudium, 54).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero aqu\u00ed Jes\u00fas, en medio de ese cuadro apocal\u00edptico, enciende la esperanza. \u00c9l abre el horizonte, ensancha nuestra mirada para que aprendamos a captar, incluso en la precariedad y el dolor del mundo, la presencia del amor de Dios que se acerca, que no nos abandona, que act\u00faa para nuestra salvaci\u00f3n. En efecto, cuando el sol se oscurezca, la luna deje de brillar y las estrellas caigan del cielo, dice el Evangelio, \u00abver\u00e1n al Hijo del hombre que vendr\u00e1 sobre las nubes con gran poder y gloria\u00bb; y \u00c9l \u00abreunir\u00e1 a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo\u00bb (vv. 26-27).<\/p>\n\n\n\n<p>Con estas palabras, Jes\u00fas se refiere en primer lugar a su muerte, que tendr\u00e1 lugar poco despu\u00e9s. En efecto, en el Calvario se oscurecer\u00e1 el sol, descender\u00e1n las tinieblas sobre el mundo; pero en ese mismo momento el Hijo del hombre vendr\u00e1 sobre las nubes, porque la fuerza de su resurrecci\u00f3n romper\u00e1 las cadenas de la muerte, surgir\u00e1 de las tinieblas la vida eterna de Dios y nacer\u00e1 un mundo nuevo de los escombros de una historia herida por el mal.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas, \u00e9sta es la esperanza que Jes\u00fas quiere darnos. Y lo hace tambi\u00e9n a trav\u00e9s de una hermosa imagen: mirad la higuera, dice, porque \u00abcuando su rama se ablanda y brotan las hojas, significa que el verano est\u00e1 cerca\u00bb (v. 28). Del mismo modo, tambi\u00e9n nosotros estamos llamados a leer las situaciones de nuestra vida terrena: all\u00ed donde parece que s\u00f3lo hay injusticia, dolor y pobreza, en ese momento tan dram\u00e1tico, el Se\u00f1or se acerca para liberarnos de la esclavitud y hacer resplandecer la vida (cf. v. 29). Y se acerca con nuestra cercan\u00eda cristiana, con nuestra fraternidad cristiana. No se trata de arrojar una moneda en manos del necesitado. Al que da limosna le pregunto dos cosas: \u00ab\u00bfTocas las manos de la gente o lanzas la moneda sin tocarla? \u00bfMiras a los ojos de la persona a la que ayudas o apartas la mirada?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros somos sus disc\u00edpulos, que gracias al Esp\u00edritu Santo podemos sembrar esta esperanza en el mundo. Somos nosotros quienes podemos y debemos encender las luces de la justicia y de la solidaridad mientras se espesan las sombras de un mundo cerrado (cf. Enc. Fratelli tutti, 9-55). Somos nosotros a quienes su Gracia hace brillar, es nuestra vida impregnada de compasi\u00f3n y caridad la que se convierte en signo de la presencia del Se\u00f1or, siempre cerca del sufrimiento de los pobres, para aliviar sus heridas y cambiar su suerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas, no lo olvidemos: la esperanza cristiana, que se realiz\u00f3 en Jes\u00fas y se realiza en su Reino, nos necesita, necesita nuestro compromiso, necesita una fe que trabaje en la caridad, necesita cristianos que no miren hacia otro lado. Estaba mirando una fotograf\u00eda que hizo un fot\u00f3grafo romano: sal\u00edan de un restaurante, una pareja adulta, casi anciana, en invierno; la se\u00f1ora bien cubierta de pieles y el hombre tambi\u00e9n. En la puerta, hab\u00eda una pobre se\u00f1ora, tirada en el suelo, pidiendo limosna, y los dos miraban hacia otro lado&#8230; Esto pasa todos los d\u00edas. Pregunt\u00e9monos: \u00bfmiro para otro lado cuando veo la pobreza, las necesidades, el dolor de los dem\u00e1s? Un te\u00f3logo del siglo XX dec\u00eda que la fe cristiana debe generar en nosotros \u00abuna m\u00edstica de ojos abiertos\u00bb, no una espiritualidad que huye del mundo, sino -al contrario- una fe que abre los ojos a los sufrimientos del mundo y a la infelicidad de los pobres para ejercer la misma compasi\u00f3n que Cristo. \u00bfSiento la misma compasi\u00f3n que el Se\u00f1or ante los pobres, ante los que no tienen trabajo, los que no tienen comida, los marginados por la sociedad? Y no debemos fijarnos s\u00f3lo en los grandes problemas de la pobreza en el mundo, sino en lo poco que todos podemos hacer cada d\u00eda con nuestro estilo de vida, con nuestro cuidado y preocupaci\u00f3n por el medio ambiente en el que vivimos, con nuestra b\u00fasqueda tenaz de la justicia, con el compartir nuestros bienes con los que son m\u00e1s pobres, con nuestro compromiso social y pol\u00edtico para mejorar la realidad que nos rodea. Puede parecernos poco, pero nuestro poco ser\u00e1 como las primeras hojas que brotan en la higuera, nuestro poco ser\u00e1 un anticipo del verano que ya est\u00e1 cerca.<\/p>\n\n\n\n<p>Queridos amigos, en esta Jornada Mundial de los Pobres me gusta recordar una advertencia del cardenal Martini. Dec\u00eda que debemos cuidarnos de pensar que primero est\u00e1 la Iglesia, ya s\u00f3lida en s\u00ed misma, y despu\u00e9s los pobres de los que decidimos ocuparnos. En realidad, nos convertimos en la Iglesia de Jes\u00fas en la medida en que servimos a los pobres, porque s\u00f3lo as\u00ed \u00abla Iglesia \u201cllega a ser\u201d ella misma, es decir, la Iglesia se convierte en una casa abierta a todos, un lugar de compasi\u00f3n de Dios por la vida de cada hombre\u00bb (C.M. Martini, Citt\u00e0 senza mura. Lettere e discorsi alla diocesi 1984, Bolonia 1985, 350).<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo digo a la Iglesia, lo digo a los gobiernos, lo digo a las organizaciones internacionales, lo digo a todos y cada uno: por favor, no olvidemos a los pobres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PAPA FRANCISCO | Lo digo a la Iglesia, a los gobiernos, a las organizaciones internacionales, a todos y cada uno: por favor, no olvidemos a los pobres, as\u00ed lo pidi\u00f3 el Santo Padre en el final de su Homil\u00eda compartida en la Santa Misa, en la ma\u00f1ana de hoy (hora de Roma). 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